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sábado, 7 de septiembre de 2024

TOB - Domingo 24vo - Sin Cruz no hay corona - Mc 8, 27-35

Todo lo que le sucedió a Jesús fue parte de un plan divino.
Él vino con un propósito y, a medida que la vida se desarrollaba,
se hizo más claro para él cuál era ese propósito.

Para nuestro crecimiento espiritual, es bueno recordar que Jesús "creció en sabiduría, edad y gracia con Dios y con los demás" (Lc 2,52). Él entendió mejor su misión a medida que pasaba el tiempo.
¡Él asumió plenamente nuestra humanidad y, por lo tanto,
no supo de antemano exactamente cada detalle de su futuro! 
Hoy, Jesús nos recuerda que "sin cruz, no hay corona".
La corona del Reino es para los que aceptan su cruz y lo siguen.
No podemos llegar a la Pascua sin pasar por el Viernes Santo. Nuestros pecados de omisión se basan principalmente
en el temor a comprometernos con los valores del Evangelio,
sin saber lo que nos costará.

Es posible que deseemos llegar a Semana Santa, pero eludir el Viernes Santo.

"Sin cruz, no hay corona". Debemos soportar el dolor a corto plazo para obtener ganancias a largo plazo.
Hay un costo en Pentecostés, y vivir la vocación cristiana es una especie de morir a sí mismo al servicio de los demás.
Esta perspectiva puede hacer que nos contengamos, que demoremos, que pospongamos las acciones necesarias,
con la esperanza de que el desafío desaparezca por sí solo.
Esto incluye patrones de comportamiento, adicciones, compulsiones e injusticia hacia los demás.
No debemos seguir posponiendo y mucho menos dudando.

Hay una hermosa leyenda sobre nuestros planes y los planes de Dios.
Tres árboles jóvenes crecían juntos en el bosque, cada uno sano y ambicioso.
Al comparar sus sueños, uno quería ser construido en un castillo o un palacio,
y así participar en la vida de la alta y poderosa sociedad.
El segundo quería convertirse en el mástil de uno de los grandes barcos, navegando por el mundo con un gran sentido de la aventura.
El tercero esperaba terminar como parte de algún monumento público, donde el público se detendría, admiraría y tomaría fotografías.
Pasaron los años, y los tres fueron cortados.
El primero fue cortado, y partes de él se juntaron para formar un pesebre para un establo en Belén.
El segundo fue cortado, y el tronco fue recogido para formar un bote, que fue lanzado en el Mar de Galilea.
El tercero fue cortado en secciones, dos de ellas clavadas juntas para formar una cruz en el Calvario.
Cada uno tenía una parte única y especial para jugar en la gran historia de la redención.

Como vemos, al final, todo es usado para la mayor gloria de Dios y para gloria nuestra que somos su imagen.
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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano TOB 24 Domingo
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Primera lectura: Is 50, 5-9
En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?''
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Salmo Responsorial: Salmo 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (9) R. Caminaré en la presencia del Señor.

 Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria,
porque me prestó atención cuando mi voz lo llamaba.
R. Caminaré en la presencia del Señor.

 Redes de angustia y de muerte me alcanzaron y me ahogaban.
Entonces rogué al Señor que la vida me salvara.
R. Caminaré en la presencia del Señor.

 El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo.
A mí, débil, me salvó y protege a los sencillos.
R. Caminaré en la presencia del Señor.

 Mi alma libró de la muerte; del llanto los ojos míos,
y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino.
Caminaré ante el Señor por la tierra de los vivos.
R. Caminaré en la presencia del Señor.
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Segunda lectura: Sant 2, 14-18
Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe,
si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?

Supongamos que algún hermano o hermana
carece de ropa y del alimento necesario para el día,
y que uno de ustedes le dice:
"Que te vaya bien; abrígate y come",
pero no le da lo necesario para el cuerpo,

¿de qué le sirve que le digan eso?

Así pasa con la fe;
si no se traduce en obras, está completamente muerta.

Quizá alguien podría decir: "Tú tienes fe y yo tengo obras. 
A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, 
con mis obras te demostraré mi fe".
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Aclamación antes del Evangelio: Gál 6, 14
R.
Aleluya, aleluya.
No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 8, 27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".

