sábado, 24 de noviembre de 2018

TOB - 34vo Domingo - Rey de la justicia, el amor y la paz - Jn 18, 33-37

Cuando Pablo habla del final de los tiempos,
ve a Jesucristo entregando el reino a Dios Padre.
El Prefacio de hoy repite esto, describiendo el reino de Cristo 
como uno de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia. amor y paz.

"Así sometió a su poder a la creación entera, 
para entregarte, Padre santo,
el reino eterno y universal, reino de verdad y de vida,
reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz". 

Este ideal no es sólo una esperanza futura, es una invitación para trabajar constantemente en el presente. El reino es nuestra esperanza, pero también es nuestra realidad presente, de alguna manera también está ya en medio de nosotros, es un proceso dinámico que es y a su vez llegará a ser.

El evangelio nos dice cómo debemos promover la venida más plena del reino de Dios entre nosotros. El Reino llega siempre que se hace justicia para los hambrientos, los sedientos, los desnudos, los huérfanos y los oprimidos. Cuando actuamos de esta manera hacemos lo mismo que desearía que hagamos el Rey Pastor, el mismo que se presenta en nuestros Evangelios como alguien que nos rescata de situaciones de alienación, que nos alimenta, nos da descanso, nos sana y fortalece. 

Incluso al final de su vida, sus últimas palabras fueron una promesa para el ladrón crucificado a su lado, que sería envuelto por el amor eterno de Dios, en el paraíso.

La mejor manera de honrar a Cristo nuestro Rey es trabajar para hacer que su reino sea una realidad entre nosotros. Cualquier cosa que hagamos para aliviar a los desfavorecidos y desamparados es también un servicio a Cristo, porque se identifica personalmente con las personas necesitadas. 

El discípulo de Cristo Rey no puede permitirse el lujo de mantenerme cómodamente, alejado de los problemas siendo "Bueno pero pasivo, o sin meterse con nadie". El Cristiano no puede ser sordo a los gritos del prójimo necesitado porque estaría cerrando sus oídos a Cristo. No puede estar ciego a la angustia de los moribundos porque cerraría sus ojos a Cristo.

Si seguimos a Jesucristo como nuestro Rey-Pastor, también nosotros, de alguna manera debemos ser pastores para los que nos necesitan y los que tienen menos que nosotros, debemos velar por su bien.
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Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
Primera lectura: Dn 7, 13-14
Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.

Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.

Salmo Responsorial: Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5 (1a)
Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes. Estás revestido e poder y majestad.
R./ Señor, tú eres nuestro rey.

Tú mantienes el orbe y no vacila. Eres eterno, y para siempre está firme tu trono.
R./ Señor, tú eres nuestro rey.

Muy dignas de confianza so tus leyes y desde hoy y para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo.
R./ Señor, tú eres nuestro rey.

Segunda lectura: Apoc 1, 5-8
Hermanos míos: 
Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, 
el testigo fiel, el primogénito de los muertos, 
el soberano de los reyes de la tierra; 
aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre 
y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. 
A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Miren: él viene entre las nubes, 
y todos lo verán, aun aquellos que lo traspasaron. 
Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa.

"Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, 
el que es, el que era y el que ha de venir, el todopoderoso".

Aclamación antes del Evangelio: Mc 11, 9. 10
R. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 
¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 18, 33-37
En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" 
Jesús le contestó: 
"¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?" 
Pilato le respondió: 
"¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes 
te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?" 
Jesús le contestó: 
"Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí".

Pilato le dijo: "¿Conque tú eres rey?" 
Jesús le contestó: "Tú lo has dicho. Soy rey. 
Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. 
Todo el que es de la verdad, escucha mi voz".


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Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste restaurar todas las cosas
por tu amado Hijo, Rey del universo,

Te pedimos que la creación entera, liberada de la esclavitud del pecado,

te sirva y te alabe eternamente.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo 
en la unidad del Espíritu Santo,y es Dios,  por los siglos de los siglos.

lunes, 19 de noviembre de 2018

TOB - 26vo Domingo - El don de la Hospitalidad - Mc 9, 38-43. 45. 47-48

La hospitalidad tiene un alto perfil en el Medio Oriente. Esto es cierto incluso hoy, y se menciona a menudo en la Biblia. Simplemente recuerde la calurosa bienvenida en la historia de Eleazer y Rebeca (Gen 24: 15-26) y el cálido encuentro de Jesús con la mujer samaritana en el pozo de Jacob.

