sábado, 17 de abril de 2021

TOB - Pentecostés, Así también los envío Yo - 20,19-23

Celebramos hoy la fiesta solemne de Pentecostés cincuenta días después de la Pascua. 
Fiesta del Espíritu Santo y la «inauguración» de la misión de la Iglesia.

La primera lectura de los Hechos es una construcción de San Lucas que quiere explicar la razón por la que los discípulos, como Jesucristo, tienen el poder para hacer las maravillas que ellos hacen.

Para eso, Lucas recoge la «fiesta de las semanas» del antiguo Israel que celebraba la conmemoración de la llegada del pueblo al Sinaí
donde Yahvé le entrega las tablas de la Ley a Moisés en medio de truenos relámpagos y viento huracanado. 

Los elementos simbólicos del Sinaí y de Pentecostés,
son elementos simbólicos de gran resonancia cósmica
donde se que manifiestan la intervención renovadora de Dios
en la historia humana.

En su carta a los Corintios,
Pablo resalta la acción del Espíritu en la vida de los creyentes
y en la construcción de la Comunidad eclesial.
El Espíritu une la misión de la Iglesia a la misión de Jesús. 

Pablo sabe de las divisiones al interior de esta comunidad,
por eso insiste que los dones, los carismas, los ministerios
y los servicios vienen de un mismo Espíritu.
Dice que todos los carismas, dones y ministerios
están en función del crecimiento de la Iglesia. 

La acción del Espíritu cualifica la misión de la Iglesia en el mundo y no sólo para la santificación individual. 

En el Evangelio, Juan presenta dos escenas contrastantes.
1) Los discípulos encerrados en una casa, llenos de miedo y al anochecer.
2) Jesús que entra, les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real, 
    los llenan de alegría y les comunica el Espíritu que los hace listos para la misión.

Jesús cambia su miedo, oscuridad, encierro y aislamiento en: paz, alegría y envío misionero.  El Espíritu con su acción misteriosa transforma al creyente y a la comunidad. Hace que la Resurrección, ascensión, irrupción del Espíritu y la misión eclesial se muestren íntimamente articuladas.

Estos no son momentos aislados e indivuduales son momentos  grupales, simultáneos, progresivos y dinamizadores en la comunidad creyente.

Jesús promete a sus discípulos que pronto regresará, que nos les dejará solos y ¡cumple! Les dijo que el Espíritu Santo de Dios les ayudará a entender todo lo que él les anunció y ¡eso sucede! 

Al soplar sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano, Jesús les comunica el Espíritu que todo lo crea y lo hace nuevo.
Ellos son las personas nuevas de la creación restaurada por la entrega amorosa de Jesús. 

- Con la irrupción del Espíritu Santo en la historia humana
comienza una nueva forma de experimentar a Dios.
- Pentecostés es el comienzo de la etapa definitiva en la historia de la salvación.
- Es el comienzo de la predicación del evangelio por parte de la Iglesia apostólica. 
- El Espíritu empuja la Iglesia más allá de las fronteras geográficas, sociales y culturales
y todos entienden el mensaje en su propia lengua. Todos los pueblos hasta entonces conocidos indican que el mensaje evangélico es universal.
- Se hace en comunidad, cuando los discípulos están reunidos,
y su anuncio inaugura una nueva comunidad.

A veces, la violencia, injusticias, miseria y la corrupción de la sociedad
nos llenan de desesperanza, miedo y desaliento.
No vemos salidas y nos encerramos en nosotros mismos, en nuestros asuntos individuales y olvidamos del gran asunto de Jesús. De repente, Él irrumpe en nuestro interior,
traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento
para comprender que no nos ha abandonado,
que sigue presente en la vida del creyente, en la comunidad y en el mundo.

Lo reconocemos actuando en muchas personas y organizaciones
que luchan contra todas las formas de pecado que nos deshumanizan y alienan.
El Espíritu de Dios sigue actuando en la historia aunque no lo percibamos
porque lo hace en silencio.
Muchas veces no lo sentimos porque actúa en forma muy sencilla
a través de gestos que pueden pasar desapercibidos.
La prisa y preocupación diaria nos impide escucharlo y reconocerlo.
Hay que procurar un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu suscita en mí,
en mi comunidad y en el mundo, en el compromiso del amor, de la atención a los pobres.