Entonces él les preguntó: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?"
Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías".
Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles
que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho,
que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte
y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! 
Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz 
y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; 
pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".
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sábado, 13 de julio de 2024

TOB - 17vo Domingo - Compartiendo con el hambriento - Jn 6, 1-15

Primera Lectura: Del segundo libro de los Reyes 4, 42-44: Comerán y sobrará.
Salmo Responsorial 144, 10-11. 15-18: R/. Abres tu mano, Señor, y nos colmas con tus bienes.
Segunda Lectura: De la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-6: Un solo Cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
Aclamación al Evangelio: Lc 7, 16: Aleluya.
Evangelio: + De nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15: Distribuyó a los que estaban sentados, dándoles todo lo que quisieron.
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Tanto el Antiguo Testamento como el Evangelio de hoy hablan de una alimentación milagrosa de personas hambrientas. El milagro de la repartición de los 20 panes y los granos de espiga fruto de la generosidad de un seguidor de Eliseo, la atención de Elías a la viuda pobre trajo consigo el final de una larga sequía y hambruna, y la amable generosidad de un niño al compartir su almuerzo de cinco panes y dos peces le permite a Jesús alimentar a su comunidad hambrienta. En todos los casos la generosidad hace que los milagros produzcan abundancia.


Todos sabemos que muchas personas están muriendo de hambre en un mundo opulento, para ellos no hay alimentación milagrosa. Muchos de nosotros hemos conocido momentos felices de compartir y solidaridad, entre música y celebración que nos ayudan a mantener la esperanza de poder ayudar a "alimentar al mundo".

Lo poco que dábamos parecía tan importante como los panes y los peces del niño generoso, pues cuando las personas comparten alimentos y recursos con extraños, las barreras de toda clase se rompen. Reconocemos nuestra dependencia el uno con el otro. Pero tan pronto como se alivia una crisis alimentaria, vemos surgir otra. Parece cosa de nunca acabar. La gente de los países más pobres aún lucha, solo para sobrevivir. Es fácil sentirnos impotentes ante la imposibilidad de alimentar al mundo entero. Los primeros síntomas de la "fatiga de la compasión", como lo llaman las agencias de ayuda humanitaria, se hacen presente y nos parece imposible acabar con la indiferencia entumecida. Tristes, como el sirviente de Eliseo o Andrés, nos preguntamos, "¿Cómo podemos alimentar a tantos, con tan poco?"

Nos horrorizaría si en un acto de sinceridad, nuestros líderes y planificadores admitieran abiertamente cómo la lógica económica que sustenta nuestra prosperidad dicta que los más indefensos están destinados a pasar hambre para siempre. El mundo desarrollado establece acuerdos comerciales duros, crea montañas de alimentos y lagos de leche, y desvía los recursos financieros y humanos hacia el comercio de armas en lugar de hacia el desarrollo y la educación. Incluso nuestros líderes y planificadores se sienten como nosotros, atrapados en la red de expectativas injustas que es parte de lo que queremos decir con "el pecado del mundo".

"Para el hombre pobre, Dios no aparece sino en forma de pan y en la promesa del trabajo". decía en Mahatma Ghandi. 

Gracias a Dios, la Eucaristía renueva los manantiales más profundos de nuestra humanidad mediante una historia de pan que se rompe y se come para la vida de el mundo. 
¿Podemos ayudar a quienes celebran la Eucaristía con nosotros este domingo para ver un vínculo entre ella y el hambre del mundo? 
¿Tiene la parroquia algún proyecto para apoyar a un misionero ayudando en el mundo en desarrollo, o pueden algunas personas locales ser alistadas para contar la historia de tal proyecto? "Reúna los fragmentos para que no se desperdicie nada". 

Las soluciones globales están más allá del poder de nuestra parroquia local, por lo que debemos recordar es la lección de los fragmentos. Si podemos poner un poco de corazón nuevo en nuestros esfuerzos, eso será algo que valga la pena. Si podemos tomar conciencia de nuestro despilfarro de los recursos del mundo, puede ser el comienzo del arrepentimiento y el cambio.
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                   Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 17 TOB
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Primera lectura: 2 Reyes 4, 42-44
En aquellos días, llegó de Baal-Salisá 
un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, 
veinte panes de cebada y grano tierno en espiga. 
Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman".  
Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?" 
 Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".
El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor.
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Salmo Responsorial: Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18 (16) 
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
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Segunda lectura: Ef 4, 1-6
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, 
los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. 
Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; 
esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. 
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 
un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
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Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, 
Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. 
Lo seguía mucha gente, 
porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. 
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. 
Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: 
"¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" 
Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, 
pues él bien sabía lo que iba a hacer. 
Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían 
para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". 
Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:  
"Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. 
Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" 
Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". 
En aquel lugar había mucha hierba. 
Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, 
se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. 
Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. 
 
Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". 
Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: 
"Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". 
Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
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domingo, 12 de mayo de 2024

TOB - 9no Domingo - Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo - Su presencia entre nosotros - Mc 14, 12-16. 22-26

Jesús es alimento viviente enviado desde arriba para nosotros.
A diferencia de la comida ordinaria, que sostiene la vida corporal, esta comida da una vida que es eterna. Desde la zarza ardiente hasta la suave brisa, Dios ha dado a conocer su presencia entre nosotros desde el comienzo de los tiempos.

La presencia eucarística de Cristo es pan y es vino, uno de los elementos más comunes de la comida y la bebida en su tiempo.
El Señor se hace presente entre nosotros en las cosas cotidianas.

El pan proviene de unas semillas de trigo mezcladas con agua, que después de hechas masa y varias etapas de desarrollo, terminan como una unidad que llamamos pan.

El vino comienza como un racimo de uvas que, procesadas, terminan en lo que llamamos vino.

Cuando un grupo de personas se reúne para orar, cada una de ellas es única, pero, después de un proceso que es obra del Espíritu de Dios,
se convierten en una unidad, que llamamos iglesia, o el Cuerpo de Cristo.
En comunión, el Cuerpo (de la comunidad) de Cristo se nutre del Cuerpo (sacramental) de Cristo.

Si alguien nos invitara a acercarnos lo más cerca que podamos para escuchar algo que quiere susurrarnos ocurriría que cuanto más te acercas a la fuente de sonido, más cerca estarás el uno del otro, hasta tocar un hombro con el otro. Es de este mismo modo como se forma la comunidad o el Cuerpo de Cristo. El proceso de acercar a las personas al Señor  da como resultado directo que las personas terminan siendo más cercanas entre sí.

En la historia, Dios ha hablado a su gente sorprendentemente. Habló a Elías desde la suave brisa, le habló a Moisés desde la zarza ardiente. Al nacer Jesús, los pobladores de  Belén ni se enteraron ni se entusiasmaron con el nacimiento de un nuevo bebé. Más tarde, Herodes se burlaría de Jesús tomándolo de tonto, también los soldados se burlaban del "rey". Después de la resurrección, María Magdalena lo confundió con el jardinero, Pedro pensó que era un fantasma, y ​​los discípulos en el camino a Emaús pensaron que era un viajero extraño cualquiera. Que él se presente en una forma tan simple como comida y bebida es justo lo que podríamos esperar de "El Dios de las sorpresas".

Ya lo decía San Columbano: "Hermanos, la fuente es la sabiduría, la Palabra de Dios en las alturas (Si 1, 5), deseémosla, busquémosla: en ella están ocultos, como dice el Apóstol, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3); ella invita a los que tienen sed a que se lleguen a beber. Si tú tienes sed bebe en la fuente de vida; si tienes hambre, come el Pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este Pan y sed de esta fuente. Comen y beben sin cesar y desean seguir bebiendo y comiendo. Qué bueno es poder comer y beber siempre, sin perder la sed ni el apetito, aquello que continuamente se puede gustar sin dejar de desearlo. El rey profeta lo dice: Gusten y vean qué bueno es el Señor (Sal 33, 9)»15.

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TOB -Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - Fiesta del Corpus Cristi
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Primera lectura: Ex 24, 3-8
En aquellos días, Moisés bajó del monte Sinaí y refirió al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los mandamientos que le había dado.
Y el pueblo contestó a una voz: “Haremos todo lo que dice el Señor”.

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor.
Se levantó temprano, construyó un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas,
en representación de las doce tribus de Israel.

Después mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor.
Tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra mitad.

Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo, y el pueblo respondió:
“Obedeceremos. Haremos todo lo que manda el Señor”.

Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo:
“Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído”.
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Salmo Responsorial: Salmo 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (13)
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de la salvación, e invocaré el nombre del Señor.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, A mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
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Segunda lectura: Heb 9, 11-15
Hermanos: Cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos,
penetró una sola vez y para siempre en el “lugar santísimo”,
a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombres, ni pertenecía a esta creación.
No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.

Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera,
cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior,
¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo,
ya que a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios,
y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo!

