martes, 17 de abril de 2018

TOB - 4to Domingo de Pascua - Orando por Vocaciones - Jn 10, 11-18

Pastores al cuidado de personas

Jesús ilustra a menudo su enseñanza refiriéndose a pastores y ovejas. La imagen es vieja pero el mensaje es actual. Hoy vemos la relación entre Jesús, el Buen Pastor y las ovejas. Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor anunciado por los profetas, como sus seguidores, esto es relevante para nosotros. A Jesús lo aceptamos por la fe, aceptamos sus sugerencias de vida, aceptamos sus promesas, por eso, nuestra relación con Él es profundamente personal.

Esa aceptación nos impulsa a querer conocerlo mejor, a tenerlo más cerca, a hacerlo parte de nuestras vivencias diarias, personales, laborales, familiares y comunitarias.
El vínculo de amor que nos une se basa en el mismo amor que lo une con su Padre. Nuestra nueva existencia se funda en ese amor y esa fidelidad inquebrantable de Dios.

Si en verdad entendemos que para entrar en la vida eterna debemos escuchar a Jesús, obedecerlo, anunciarlo y seguirlo, entonces sabemos que esta vida temporal debe estar teñida de Él, de su palabra y de su Espíritu. Debemos sintonizar nuestra mente con el sonido de su voz que habla al interior de nuestro ser. El egocentrismo, es decir, el centrarnos sólo en nosotros mismos, puede hacernos sordos a la voz de Jesús.

También las opciones fáciles de los caminos anchos puede pintarnos las cosas más atrayentes, pero recordemos que; “La fe hace posible hasta las cosas imposibles pero no las hace más fáciles”.

Recordemos que nuestros éxitos y derrotas son responsabilidad nuestra, todo depende del esfuerzo que pongamos o evitemos para lograr lo que somos. Recordemos también que el verdadero camino a nuestra felicidad, más que con la fe de otros, va de la mano con nuestra fe, esa confianza que nos ayuda a recorrer los caminos que el resucitado nos ha trazado. 

Sabemos hoy que es muy fuerte la presión para ser infieles y abandonar los principios cristianos, está llena de ofertas seductoras y facilistas.

Nos dicen que si seguimos en nuestra fe, el fracaso es inevitable.

Pero Dios es fiel y no nos dejará ser tentados más allá de nuestra fuerza.

Nadie nos puede arrastrar lejos de él porque el Padre nos ha entregado al buen pastor, nos ha puesto bajo el cuidado de su Hijo.

El mismo Dios que mantuvo la fe con Jesús al resucitarlo de entre los muertos,
también nos resucitará a nosotros mediante su poder.

Pablo y Bernabé hablaron con valor y causaron impacto. También hoy, una proclamación valiente del Evangelio y un fiel y buen ejemplo de vida a nuestros contemporáneos puede producir tanto fruto como lo hizo en los tiempos apostólicos. Todos los bautizados, en particular los confirmados, están obligados a profundizar, proclamar y difundir la fe.

Todos nosotros, seamos laicos o sacerdotes o religiosos estamos al servicio del Señor Resucitado y de su reino. Nuestra fe nos debe impulsar a tomar parte personal en la obra de evangelización. ¿Cuántos males persisten en nuestra sociedad sólo porque la gente buena no dice nada y no hace nada?

El “Domingo del Buen Pastor" es una oportunidad para pensar y orar cómo debe ser el ministerio sacerdotal de la iglesia católica para afrontar el futuro. Este Domingo nos invita a hacer cambios urgentes y significativos en la forma en que preparar a nuestros sacerdotes para el futuro, y de lo que esperaremos de ellos nos invita a recordar que no tal cosa como una parroquia con un sacerdote menos. "Puede que no haya sacerdote ordenado como sucede en la actualidad, pero toda la parroquia es  pueblo sacerdotal. 

De repente porque aún gozamos de vitalidad, como Iglesia Latinoamericana todavía no se nos ocurre hacernos la pregunta:
¿Qué debe cambiar en la Iglesia Católica, 
para que cada comunidad local puede tener una celebración eucarística completa todos los domingos?
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 4to Dom de Pascua

Primera lectura: Hch 4, 8-12
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: 
"Jefes del pueblo y ancianos, 
puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, 
sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, 
a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. 

Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. 
Ningún otro puede salvarnos, 
pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro".