Como virtud, la hospitalidad cristiana recibe un impulso extra de Jesús cuando él la personalizó. Quien recibe a uno enviado por Cristo recibe a Cristo mismo. Dios está en su Hijo, su Hijo está en los apóstoles y ellos, están en los cristianos que son recibidos. Incluso aquellos que dan tan poco como una taza de agua serán recompensados. Pero la verdadera hospitalidad no se puede practicar sobre la base de escoger a quien elijo. A la mayoría de las personas les resulta fácil ser buenos anfitriones cuando están seguros en casa y necesitan entretener a un amigo o alguien con derecho a una consideración especial.

Es cuestión diferente ser generoso con personas ajenas al propio círculo. Podemos vivir en una especie de burbuja, tan envuelta en nuestro propio círculo social que construimos barreras en lugar de puentes ... como en el caso del exorcista independiente en el Evangelio de hoy.

Los católicos no siempre están entusiasmados con el hecho de reconocer la difusión del Espíritu de Dios en otras Iglesias, en las religiones no cristianas y, de hecho, en todas las criaturas. Fue un shock para algunos de cuando el Vaticano II reconoció la presencia del Espíritu Santo en el Movimiento Ecuménico entre otros cristianos. Pero también debemos notar la postura intransigente de Cristo frente al escándalo, descrito en el Evangelio de hoy. 

Reconocer la presencia del Espíritu Santo fuera de la Iglesia no significa que debamos descuidarla dentro de la Iglesia. Necesitamos dar la bienvenida a la guía de la gracia, dondequiera que el Espíritu se haga visible.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Semana 26 - TOB


Primera lectura: Num 11, 25-29 
En aquellos días, el Señor descendió de la nube y habló con Moisés. Tomó del espíritu que reposaba sobre Moisés y se lo dio a los setenta ancianos. Cuando el espíritu se posó sobre ellos, se pusieron a profetizar.

Se habían quedado en el campamento dos hombres: uno llamado Eldad y otro, Medad. También sobre ellos se posó el espíritu, pues aunque no habían ido a la reunión, eran de los elegidos y ambos comenzaron a profetizar en el campamento.

Un muchacho corrió a contarle a Moisés que Eldad y Medad estaban profetizando en el campamento. Entonces Josué, hijo de Nun, que desde muy joven era ayudante de Moisés, le dijo: "Señor mío, prohíbeselo". Pero Moisés le respondió: "¿Crees que voy a ponerme celoso? Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor".

Salmo Responsorial: Salmo 18, 8. 10. 12-13. 14 (9a) La ley del Señor es perfecta de todo y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor y hacen sabio al sencillo.
R. Los mandamientos del Señor alegran el corazón.
La voluntad de Dios es santa y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
R. Los mandamientos del Señor alegran el corazón.
Aunque tu servidor es esmera En cumplir tus preceptos con cuidado,
¿quién no falta, Señor, sin advertirlo? Perdona mis errores ignorados.
R. Los mandamientos del Señor alegran el corazón.
Presérvame, Señor, de la soberbia, no dejes que el orgullo me domine;
así, del gran pecado tu servidor podrá encontrarse libre.
R. Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Segunda lectura: Sant 5, 1-6
Lloren y laméntense, ustedes, los ricos, por las desgracias que les esperan. Sus riquezas se han corrompido; la polilla se ha comido sus vestidos; enmohecidos están su oro y su plata, y ese moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes, como el fuego. Con esto ustedes han atesorado un castigo para los últimos días.

El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando contra ustedes; sus gritos han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. Han vivido ustedes en este mundo entregados al lujo y al placer, engordando como reses para el día de la matanza. Han condenado a los inocentes y los han matado, porque no podían defenderse.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 17, 17 
R. Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad.
R. Aleluya.