Por eso, Cristo es el mediador de una alianza nueva.
Con su muerte hizo que fueran perdonados los delitos cometidos durante la antigua alianza,
para que los llamados por Dios pudieran recibir la herencia eterna que él les había prometido.
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Secuencia
Al Salvador alabemos,
que es nuestro pastor y guía.
Alabémoslo con himnos
y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites
y con nuestras fuerzas todas;
pues tan grande es el Señor,
que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos
a Cristo, que es nuestro pan,
pues él es el pan de vida,
que nos da vida inmortal.

Doce eran los que cenaban
y les dio pan a los doce.
Doce entonces lo comieron,
y, después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza
y llena de alegres cantos;
que nuestra alma se desborde
en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo
la gloriosa institución
de este banquete divino,
el banquete del Señor.

Ésta es la nueva Pascua,
Pascua del único Rey,
que termina con la alianza
tan pesada de la ley.

Esto nuevo, siempre nuevo,
es la luz de la verdad,
que sustituye a lo viejo
con reciente claridad.

En aquella última cena
Cristo hizo la maravilla
de dejar a sus amigos
el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia,
consagramos pan y vino,
que a los hombres nos redimen,
y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano
que el pan se convierte en carne,
y lo que antes era vino
queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos,
pues no alcanza la razón;
mas si las vemos con fe,
entrarán al corazón.

Bajo símbolos diversos
y en diferentes figuras,
se esconden ciertas verdades
maravillosas, profundas.

Su sangre es nuestra bebida;
su carne, nuestro alimento;
pero en el pan o en el vino
Cristo está todo completo.

Quien lo come no lo rompe,
no lo parte ni divide;
él es el todo y la parte;
vivo está en quien lo recibe.

Puede ser tan sólo uno
el que se acerca al altar,
o pueden ser multitudes:
Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos,
con provecho diferente;
no es lo mismo tener vida
que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte
y a los buenos des da vida.
¡Qué efecto tan diferente
tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures;
sólo parten lo exterior;
en el mínimo fragmento
entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior
sólo parten lo que has visto;
no es una disminución
de la persona de Cristo.

*El pan que del cielo baja
es comida de viajeros.
Es un pan para los hijos.
¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente,
es figura de este pan,
con el cordero de Pascua
y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros,
buen pastor, pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos
y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes,
pastor de ovejas, divino.
Concédenos en el cielo
gozar la herencia contigo.
Amén.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 51
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26
El primer día de la fiesta de los panes Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos:
“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”
Él les dijo a dos de ellos:
“Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre:
‘El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’
Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena”.

Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo:
“Tomen: esto es mi cuerpo”.
Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo:
“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos.
Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.


Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.
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Notas: La celebración de la Eucaristía en la Didaché
En la Didaché encontramos un testimonio explícito sobre la Eucaristía
donde insinúa implícitamente al exigir que sólo puedan acceder a ella los bautizados por ser un alimento sagrado.

“Respecto a la acción de gracias, daréis gracias de esta manera: Primeramente, sobre el cáliz:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Luego, sobre el fragmento:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestaste por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno,
así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente.
Que nadie, empero, coma ni beba de tu acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor,
pues acerca de ello dijo el Señor: No den lo santo a los perros”
(Didaché 9,1-4)

En la Didaché vemos que los primeros cristianos veían la Eucaristía como el sacrificio puro y perfecto profetizado por el profeta Malaquías
“Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar
se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura.”
(Malaquías 1,11).

“Reunidos cada día del Señor, rompan el pan y den gracias, …
Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor:
En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor,
y mi Nombre es admirable entre las naciones.”
(Didaché 14,1-3)

Cristo no se “resacrifica” en cada Misa,
el único sacrificio de Cristo es presentado a Dios Padre en cada Eucaristía,
y por eso en el Catecismo oficial de la Iglesia Católica se enseña que
“actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador”(CEC 1330) y no que lo “repite”.
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San Columbano - Sobre la Eucaristía

«Queridos hermanos, si su alma tiene sed de la fuente divina de la que les voy a hablar, aticen esta sed y no la apaguen. Beban pero sin hartarse. Porque la fuente viva nos llama, la fuente de vida nos dice: El que tenga sed que venga a mí y beba. ¿Beber qué? Escúchenle. El profeta les lo dice, la misma fuente lo declara: Me han abandonado a mí, que soy la fuente de vida, dice el Señor (Jr 2, 13). El mismo Señor, Jesucristo nuestro Señor, es la fuente de vida, y por eso nos invita para que lo bebamos. Lo bebe el que lo ama; lo bebe el que se sacia con la Palabra de Dios, la ama y la desea; lo bebe el que arde de amor por la sabiduría...