Salmo Responsorial: Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29 (22)
R.
 La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque es bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Más vale refugiarse en el Señor
que poner en los hombres la confianza;
más vale refugiarse en el Señor
que buscar con los fuertes una alianza.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te doy gracias pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor
Es un milagro patente.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Tú eres mi Dios, te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
Porque tu misericordia es eterna.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.

Segunda lectura: 1 Jn 3, 1-2
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, 
pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. 
Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. 
Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; 
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: 
“Yo soy el buen pastor. 
El buen pastor da la vida por sus ovejas. 
En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, 
cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; 
el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, 
porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, 
porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, 
así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. 
Yo doy la vida por mis ovejas. 
Tengo además otras ovejas que no son de este redil 
y es necesario que las traiga también a ellas; 
escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. 
Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. 
Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. 
Éste es el mandato que he recibido de mi Padre’’.

sábado, 14 de abril de 2018

TOB - 3er Domingo de Pascua, El regalo del Perdón - Lc 24, 35-48


Al revisar nuestra vida, muchos de nosotros encontramos una u otra cosa de que lamentarnos. 

A veces, en nuestras conversaciones o actos, esos recuerdos pueden dañarnos o dañar a otros. Puede ser recordemos no haber hecho algo que podríamos haber hecho y que aunque quisimos no lo hicimos. 

Otras veces, las experiencias de fracaso personal pueden parecer tan pesadas y difíciles de superar que debemos luchar mucho para liberarnos de ellas y seguir adelante. Su peso puede chupar nuestras energías. Muchas veces nos vemos volviendo a ellas una y otra vez.

Los primeros discípulos de Jesús deben haberse sentido así antes, durante y después de la crucifixión de Jesús. Antes, todos habían abandonado a Jesús. El Viernes Santo, su estado de ánimo estaba muy bajo y gris, de profundo pesar. Luego de su muerte, deben haber sentido que su relación con Jesús había terminado.

En el Evangelio de hoy, las primeras palabras de Jesús resucitado a sus discípulos son: 'La paz esté con ustedes'. Con estas palabras, los discípulos experimentan el perdón del Señor. 

El primer encuentro con el Señor resucitado se convierte en  una profunda experiencia de perdón. Este fue el regalo del Señor resucitado para ellos. A veces, el perdón puede ser un regalo difícil de aceptar, dudamos si verdaderamente estamos perdonados. Pero cuando Jesús dijo: 'La paz esté con ustedes', respondieron con miedo, pensando que estaban viendo un fantasma. Este Jesús resucitado les pregunta: "¿Por qué están tan nerviosos, y por qué dudan en sus corazones?"

A los discípulos les tomó tiempo darse cuenta que estaban perdonados, pero es sólo después de que ellos aceptan este regalo del perdón y lo creen, son enviados como mensajeros del perdón del Señor a los demás. Solo cuando el Señor resucitado está seguro que han aceptado el perdón les encargar predicar a todas las naciones el arrepentimiento para el perdón de los pecados. El perdón a los pecadores es tarea principal, es la buena nueva del amor misericordioso de Dios. Esto es lo que hace Pedro en primera lectura. Él declara al pueblo de Jerusalén que, aunque lo habían entregado a Pilato, el perdón de Dios estaba disponible para ellos si se volvían a Dios creyendo en Jesús. La iglesia, fiel a la misión confiada a los discípulos proclamó a lo largo de los siglos la buena noticia de que el perdón de Dios es más fuerte que el pecado humano. Al resucitar a Jesús de entre los muertos y al mandarlo a los que lo habían rechazado y fallado, Dios declara que él puede levantar a cualquiera de sus pecados. El Jesús resucitado revela un Dios perdonador y fiel. La segunda lectura lo dice con claridad: ‘Si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, que es justo'.

Antes de recibir el regalo Pascual del perdón de Dios que nos llega con el Señor resucitado, debemos reconocer primero que necesitamos ese regalo. 

La segunda lectura de hoy nos dice que necesitamos 'admitir la verdad'. 
La verdad es que siempre necesitamos el don del perdón de Dios. 
El arrepentimiento es el reconocer esa necesidad y el pedirle a Dios el don del perdón. En la primera lectura, Pedro llama a la gente de Jerusalén a arrepentirse y volverse a Dios para que sus pecados les sean borrados. 

En el Evangelio, Jesús resucitado envía a sus discípulos a predicar el arrepentimiento para el perdón de los pecados. 