Evangelio: Mc 9, 38-43. 45. 47-48 
En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: "Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos". Pero Jesús le respondió: "No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga''.

sábado, 17 de noviembre de 2018

TOB - 33vo Domingo - Cuando vuelva el Señor - Mc 13, 24-32

"Maranatha" es la transcripción griega de una expresión de origen arameo, compuesta por dos términos, maranâ thâ' maran 'athâ' que significa 'El Señor viene'. San Pablo la usa en su segunda carta a Los Corintios como una expresión de la esperanza de la Segunda Venida de Cristo. Por eso, un creyente debe esperar la venida del Señor de manera atenta y cuidadosa. Todos daremos cuenta de nuestras acciones y de lo que no hemos podido hacer.

Pero nuestra espera debe ser:
- Activa, despiertos y con las lámparas encendidas; esperando hasta el final. 
- Alegre, esperando con gozo al novio que ya viene para entrar al banquete de Bodas. Nuestra espera puede ser coloreada la alegría de la espera expectante. La expectativa es a menudo más placentera que la realización. Shakespeare decía: "todas las cosas que existen son perseguidas con más placer que disfrutadas".

- Esperanzada, porque esperamos al que luego de su único y final sacrificio, vive e intercede al Padre por nuestros pecados. En él tenemos puesta nuestra confianza. Él viene a recompensar a los  que hemos permanecido fieles y cuyos nombres ha escritos en el libro de la vida.

¿En el día final, cuál será mi propio destino? nadie lo sabe. Pero Jesús quiere que estemos listos para encontrarnos con él, cada vez que venga. Recibirlo una y otra vez, sobre todo en los más pobres, es lo que nos hace cristianos. Así compartimos el mismo espíritu de sus primeros seguidores que dijeron "Maranatha" - "¡Nuestro Señor, ven!". Estamos invitados a vivir aquí y ahora con conciencia de la eternidad, viendo esta vida como una preparación para un sin fin. la vida con dios.

¿Qué tan listos estamos? Nuestra fe nos dice que alguna generación en la historia experimentará la segunda venida de Cristo. Incluso si la nuestra no es la generación que verá la segunda venida, cada uno de nosotros debe enfrentar su propio último día, la muerte. Para unos viene inesperada, de la nada, incluso a una edad temprana. Para otros, será bastante predecible y seguirá el curso más natural del envejecimiento y el declive. Por eso, debemos siempre preguntarnos: “¿Estoy listo y preparado?  Cada decisión mía apunta en direcciones que pueden ser buenas o malas. Si queremos sentirnos preparados, debemos apuntar siempre hacia las buenas.

Con el ajetreo de la vida es fácil olvidarse de la segunda venida de Cristo.
Preferimos ignorar nuestra mortalidad y postergar nuestra preparación para la muerte que todos debemos enfrentar. 

El final del capítulo 25 nos recuerda que El Señor invitará a los "que son bendecidos por mi Padre a heredar el reino preparado para ti desde la fundación del mundo. Porque tenía hambre y tú me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, un extraño y me recibiste, desnudo y me vestiste, enfermo y me cuidaste, en la cárcel y me visitaste". Aunque no sabemos el día o la hora de la segunda venida de Cristo, ni sabemos el día o la hora de nuestra propia muerte, se nos aconseja estar despierto y vigilantes. Sólo así evitaremos la dura respuesta del Señor: “Amén, te digo que no te conozco". Si tenemos esa respuesta será por nuestra insensatez y no por falta de misericordia o de justicia por parte del Señor.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Semana 33 - TOB

Primera lectura: Dn 12, 1-3 
En aquel tiempo, se levantará Miguel, el gran príncipe que defiende a tu pueblo.

Será aquél un tiempo de angustia, como no lo hubo desde el principio del mundo.
Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en el libro.
Muchos de los que duermen en el polvo, despertarán: unos para la vida eterna, otros para el eterno castigo.

Los guías sabios brillarán como el esplendor del firmamento, y los que enseñan a muchos la justicia,
resplandecerán como estrellas por toda la eternidad.

