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sábado, 13 de julio de 2024

TOB - 18vo Domingo - Una Vida Util - Jn 6, 24-35

Podemos ir y venir del mismo modo, hacer las cosas de la misma manera, hacer lo mismo, volver a los mismos lugares una y otra vez, contar las mismas historias año tras año, o tal vez tratar de probar  una nueva moda o sensación, atraído por las últimas modas sin entender claramente cuál es el objetivo de nuestra vida. San Pablo decía que la vida sin objetivos no nos llevará a ninguna parte, por eso anima a sus cristianos a "no seguir viviendo la clase de vida sin rumbo que viven los paganos".

La falta de dirección moral en el paganismo los ha llevado a faltas e indecencia moral de todo tipo, incluso a la ruina espiritual. La alternativa del Cristiano es "crecer en todos los sentidos en Cristo, que es la cabeza por la cual todo el cuerpo está unido" (4, 15). 

Si estamos absortos con trivialidades y búsqueda de placer, nuestra comprensión se ve disminuida y nuestros corazones se vuelven insensibles a los valores reales.

Podemos ir abandonando nuestros  ideales de forma gradual y apenas perceptible, hasta que sin darnos cuenta nos hemos vuelto  decadentes. Cuando nos damos cuenta de que estamos desarrollando malos hábitos, sentimos algo de arrepentimiento al respecto. Pero si continuamos ignorando a nuestra conciencia y dejamos que se quede dormida, podemos pecar sin ningún sentimiento de culpabilidad, nos volvemos apenas capaces de distinguir el bien del mal, y si hacemos mal tratamos de justificarlo o enmascararlo.

La gente apostada alrededor de Jesús a lo largo de la orilla del lago, enfocó su atención solo en el milagro físico que había trabajado. Quedaron tan impresionados con lo que hizo al multiplicar los panes y los peces que quisieron hacer de él su rey. Estaban ciegos al verdadero significado del milagro y del mensaje espiritual que Jesús quería transmitir a través de él. "No trabajes por comida que no va a durar", advirtió, "sino por comida que dure para la vida eterna"

¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús, pero solo en nuestros propios términos?  ¿Somos como la multitud voluble que tan rápidamente se alejó de él? 

Si nos llamamos sus discípulos, debemos permanecer cerca de Cristo para aprender de él, en sus propios términos y no en los nuestros.

Entonces él verdaderamente se convierte en el pan del cielo con el cual somos nutridos en el amor de Dios y moldeados para la eternidad. Nos diferenciamos así  de aquellos que lo abandonaron cuando dejó de hacer milagros, debemos perseverar y permanecer cerca de él en las buenas y en las malas.

Es el Señor que nos busca y nos alcanza, debemos dejarnos amar por él, es su iniciativa buscarnos y nuestra tarea buscarlo a él, debemos estar listos para abandonar todo lo necesario para aferrarnos a esa gracia, ese don de el Señor, el regalo del reino.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 18
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Primera lectura: Ex16, 2-4. 12-15
En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
"Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto,
cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos.
Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud".

Entonces dijo el Señor a Moisés: "Voy a hacer que llueva pan del cielo.
Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no.
He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía:
'Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios' ".

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento.
A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse,
dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha.
Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: "¿Qué es esto?", pues no sabían lo que era.
Moisés les dijo: "Éste es el pan que el Señor les da por alimento".
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Salmo Responsorial: Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (24b)
Cuanto hemos escuchado y conocemos del poder del Señor y de su gloria,
cuanto nos han narrado nuestros padres, nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
R. El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles; Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra y el monte que su diestra conquistara.
R. El Señor les dio pan del cielo.
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Segunda lectura: Ef 4, 17. 20-24
Hermanos: Declaro y doy testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los paganos,
que proceden conforme a lo vano de sus criterios.
Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de él y en él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús.
Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos,
se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago,
le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?"
Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes
no me andan buscando por haber visto señales milagrosas,
sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse.
No trabajen por ese alimento que se acaba,
sino por el alimento que dura para la vida eterna
y que les dará el Hijo del hombre;
porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?"
Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".
Entonces la gente le preguntó a Jesús: "
¿Qué signo vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte?
¿Cuáles son tus obras?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió:
"Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo.
Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida.
El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed".
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TOB - 17vo Domingo - Compartiendo con el hambriento - Jn 6, 1-15