Hoy, el Sacramento de la Reconciliación es una ocasión privilegiada para admitir la verdad, reconocer nuestra necesidad de perdón de Dios y pedirlo directamente. En este sacramento, el Señor resucitado nos dice: 
"La paz esté con ustedes". Las palabras de la absolución incluyen la oración, 'a través del ministerio de la iglesia que Dios te conceda el perdón y la paz'.


Los primeros discípulos, al recibir y aceptar el don del perdón del Señor, son enviados como heraldos del perdón a los demás. 
Del mismo modo, quienes lo hemos recibido somos enviados a la misma misión. 

Como pecadores perdonados proclamamos con nuestras vidas la presencia de un Dios que perdona y es siempre fiel. Compartimos con los demás el don que hemos recibido y aceptado del Señor. Esto no siempre es fácil. Si como dice el dicho: "errar es humano, perdonar es divino", entonces necesitamos ayuda divina para hacer lo que es divino. 

En los versículos posteriores a donde termina el evangelio de hoy, Jesús resucitado promete a sus discípulos enviarles el Espíritu Santo. Sólo con el poder del Espíritu Santo ellos serán capaces de tener éxito en la tarea que Jesús les confía. Necesitamos ese mismo Espíritu para perdonar, tal y como hemos sido perdonados.

"Ven Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor».

Podríamos hacer esta oración, especialmente en los momentos en que nos encontramos luchando por transmitir a los demás el don del perdón que continuamos recibiendo de parte del Señor.

lunes, 26 de marzo de 2018

TOB - Jueves Santo - Unirme al Jesús de la Última Cena - Jn 13, 1-15

Con el: "Hagan esto en memoria mía!", Jesús nos pide entender lo que "Esto" era y es hoy. ¿Pero, qué  pensaba al usar los símbolos del pan partido y la copa de vino compartida? Pensemos de manera nueva lo que significa para nosotros esa cena pascual.

La última cena se celebró dentro del marco de la cena de la Pascua judía (Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor.
De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua. Ex 12, 14).

En la primera lectura de esta noche, Éx 12, 1-8. 11-14, se explica el porqué de esta fiesta. Con  palabras y símbolos se quiere recordar el mayor acto salvador de Dios en el Antiguo Testamento, el éxodo de Egipto, que saca al nuevo pueblo de Dios de la esclavitud. Esta lectura nos muestra que, también para nosotros, Dios entra en nuestra vida para salvarnos y liberarnos de todo lo que nos oprime.

Si estamos "abiertos" a esta acción en nuestra vida personal y comunitaria, entonces estamos preparados para entender que la buena noticia, la definitiva obra salvadora de Dios se realiza en y por Jesucristo.

Reflexionemos en lo que San Juan llama la "hora" de Jesús. Es el punto culminante de su obra de salvación; el comienzo del nuevo éxodo, su paso de este mundo al Padre; la acción a través de la cual él abre nuestra existencia a una nueva relación entre Dios y los seres humanos. Cuando nos hacemos parte de este nuevo éxodo obtenemos nuestra liberación definitiva. El Cristo nos ayuda a liberarnos de la esclavitud a las cosas materiales y el interés mezquino y nos hace libres para amar generosamente a la manera de su Padre que originalmente nos creó a su imagen para ese propósito. A través de su amor sin límite, desde la totalidad de su corazón libre y desinteresado, Jesús venció todo egoísmo humano y, sobretodo, el pecado humano. Es precisamente este amor que el Padre nos dio y quiere que compartamos, ese es el corazón del éxodo de Jesús. Es este tipo de amor que se dona que Jesús quiere mantener vivo entre nosotros, si nos dejamos.

En la Última Cena con sus discípulos, Jesús anticipa su muerte por nosotros en la cruz y se da a sí mismo en los símbolos sacramentales del pan y el vino. Desde aquella cena, en la celebración Eucarística está la memoria viva que nos une al amoroso acto salvador de Nuestro Señor. En la Eucaristía, por ser un memorial comunitario y vivo, compartimos el nuevo éxodo, nos liberamos del aislamiento en que nos sumerge la preocupación por nosotros mismos, nos hace  plenamente humanos y solidarios, tal y como Dios quiere que seamos.

San Juan dice que nos unimos a Jesús cuando le dejamos lavar nuestros pies, cuando lo recibimos y dejamos que nos refresque, que nos renueve, con su palabra y su pan y vino; cuando aceptamos compartirlo, imitando su gran acto de servicio amoroso. Si aceptamos el regalo lo debemos aceptar como un valor a poner en práctica en nuestras vidas.