Salmo Responsorial: Salmo 15, 5 y 8. 9-10. 11 (1)

El Señor es el parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida.
Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción.
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida.
Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti. 
R. Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

Segunda lectura: Heb 10, 11-14. 18
Hermanos: En la antigua alianza los sacerdotes ofrecían en el templo, diariamente y de pie, los mismos sacrificios, que no podían perdonar los pecados. Cristo, en cambio, ofreció un solo sacrificio por los pecados y se sentó para siempre a la derecha de Dios; no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Así, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado. Porque una vez que los pecados han sido perdonados, ya no hacen falta más ofrendas por ellos.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 21, 36 R. Aleluya, aleluya.
Velen y oren, para que puedan presentarse sin temor ante el Hijo del hombre.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 13, 24-32 
E n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, 
la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo 
las estrellas y el universo entero se conmoverá. 
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes 
con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles 
a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales 
y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.

Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas 
se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden 
estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. 

En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, 
pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre''.

sábado, 10 de noviembre de 2018

TOB - 32vo Domingo - Misericordia Quiero - Mc 12, 38-44

En algunos sectores de la Iglesia se ve un cierto desgano y apatía referente a la práctica sacramental,  la asistencia a misa, el interés por las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa, y hay un gran  dificultad para involucrar a los jóvenes en actividades de la Iglesia . El catolicismo en el mundo desarrollado está en decadencia . ¿Cómo podemos hacer de nuestra Iglesia un lugar más acogedor, donde la gente se sienta más apreciada, cuidada y entendida?

El libro de los Reyes nos da una pista que es el regreso a la "Misericordia práctica" y no la "Misericordia predicada".

En el Libro de Reyes se habla de una viuda pobre que mostró misericordia en forma de compasión práctica, al compartir su última corteza con el profeta Elías. ¿Estaba ella practicando la fe? Mucho, sí, porque ella hizo lo que Jesús espera de nosotros ... Tenía hambre y tú ... Si me das un vaso de agua en mi nombre ...

Está también la pobre mujer que llega al Templo y que contribuyó silenciosamente. Se deshace de sus últimos ahorros para dejarse tocar por dios y confiar mejor en su divina providencia, de ese modo hace que Dios sea adorado adecuada y verdaderamente. ¿Ella practica su fe a través de su generosidad. Quien se da todo su corazón a una buena causa está siguiendo el ejemplo de Jesús, ya sea que estén conscientes de ello o no. Ellos tienen la bendición de Dios y se les promete su recompensa.

Nuestra noción de "católicos prácticos" debe incluir de alguna manera a todos los que viven por estas cualidades de compasión y generosidad. De hecho, compartir la Misa y los sacramentos solo es genuino si nos impulsa a amar la misericordia de este tipo. Hoy en esta Eucaristía volvemos a comprometernos a vivir la fe de maneras que realmente cuentan: al darnos a nosotros mismos como lo hizo Jesús, de "manera práctica" y generosa.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 32, Ciclo B

Primera lectura: 1 Rey 17, 10-16
En aquel tiempo, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta. Al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí a una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: "Tráeme, por favor, un poco de agua para beber". Cuando ella se alejaba, el profeta le gritó: "Por favor, tráeme también un poco de pan". Ella le respondió: "Te juro por el Señor, tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; tan sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo unos cuantos leños. Voy a preparar un pan para mí y para mi hijo. Nos lo comeremos y luego moriremos".

Elías le dijo: "No temas. Anda y prepáralo como has dicho; pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo. Después lo harás para ti y para tu hijo, porque así dice el Señor de Israel: 'La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra' ".

Entonces ella se fue, hizo lo que el profeta le había dicho y comieron él, ella y el niño. Y tal como había dicho el Señor por medio de Elías, a partir de ese momento, ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó.
Salmo Responsorial: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (1)El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. El Señor siempre es fiel a su palabra.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. El Señor siempre es fiel a su palabra.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. El Señor siempre es fiel a su palabra.
Segunda lectura: Heb 9, 24-28Hermanos: Cristo no entró en el santuario de la antigua alianza, construido por mano de hombres y que sólo era figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para estar ahora en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros.

En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en el santuario para ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que ofrecerse una y otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso habría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se manifestó una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Y así como está determinado que los hombres mueran una sola vez y que después de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza.
Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 3 R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 12, 38-44
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso".

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir".