Oración
Dios nuestro, Espíritu inasible, Luz sobre toda luz,
Amor que está en todo amor, Fuerza y Vida 
derrámate hoy de nuevo sobre toda la Creación 
para que buscándote más allá
de los diferentes nombres con que te invocamos, 
unidos en amor a todo lo que existe.
Tú que vives y haces vivir,
por los siglos de los siglos.
que alienta en toda la Creación:
y sobre todos los pueblos,
podamos encontrarte, y podamos encontrarnos en ti.


_____________________________________________________________________________
TOB - Lecturas en Lenguaje Latinoamericano para Pentecostés: Misa del día

Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Salmo responsorial 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra
1Cor 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Jn 20,19-23: Reciban el Espíritu Santo

Hechos de los apóstoles 2, 1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban,
y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. 
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les concedía que se expresaran.

Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo. 
Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua. 
Todos quedaron muy desconcertados y se decían, llenos de estupor y admiración:
«Pero éstos ¿no son todos galileos?
¡Y miren cómo hablan! Cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa.
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia,
de Frigia, Panfilia, Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. Hay forasteros que vienen de Roma,
unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus creencias, cretenses y árabes.
Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.»

Salmo responsorial: 103 (104) 1, 24, 29-30, 31, 34
Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.
R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.
R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
R./ Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Ahora les digo que ninguno puede gritar: «¡Maldito sea Jesús!» si el espíritu es de Dios; 
y nadie puede decir: «¡Jesús es el Señor!», sino con un espíritu santo. 

Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo.
Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos.
La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común.

Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, 
todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo. Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo,
ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu.

O bien: Gal 5, 16-25
Hermanos: Los exhorto a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu;
así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra del Espíritu de Dios,
y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer.
Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.

Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería,
las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras,
las orgías y otras cosas semejantes.
Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.

En cambio, los frutos del Espíritu Santo son:
el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo.
Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas.

Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo, junto con sus pasiones y malos deseos.
Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.

Secuencia
Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped de alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en al trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración
divina los hombres nada
podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestras desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestras frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
R. Aleluya.


Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Reciban el Espíritu Santo
Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» 
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. 
Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Reciban el Espíritu Santo: a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»

O bien:  
Jn 15, 26-27; 16, 12-15 Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena,
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes".

TOB - 7mo Domingo de Pascua, Ascención - Última voluntad y testamento - Mc 16:15-20

Marcos sólo señala que el Señor Jesús "fue llevado al cielo" y luego describe que gracias a la la fe de los apóstoles en Jesús, el Espíritu Santo ayuda en la difusión de su Evangelio con la ayuda invisible de su gracia: "mientras el Señor trabajaba con ellos y confirmaba el mensaje ..." Los que salen en su nombre, lo hacen también con su bendición. Jesús establece el gran objetivo para los discípulos: "Vayan por todo el mundo y proclamen las buenas nuevas a toda la creación". En el Evangelio de Mateo se agrega la promesa definitiva del Señor: "y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo."

Hubo una vez una mujer mayor que dudaba mucho sobre hacer su voluntad. Hacer su voluntad podría significar que no tenía mucho tiempo para vivir. Por otro lado, muchas familias se separan mal solo porque algún miembro de las mismas no hizo nunca un testamento de herencia.

En el evangelio de hoy, Jesús es bastante claro acerca de su voluntad final para sus seguidores. Debían difundirse activamente y compartir el mensaje de salvación que él había enseñado. Esta misióne es simple de entender pero difícil de llevar a cabo. Es enseñar a los demás todo lo que Jesús les había enseñado. Los discípulos lo habían seguido, deberián pedir a otros que lo acepten y también lo sigan porque el mensaje y trabajo de conversión y salvación debe continuar de generación en generación, hasta el final de los tiempos.

A pesar de todos los cambios en la iglesia y en la sociedad, hay dos cosas no han cambiado: Jesús mismo y su mensaje de gracia y misericordia. El Mensaje y el Mensajero no cambian, y nunca cambiarán. Las personas que se preocupan por los cambios en la iglesia y la sociedad deben confiar en que todavía se puede confiar en lo básico. Él está con nosotros siempre ... y su misión es nuestra misión también.

"Cada día escribes con tu vida una página nueva del evangelio,
a través de las cosas que haces y las palabras que dices.
Otros leerán lo que escribas allí, si es fiel y verdadero.
Entonces verán lo qué es el evangelio según tú, a través de tu vida.

Aunque no lo vemos, Él todavía está con nosotros, guiándonos y apoyándodos. Cuando estamos solos, no necesitamos ser solitarios. Uno puede estar rodeado de personas y aún así estar solo, pero estamos con el estado de ánimo correcto podemos sentir, con Cicerón, non nobis, sed omnibus "no para nosotros, sino para todos". La comunicación con nuestro Señor no necesita palabras, si estoy abierto a su presencia en mi vida y vivo con consciente de su presencia eso nos empuja a servir a los otros, así experimentar como esos primeros cristianos la alegría del Evangelio.