Primera Lectura: Del segundo libro de los Reyes 4, 42-44: Comerán y sobrará.
Salmo Responsorial 144, 10-11. 15-18: R/. Abres tu mano, Señor, y nos colmas con tus bienes.
Segunda Lectura: De la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso 4, 1-6: Un solo Cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
Aclamación al Evangelio: Lc 7, 16: Aleluya.
Evangelio: + De nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15: Distribuyó a los que estaban sentados, dándoles todo lo que quisieron.
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Tanto el Antiguo Testamento como el Evangelio de hoy hablan de una alimentación milagrosa de personas hambrientas. El milagro de la repartición de los 20 panes y los granos de espiga fruto de la generosidad de un seguidor de Eliseo, la atención de Elías a la viuda pobre trajo consigo el final de una larga sequía y hambruna, y la amable generosidad de un niño al compartir su almuerzo de cinco panes y dos peces le permite a Jesús alimentar a su comunidad hambrienta. En todos los casos la generosidad hace que los milagros produzcan abundancia.


Todos sabemos que muchas personas están muriendo de hambre en un mundo opulento, para ellos no hay alimentación milagrosa. Muchos de nosotros hemos conocido momentos felices de compartir y solidaridad, entre música y celebración que nos ayudan a mantener la esperanza de poder ayudar a "alimentar al mundo".

Lo poco que dábamos parecía tan importante como los panes y los peces del niño generoso, pues cuando las personas comparten alimentos y recursos con extraños, las barreras de toda clase se rompen. Reconocemos nuestra dependencia el uno con el otro. Pero tan pronto como se alivia una crisis alimentaria, vemos surgir otra. Parece cosa de nunca acabar. La gente de los países más pobres aún lucha, solo para sobrevivir. Es fácil sentirnos impotentes ante la imposibilidad de alimentar al mundo entero. Los primeros síntomas de la "fatiga de la compasión", como lo llaman las agencias de ayuda humanitaria, se hacen presente y nos parece imposible acabar con la indiferencia entumecida. Tristes, como el sirviente de Eliseo o Andrés, nos preguntamos, "¿Cómo podemos alimentar a tantos, con tan poco?"

Nos horrorizaría si en un acto de sinceridad, nuestros líderes y planificadores admitieran abiertamente cómo la lógica económica que sustenta nuestra prosperidad dicta que los más indefensos están destinados a pasar hambre para siempre. El mundo desarrollado establece acuerdos comerciales duros, crea montañas de alimentos y lagos de leche, y desvía los recursos financieros y humanos hacia el comercio de armas en lugar de hacia el desarrollo y la educación. Incluso nuestros líderes y planificadores se sienten como nosotros, atrapados en la red de expectativas injustas que es parte de lo que queremos decir con "el pecado del mundo".

"Para el hombre pobre, Dios no aparece sino en forma de pan y en la promesa del trabajo". decía en Mahatma Ghandi. 

Gracias a Dios, la Eucaristía renueva los manantiales más profundos de nuestra humanidad mediante una historia de pan que se rompe y se come para la vida de el mundo. 
¿Podemos ayudar a quienes celebran la Eucaristía con nosotros este domingo para ver un vínculo entre ella y el hambre del mundo? 
¿Tiene la parroquia algún proyecto para apoyar a un misionero ayudando en el mundo en desarrollo, o pueden algunas personas locales ser alistadas para contar la historia de tal proyecto? "Reúna los fragmentos para que no se desperdicie nada". 