Hermanos, la fuente es la sabiduría, la Palabra de Dios en las alturas (Si 1, 5), deseémosla, busquémosla: en ella están ocultos, como dice el Apóstol, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3); ella invita a los que tienen sed a que se lleguen a beber. Si tú tienes sed bebe en la fuente de vida; si tienes hambre, come el Pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este Pan y sed de esta fuente. Comen y beben sin cesar y desean seguir bebiendo y comiendo. Qué bueno es poder comer y beber siempre, sin perder la sed ni el apetito, aquello que continuamente se puede gustar sin dejar de desearlo. El rey profeta lo dice: Gusten y vean qué bueno es el Señor (Sal 33, 9)»15.
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sábado, 13 de abril de 2024

TOB - 2do Domingo de Pascua - Abriendo nuestras Puertas - Jn 20, 19-31


El miedo a lo que otros nos pueden hacer tiende a encerrarnos en nosotros mismos, a construir castillos y puertas más fuertes y a aislarnos más de los otros. 

Nos retiramos de las personas que nos hacen sentir incómodas y nos volvemos duros y lentos para abrirnos a quienes nos crítican y nos juzgan. Dudamos en  compartir nuestras ideas y planes con los que pensamos que no soportan tonterías. 

Casi siempre, el miedo a los demás nos puede retraer y encerrar en nosotros mismos atrofiando nuestro crecimiento. 


Los discípulos, que por el miedo de las autoridades judías se han encerrado en una habitación, se quedan allí a pesar de que una emocionada María Magdalena les anuncia que la tumba donde enterraron al Señor está vacía y que ellas lo han visto. 


Nada parece suficiente para superar su miedo. 
¿Piensan que les harían lo que hicieron a Jesús?

El miedo los auto-exilia en un escondite que parece seguro. Cuando el mismo Señor resucitado se les aparece a puertas cerradas, los saluda, se les acerca y les ayuda a superar su miedo todo cambia


Jesús los llenó de una nueva energía al soplar sobre ellos el Espíritu Santo. Reanima su esperanza y los libera de su miedo; y más aún, los envía a todo el mundo y les confía su misión. "Como el Padre me envió, también yo los envío", dijo. 

Por el poder del Espíritu vuelven a la vida y salen de su auto impuesta prisión a testimoniar al Señor resucitado. 

En los Hechos de Los Apóstoles, Lucas comparte la imagen de los discípulos reunidos, con miedo pero juntos. Describe una comunidad de creyentes, la iglesia, dando testimonio de la resurrección tanto de palabra como por la calidad de su vida.

Para los discípulos de hoy 
También a nosotros nos puede pasar lo que a los primeros discípulos, auto encerrarnos en nosotros mismos, a merced de los "golpes y flechas de la insultante fortuna" que debilita nuestro seguimiento comprometido del Señor. Como ellos, podemos caer en la tentación y renunciar a vivir profundamente nuestra fe. La auto conservación puede impedirnos hacer lo que somos capaces de hacer con ayuda del Señor. 

Las antiguas heridas que llevamos, las iniciativas que fracasaron hacen que dudemos en volver a intentarlo. Incluso cuando alguien parece lleno de entusiasmo y esperanza, como María Magdalena y nos propone hacer algo juntos, nos encogemos de hombros y les dejamos seguir adelante mientras que nosotros nos quedamos atrás para estar a salvo. 

El Evangelio nos indica una manera de salir de nuestro encierro autoimpuesto. Si la experiencia de la Magdalena no nos impacta, el Señor encontrará otro modo de entrar en nuestras vidas, llenarnos de nueva vida y energía para su servicio. No hay puertas ni corazones cerrados que puedan mantenerlo fuera, Él va a entrar al lugar de nuestro retiro para remover lo que no nos deja salir. 

Él solo necesita un poco de apertura de nuestra parte; aunque sea algún deseo de convertirnos en lo que estamos llamados a ser. El Señor resucitado siempre re-crea y nos renovará con su amor. Pascua es un tiempo para celebrar esa buena noticia.

Los discípulos no reaccionaron ante el entusiasmo esperanzador de María Magdalena que había visto al Señor. 