_____________________________________________________


Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano TOB - Ascención

Primera lectura: Hch 1, 1-11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: “No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos.

Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo?
Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.


Salmo Responsorial: Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9 (6)
Aplaudan, pueblos todos, aclamen al Señor, de gozos llenos; 
que el Señor, el Altisimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Segunda lectura: Ef 1, 17-23
Hermanos: Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo.

Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro.

Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.


O bien: Ef 4, 1-13
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Por eso dice la Escritura: Subiendo a las alturas, llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.

¿Y qué quiere decir “subió”? Que primero bajó a lo profundo de la tierra. Y el que bajó es el mismo que subió a lo más alto de los cielos, para llenarlo todo.

Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.

O bien: Ef 4, 1-7. 11-13
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como es también sólo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. 

Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Él fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 28, 19. 20R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.



TOB - 6to Domingo de Pascua - Somos elegidos por Dios - Jn 15, 9-17

La experiencia de ser elegido especialmente por alguien es hermosa. Puede ser tan simple como ser elegidos para formar parte del equipo; o, cuando al solicitar un trabajo alguien confía en nosotros para darles una buena referencia.

Ser elegido puede ser más significativo aún. En la raíz de cada matrimonio feliz está el hecho de que dos personas una vez se eligieron y luego continuaron eligiendose, día a día. En cada amistad verdadera hay una opción similar. Dos personas eligen ser amigos el uno con el otro y valoran su relación como especial y valiosa. Como en el matrimonio, la elección debe ser mutua y libre para que la amistad dure. Cuando la elección es unilateral, hay algo de angustia en el otro lado. Una experiencias de vida realmente dolorosas es un amor no correspondido.

En el evangelio de hoy, Jesús usa este lenguaje de elección y amistad. Él dice: "Te elegí", "Te llamo amigo". Cada uno podemos escuchar esas mismas palabras como dirigidas a nosotros.

Los discípulos  nos representan a todos. Él ha entregado su vida por todos nosotros. Con San Pablo, podemos decir que el Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí. Al dar su vida por nosotros, Jesús nos eligió, personalmente, nos llamó a cada uno su amigo. Sus palabras "Ustedes son mis amigos" son para nosotros también. 

La misa hace presente la muerte-donación de Jesús en cada generación, a cada comunidad que se reúne para partir el pan. Aquí y ahora continúa hablando las mismas palabras de la última cena, "Ustedes son mis amigos", "Yo los elegí". En nuestras vidas personales, elegir lo uno significa no elegir lo otro. El Dios bueno, elige a cada uno de nosotros por igual. Como dice Pedro en la primera lectura, "Dios no tiene favoritos".

Si elijo a alguien como amigo, quiero que esa persona haga una elección similar conmigo. Cuando El Señor nos elige, busca y desea que nosotros lo elijamos a él. Al habernos elegido, quiere que correspondamos a esa elección. En el evangelio, cuando muchas personas dejaban de seguirlo, se volvió hacia sus discípulos y les dijo: "¿También desean irse?" Jesús los invitaba a responder a la elección que habían hecho de ellos. En ese momento altamente cargado, Peter dijo en nombre de todos: "Señor, ¿a quién podemos ir? Tienes el mensaje de la vida eterna ". De esta manera, declaró públicamente su elección de Jesús. 

En la Misa, ambos celebramos que El Señor nos eligió a nosotros y renovamos nuestra elección por él. Cuando respondemos a su invitación a tomar y comer, lo tomamos en serio y renovamos nuestra elección como nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida y nuestra resurrección.

_____________________________________________________________________________


Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB, 6to Dominigo de Pascua


Primera lectura: Hch 10, 25-26. 34-35. 44-48
En aquel tiempo, entró Pedro en la casa del oficial Cornelio, y éste le salió al encuentro y se postró ante él en señal de adoración. Pedro lo levantó y le dijo: "Ponte de pie, pues soy un hombre como tú". Luego añadió: "Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere".

Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje. Al oírlos hablar en lenguas desconocidas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes judíos que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos.

Entonces Pedro sacó esta conclusión: "¿Quién puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?" Y los mandó bautizar en el nombre de Jesucristo. Luego le rogaron que se quedara con ellos algunos días.