O bien: Mc 12, 41-44
En aquel tiempo, Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir".

TOB - 31vo Domingo, Amarás por completo - Mc 12, 28-34

El rabino Hillel fue un erudito de renombre, con un gran número de seguidores en la época de Jesús. Cuando se le preguntó: "¿Cuál es el mandamiento más grande?" Hillel dio la famosa respuesta: "Lo que odias por ti mismo, no lo hagas a tu prójimo. Esta es toda la ley; el resto es un comentario ”.

En el evangelio de hoy se repiten los ideales que ya estaban claros y eran conocidos en el Antiguo Testamento. El mandato de "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente", se imprimió en el corazón de cada judío, como su oración central diaria. Esta oración es el Shema, ya que el hebreo "Shema" significa "Escucha". "Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor". Lo que es especial del Evangelio de hoy es cuando dice que el amor de Dios está íntimamente relacionado con el amor de los demás.

Cualquier afirmación de amar a Dios es ilusoria si no resulta en amar a otras personas, extendiéndose para abrazarlos como Dios lo hace.

Jesús vincula estrechamente el amor de Dios con el amor al prójimo, para formar conjuntamente el mandamiento más grande. San Agustín dijo que debemos "Amar a Dios primero, y luego hacer lo que quieras", lo que significa que si amamos a Dios adecuadamente, no podemos sino querer que otros compartan ese amor. El cuarto evangelista, Juan, vio todo en la vida de Cristo en la tierra en términos de amor, y continuó predicando esto en su vejez. Incluso declara que "cualquiera que diga: 'Yo amo a Dios' y odia a su hermano, es un mentiroso, porque ¿cómo puede alguien que no ama al hermano que él puede ver, amar a Dios a quien nunca ha visto?" (1 Jn 4:20).

Amar con todo el corazón es un desafío verdaderamente radical, en imitación de Cristo. Pero es nuestra vocación cristiana. Porque creemos que la vida proviene de la muerte, que la ganancia proviene de la pérdida, que la recepción proviene de la entrega y que el mismo Jesús tuvo que morir para llegar a la plenitud de la vida. Profesamos ser seguidores de alguien que hizo una completa ofrenda de sí mismo al Padre y gastó sus energías y su tiempo al servicio de los demás, que regresó a su Padre sin ningún tipo de bienes terrenales.

Esto no implica que tengamos que recorrer exactamente el mismo camino que Cristo. Lo que sí indica es que la entrega genuina a Dios no nos permite retirarnos a un paraíso de espiritualidad irreal. Significa que si amamos a Dios, debemos preocuparnos por los demás, por los miembros de nuestra familia y comunidad. Necesitamos elevarnos por encima de nuestro egoísmo y darnos cuenta de que "hay mayor felicidad en dar que en recibir" (Hechos 20:35).

"El mundo está demasiado con nosotros", escribió William Wordsworth, "tarde y pronto / obteniendo y gastando, desperdiciamos nuestros poderes". Pasamos de esta manera, pero una vez, y mientras estamos en este viaje, tenemos que hacer tanto. bueno como podamos con nuestros poderes dados por Dios, para servir a Dios y a los demás. Siempre debemos tener presente la promesa de Jesús (Jn 15, 5): "El que permanece en mí, conmigo en él, fructifica en abundancia".

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, TOB, Domingo 31 

Primera lectura: Dt 6, 2-6 
En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: "Teme al Señor, tu Dios, y guarda todos sus preceptos y mandatos que yo te transmito hoy, a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Cúmplelos y ponlos en práctica, para que seas feliz y te multipliques. Así serás feliz, como ha dicho el Señor, el Dios de tus padres, y te multiplicarás en una tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido".

Salmo Responsorial: }Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab (2)
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, El Dios que me protege y me libera.
R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.
Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza, al punto me libró de mi enemigo.
R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.
Bendita seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador, seas bendecido.
Tú concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido.
R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza.

Segunda lectura: Heb 7, 23-28
Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros.

Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23
R.
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio: Mc 12, 28-34 
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?" Jesús le respondió: "El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos".

El escriba replicó: "Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios".