Las soluciones globales están más allá del poder de nuestra parroquia local, por lo que debemos recordar es la lección de los fragmentos. Si podemos poner un poco de corazón nuevo en nuestros esfuerzos, eso será algo que valga la pena. Si podemos tomar conciencia de nuestro despilfarro de los recursos del mundo, puede ser el comienzo del arrepentimiento y el cambio.
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                   Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 17 TOB
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Primera lectura: 2 Reyes 4, 42-44
En aquellos días, llegó de Baal-Salisá 
un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, 
veinte panes de cebada y grano tierno en espiga. 
Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman".  
Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?" 
 Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".
El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor.
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Salmo Responsorial: Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18 (16) 
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
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Segunda lectura: Ef 4, 1-6
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, 
los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. 
Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; 
esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. 
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 
un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
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Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, 
Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. 
Lo seguía mucha gente, 
porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. 
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. 
Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: 
"¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" 
Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, 
pues él bien sabía lo que iba a hacer. 
Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían 
para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". 
Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:  
"Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. 
Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" 
Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". 
En aquel lugar había mucha hierba. 
Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, 
se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. 
Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. 
 
Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". 
Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: 
"Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". 
Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.
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TOB - 16vo Domingo - Pastores para hoy - Mc 6, 30-34

En gran parte de la sociedad occidental hay una crisis de autoridad hoy en día. El simple hecho de estar a cargo ya no garantiza una obediencia incuestionable.

Hoy, el líder ideal es aquel que puede ganar respeto y generar confianza, uno con un sentido obvio de responsabilidad,
que puede hacer las cosas respetando la dignidad y los sentimientos de otras personas.

Jeremías nos recuerda que los pastores en la fe
deben ser personas íntegras que se preocupan por los demás;
El Salmo Responsorial las describe
como personas que nos ayudan a seguir el camino correcto,
y el Evangelio nos recalca que los verdaderos pastores
deben mostrar compasión hacia otros en su debilidad.

La imagen del pastor no se aplica solo a los obispos como los "pastores" oficiales en sucesión a los apóstoles, ni a los pastores locales en la parroquia. El rol del pastor se aplica de una forma u otra a todos los tipos de liderazgo, en el hogar y en las esferas sociales, así como en asuntos de fe. La Palabra de Dios nos invita hoy a examinar qué tipo de liderazgo proporcionamos a otros.

Los pastores condenados por Jeremías fueron líderes que descuidaron sus responsabilidades y permitieron que los abusos prosperasen, e incluso muchos de ellos se hicieron cómplices. Su mensaje para hoy podría ser dirigido a figuras políticas, ministros y funcionarios gubernamentales de todos los niveles, que tienen la tarea de mantener el orden público, defender los derechos de los ciudadanos y promover la justicia para todos, en la medida de lo posible.

La imagen del pastor sugiere que la autoridad no es principalmente el poder de imponer reglas. El rol de pastoreo es uno de servicio más que dominio. El Pastor debe establecer una buena dirección y permitir que la comunidad viva en paz, donde cada individuo tenga dignidad y la misma posibilidad de realización personal.

Si bien el término pastor se aplica a los líderes espirituales, por eso, los prelados deben tratar a su gente no como borregos, sino como personas inteligentes a ser persuadidas para ser conducidas que como seres humanos. En vez de gobernar por decreto formal, el clero debe intentar ganar mentes y corazones, y comunicar una visión inspiradora, adecuada a nuestros tiempos. Deben confiar en la madurez de su gente y promover un sentido de pertenecencia a la Iglesia de la que todos somos parte.

Además de los líderes oficiales de Iglesia y Estado, muchos otros deben ofrecer liderazgo pastoral a nivel local y doméstico. Los padres y maestros son los ejemplos más obvios de esto. En la práctica, son ellos quienes ayudan a desarrollar el carácter de un niño, sentando las bases para el crecimiento hacia la madurez adulta. Transmiten valores por los que los jóvenes pueden vivir y fomentan cualidades que pueden crecer a lo largo de los años. Para esto necesitan la sensibilidad y la compasión mostradas por Jesús en el Evangelio de hoy. "Él tuvo compasión por ellos y comenzó a enseñarles muchas cosas".
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 16
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Primera lectura: Jer 23, 1-6: 
"¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas de mi rebaño!, dice el Señor.

Por eso habló así el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: "Ustedes han rechazado y dispersado a mis ovejas y no las han cuidado. Yo me encargaré de castigar la maldad de las acciones de ustedes. Yo mismo reuniré al resto de mis ovejas de todos los países a donde las había expulsado y las volveré a traer a sus pastos, para que ahí crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las apacienten. Ya no temerán ni se espantarán y ninguna se perderá.