Salmo Responsorial: Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 (2b)
Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas.
Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
R. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
El Señor ha dado a conocer su victoria
y ha revelado a las naciones su justicia.
Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
R. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad. Aleluya.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios.
Que todos los pueblos y naciones Aclamen con júbilo al Señor.
R. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad. Aleluya.

Segunda lectura: 1 Jn 4, 7-10
Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.

El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23
R.
Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 15, 9-17
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros''.

TOB - 5to Domingo de Pascua - Siendo más discípulos - Jn 15, 1-8


Reflexionemos: Más que un código para guiarnos
A la gente le fascina las historias del antiguo Egipto con sus faraones, sus maravillosos edificios y esculturas, pero también su organización social. Este pueblo se organizó para un propósito: asegurar la continuidad del faraón en el otro mundo.

Enterraban a sus faraones con muchos detalles en sus costumbres, leyes y rituales, para crear la impresión de que el Faraón continuaba vivo. En su tumba colocaban alimentos, sus muebles favoritos, carros, juegos y armas. Lo más llamativo de las momias, reales o no, es que estaban bien muertas.

La religión puede volverse solo código y de culto, un conjunto de leyes a obedecer y ritos a cumplir. Esa religión, con el tiempo puede volverse seca y enmohecida, y al igual que las momias completamente ausentes de vida.

En un programa religioso, se le preguntó a una celebridad sobre el lugar que ocupa la religión en su vida, y si podría vivir fácilmente sin ella, y él respondió: "Sí, tal vez, pero ella es siempre una guía para ayudarnos a mantenernos en línea. 

"Para él, la religión era un código que le ayuda a regular su conducta. A la gente con esa forma de pensar le gusta tener una religión momificada, solo como una señal en sus vidas. El cristianismo en cambio debe ser vida, una fuerza vibrante en la vida del creyente. Cristo vive en la comunidad de los creyentes, pero más a través de ellos, Él ejerce su misión a través de nosotros cuando atendemos a las personas necesitadas de misericordia y amor.

Todos los que anunciamos las palabras del Evangelio, ya sea en la misión, en la parroquia, en nuestras escuelas, llevamos la tarea de la oración de Jesús en la Última Cena, "Que conozcan al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. "

En cada instrucción de fe, dada o recibida, vemos a Cristo restaurando la vista al pobre, que al principio veía a la gente borrosa, como a árboles, y luego los vio claramente. En cada pecador que viene arrepentido vemos, a Lázaro resucitado una vez más de entre los muertos, ya sin el manto de pecado que lo envolvía. 
En cada reunión alrededor de la Mesa de la Eucaristía, al igual que los apóstoles, damos testimonio ante el mundo entero de la tarea que nos confió Cristo, la de proclamar su muerte y resurrección, hasta que Él vuelva al final de los tiempos.  

El cristianismo sufre un exceso de miembros y la escasez de los discípulos. 
En un mundo que crece frío y despersonalizado, las iglesias ofrecen un ambiente confortable de amistad y seguridad. No va a encontrar a Cristo en la liturgia del domingo, si no se ha codeado con él en la oficina, en la fábrica o en la cocina. No escuchará su mensaje desde el altar, si se hizo el sordo a su llamada en su oficina, escuela o casa. Jesús lo dijo en  sencillo y sin rodeos: " Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y son mis discípulos." 15, 8

 El cristianismo no es, un simple código o un mero culto. Si usted ve el cristianismo como un código,  entonces, al momento de rendir cuentas ante Dios puedes decir: "Yo asistí a misa, observé la ley, he progresado en el camino que me pediste andar. " 

Puedes verte a tí mismo como perfecto, “hago lo correcto, no tengo pecados grandes, son los pecados de siempre, pero Él me entiende” entonces no necesitas un salvador. Asi se autoevaluaba el fariseo en el templo frente a Dios. Decía Cristo: "Porque les digo que si su modo de obrar no supera al de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos." (Mt 5:20).

El verdadero cristianismo nos hace sentir inundados con el amor de Dios, a pesar de nuestras faltas. Dios nos ama hasta la locura, hasta el punto dejarse asesinar en una cruz.
Si creemos en Cristo, Dios nos va a considerar como sus hijos, como sus amigos y los amigos no se ponen condiciones ni esperan retorno. 

Desde la relación personal con el que le ama, tratan de entender palabras, actos y silencios. Por el  amor que le tienen, tratan de anticiparse a sus deseos.  Si vemos nuestra vida como una respuesta al inmenso amor que Dios nos tiene entonces ya no habrá obstáculos para disfrutar la vida y la religión tendrá un efecto liberador en nuestras vidas.