Lo que Jesús hace por nosotros en su pasión nos muestra cómo vivir. Debemos vivir del mismo modo como vivó Jesús, "para" Dios y para los demás. En el: “Hagan lo que yo hago”, hay una estrecha relación entre Jesús lavando los pies a sus discípulos y la de los discípulos yendo a lavar los pies de los demás. Si la Eucaristía es el lugar donde el Señor nos lava los pies, la vida cotidiana es el lugar donde podemos lavar los pies de los demás, como sus siervos, siempre sirviendo. La Eucaristía nos lleva a la vida y la vida nos trae a la Eucaristía. La verdadera piedad eucarística debe llevarnos al servicio de los demás. Jesús, no solo partió el pan en la Eucaristía sino también lavó los pies de sus discípulos. Debemos seguir su ejemplo tanto en el altar de la Eucaristía y en el altar de la vida.

En el lavado de los pies, hay mucho más que un ejemplo de servicio humilde. En el acto del servicio amoroso está el corazón de la muerte y resurrección de Jesús. La verdadera "elevación" en el Evangelio de Juan es un acto de servicio amoroso. Juan lo pone claro cuando dice: Jesús sabía que había llegado la hora para pasar de este mundo al Padre. Estas palabras dejan en claro que lo que tiene que pasar es la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Podemos aceptar ese amor increíble de Dios?

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TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Jueves Santo de la Cena del Señor

Ex 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".

Salmo Responsorial: Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 / (cf. 1 Co 10, 16)
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación, e invocaré el nombre del Señor.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

Segunda Lectura: 1 Cor 11, 23-26
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio: Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".

domingo, 25 de marzo de 2018

TOB - Domingo de Ramos - Mira que tu Rey viene - Mc 14, 1–15,47



Is 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes
Salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Flp 2, 6-11: Se humilló, por eso Dios lo ensalzó sobre todo
Mc 14, 1–15,47: (abreviado): Pasión de Nuestro Señor Jesucristo


Mira que tu Rey viene
Por muchos siglos el pueblo de Israel esperó al Mesías liberador, lo esperaban como un príncipe guerrero, fuerte, valiente. Nunca lo imaginaron venir como un Mesías que hablara de paz, de amor, de oportunidades; no imaginaban trayendo liberación, sanidad y Salvación. Jesús entra en Jerusalén en tiempos de mucha opresión, sin dignidad y mucha necesidad de liberación real. Jesucristo entró a la capital Judía como Rey humilde y Mesías de paz y un pueblo entusiasmado lo aclama con cantos de júbilo y esperanza. “Hosanna en las alturas bendito el que viene en nombre del señor “, Mc 11, 9. Por fin viene el Rey de Reyes, “ Bendito sea el que viene como Rey en nombre del señor”. Lc 19,38.

Cuando Jesús entra a la ciudad en un asno, (Mt 21, 1-5) anuncia que no es un mesías militar y guerrero. Los reyes y conquistadores Medos, Asirios, Caldeo y Romanos entraban en animales de guerra como los caballos, elefantes y camellos.

El asno ya era conocido antes que el camello y era una valiosa posesión de la gente de clase humilde, era uno de ellos y por eso también era muy popular entre los jefes religiosos del pueblo. El Asno era una cabalgadura noble, humilde sin aspecto agresivo ni militar. Entrar montado en un asno simbolizaba el cumplimiento mesiánico de las profecías, (Zac 9, 9).

Jesús sabe lo que el pueblo espera, por eso quiere dar un signo claro de que él no es un mesías guerrero sino más bien, viene a instaurar un reino distinto, no como los de este mundo. Por eso, pone de manifiesto su humildad al venir sentado como el común de la gente, como todos los judíos lo hacen cotidianamente. Mateo lo resalta cuando dice “Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una asna Mt 21, 1-5

Fueron nuestros dolores los que soportó

"Fue oprimido y afligido, no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca "(Is 53, 7).

A los seguidores de Cristo, este texto de Isaías provoca una respuesta interior más profunda, al ver cómo se aplican al Hijo único y amado de Dios, y cómo él murió por todos nosotros. En las palabras de San Pedro ", sin haberlo visto que han llegado a creer en él, y por eso están ya llenos de una alegría tan gloriosa que no se puede describir" (1 Pedro 1: 8). 

Sin este amor sincero de Cristo, no somos sus verdaderos seguidores. No podemos decir que lo amamos completamente, hasta que no valoremos lo que él sufrió por nosotros.