Miren: Viene un tiempo, dice el Señor, en que haré surgir un renuevo en el tronco de David:
será un rey justo y prudente y hará que en la tierra se observen la ley y la justicia.
En sus días será puesto a salvo Judá, Israel habitará confiadamente
y a él lo llamarán con este nombre: 'El Señor es nuestra justicia' ".
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Salmo Responsorial: Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5.6. (1)
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. 
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume, y llenas mi copa hasta los bordes. 
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañaran todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
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Segunda lectura: Ef 2, 13-18
Hermanos: Ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz; él hizo de los judíos y de los no judíos un solo pueblo; él destruyó, en su propio cuerpo, la barrera que los separaba: el odio; él abolió la ley, que consistía en mandatos y reglamentos, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, un solo hombre nuevo, estableciendo la paz, y para reconciliar a ambos, hechos un solo cuerpo, con Dios, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo al odio.

Vino para anunciar la buena nueva de la paz, tanto a ustedes, los que estaban lejos, como a los que estaban cerca.

Así, unos y otros podemos acercarnos al Padre, por la acción de un mismo Espíritu.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;vyo las conozco y ellas me siguen.

R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Entonces él les dijo: "Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco", porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo.
La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó,
vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
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domingo, 12 de mayo de 2024

TOB - 11vo Domingo - Las Prioridades Espirituales - Mc 4, 26-34

La renovación espiritual es un regalo de Dios que crece ayudada por el Espíritu Santo y mediante nuestra propia oración. Ezequiel, pudo haber sido un entusiasta jardinero, él sabe que es Dios quien ha plantado su pueblo para que de frutos. La ramita del cedro está plantada en una alta montaña para un noble propósito.

Para nosotros, el árbol favorito de Dios es la iglesia de Cristo, que como un buen árbol está llamada a ser una familia acogedora, fuente de iluminación y consuelo para las personas de todas las naciones. Este árbol fue plantado por Dios para producir ramas y dar fruto, proporcionando sombra para las criaturas de todo tipo.

Jesús fue un gran creyente y promotor de la renovación espiritual,
tanto de los corazones de sus oyentes
como de las estructuras de la religión judía.

En la parábola de hoy, llama la atención sobre el misterioso milagro del crecimiento y la fecundidad.
El jardinero debe hacer el trabajo preliminar inicial y, posteriormente, cualquier deshierbe y riego que pueda requerirse;
pero al final es el Espíritu de Dios quien hace que el cambio fructífero suceda en nuestras vidas y en las vidas de los otros.
Hoy, confiados, llamamos al Espíritu Pentecostal para que sople fuertemente en nuestra Iglesia,
para que despierte en todos nuestros corazones ese amoroso deseo de crecer, de compartir,
de estar en comunión en cada misa, en cada Eucaristía.

San Pablo nos puede ayudar a redescubrir las prioridades espirituales en nuestras vidas,
Pablo, con su experiencia personal, nos trae palabras llenas de esperanza.
En medio de toda la tensión que sintió al lidiar con la disidencia en Corinto,
se aferra a su confianza en Cristo, como su amigo invisible y omnipresente.
Pablo puede estar sereno incluso ante la perspectiva de su propia muerte, cuando estará más "en casa con el Señor".

Luego agrega un principio rector válido para cada uno de nosotros:
"Ya sea que estemos en casa o lejos de ella, tenemos el objetivo de complacer al Señor.
"Sin abandonar a la esperanza de colegialidad y diálogo en nuestra Iglesia,
tratamos de construir la Iglesia de Jesucristo en sintonía con la creación y la dignidad humana.
El Espíritu del Resucitado,
removerá lo que sea necesario para hacer que su Iglesia crezca y prospere en paz, armonía y alegría.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 11vo Domingo TOB
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Primera lectura: Ez 17, 22-24
Esto dice el Señor Dios:
“Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro,
de su más alta rama cortaré un retoño.

Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime.
Lo plantaré en la montaña más alta de Israel.
Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico.
En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas.

Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor,
humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños;
que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos.
Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.
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Salmo Responsorial: Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16 (2a)
¡Que bueno es darte gracias, Dios altísimo y celebrar tu nombre,
pregonando tu amor cada mañana  y tu fidelidad, todas las noches.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Los justos crecerán como las palmas, come los cedros en los altos montes;
plantados en la casa del Señor, en medio de sus atrios darán flores.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Seguirán dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jóvenes,
para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
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Segunda lectura: 2 Cor 5, 6-10
Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria.
Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.
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Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:
“El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra:
que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece;
y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas.
Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar?
Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas;
pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos
y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje,
de acuerdo con lo que ellos podían entender.
Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
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sábado, 13 de abril de 2024

TOB - 7mo Domingo de Pascua, Ascención - Última voluntad y testamento - Mc 16:15-20

Marcos sólo señala que el Señor Jesús "fue llevado al cielo"
y luego describe que gracias a la la fe de los apóstoles en Jesús,
el Espíritu Santo ayuda en la difusión de su Evangelio
con la ayuda invisible de su gracia: "mientras el Señor trabajaba con ellos y confirmaba el mensaje ..."
Los que salen en su nombre, lo hacen también con su bendición.
Jesús establece el gran objetivo para los discípulos:
"Vayan por todo el mundo
y proclamen las buenas nuevas a toda la creación".
En el Evangelio de Mateo
se agrega la promesa definitiva del Señor:
"y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, 
hasta el fin del mundo."

Hubo una vez una mujer mayor que dudaba mucho sobre hacer su voluntad.
Hacer su voluntad podría significar que no tenía mucho tiempo para vivir.
A veces, muchas familias se separan solo porque algún miembro de las mismas no hizo nunca un testamento de herencia.

En el evangelio de hoy, Jesús es bastante claro acerca de su voluntad final para sus seguidores.
Debían difundirse activamente y compartir el mensaje de salvación que él había enseñado.
Esta misióne es simple de entender pero difícil de llevar a cabo.
Es enseñar a los demás todo lo que Jesús les había enseñado.
Los discípulos lo habían seguido, deberián pedir a otros que lo acepten y también lo sigan
porque el mensaje y trabajo de conversión y salvación debe continuar de generación en generación, hasta el final de los tiempos.

A pesar de todos los cambios en la iglesia y en la sociedad, hay dos cosas no han cambiado:
Jesús mismo y su mensaje de gracia y misericordia.
El Mensaje y el Mensajero no cambian, y nunca cambiarán.
Las personas que se preocupan por los cambios en la iglesia y la sociedad deben confiar en que todavía se puede confiar en lo básico.
Él está con nosotros siempre ... y su misión es nuestra misión también.

"Cada día escribes con tu vida una página nueva del evangelio,
a través de las cosas que haces y las palabras que dices.
Otros leerán lo que escribas allí, si es fiel y verdadero.
Entonces verán lo qué es el evangelio según tú, a través de tu vida.

Aunque no lo vemos,
Él todavía está con nosotros, guiándonos y apoyándodos.
Cuando estamos solos, no necesitamos ser solitarios.
Uno puede estar rodeado de personas y aún así estar solo,
pero estamos con el estado de ánimo correcto podemos sentir,
con Cicerón, non nobis, sed omnibus "no para nosotros,
sino para todos"
. Dialogar con nuestro Señor no necesita palabras. Estar abierto a su presencia en mi vida
y vivir consciente de su presencia me empuja a servir a los otros,
y experimentar con los primeros cristianos la alegría del Evangelio. 


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano TOB - Ascención
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Primera lectura: Hch 1, 1-11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones,
por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido.
A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó:
“No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre,
de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua;
dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía
de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora
que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo
descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos.

Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse,
se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
“Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús
que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.
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Salmo Responsorial: Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9 (6)
Aplaudan, pueblos todos, aclamen al Señor, de gozos llenos; 
que el Señor, el Altisimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
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Segunda lectura: Ef 1, 17-23
Hermanos: Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo.

Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro.

Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.
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O bien: Ef 4, 1-13
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Por eso dice la Escritura: Subiendo a las alturas, llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.