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

lunes, 29 de octubre de 2018

TOB - Fiesta del Sagrado Corazón - Un Amor Noble - Jn 19, 31-37

El evangelio de hoy une el amor con el mandamiento, o Torá.
Normalmente no pensamos en el amor como una ley sino como una respuesta espontánea de una persona a otra. La forma más noble de amor es darse a sí mismo, "con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas". Llega a los demás y los ama por sí mismo, para "amar a tu prójimo". como tú mismo. "Tal amor" vale más que cualquier ofrenda quemada o sacrificio ". Sin amor todo lo demás pierde valor, mientras que con él" no estamos muy lejos del reino de Dios ".

Escribiendo a Timoteo, Pablo habla enfrentándose a los peligros de la fe, incluso hasta el punto de ser arrojado a cadenas, o estar dispuesto a morir con Cristo, para que podamos vivir con él. Él le pide a Timoteo que se mantenga hasta el final, siempre para permanecer fiel y no para regatear sobre meras fórmulas doctrinales. El propósito principal de la vida es obtener la aprobación de Dios.

Necesitamos la ayuda del otro, porque primero este sufre y luego el otro. Nos apoyamos unos a otros, los fuertes se ocupan de los débiles; porque tarde o temprano las tornas se cambian y el fuerte recurrirá al compañero para obtener ayuda. Sin embargo, incluso si fallamos el uno con el otro, todavía hay esperanza, como Pablo escribe: "Si somos infieles, Dios sigue siendo fiel, porque no puede negarse a sí mismo".

A Jesús le hicieron varias preguntas sobre cómo relacionarnos con Dios. Un abogado le pregunta: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?" Había muchas reglas y regulaciones en la religión judía en ese tiempo. Quería saber cuál era el más importante.

La respuesta de Jesús fue más allá de la pregunta. Le preguntaron sobre el primer mandamiento; pero su respuesta incluye tanto el primero como el segundo mandamiento.

El primero es amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y el segundo es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. De esa manera él muestra que estos dos mandamientos son inseparables.

No podemos amar a Dios sin amar a nuestro prójimo, y al amar a nuestro prójimo estamos, al mismo tiempo, amando a Dios.
Es el amor de Dios que es ser el amor primario en nuestras vidas. Le debemos la mayor devoción a Dios.
Como dice Jesús en uno de los otros evangelios: "Busca primero el reino de Dios".
Dios, tal como se revela en Jesús, debe ser nuestro mayor amor. Si estamos atrapados en una relación amorosa con Dios, se desbordará en el amor de todos aquellos a quienes Dios ama, y ​​nuestros diversos amores humanos por otras personas reflejarán algo del amor de Dios por ellos.


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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Primera lectura: Os 11, 1. 3-4. 8-9 
“Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo, dice el Señor.
Yo fui quien enseñó a andar a Efraín; yo, quien lo llevaba en brazos;
pero no comprendieron que yo cuidaba de ellos.
Yo los atraía hacia mí con los lazos del cariño, con las cadenas del amor.

Yo fui para ellos como un padre
que estrecha a su creatura y se inclina hacia ella para darle de comer.

Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión.
No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín,
pues yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti y no enemigo a la puerta”.

Salmo Responsorial: Isaías 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (3)
El Señores mi Dios y Salvador: con él estoy segura y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación.
R. El Señor es mi Dios y mi salvador.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre,
cuentan a los pueblos sus hazañas, proclamen que su nombre es sublime.
R. El Señor es mi Dios y mi salvador.
Alaben al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión: porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes.
R. El Señor es mi Dios y mi salvador.

Segunda lectura: Ef 3, 8-12. 14-19
Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los fieles, se me ha dado la gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en Cristo, y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose este designio de salvación, oculto desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

Él lo dispuso así, para que la multiforme sabiduría de Dios, sea dada a conocer ahora, por medio de la Iglesia, a los espíritus celestiales, según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios, por medio de la fe en Cristo.

Me arrodillo ante el Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que, conforme a los tesoros de su bondad, les conceda que su Espíritu los fortalezca interiormente y que Cristo habite por la fe en sus corazones. Así, arraigados y cimentados en el amor, podrán comprender con todo el pueblo de Dios, la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, y experimentar ese amor que sobrepasa todo conocimiento humano, para que así queden ustedes colmados con la plenitud misma de Dios.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 29 
R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.