Después de haber oído el relato de la Pasión no hay necesidad de explorar con tanto detalle los eventos allí descritos. 

Es bueno sí tener en cuenta que Cristo no fue ajeno a las dificultades, privaciones y sufrimiento, desde mucho antes de ese día final de su vida. "Siendo Dios", como dice San Pablo, desde que vino a la tierra, Jesús se despojó de sí mismo y asume la condición de siervo, se hace tan humano como nosotros (Fil 2: 6). 


Él, el Dios Altísimo, sufrió las penurias de los pobres, 
sin ni siquiera tener a veces un lugar donde reclinar la cabeza. 

Él soportó el hambre y la sed, y después de largos días rodeados por multitudes que buscan una cura, a menudo pasaba noches enteras en oración en las colinas. 

A pesar de su compasión con todos los que vinieron a él, soportó el odio y el rechazo, en particular de los fariseos y sacerdotes, que planeaba matarlo. ¿Cómo habrá sufrido por este rechazo y odio? 

En el “El rey Lear” leemos "Es más filudo e hiriente un hijo ingrato que el diente de una serpiente;" ¿Cómo se habrá sentido Jesús al ser rechazado por el pueblo que Él había elegido, por encima de todos los demás.

Tan terrible fue la lucha interna de Jesús cuando tuvo que enfrentar su propia muerte, que en el jardín, su sudor se convirtió en grandes gotas como de sangre que caían al suelo. Otro trago amargo fue el saber que uno de su propio círculo de los doce lo traicionaría, que la mayoría de los otros le dejaría, y que incluso el leal San Pedro juraría en repetidas ocasiones que no lo conocía. Pero lo más terrible de todo era ese sentimiento de haber sido abandonado por Dios, Su propio Padre. Pareciera que su espíritu interior se envolvió en una dura oscuridad que reflejaba la tenebrosa oscuridad que envolvía el Calvario cuando el final se acercaba. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Esa cara tan cruelmente desfigurada era el rostro del Hijo de Dios. 
La frente chorreando sangre, las manos y los pies clavados en la cruz, el cuerpo flagelado y lacerado, el costado traspasado con una lanza: 
Eran la frente, las manos y los pies, el cuerpo sagrado, el lado de la Palabra eterna, hecha visible en Jesús. ¿Por qué tanto sufrimiento? Sólo podemos decir con Isaías: "Fue por nuestras rebeliones que estaba herido, por nuestros pecados, fue aplastado. 

En Él estaba el castigo que nos trae la curación, a través de sus heridas hemos sido recreados "(53: 5 ss).


Dios, Padre nuestro, 
Ayúdanos a vivir de tal modo 
que el sufrimiento de Tu Hijo por nosotros 
no haya sido en vano.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo de Ramos - La Misa 

Primera Lectura: Is 50, 4-7
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".

Salmo Responsorial_ Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre".
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado y se puedan contar todos mis huesos.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo; glorificarlo, linaje de Jacob, témelo, estirpe de Israel.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Segunda Lectura: Flp 2, 6-11
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Aclamación antes del Evangelio: Flp 2, 8-9
R.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Versión Corta: Mc 15, 1-39
Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él respondió: "Sí lo soy". Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: "¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?" Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: "¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron: "¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Pues ¿qué mal ha hecho?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: "¡Viva el rey de los judíos!" Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores.

Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: "¡Anda! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz". Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos". Hasta los que estaban crucificados con él también lo insultaban.

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: "Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?" (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías". Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo". Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios".

sábado, 17 de marzo de 2018

TOB - 5to Domingo de Cuaresma - Jn 12, 20-33


Jer 31, 31-34: Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Heb 5, 7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna
Jn 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

El profeta Jeremías trae un canto de perdón y esperanza a los judíos afligidos que ven a Jerusalén destruida. Habla a los judíos que se quedaron, también a los que fueron deportados. La lectura es parte de los capítulos 30 al 33 llamados “libro de la consolación”. Jeremías dice que Yahvé quiere confiar de nuevo en su pueblo y le propone una “nueva alianza”, con relaciones nuevas entre Él y su pueblo. 

Yahvé propone una alianza ya no escrita en tablas sino en el corazón de la persona, porque no es la ley en sí misma, la que nos acerca a Dios sino su espíritu. Con Dios “en el corazón”, la ley se humaniza, se abre sin legalismos, se lo sigue con un corazón sincero; la persona se hace parte del pueblo de Dios. Dios nos regala gratuitamente su conocimiento, sin matrículas ni mensualidades, seamos mayores o menores, de una raza u otra: se revela en la historia de cada pueblo, sin discriminaciones, sin olvidar a ninguno.