¿Y qué quiere decir “subió”? Que primero bajó a lo profundo de la tierra. Y el que bajó es el mismo que subió a lo más alto de los cielos, para llenarlo todo.

Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
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O bien: Ef 4, 1-7. 11-13
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. 

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 28, 19. 20R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.
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TOB - 3er Domingo de Pascua, El regalo del Perdón - Lc 24, 35-48


Al revisar nuestra vida, muchos de nosotros
encontraremos una u otra cosa de que lamentarnos. 

A veces, en nuestras conversaciones o actos,
esos recuerdos pueden dañarnos o dañar a otros.
Puede ser que recordemos no haber hecho algo
que podríamos haber hecho y que aunque quisimos no lo hicimos. 

Otras veces,
las experiencias de fracaso personal pueden parecer
tan pesadas y difíciles de superar que debemos luchar mucho
para liberarnos de ellas y seguir adelante.
Su peso puede chupar nuestras energías.
Muchas veces nos vemos volviendo a ellas una y otra vez.

Los primeros discípulos de Jesús
deben haberse sentido así antes, durante y después de la crucifixión de Jesús.
Antes, todos habían abandonado a Jesús. El Viernes Santo, su estado de ánimo estaba muy bajo y gris, de profundo pesar.
Luego de su muerte, deben haber sentido que su relación con Jesús había terminado.

En el Evangelio de hoy, las primeras palabras de Jesús resucitado a sus discípulos son: 'La paz esté con ustedes'.
Con estas palabras, los discípulos experimentan el perdón del Señor. 

El primer encuentro con el Señor resucitado se convierte en  una profunda experiencia de perdón.
Este fue el regalo del Señor resucitado para ellos.
A veces, el perdón puede ser un regalo difícil de aceptar, dudamos si verdaderamente estamos perdonados.
Pero cuando Jesús dijo: 'La paz esté con ustedes', respondieron con miedo, pensando que estaban viendo un fantasma.
Este Jesús resucitado les pregunta: "¿Por qué están tan nerviosos, y por qué dudan en sus corazones?"

A los confundidos y asustados discípulos
les tomó algo de tiempo darse cuenta que estaban perdonados.
Tuvieron que trabajar sus propias dudas y temores, y es sólo después de que ellos aceptan el regalo del perdón y lo creen,
son enviados como mensajeros del perdón del Señor a los demás.
Cuando el Señor resucitado está seguro que han aceptado el perdón
les encargar predicar a todas las naciones
el arrepentimiento sanador para el perdón de los pecados.

El perdón a los pecadores es tarea principal,
es la buena nueva del amor misericordioso de Dios.
Esto es lo que hace Pedro en primera lectura.
Él declara al pueblo de Jerusalén que,
aunque lo habían entregado a Pilato,
el perdón de Dios estaba disponible para ellos
si se volvían a Dios creyendo en Jesús.

La iglesia, fiel a la misión confiada a los discípulos proclamó a lo largo de los siglos
la buena noticia de que el perdón de Dios es más fuerte que el pecado humano.
Al resucitar a Jesús de entre los muertos y al mandarlo a los que lo habían rechazado y fallado,
Dios declara que él puede levantar a cualquiera de sus pecados.
El Jesús resucitado revela un Dios perdonador y fiel. La segunda lectura lo dice con claridad:
‘Si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, que es justo'.

Antes de recibir el regalo Pascual del perdón de Dios
que nos llega con el Señor resucitado,
debemos reconocer primero que necesitamos ese regalo. 

La segunda lectura nos dice que necesitamos 'admitir la verdad'.
La verdad es que siempre necesitamos el don del perdón de Dios. 
El arrepentimiento es el reconocer esa necesidad
y el pedirle a Dios el don del perdón.
En la primera lectura,
Pedro llama a la gente de Jerusalén a arrepentirse
y volverse a Dios para que sus pecados les sean borrados. 

En el Evangelio, Jesús resucitado envía a sus discípulos a predicar el arrepentimiento para el perdón de los pecados. 

 El Sacramento de la Reconciliación es una hermosa ocasión para admitir la verdad, reconocer nuestra necesidad de perdón de Dios
y pedirlo directamente.
El Señor resucitado nos dice al corazón: "La paz esté con ustedes".
Las palabras de la absolución incluyen la oración, 'a través del ministerio de la iglesia que Dios te conceda el perdón y la paz'.