O bien: 1 Jn 4, 10
R. Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
R. Aleluya.


Evangelio: Jn 19, 31-37 
Como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, los judíos pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús.

Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

sábado, 27 de octubre de 2018

TOB 30vo Domingo - Lo que Quiero de Dios - Mc. 10, 46-52

En los evangelios vemos muchas personas ciegas que son sanadas, pero éste pasaje sobre Bartimeo es muy especial e ilustrativo.
El pobre hombre no veía nada, pero cuando escuchó que Jesús de Nazaret estaba pasando, tomó una decisión para él desafiante pero muy importante. en vez de esperar sentado, tenía que ir a su encuentro para no perder el paso de Jesús, pedir que lo curaran. Todos decían que Jesús tenía el poder de sanar, pero él, tenías que llamar su atención y pedir que lo curaran. era su gran deseo.

Bartimeo era muy consciente de lo que estaba mal con él, y estaba dispuesto a remediarlo! Cuando le gritó a Jesús tratando de llamar su atención, las personas a su alrededor trataron de callarlo; Pero él, gritó más fuerte, y siguió gritando hasta que Jesús se detuvo y lo llamó. Aunque Bartimeo era ciego, Jesús se quedó donde estaba y dejó que el ciego se acercara a él. Si realmente quería ser curado, encontraría la manera de llegar a Jesús

Era obvio que el hombre era ciego y, sin embargo, Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". Bartimeo tenía que reconocer su problema por sí mismo. Igual que él, si uno de nosotros necesita curarse de algo, ya sea ceguera, alcoholismo, depresión o cualquier adicción, debemos reconocer nuestro problema y decirle a Dios lo que está mal en nosotros. Necesitamos nombrar, mencionar lo que queremos de Dios. Por supuesto, él conoce nuestras necesidades y, sin embargo, dice: "Pide con y recibirás". "Tu Padre celestial seguramente se lo dará a los que lo pidan con fe".

Las palabras de Bartimeo eran simples y sencillas; sin discurso largo, ni regateos ni engaños. "Quiero ver" fue su respuesta directa. Y Jesús le dijo que su fe lo había sanado. Con razón, este ciego sabía que Jesús no se apartaría del clamor de los pobres. Piensa en lo que hizo: tiró a un lado su vieja capa, se levantó y corrió hacia Jesús. La vieja capa puede ser un símbolo de su pasado, su oscuridad, su desesperación. Hizo un acto de fe llena de esperanza, y Jesús no lo decepcionó. Todos los intentos de los espectadores por silenciarlo lo hicieron más decidido. Tenía claro lo que quería y sabía quién podía ayudarlo. Es por eso, que en Bartimeo, también nosotros podemos aprender una lección de esperanza, confianza y de fe, aquí y ahora.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Semana 30 TOB
Esto dice el Señor: "Griten de alegría por Jacob,
regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan:
'El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel'.

He aquí que yo los hago volver del país del norte y los congrego desde los confines de la tierra.
Entre ellos vienen el ciego y el cojo, la mujer encinta y la que acaba de dar a luz.

Retorna una gran multitud; vienen llorando, pero yo los consolaré y los guiaré;
los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán.
Porque yo soy para Israel un padre y Efraín es mi primogénito".

Salmo Responsorial: Salmo 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra boca ni se cansaba entonces la lengua de cantar.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Aun los mismos paganos con asombro decían: "¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!"
Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Como cambian los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor,
y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Al ir, iba llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.
R. Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor. 

Segunda lectura: Heb 5, 1-6 
Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y está constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios.

Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.

R. Aleluya.

Evangelio: Mc 10, 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!" Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!".

Jesús se detuvo entonces y dijo: "Llámenlo". Y llamaron al ciego, diciéndole: "¡Ánimo! Levántate, porque él te llama". El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús.

Entonces le dijo Jesús: "¿Qué quieres que haga por ti?"
El ciego le contestó: "Maestro, que pueda ver".
Jesús le dijo: "Vete; tu fe te ha salvado".
Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.