Vamos a disfrutar de lo que la Biblia describe como "la libertad de los hijos de Dios." Tan grande es el amor que Dios nos tiene que vamos a ver nuestros esfuerzos en responder a ese amor como siempre por debajo de lo que deseamos, con humildad sincera.

El problema de los que ven sus vidas como sin faltas es que tienen su visión limitada, no miran más allá de sí mismos. ¿Por qué seguir luchando para alcanzar algo que parece estar más allá de nosotros?

La respuesta de San Agustín es que debemos hacerlo porque tenemos una necesidad innata de Dios, y solo Él satisface esa búsqueda interior que nos acompaña durante toda la vida.

El discurso sobre la vid verdadera en Juan 15 es muy rico. Las imágenes de la viña se utiliza en el Antiguo Testamento para expresar la relación de Dios con Israel, tanto positiva como negativamente.

El cuarto Evangelio aborda estas tradiciones a su manera, de modo innovador. Quiere responder a la pregunta de: ¿cómo puedo ser un buen seguidor de Jesús?

En nuestra cultura occidental solemos pensar basados en la conducta; como si la moral fuera el centro de la vida. Cuando decimos que fulano es muy cristiano, decimos que ha actuado de ese modo o del otro.

El evangelio de Juan nos dice que el verdadero centro de nuestra vida no es ni nuestra conducta ni nuestra vida sino nuestra relación con el Señor resucitado a través del Espíritu Santo.

Esta relación es más profunda, envolvente y cambiante, incluso mística. Naturalmente, nuestras acciones, sean buenas o malas tienen consecuencias, pero es la relación con Él la que está en el corazón de todo.

___________________________________________________________________________

Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 5to Domingo de Pascua

Primera lectura: Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26-31:
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial: Sal 21, 26b-27. 28. 30. 31-32  
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:viva su corazón por siempre.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Segunda lectura: De la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24:
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Palabra de Dios

Evangelio: Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he hablado; permanezcan en mí, y yo en ustedes.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no pueden hacer nada. 

Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que deseen, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que den fruto abundante; así serán discípulos míos.»
Palabra del Señor

ORACIÓN
Dios de la vida nueva,
experimentar la acción Tu Espíritu
nos da un nuevo valor
y cambia la dirección de nuestras vidas.

Muéstranos hoy cómo ser Tus testigos
para que Tu iglesia
puede vivir un nueva primavera de la fe
a través de la palabra de vida
proclamada en nuestros días.


Que tu Espíritu nos ayude 
a vivir en el temor del Señor
y nos muestre Tu consuelo y ánimo.¡Amén!

TOB - 4to Domingo de Pascua - Orando por Vocaciones - Jn 10, 11-18

Pastores al cuidado de personas

Jesús ilustra a menudo su enseñanza refiriéndose a pastores y ovejas. La imagen es vieja pero el mensaje es actual. Hoy vemos la relación entre Jesús, el Buen Pastor y las ovejas. Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor anunciado por los profetas, como sus seguidores, esto es relevante para nosotros. A Jesús lo aceptamos por la fe, aceptamos sus sugerencias de vida, aceptamos sus promesas, por eso, nuestra relación con Él es profundamente personal.

Esa aceptación nos impulsa a querer conocerlo mejor, a tenerlo más cerca, a hacerlo parte de nuestras vivencias diarias, personales, laborales, familiares y comunitarias.
El vínculo de amor que nos une se basa en el mismo amor que lo une con su Padre. Nuestra nueva existencia se funda en ese amor y esa fidelidad inquebrantable de Dios.

Si en verdad entendemos que para entrar en la vida eterna debemos escuchar a Jesús, obedecerlo, anunciarlo y seguirlo, entonces sabemos que esta vida temporal debe estar teñida de Él, de su palabra y de su Espíritu. Debemos sintonizar nuestra mente con el sonido de su voz que habla al interior de nuestro ser. El egocentrismo, es decir, el centrarnos sólo en nosotros mismos, puede hacernos sordos a la voz de Jesús.

También las opciones fáciles de los caminos anchos puede pintarnos las cosas más atrayentes, pero recordemos que; “La fe hace posible hasta las cosas imposibles pero no las hace más fáciles”.

Recordemos que nuestros éxitos y derrotas son responsabilidad nuestra, todo depende del esfuerzo que pongamos o evitemos para lograr lo que somos. Recordemos también que el verdadero camino a nuestra felicidad, más que con la fe de otros, va de la mano con nuestra fe, esa confianza que nos ayuda a recorrer los caminos que el resucitado nos ha trazado. 