También Tomás estaba inconmovible e impasible ante el testimonio de los discípulos que le dijeron que también habían visto al Señor. Tomás era una tuerca aún más difícil de ajustar o aflojar que los otros discípulos. Era una de esas personas que insisten en que se cumplan determinadas condiciones antes de hacer un movimiento, "Si no veo, no creo."  Tal como lo hizo con los otros discípulos, el Señor se revela a Tomás en sus propios términos, se acomoda a las exigencias de Tomás y le dice: "Pon tu dedo aquí." Tomás, desarmado, cae en adoración; su miedo y duda chocan con una infinita comprensión y acogida.

El evangelio nos recuerda que el Señor nos encontrará donde quiera que estemos, aunque dudemos o nos escondamos. Él toma en serio todos nuestros temores y dudas y a pesar de ellas quiere revelarse para fortalecernos y enviarnos. Jesús actúa en nuestro propio terreno, sin importar que clase de terreno sea. Allí nos dirá la palabra adecuada según nuestro estado personal de mente y corazón. 

No tenemos que entrar en ningún lugar especial para que el Señor participe en nuestra vida, en nuestra historia. Él nos encuentra donde estemos, aún en el miedo o en la duda. En este tiempo de Pascua, oremos pidiendo apertura para recibir al Señor que viene a nosotros en las circunstancias concretas de nuestras propias vidas. Pidamos para que también nosotros podamos decir con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío". Oremos también para que, como el Señor, recibamos a los demás donde están, en vez de hacerlo desde donde nos gustaría que fueran.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Ciclo B
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Primera lectura: Hch 4, 32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
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Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 16ab -15. 22-24
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. 
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me abandonó a la muerte.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor: día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
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Segunda lectura: 1 Jn 5, 1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto.
Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
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sábado, 30 de marzo de 2024

TOB - Domingo de Pascua, La Resurrección del Señor - Jn 20, 1-9

A cuarenta días de penas le siguen Cincuenta de alegrías

Después de cuarenta días de preparación, es decir de la cuaresma, ahora siguen cincuenta días para celebrar al Señor Resucitado. Por esta razón, hoy tenemos lecturas maravillosas para este tiempo. Comienza con la historia de la tumba vacía en el cuarto Evangelio, algo parecidos a los demás, pero a la vez muy diferente.

No hay palabras para describir la resurrección, este hecho supera toda palabra. Aunque esto trae zozobra, miedo y dudas, para los discípulos, la resurrección es una experiencia de revelación. En el Antiguo Testamento, estas reacciones se asocian a la revelación (Moisés), que fue también un acontecimiento perturbador. Es algo totalmente inesperado que viene de fuera de las personas y produce un cambio radical en sus vidas. Para los discípulos, la resurrección es una novedad total, una nueva creación, un nuevo comienzo.

El acto implícito pero dubitativo de la fe del discípulo amado se convierte en explícito y directo en el “vio y creyó”, lo mismo que pasa en el encuentro entre María de Magdala y Jesús resucitado.

Si prestamos la suficiente atención y tratamos de ver las cosas con una mente abierta, podemos aprender lo mismo de estos dos "encuentros": Que la fe en la resurrección es un asunto del corazón, más que de la cabeza.

Al encontrar la tumba vacía, María Magdalena corre a los apóstoles y los sorprende con la noticia. Que buena nueva tan inesperada y difícil de creer.

Juan es el único Evangelista que involucra directamente a los apóstoles en la constatación de que la tumba de Jesús estaba vacía.

Ellos constatan por sí mismos; no están allí ni Jesús ni ángeles para orientarlos sobre el significado de este gran acontecimiento.
Aun así, una gran alegría los invade en medio de su inicial confusión. El Discípulo Amado y Pedro vieron los lienzos sin el cuerpo dentro de la tumba vacía, pero fue él quien entendió lo que esto significaba: que Jesús había resucitado de entre los muertos!

A veces, cuando encontramos un paisaje tan impresionante y hermoso, nos quedamos como embobados. Emocionamos empezamos a tomar cuanta foto podemos para tratar de captar la visión, las emociones, la experiencia, y la maravilla de la vista. Pero cuando tratamos de explicar esto a nuestros amigos, es inútil esperar que sientan y se emocionen del mismo modo que lo hicimos nosotros ante tal maravilla. Ellos sólo lo entenderían si ven por sí mismos lo que yo vi. Para aquellos que no entienden, las palabras sobran, y para los que sí entienden, las palabras no son necesarias.