Los primeros discípulos, al recibir y aceptar el don del perdón del Señor, son enviados como heraldos del perdón a los demás. 
Del mismo modo, quienes lo hemos recibido somos enviados a la misma misión. 

Como pecadores perdonados proclamamos con nuestras vidas
la presencia de un Dios que perdona y es siempre fiel.
Compartimos con los demás
el don que hemos recibido y aceptado del Señor.
Esto no siempre es fácil.
Si como dice el dicho: "errar es humano, perdonar es divino", entonces necesitamos ayuda divina para hacer lo que es divino. 

En los versículos posteriores a donde termina el evangelio de hoy, Jesús resucitado promete a sus discípulos enviarles el Espíritu Santo. Sólo con el poder del Espíritu Santo ellos serán capaces de tener éxito en la tarea que Jesús les confía. Necesitamos ese mismo Espíritu para perdonar, tal y como hemos sido perdonados.

"Ven Espíritu Santo,
llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor».

Podríamos siempre hacer esta corta oración,
especialmente en los momentos en que nos encontramos luchando
por transmitir a los demás el don del perdón que continuamos recibiendo de parte del Señor.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano – TOB – 3er. Domingo de Pascua

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Primera lectura: Hch 3, 13-15. 17-19
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres,
ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato,
y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad.
Rechazaron al santo, al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida,
pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos.

Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes;
pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer.
Por lo tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que se les perdonen sus pecados".
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Salmo Responsorial: Salmo 4, 2. 7. 9 (7ª)
Tú que conoces lo justo de mi causa,
Señor, responde a mi clamor.
Tú que me has sacado con bien de mis angustias,
apiádate y escucha mi oración. 
R. En ti, señor, confío. Aleluya.

Admirable en bondad
ha sido el Señor para conmigo,
y siempre que lo invoco me ha escuchado;
por eso en él confío. 
R. En ti, señor, confío. Aleluya.

En paz, Señor, me acuesto
y duermo en paz,
pues sólo tú, Señor,
eres mi tranquilidad.
R. En ti, señor, confío. Aleluya.
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Segunda lectura: 1 Jn 2, 1-5ª
Hijitos míos: Les escribo esto para que no pequen.
Pero, si alguien peca, tenemos como intercesor ante el Padre, a Jesucristo, el justo.
Porque él se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.

En esto tenemos una prueba de que conocemos a Dios, en que cumplimos sus mandamientos.
El que dice: "Yo lo conozco", pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.
Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado a su plenitud,
y precisamente en esto conocemos que estamos unidos a él.
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Aclamación antes del Evangelio: Cf. Lc 24, 32
R.
Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, haz que comprendamos la Sagrada Escritura.
Enciende nuestro corazón mientras nos hablas.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 24, 35-48
Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles,
les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma.
Pero él les dijo: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?
Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona.
Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo".

Y les mostró las manos y los pies.
Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?"
Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes:
que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos".


Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo:
"Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día,
y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén,
la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto"

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TOB - 2do Domingo de Pascua - Abriendo nuestras Puertas - Jn 20, 19-31


El miedo a lo que otros nos pueden hacer tiende a encerrarnos en nosotros mismos, a construir castillos y puertas más fuertes y a aislarnos más de los otros. 

Nos retiramos de las personas que nos hacen sentir incómodas y nos volvemos duros y lentos para abrirnos a quienes nos crítican y nos juzgan. Dudamos en  compartir nuestras ideas y planes con los que pensamos que no soportan tonterías. 

Casi siempre, el miedo a los demás nos puede retraer y encerrar en nosotros mismos atrofiando nuestro crecimiento. 


Los discípulos, que por el miedo de las autoridades judías se han encerrado en una habitación, se quedan allí a pesar de que una emocionada María Magdalena les anuncia que la tumba donde enterraron al Señor está vacía y que ellas lo han visto. 


Nada parece suficiente para superar su miedo. 
¿Piensan que les harían lo que hicieron a Jesús?