Pablo destaca en su carta a los hebreos las actitudes de Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Este pasaje recuerda a Jesús en el huerto de los Olivos, cuando ante su eminente muerte, ora al Padre pidiendo ser librado de ella. 

Resalta que la oración de abandono fortaleció a Jesús para llevar a cabo su misión. Los cristianos debemos aprender mucho porque la mayoría de las veces, nuestras oraciones o súplicas más parecen «órdenes a Dios para que no se haga su voluntad». 

El texto dice que Jesús asume el sufrimiento como prueba de su obediencia a la voluntad del Padre. En Jesús, oración y sufrimiento son signos reales de su solidaridad con toda la Humanidad. Este perfecto acercamiento a la voluntad del Padre convierte a Jesús en la manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, camino y modelo de salvación abierto a todos los hombres y mujeres del mundo. Por su cercanía al maestro, los discípulos son reconocidos como mediadores, testigos y compañeros de camino. 

En las fiestas Pascuales de Jerusalén, algunos griegos aprovechan esa cercanía y piden a Felipe: “queremos ver a Jesús”. No preguntan “¿dónde está?” sino que piden la mediación del discípulo para conocer personalmente a Jesús. El que sean griegos los que buscan a Jesús expresa la universalidad del evangelio, “incluso los paganos buscan a Jesús”. Jesús aprovecha la ocasión y anuncia que el tiempo de palabras y signos está terminando, pues se acerca la “hora” del “signo” mayor: su pasión y muerte en la cruz. 

Para explicarlo, Jesús usa a una breve parábola para expresar una paradoja, (figura literaria que consiste en una “contradicción aparente” perder-ganar, morir-vivir, entregar-retener, dar-recibir). Sólo el grano de trigo que muere da mucho fruto.

Esta parábola puede considerarse una expresión sintética de la cima del amor; en el fondo, equivale al mandamiento nuevo: “Éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros ‘como yo’ les he amado; no hay mayor amor que ‘dar la vida’” (Jn 15,12-13). En estas palabras de Jesús encierra todo el mensaje del Evangelio, de todo el mensaje religioso. Otras religiones han descubierto el amor, la solidaridad… el “descentramiento” de sí mismo como la esencia de la religión. Jesús es una de esas expresiones máximas de la búsqueda de la Humanidad, y del avance de la presencia de Dios en su seno…El ser humano es capaz de amar, es capaz de salir de sí mismo y entregar su vida o entregarse a sí mismo por amor.

La breve parábola resume la lección fundamental de su Evangelio, la principal de su mensaje: el amor oblativo, el amor que se dona a sí mismo, que se pierde a sí mismo, que muere a sí mismo, ese amor produce vida. Esas aparentes contradicciones no son tales, al entender la paradoja, descubrimos la revelación cristiana del Evangelio. En Jesús, en su vida, muerte y resurrección se expresa una vez más el acceso de la Humanidad a la captación esta paradoja.  Hoy ¿me resisto a dar vida y a dar la vida en las pequeñas cosas de cada día y en los grandes momentos de la vida? ¿He captado la ley evangélica es de dar la vida por amor? ¿Estoy dispuesto a aceptar esa «muerte» para vivir?  

Los programas de reducción del Estado, de los programas sociales y la proclamación de un supuesto mercado “libre”, trajeron a la sociedad humana la “ley de la selva”, donde cada uno busca su propio interés; paradójicamente creen que con su egoísmo colaboran mejor al bien común. Esto es totalmente anti-Evangelio, y va contra todo mensaje religioso, quieren imponer la nueva religión del egoísmo. El eclipse de la solidaridad es un retroceso de la humanidad para lograr el bien común. Muchos sabemos que “otro mundo es posible”, aunque la propaganda egocentrista quiera convencernos de que “no hay alternativa” y de que estamos en el “final de la historia” sin poder  cambiarla. Con el evangelio creemos que “no hay mayor amor que dar la vida”, que la ley suprema es “morir como el grano de trigo: para dar vida”. Por eso debemos comprometernos en crear conciencia para que la sociedad sienta la necesidad de superar políticas económicas tan injustas, egoístas y excluyentes.


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LECTURAS BÍBLICAS EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, 5to de Cuaresma B

22/3/80: Luis Espinal, sacerdote y periodista, mártir de las luchas del pueblo boliviano.
22/3/88: Rafael Hernández, líder campesino, murió luchando por la tierra de sus hermanos Mexicanos.