La lectura de la historia de la resurrección nos deja esa misma sensación. Es un hecho profundamente misterioso, es imposible capturar el impacto en los corazones de sus seguidores, ese primer día de Pascua. Este evangelio, es realmente una gran noticia, es atemporal y lo sigue siendo para aquí y ahora. Debe tratar de reflejarme en las personas de esta historia, debo tratar de meterme dentro de la historia que San Juan narra hoy.

¿Soy como Magdalena, que dio la noticia de la resurrección a los demás?
¿Soy como los apóstoles que responden de inmediato y corren hacia la tumba para ver por sí mismos.

El relato de la resurrección de Jesús, me conmuevo profundamente, me toca y atrapa una y otra vez. En nuestras oscuridades y desolaciones - todos tenemos alguna- cuando clamamos a Dios por ayuda, cuando gritamos desde el corazón: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" y leemos esta lectura, de veras entendemos que Dios ni se olvida ni nos abandona. Iluminados por esta luz victoriosa descubrimos que la hora más oscura es justo antes del amanecer.

Pongámonos en la mañana de Pascua, rodaron la piedra de la entrada de la tumba.
¿Puedo imaginar que a veces mi corazón es como una tumba en espera de la resurrección?
¿Puedo imaginar algo parecido a una piedra que me está frenando de disfrutar la vida en plenitud?

De repente es una adicción, una compulsión o algún secreto oculto y oscuro que nunca he compartido con nadie.
Podemos estar tan enfermos como oscuros son nuestros secretos. El Papa Francisco nos recuerda: "Estamos llamados a ser personas de esperanza gozosa, no profetas del juicio final!" Gracias a la resurrección de Jesús, todos podemos tener una alegría esperanzada, y estamos obligados a compartirla con el mundo.

Enamorarse de Dios
No hay nada más práctico
que encontrar a Dios.

Es decir, enamorarse
rotundamente y sin ver atrás.

Aquello de lo que te enamores,
lo que arrebate tu imaginación,
afectará todo.

Determinará
lo que te haga levantar por la mañana,
lo que harás con tus atardeceres,
cómo pases tus fines de semana,
lo que leas, a quien conozcas,
lo que te rompa el corazón
y lo que te llene de asombro
con alegría y agradecimiento.

Enamórate, permanece enamorado,
y esto lo decidirá todo.

(Atribuido a Pedro Arrupe, SJ 1907-1991)


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Ciclo B - Pascua de resurrección, Misa del Día


Primera lectura: Hch 10, 34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.

Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.

El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.


Salmo Responsorial: Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23 / R. (24) Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.


Segunda Lectura: Col 3, 1-4
Hermanos:
Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

O bien:
1 Cor 5, 6b-8
Hermanos:
¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.

Secuencia
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado, que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y, muerto el que es la vida, triunfante se levanta.

“¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Vengan a Galilea, allí el Señor aguarda;
allí verán los suyos la gloria de la Pascua”.

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia
que estás resucitado; la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.

Aclamación antes del Evangelio: 1 Cor 5, 7b-8a
R. Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
R. Aleluya.


Evangelio; Jn 20, 1-9
El primer día después del sábado,
estando todavía oscuro,
fue María Magdalena al sepulcro
y vio removida la piedra que lo cerraba.

Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.


Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de setiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados.

domingo, 11 de febrero de 2024

TC - 4to Domingo de Cuaresma - Dios mandó su Hijo al mundo - Juan 3, 14-21

2Cr 36, 14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo
Salmo 136: Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti
Ef 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo
Juan 3,14-21: Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él.
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Con la primera lectura concluye el segundo libro de las Crónicas, del AT.
Resumen bien el esquema interpretativo de la historia
por parte de los redactores bíblicos, y del mismo pueblo.
Ante este texto cabe preguntarnos: ¿En qué sentido son «revelación»,
y en qué sentido no lo son?
En la Biblia, hay muchas tradiciones, elementos, categorías,
leyendas y símbolos procedentes de la religiosidad del Oriente Próximo,
donde se halla ambientada.

En su carta a Los Efesios, después de agradecer  el don de la fe;
Pablo describe comparativamente dos tiempos y los contrasta entre sí:
1)    El tiempo de la muerte que corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo el dominio de Satanás. Es tiempo de esclavitud e indigno para las personas. Porque es “rico en misericordia”, Dios rescata de entre ese tiempo tanto a judíos como a gentiles, por la resurrección de Jesús, “juntamente con su Cristo” les da nueva vida. Por la fe, sólo la gracia puede “explicar” tanta sobreabundancia de amor divino.
2)     El tiempo de la resurrección trae una “nueva creación” en Cristo Jesús. Esto se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han recibido vida nueva. Para ellos la “medida” de las buenas obras es la misma de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. En su carta, Pablo llama a la Iglesia nacida entre la gentilidad a vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección.

