viernes, 19 de enero de 2018

TOB - 3er. Domingo - Dependiendo de Dios - Mc 1, 14-20

¿Cuán realista es el consejo de Pablo de vivir como si los eventos y preocupaciones ordinarios de la vida no importasen o como si los negocios, la planificación, los dolores, las posesiones y el resto no tuvieran una importancia fundamental? Debemos tener nuestras prioridades correctas y una visión equilibrada de las cosas, a saber, la cuestión de nuestro destino eterno y nuestra posición ante Dios.

Un roce con la muerte, un escape estrecho o un duelo reciente, podemos darnos cuenta de cuán triviales son nuestras preocupaciones diarias habituales, en comparación con el misterio permanente de la vida y la muerte. ¿Tiene la vida un propósito? ¿Va nuestra vida a algún lado, o es simplemente una farsa absurda? 

Hay tres reacciones comunes al misterio de la vida y la muerte: 

Primero: No puedes llevarlo contigo, así que gasta mientras puedas. Cuando estás muerto estás muerto y eso es todo! Aproveche al máximo estos cortos años, disfrútalos al máximo. 

Segundo: una vaga esperanza de que puede haber vida más allá de la tumba, pero no tiene mucho sentido pensar en ello, aunque haya un juicio castigador por los errores cometidos en esta vida. 

Tercero: una firme creencia de que Dios sostiene cada vida humana de forma segura en su mano, de modo que la muerte es solo un paso en su presencia directa. Bíblicamente, no debemos preocuparnos por la muerte ni por nada. Hay que volverse a Dios, y obedecer su palabra. "Busquen primero el reino de Dios y su gloria", dice Jesús. Si tomamos la decisión correcta y encajamos con el plan de Dios para nosotros, entonces todo lo demás encuentra su lugar; vida y trabajo, matrimonio, éxitos y fracasos, enfermedad e incluso la muerte misma.

No importa cuánto tiempo hemos vivido en la fe, debemos renovar día a día nuestra confianza. Necesitamos conversión, como la gente de Nínive, o la gente de Galilea. Jesús nos dice arrepiéntete, y cree. Cree que Dios es mi padre y tu padre; cree que él está cerca y es misericordioso; convéncete que la voluntad de Dios para ti es que seas salvo, y eso incluye la necesidad de vivir según su Evangelio.

"Arrepentirse" es el desafío que nuestro Señor lanza en su tiempo para poder ir construyendo el reino de Dios, haciendo nuestro primer acto de completa confianza y sumisión total al amor de Dios.

Asumiendo las palabras de Jesús, convertirse a creer en Dios el Padre, no significa vivir con la cabeza en las nubes. Nuestra fe cristiana fija nuestro objetivo de la vida por encima de las cosas pasajeras, pero también nos mantiene al tanto de los deberes cotidianos hacia otras personas. Escuchar el Evangelio, acogerlo y seguirlo, nos mantiene con los pies bien arraigados en la realidad, más involucrados que nunca en llevar a cabo las tareas que tienen que hacerse aquí y ahora, porque ahora es el día de la salvación; ahora es el momento, que Dios nos ha dado para pagarle toda su bondad con nuestra acción de gracias a través del servicio al necesitado.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latioamericano, TOB 3er Domingo

Primera lectura:Jonas 3, 1-5. 10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar". Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".

Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Salmo Responsorial: Salmo 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9
Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de su doctrina.
Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura.
Según ese amor y esa ternura, acuérdate de nosotros.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.
Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos.
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

Segunda Lectura: 1 Cor 7, 29-31
Hermanos: Les quiero decir una cosa: la vida es corta. Por tanto, conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero.

Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 15
R.
Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios ya está cerca, dice el Señor. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 1, 14-20
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. 

Jesús les dijo: "Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

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Notas exegéticas
"Después que arrestaron" (La Biblia de Jerusalén traduce: "Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios." Ésta y otras biblias traducen "entregaron, traicionaron" = Paradidomi en Griego) 
El paradidomi de Juan abre la puerta para el ministerio de Jesús, y el paradidomi de Jesús abrirá la puerta para el ministerio de los discípulos. El paradidomi de los discípulos (la sangre de los mártires) será la semilla plantada que hará brotar a la iglesia.
Aunque hay maldad en cada paradidomi, Dios también está actuando detrás de la escena, transformando los Viernes Santos en Domingos de Resurrección. La muerte “de un fiel mensajero de Dios nunca es una derrota…; siempre es una entrada a través de la cual el reino de Dios avanza y crece” (Geddert).

viernes, 12 de enero de 2018

TOB - 2do Domingo - Conozco tu nombre y te llamo - Jn 1, 35-42

Recordar los nombres de todas las personas, puede ser un gran problema. Podemos recordar a la persona como un individuo, pero el nombre se nos escapa. Nos gusta ser reconocidos por nuestro nombre; si lo olvidan, golpea nuestro orgullo.

Lo bueno es que no importa cuántas veces se les olvide, Dios nos conoce por nuestro nombre, totalmente, íntimamente, siempre. Como las aves del cielo, los peces del mar y todas las cosas creadas, estamos siempre en la mente de Dios, bajo su cuidado (Mt 10:29). Hasta la persona insignificante para otros, el nacido perdedor que vive en las sombras de la depresión; son preciosos a los ojos de Dios, tal vez más preciosos de lo que nadie pueda imaginar. 