Sabemos hoy que es muy fuerte la presión para ser infieles y abandonar los principios cristianos, está llena de ofertas seductoras y facilistas.

Nos dicen que si seguimos en nuestra fe, el fracaso es inevitable.

Pero Dios es fiel y no nos dejará ser tentados más allá de nuestra fuerza.

Nadie nos puede arrastrar lejos de él porque el Padre nos ha entregado al buen pastor, nos ha puesto bajo el cuidado de su Hijo.

El mismo Dios que mantuvo la fe con Jesús al resucitarlo de entre los muertos,
también nos resucitará a nosotros mediante su poder.

Pablo y Bernabé hablaron con valor y causaron impacto. También hoy, una proclamación valiente del Evangelio y un fiel y buen ejemplo de vida a nuestros contemporáneos puede producir tanto fruto como lo hizo en los tiempos apostólicos. Todos los bautizados, en particular los confirmados, están obligados a profundizar, proclamar y difundir la fe.

Todos nosotros, seamos laicos o sacerdotes o religiosos estamos al servicio del Señor Resucitado y de su reino. Nuestra fe nos debe impulsar a tomar parte personal en la obra de evangelización. ¿Cuántos males persisten en nuestra sociedad sólo porque la gente buena no dice nada y no hace nada?

El “Domingo del Buen Pastor" es una oportunidad para pensar y orar cómo debe ser el ministerio sacerdotal de la iglesia católica para afrontar el futuro. Este Domingo nos invita a hacer cambios urgentes y significativos en la forma en que preparar a nuestros sacerdotes para el futuro, y de lo que esperaremos de ellos nos invita a recordar que no tal cosa como una parroquia con un sacerdote menos. "Puede que no haya sacerdote ordenado como sucede en la actualidad, pero toda la parroquia es  pueblo sacerdotal. 

De repente porque aún gozamos de vitalidad, como Iglesia Latinoamericana todavía no se nos ocurre hacernos la pregunta:
¿Qué debe cambiar en la Iglesia Católica, 
para que cada comunidad local puede tener una celebración eucarística completa todos los domingos?
_________________________________________________________________
Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 4to Dom de Pascua

Primera lectura: Hch 4, 8-12
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: 
"Jefes del pueblo y ancianos, 
puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, 
sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, 
a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. 

Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. 
Ningún otro puede salvarnos, 
pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro".

Salmo Responsorial: Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29 (22)
R.
 La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque es bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Más vale refugiarse en el Señor
que poner en los hombres la confianza;
más vale refugiarse en el Señor
que buscar con los fuertes una alianza.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te doy gracias pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor
Es un milagro patente.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Tú eres mi Dios, te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
Porque tu misericordia es eterna.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.

Segunda lectura: 1 Jn 3, 1-2
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, 
pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. 
Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. 
Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; 
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: 
“Yo soy el buen pastor. 
El buen pastor da la vida por sus ovejas. 
En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, 
cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; 
el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, 
porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, 
porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, 
así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. 
Yo doy la vida por mis ovejas. 
Tengo además otras ovejas que no son de este redil 
y es necesario que las traiga también a ellas; 
escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. 
Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. 
Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. 
Éste es el mandato que he recibido de mi Padre’’.

TOB - 3er Domingo de Pascua, El regalo del Perdón - Lc 24, 35-48


Al revisar nuestra vida, muchos de nosotros encontramos una u otra cosa de que lamentarnos. 

A veces, en nuestras conversaciones o actos, esos recuerdos pueden dañarnos o dañar a otros. Puede ser recordemos no haber hecho algo que podríamos haber hecho y que aunque quisimos no lo hicimos. 

Otras veces, las experiencias de fracaso personal pueden parecer tan pesadas y difíciles de superar que debemos luchar mucho para liberarnos de ellas y seguir adelante. Su peso puede chupar nuestras energías. Muchas veces nos vemos volviendo a ellas una y otra vez.

Los primeros discípulos de Jesús deben haberse sentido así antes, durante y después de la crucifixión de Jesús. Antes, todos habían abandonado a Jesús. El Viernes Santo, su estado de ánimo estaba muy bajo y gris, de profundo pesar. Luego de su muerte, deben haber sentido que su relación con Jesús había terminado.

En el Evangelio de hoy, las primeras palabras de Jesús resucitado a sus discípulos son: 'La paz esté con ustedes'. Con estas palabras, los discípulos experimentan el perdón del Señor. 