El nombre Nicodemo significa “el que vence al pueblo”.
Nicodemo es un fariseo importante, se autodefine como hombre de la Ley,
que observa rígidamente porque la considera como la expresión suprema
e indiscutible de la voluntad de Dios para la persona.
Es un “jefe”, miembro del Gran Consejo o Sanedrín,
órgano de gobierno de la nación.
Éste  grupo de los letrados fariseos era el más influyente
y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo.

Juan resalta que Nicodemo es una figura muy representativa,
por eso lo hace hablar en plural.
En su evangelio, Juan describe el diálogo de Jesús con Nicodemo
como un diálogo con los representantes del poder y de la Ley. 


Nicodemo llama a Jesús “Rabbí”, un término generalmente usado
solo para los letrados o doctores de la Ley que eran los encargados de mostrar al pueblo el verdadero camino de Dios.
Así es como Nicodemo, el legalista ve a Jesús, aunque hasta el momento, Jesús no da pie para tal interpretación de su persona.

Nicodemo proyecta en Jesús la idea farisea de Mesías-maestro,
avalado por Dios para interpretar la Ley, instaurar el reinado de Dios
y enseñar al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés.
No ha comprendido el cambio nuevo y radical que propone Jesús.
Los fariseos ven en la Ley el futuro de Israel; 
Jesús, trae el nacimiento en el Espíritu
que abre el reino de Dios al porvenir humano.
Nadie puede obtener plenitud y vida solo por la observancia de una Ley,
sino que completa su ser por su capacidad de amar.
Sólo personas dispuestas a entregarse hasta el fin pueden construir con Jesús
la sociedad verdaderamente justa y humana.
La Ley no elimina las raíces de la injusticia.
Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor,
sigue siendo opresora, codiciosa, injusta.

Jesús “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es una acción de amor de Dios por los que lo aman. Frente a la exigencia  farisaica de la Ley, Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús. “levantado” (clavado en la cruz), como Moisés levantó la serpiente en el desierto.

Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios,  no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el anunciamos la venida del Reino de Dios. Es la reciprocidad del amor. La humanidad será juzgada con el criterio de la fe, como acto de amor recíproco. Juan insiste que una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan, una fe real y concreta de los seguidores de Jesús, luchadores por la justicia y la verdad que me acerca a Jesús en mi interacción amorosa y justa con los demás.
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LECTURAS BÍBLICAS EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, 4ta de Cuaresma, B
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1ra Lectura: 2 Crónicas 36, 14-16. 19-23. La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo

También las autoridades de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las prácticas infames de los pueblos paganos y profanando el templo que el Señor había consagrado en Jerusalén.

El Señor, Dios de sus padres, les enviaba continuamente mensajeros, porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de los profetas, hasta que la ira del Señor se encendió sin remedio contra su pueblo.

Incendiaron el templo, derribaron la muralla de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destrozaron todos los objetos de valor. 

Se llevó desterrados a Babilonia a los supervivientes de la matanza y fueron esclavos suyos y de sus descendientes hasta el triunfo del reino persa. Así se cumplió lo que anunció el Señor por Jeremías, y la tierra disfrutó de su descanso sabático todo el tiempo que estuvo desolada, hasta cumplirse setenta años.

El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por medio de Jeremías, movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Todos los de ese pueblo que viven entre nosotros pueden volver. Y que el Señor, su Dios, esté con ellos.
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Salmo responsorial: 136. 
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos, y lloramos con nostalgia de Sión.
En los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Allí mismo los que nos deportaron nos pedían canciones,
nuestros opresores, canciones alegres: Cántennos una canción de Sión.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

¡Cómo cantar un canto del Señor en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
si no exalto a Jerusalén como colmo de mi alegría.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
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Efesios 2, 4-10:
Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo, estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo —¡ustedes han sido salvados gratuitamente!—; con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo, para que se revele a los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia y la bondad con que nos trató por medio de Cristo Jesús.

Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios; y no por las obras, para que nadie se gloríe. 

Somos obra suya, creados por medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea.
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Juan 3, 14-21: 
Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado
el Hijo del Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único,
para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.  
Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por medio de él.

El que cree en él no es juzgado;
el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz.
Y es que sus acciones eran malas. 

Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones.  
En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz
para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.
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