miércoles, 1 de agosto de 2018

TOB - 18vo Domingo - Una Vida Util - Jn 6, 24-35

Podemos ir y venir del mismo modo, hacer las cosas de la misma manera, hacer lo mismo, volver a los mismos lugares una y otra vez, contar las mismas historias año tras año, o tal vez tratar de probar  una nueva moda o sensación, atraído por las últimas modas sin entender claramente cuál es el objetivo de nuestra vida. San Pablo decía que la vida sin objetivos no nos llevará a ninguna parte, por eso anima a sus cristianos a "no seguir viviendo la clase de vida sin rumbo que viven los paganos".

La falta de dirección moral en el paganismo los ha llevado a faltas e indecencia moral de todo tipo, incluso a la ruina espiritual. La alternativa del Cristiano es "crecer en todos los sentidos en Cristo, que es la cabeza por la cual todo el cuerpo está unido" (4, 15). 

Si estamos absortos con trivialidades y búsqueda de placer, nuestra comprensión se ve disminuida y nuestros corazones se vuelven insensibles a los valores reales.

Podemos ir abandonando nuestros  ideales de forma gradual y apenas perceptible, hasta que sin darnos cuenta nos hemos vuelto  decadentes. Cuando nos damos cuenta de que estamos desarrollando malos hábitos, sentimos algo de arrepentimiento al respecto. Pero si continuamos ignorando a nuestra conciencia y dejamos que se quede dormida, podemos pecar sin ningún sentimiento de culpabilidad, nos volvemos apenas capaces de distinguir el bien del mal, y si hacemos mal tratamos de justificarlo o enmascararlo.

La gente apostada alrededor de Jesús a lo largo de la orilla del lago, enfocó su atención solo en el milagro físico que había trabajado. Quedaron tan impresionados con lo que hizo al multiplicar los panes y los peces que quisieron hacer de él su rey. Estaban ciegos al verdadero significado del milagro y del mensaje espiritual que Jesús quería transmitir a través de él. "No trabajes por comida que no va a durar", advirtió, "sino por comida que dure para la vida eterna"

¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús, pero solo en nuestros propios términos?  ¿Somos como la multitud voluble que tan rápidamente se alejó de él? 

Si nos llamamos sus discípulos, debemos permanecer cerca de Cristo para aprender de él, en sus propios términos y no en los nuestros.

Entonces él verdaderamente se convierte en el pan del cielo con el cual somos nutridos en el amor de Dios y moldeados para la eternidad. Nos diferenciamos así  de aquellos que lo abandonaron cuando dejó de hacer milagros, debemos perseverar y permanecer cerca de él en las buenas y en las malas.

Es el Señor que nos busca y nos alcanza, debemos dejarnos amar por él, es su iniciativa buscarnos y nuestra tarea buscarlo a él, debemos estar listos para abandonar todo lo necesario para aferrarnos a esa gracia, ese don de el Señor, el regalo del reino.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 18

Primera lectura: Ex16, 2-4. 12-15
En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud".

Entonces dijo el Señor a Moisés: "Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: 'Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios' ".

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: "¿Qué es esto?", pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Éste es el pan que el Señor les da por alimento".

Salmo Responsorial: Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (24b)
Cuanto hemos escuchado y conocemos del poder del Señor y de su gloria,
cuanto nos han narrado nuestros padres, nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
R. El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles; Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra y el monte que su diestra conquistara.
R. El Señor les dio pan del cielo.

Segunda lectura: Ef 4, 17. 20-24
Hermanos: Declaro y doy testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de él y en él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús. Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado". Entonces la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed".

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