El primer encuentro con el Señor resucitado se convierte en  una profunda experiencia de perdón. Este fue el regalo del Señor resucitado para ellos. A veces, el perdón puede ser un regalo difícil de aceptar, dudamos si verdaderamente estamos perdonados. Pero cuando Jesús dijo: 'La paz esté con ustedes', respondieron con miedo, pensando que estaban viendo un fantasma. Este Jesús resucitado les pregunta: "¿Por qué están tan nerviosos, y por qué dudan en sus corazones?"

A los discípulos les tomó tiempo darse cuenta que estaban perdonados, pero es sólo después de que ellos aceptan este regalo del perdón y lo creen, son enviados como mensajeros del perdón del Señor a los demás. Solo cuando el Señor resucitado está seguro que han aceptado el perdón les encargar predicar a todas las naciones el arrepentimiento para el perdón de los pecados. El perdón a los pecadores es tarea principal, es la buena nueva del amor misericordioso de Dios. Esto es lo que hace Pedro en primera lectura. Él declara al pueblo de Jerusalén que, aunque lo habían entregado a Pilato, el perdón de Dios estaba disponible para ellos si se volvían a Dios creyendo en Jesús. La iglesia, fiel a la misión confiada a los discípulos proclamó a lo largo de los siglos la buena noticia de que el perdón de Dios es más fuerte que el pecado humano. Al resucitar a Jesús de entre los muertos y al mandarlo a los que lo habían rechazado y fallado, Dios declara que él puede levantar a cualquiera de sus pecados. El Jesús resucitado revela un Dios perdonador y fiel. La segunda lectura lo dice con claridad: ‘Si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, que es justo'.

Antes de recibir el regalo Pascual del perdón de Dios que nos llega con el Señor resucitado, debemos reconocer primero que necesitamos ese regalo. 

La segunda lectura de hoy nos dice que necesitamos 'admitir la verdad'. 
La verdad es que siempre necesitamos el don del perdón de Dios. 
El arrepentimiento es el reconocer esa necesidad y el pedirle a Dios el don del perdón. En la primera lectura, Pedro llama a la gente de Jerusalén a arrepentirse y volverse a Dios para que sus pecados les sean borrados. 

En el Evangelio, Jesús resucitado envía a sus discípulos a predicar el arrepentimiento para el perdón de los pecados. 

Hoy, el Sacramento de la Reconciliación es una ocasión privilegiada para admitir la verdad, reconocer nuestra necesidad de perdón de Dios y pedirlo directamente. En este sacramento, el Señor resucitado nos dice: 
"La paz esté con ustedes". Las palabras de la absolución incluyen la oración, 'a través del ministerio de la iglesia que Dios te conceda el perdón y la paz'.


Los primeros discípulos, al recibir y aceptar el don del perdón del Señor, son enviados como heraldos del perdón a los demás. 
Del mismo modo, quienes lo hemos recibido somos enviados a la misma misión. 

Como pecadores perdonados proclamamos con nuestras vidas la presencia de un Dios que perdona y es siempre fiel. Compartimos con los demás el don que hemos recibido y aceptado del Señor. Esto no siempre es fácil. Si como dice el dicho: "errar es humano, perdonar es divino", entonces necesitamos ayuda divina para hacer lo que es divino. 

En los versículos posteriores a donde termina el evangelio de hoy, Jesús resucitado promete a sus discípulos enviarles el Espíritu Santo. Sólo con el poder del Espíritu Santo ellos serán capaces de tener éxito en la tarea que Jesús les confía. Necesitamos ese mismo Espíritu para perdonar, tal y como hemos sido perdonados.

"Ven Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor».

Podríamos hacer esta oración, especialmente en los momentos en que nos encontramos luchando por transmitir a los demás el don del perdón que continuamos recibiendo de parte del Señor.

TOB - 2do Domingo de Pascua - Abriendo nuestras Puertas - Jn 20, 19-31


El miedo a lo que otros nos pueden hacer tiende a encerrarnos en nosotros mismos, a construir castillos y puertas más fuertes y a aislarnos más de los otros. 

Nos retiramos de las personas que nos hacen sentir incómodas y nos volvemos duros y lentos para abrirnos a quienes nos crítican y nos juzgan. Dudamos en  compartir nuestras ideas y planes con los que pensamos que no soportan tonterías. 

Casi siempre, el miedo a los demás nos puede retraer y encerrar en nosotros mismos atrofiando nuestro crecimiento. 