El miedo los auto-exilia en un escondite que parece seguro. Cuando el mismo Señor resucitado se les aparece a puertas cerradas, los saluda, se les acerca y les ayuda a superar su miedo todo cambia


Jesús los llenó de una nueva energía al soplar sobre ellos el Espíritu Santo. Reanima su esperanza y los libera de su miedo; y más aún, los envía a todo el mundo y les confía su misión. "Como el Padre me envió, también yo los envío", dijo. 

Por el poder del Espíritu vuelven a la vida y salen de su auto impuesta prisión a testimoniar al Señor resucitado. 

En los Hechos de Los Apóstoles, Lucas comparte la imagen de los discípulos reunidos, con miedo pero juntos. Describe una comunidad de creyentes, la iglesia, dando testimonio de la resurrección tanto de palabra como por la calidad de su vida.

Para los discípulos de hoy 
También a nosotros nos puede pasar lo que a los primeros discípulos, auto encerrarnos en nosotros mismos, a merced de los "golpes y flechas de la insultante fortuna" que debilita nuestro seguimiento comprometido del Señor. Como ellos, podemos caer en la tentación y renunciar a vivir profundamente nuestra fe. La auto conservación puede impedirnos hacer lo que somos capaces de hacer con ayuda del Señor. 

Las antiguas heridas que llevamos, las iniciativas que fracasaron hacen que dudemos en volver a intentarlo. Incluso cuando alguien parece lleno de entusiasmo y esperanza, como María Magdalena y nos propone hacer algo juntos, nos encogemos de hombros y les dejamos seguir adelante mientras que nosotros nos quedamos atrás para estar a salvo. 

El Evangelio nos indica una manera de salir de nuestro encierro autoimpuesto. Si la experiencia de la Magdalena no nos impacta, el Señor encontrará otro modo de entrar en nuestras vidas, llenarnos de nueva vida y energía para su servicio. No hay puertas ni corazones cerrados que puedan mantenerlo fuera, Él va a entrar al lugar de nuestro retiro para remover lo que no nos deja salir. 

Él solo necesita un poco de apertura de nuestra parte; aunque sea algún deseo de convertirnos en lo que estamos llamados a ser. El Señor resucitado siempre re-crea y nos renovará con su amor. Pascua es un tiempo para celebrar esa buena noticia.

Los discípulos no reaccionaron ante el entusiasmo esperanzador de María Magdalena que había visto al Señor. 

También Tomás estaba inconmovible e impasible ante el testimonio de los discípulos que le dijeron que también habían visto al Señor. Tomás era una tuerca aún más difícil de ajustar o aflojar que los otros discípulos. Era una de esas personas que insisten en que se cumplan determinadas condiciones antes de hacer un movimiento, "Si no veo, no creo."  Tal como lo hizo con los otros discípulos, el Señor se revela a Tomás en sus propios términos, se acomoda a las exigencias de Tomás y le dice: "Pon tu dedo aquí." Tomás, desarmado, cae en adoración; su miedo y duda chocan con una infinita comprensión y acogida.

El evangelio nos recuerda que el Señor nos encontrará donde quiera que estemos, aunque dudemos o nos escondamos. Él toma en serio todos nuestros temores y dudas y a pesar de ellas quiere revelarse para fortalecernos y enviarnos. Jesús actúa en nuestro propio terreno, sin importar que clase de terreno sea. Allí nos dirá la palabra adecuada según nuestro estado personal de mente y corazón. 

No tenemos que entrar en ningún lugar especial para que el Señor participe en nuestra vida, en nuestra historia. Él nos encuentra donde estemos, aún en el miedo o en la duda. En este tiempo de Pascua, oremos pidiendo apertura para recibir al Señor que viene a nosotros en las circunstancias concretas de nuestras propias vidas. Pidamos para que también nosotros podamos decir con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío". Oremos también para que, como el Señor, recibamos a los demás donde están, en vez de hacerlo desde donde nos gustaría que fueran.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Ciclo B
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Primera lectura: Hch 4, 32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
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Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 16ab -15. 22-24
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. 
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me abandonó a la muerte.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor: día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
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Segunda lectura: 1 Jn 5, 1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto.
Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
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