1ra lectura: Jeremías 31, 31-34: 
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados

Miren que llegan días —oráculo del Señor— en que haré una alianza nueva con Israel y con Judá:
no será como la alianza que hice con sus padres cuando los agarré de la mano para sacarlos de Egipto; la alianza que ellos quebrantaron y yo mantuve —oráculo del Señor—;

así será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo futuro —oráculo del Señor—: meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en su corazón, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo;

ya no tendrán que enseñarse unos a otros, mutuamente, diciendo: Tienes que conocer al Señor, porque todos, grandes y pequeños, me conocerán —oráculo del Señor—, porque yo perdono sus culpas y olvido sus pecados.


Salmo responsorial: 50. R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
Lava del todo mi delito y limpia mi pecado.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
No me arrojes lejos de tu presencia ni me quites tu santo espíritu;
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con tu espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.


2da. Lectura: Hebreos 5, 7-9: 
Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna

Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas,
al que podía librarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado.
Y aunque era Hijo de Dios, aprendió sufriendo lo que es obedecer,
así alcanzó la perfección y llegó a ser para cuantos le obedecen causa de salvación eterna.



Evangelio: Juan 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. 
Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: —Señor, queremos ver a Jesús.
Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús.

Jesús les contesta: —Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado.

Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor;
si uno me sirve, lo honrará el Padre.

Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir?
¿Que mi Padre me libre de este trance?
No; que para eso he llegado a este trance. Padre, da gloria a tu Nombre.

Vino una voz del cielo: —Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.

La gente que estaba escuchando decía: —Ha sido un trueno.

Otros decían: —Le ha hablado un ángel.

Jesús respondió: —Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes.
Ahora comienza el juicio de este mundo
y el príncipe de este mundo será expulsado.
Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Lo decía indicando de qué muerte iba a morir.

martes, 20 de febrero de 2018

TOB - Orando bien - Martes 1ro de Cuaresma - Mt 6, 7-15

Los evangelios retratan muchas veces a Jesús en oración y algunas veces nos dan el contenido de su oración. Sin embargo, solo una vez presentan a Jesús enseñando a sus discípulos una oración para que alimente su vida espiritual y crezcan en conección con su Padre. Esa oración se ha hecho conocida como la Oración del Señor. 

Esta oración, tiene un lugar privilegiado 
dentro de la tradición cristiana porque es la única oración 
que Jesús explícitamente nos enseñó a orar. 
A pesar de todas las diferencias entre las diversas denominaciones cristianas, esta oración es una que todos tenemos en común. 
Es una oración que todos podemos orar juntos. 

Al darnos esta oración, Jesús también nos dio una lección sobre cómo orar. 

La primera parte de la oración se centra en Dios en lugar de en nosotros mismos, el nombre de Dios, el reino de Dios, la voluntad de Dios. Jesús nos está enseñando que la oración es dejar ir a Dios, rendirse a lo que Dios quiere para su mundo y para nosotros mismos. 
Solo después de esas peticiones que se enfocan en Dios, Jesús nos enseña a enfocarnos en nuestras propias necesidades. 

El Padrenuestro nos alienta a orar por nuestras necesidades fundamentales, 
nuestra necesidad de sustento, material y espiritual, nuestra necesidad de perdón, nuestra necesidad de la liberación de Dios 
cuando el mal en cualquier forma pone nuestra fidelidad al Señor a prueba. 
Es significativo que en esas segundas series de peticiones, el Padrenuestro nos enseñe a enfocarnos en nosotros mismos no como individuos sino como miembros de una comunidad; es por eso que el lenguaje de la segunda parte de la oración es 'nuestro' en lugar de 'mi.' 
Al orar esas peticiones, estoy orando no solo por mí mismo sino por los demás. 
Oramos esta oración como miembros de una comunidad de fe. 

A través de los dos conjuntos de peticiones que componen esta oración, 
Jesús nos está enseñando que la oración siempre es salir de nosotros mismos hacia Dios y hacia los demás.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - Martes de la I semana de Cuaresma - TOB

Primera lectura: Is 55, 10-11
Esto dice el Señor: "Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, 
sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión".