Los discípulos, que por el miedo de las autoridades judías se han encerrado en una habitación, se quedan allí a pesar de que una emocionada María Magdalena les anuncia que la tumba donde enterraron al Señor está vacía y que ellas lo han visto. 


Nada parece suficiente para superar su miedo. 
¿Piensan que les harían lo que hicieron a Jesús?

El miedo los auto-exilia en un escondite que parece seguro. Cuando el mismo Señor resucitado se les aparece a puertas cerradas, los saluda, se les acerca y les ayuda a superar su miedo todo cambia


Jesús los llenó de una nueva energía al soplar sobre ellos el Espíritu Santo. Reanima su esperanza y los libera de su miedo; y más aún, los envía a todo el mundo y les confía su misión. "Como el Padre me envió, también yo los envío", dijo. 

Por el poder del Espíritu vuelven a la vida y salen de su auto impuesta prisión a testimoniar al Señor resucitado. 

En los Hechos de Los Apóstoles, Lucas comparte la imagen de los discípulos reunidos, con miedo pero juntos. Describe una comunidad de creyentes, la iglesia, dando testimonio de la resurrección tanto de palabra como por la calidad de su vida.

Para los discípulos de hoy 
También a nosotros nos puede pasar lo que a los primeros discípulos, auto encerrarnos en nosotros mismos, a merced de los "golpes y flechas de la insultante fortuna" que debilita nuestro seguimiento comprometido del Señor. Como ellos, podemos caer en la tentación y renunciar a vivir profundamente nuestra fe. La auto conservación puede impedirnos hacer lo que somos capaces de hacer con ayuda del Señor. 

Las antiguas heridas que llevamos, las iniciativas que fracasaron hacen que dudemos en volver a intentarlo. Incluso cuando alguien parece lleno de entusiasmo y esperanza, como María Magdalena y nos propone hacer algo juntos, nos encogemos de hombros y les dejamos seguir adelante mientras que nosotros nos quedamos atrás para estar a salvo. 

El Evangelio nos indica una manera de salir de nuestro encierro autoimpuesto. Si la experiencia de la Magdalena no nos impacta, el Señor encontrará otro modo de entrar en nuestras vidas, llenarnos de nueva vida y energía para su servicio. No hay puertas ni corazones cerrados que puedan mantenerlo fuera, Él va a entrar al lugar de nuestro retiro para remover lo que no nos deja salir. 

Él solo necesita un poco de apertura de nuestra parte; aunque sea algún deseo de convertirnos en lo que estamos llamados a ser. El Señor resucitado siempre re-crea y nos renovará con su amor. Pascua es un tiempo para celebrar esa buena noticia.

Los discípulos no reaccionaron ante el entusiasmo esperanzador de María Magdalena que había visto al Señor. 

También Tomás estaba inconmovible e impasible ante el testimonio de los discípulos que le dijeron que también habían visto al Señor. Tomás era una tuerca aún más difícil de ajustar o aflojar que los otros discípulos. Era una de esas personas que insisten en que se cumplan determinadas condiciones antes de hacer un movimiento, "Si no veo, no creo."  Tal como lo hizo con los otros discípulos, el Señor se revela a Tomás en sus propios términos, se acomoda a las exigencias de Tomás y le dice: "Pon tu dedo aquí." Tomás, desarmado, cae en adoración; su miedo y duda chocan con una infinita comprensión y acogida.

El evangelio nos recuerda que el Señor nos encontrará donde quiera que estemos, aunque dudemos o nos escondamos. Él toma en serio todos nuestros temores y dudas y a pesar de ellas quiere revelarse para fortalecernos y enviarnos. Jesús actúa en nuestro propio terreno, sin importar que clase de terreno sea. Allí nos dirá la palabra adecuada según nuestro estado personal de mente y corazón. 

No tenemos que entrar en ningún lugar especial para que el Señor participe en nuestra vida, en nuestra historia. Él nos encuentra donde estemos, aún en el miedo o en la duda. En este tiempo de Pascua, oremos pidiendo apertura para recibir al Señor que viene a nosotros en las circunstancias concretas de nuestras propias vidas. Pidamos para que también nosotros podamos decir con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío". Oremos también para que, como el Señor, recibamos a los demás donde están, en vez de hacerlo desde donde nos gustaría que fueran.
_____________________________________________________
Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Ciclo B

Primera lectura: Hch 4, 32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 16ab -15. 22-24
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. 
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me abandonó a la muerte.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor: día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Segunda lectura: 1 Jn 5, 1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto.
Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.