Salmo Responsorial: Salmo 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19 / 
R. (18b) El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Proclamemos la grandeza del Señor, y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todas mis temores.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres, y los libra de todas sus angustias.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Los ojos del Señor cuidan al justo y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.
Escucha el Señor al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles, Y levanta a las almas abatidas.
R. El Señor libra al justo de todas sus angustias.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio: Mt 6, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
"Cuando ustedes hagan oración no hablen mucho, como los paganos, 
que se imaginan que a fuerza de mucho hablar, serán escuchados. 
No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 

Ustedes, pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, 
también a ustedes los perdonará el Padre celestial. 
Pero si ustedes no perdonan a los hombres, 
tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas".

jueves, 15 de febrero de 2018

TOB - 3er Domingo de Cuaresma - en tres días lo levantaré - Juan 2,13-25

San Juan coloca la manifestación mesiánica de Jesús al comienzo de su actividad pública, los pone tres veces en el contexto de una fiesta de Pascua en Jerusalén. Juan encuadra la actividad pública de Jesús en el tiempo religioso de “los judíos”.

Las palomas eran animales sacrificiales menores con que los pobres ofrecían su culto a Yahvé. El que sus vendedores sean los únicos a quienes Jesús se dirige y a los que hace responsables de la corrupción del templo, indica la enorme preocupación de su Padre por la suerte de los pobres
y su enojo con quienes hacen negocio con su pobreza. 

Jesús se dirige a los vendedores mismos acusándolos de explotar a los pobres por medio del culto, del impuesto, y del fraude de lo sagrado.

El culto daba enormes riquezas a la ciudad y a los comerciantes,
sostenía a la nobleza sacerdotal, al clero y a los empleados. 

El templo es “casa del mercado”, y allí el dios es el dinero.

- Tirando sus mesas y monedas Jesús ataca el tributo al templo.
Junto con sus discípulos van a desenmascarar y a oponerse al injusto sistema económico, ideológico y religioso que representa el templo de Israel, ese que explota económicamente al pueblo. 

- Llamando a Dios mi Padre, Jesús lo saca del sistema religioso del templo.
Su relación con Dios no es religiosa sino familiar, esa es la casa familiar.
Esa familiaridad le da el derecho para actuar en nombre de su padre.
Lo hace con firmeza y autoridad porque en la casa del Padre no puede haber ni comercio, ni injusticia ni explotación. 
La casa-familia acoge al que necesite amor, intimidad, confianza, afecto.  

Frente al poder de Herodes (46 años de construir el templo) está el poder amoroso e inclusivo del resucitado (3 días con su propio cuerpo).  Jesús da un paso más radical al proponerse él mismo como santuario de Dios-Padre. 

El Reino de Dios no quiere templos sino cuerpos vivos.
En los santuarios de Dios brilla su presencia y su amor, si viven dignamente.
Jesús restaura la humanidad a partir del principio de la vida humana en cuerpos que viven con dignidad.
Sobre esta base es posible soñar y construir otra manera de vivir y otra manera de creer.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 3ra de Cuasresma - B


1ra. Lectura: Éxodo 20, 1-17. La Ley se dio por medio de Moisés
Dios pronunció las siguientes palabras:
- Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.

- No tendrás otros dioses aparte de mí.

- No te harás una imagen, figura alguna
   de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra
   o en el agua bajo tierra.

- No te postrarás ante ellos, ni les darás culto;
   porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso:
   castigo la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos
   cuando me aborrecen; pero actúo con lealtad
   por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.

- No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso.
   Porque el Señor no dejará sin castigo
   a quien pronuncie su nombre en falso.

- Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas,
   pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija,
   ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que viva en tus ciudades.
   Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos,
   y el séptimo descansó; por eso el Señor bendijo el sábado y lo santificó.

- Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás tu vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

- No matarás.

- No cometerás adulterio.

- No robarás.

- No darás testimonio falso contra tu prójimo.

- No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo,
   ni su esclavo, ni su esclava, ni su toro, ni su asno, ni nada que sea de él.
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Salmo responsorial: 18 / R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; 
el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.
R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; 
la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; 
los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; 
más dulces que la miel de un panal que destila.
R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
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1Cor 1, 22-25. Predicamos a Cristo crucificado.
Hermanos: Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; 
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; 
pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

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Juan 2,13-25. Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas,
y a los cambistas sentados;
y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes;
y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas;
y a los que vendían palomas les dijo:
"Quiten esto de aquí;
no conviertan en un mercado la casa de mi Padre."
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:
"El celo de tu casa me devora."
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
"¿Qué signos nos muestras para obrar así?"
Jesús contestó:
"Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré."
Los judíos replicaron:
"Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?"
Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos,
los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía;
pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos
y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.