Samuel representa a las personas pequeñas y olvidadas. Es solo un niño, sin grandes ilusiones, un sirviente y aprendiz del anciano Eli; dormía por la noche en una pequeña habitación como la sacristía de los monaguillos, en el santuario religioso de Israel. 

De repente, en medio de la noche, oye que Dios lo llama por su nombre; Samuel llega a reconocer que el llamado proviene de Dios, y no del sacerdote. Se somete Yahvé de alma y corazón para escuchar la palabra de Dios, al hacerlo, Samuel descubre su verdadero potencial, su nueva identidad, su papel importante en la vida. 

Algunos creen sentir un fuerte llamado al servicio pero que en realidad puede ser resultado de nuestra propia necesidad e inseguridad. La llamada puede ser ese eco falso de nuestros propios logros, fracasos, esfuerzos y ambiciones. El plan de Dios para nosotros apenas entra en escena o es descartado como demasiado incierto, demasiado "espiritual" y alejado de la vida cotidiana. 

La fe bíblica, insiste en que Dios nos llama para relacionarse con nosotros en el día a día, siempre ofreciéndonos la vida y exigiéndonos que vivamos nuestra vida dignamente ante sus ojos. 

"Te he llamado por tu nombre, eres mío". 
Para los cristianos, es la relación con Cristo nuestro Señor la que se encuentra en el corazón de nuestra identidad. No solo somos llamados por nuestro nombre a la amistad con Jesús, sino que nos convertimos en "miembros de su cuerpo", compartiendo su espíritu. 

Muchas veces, podemos probar el rico privilegio de pertenecer a Cristo cuando oramos y cuando servimos, aunque a veces caminemos y lo hagamos desde la oscuridad y el desánimo, seguimos atados a él sufriente, sirviente, gozoso y amante. El Espíritu que ilumina nuestra fe, nos da la certeza de que somos conocidos por Dios, que está llamándonos a la vida en abundancia, llamados a vivir a la altura del amor y la verdad establecidos por el Espíritu de Jesús. En los detalles ordinarios, con nuestra conducta, vivimos nuestra verdadera vocación cristiana; y solo tratando de vivir esa vocación somos dignos de nuestro nombre. 

Tarde o temprano, descubriremos nuestra completa identidad en la presencia de Dios, cuando esta vida termine y él nos llame por nuestro nombre en la próxima vida. Igual que los dos apóstoles que querían conocer mejor a Cristo, recibiremos la misma invitación: "Ven y verás".
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 2do Domingo

Primera lectura:1 Sm 3, 3b-10. 19
En aquellos días, el joven Samuel servía en el templo a las órdenes del sacerdote Elí. Una noche, estando Elí acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario donde se encontraba el arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: "Aquí estoy". Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte". Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte".

Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?"

Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: "Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: 'Habla, Señor; tu siervo te escucha' ". Y Samuel se fue a acostar.

De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: "Samuel, Samuel". Éste respondió: "Habla, Señor; tu siervo te escucha".

Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía, se cumplía.

Salmo Responsorial: Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 / R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza;
él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
El me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: "Aquí estoy ".
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad.;
esto es Señor, lo que deseo tu ley en medio de mi corazón.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios: tú lo sabes, Señor.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Segunda Lectura: 1 Cor 6, 13c-15a. 17-20
Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.

¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 1, 41. 17
R. Aleluya, aleluya.
Hemos encontrado a Cristo, el Mesías.
La gracia y la verdad nos han llegado por él.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios".

Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscan?" Ellos le contestaron: "¿Dónde vives, Rabí?" (Rabí significa 'maestro'). Él les dijo: "Vengan a ver".

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir 'el Ungido'). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir 'roca').

sábado, 6 de enero de 2018

TOB - Epifanía del Señor - Las lecciones de las estrellas - Evangelio: Mt 2, 1-12

Desde siempre la gente se ha sentido fascinada por las pequeñas luces en el cielo, para algunos, son augurios y presagios que predicen eventos futuros; otros, las usan para calcular las edades y distancias a estrellas más lejanas. Para muchos de nosotros, son fenómenos simplemente hermosos que están más allá de nuestro alcance y queremos atraparlas en la alegría del lenguaje, parpadean en todas nuestros poemas e historias de amor. Incluso los usamos como una descripción para nuestros modelos. Las estrellas son inspiradoras.

Pensamos que los pastores y los magos sabios se inspiraron en el cielo en su viaje hacia Belén siguiendo augurios y cálculos, pero rara vez pensamos en lo que los inspiró a hacer el viaje. Podemos imaginar que viajaron desde Persia o Arabia del Sur, Mateo simplemente indica que vinieron del este, pero el evangelio no deja dudas de que eran hombres de convicción, con mentes inquisitivas y espíritu aventurero; en una palabra, intelectuales. Fue la primera marcha por la Paz de la historia.

El astrónomo siempre busca en el cielo signos de paz que quizá esté en algún lugar más allá de las estrellas. 

Por siglos, todas las culturas han observado las estrellas y se han preguntado si hay algo en la inmensidad, más allá de nuestro entendimiento. Parte de nosotros cree que lo que hay afuera es bueno o al menos mejor que lo que tenemos aquí.

Tantas veces nuestro corazón desea lo que creemos que podemos lograr aquí en la tierra, pero que rara vez lo conseguimos, ¡Paz!

Las estrellas revelan sus secretos a los soñadores. El adagio latino “fides quaerens intellectum = la fe busca entender”, es una buena ilustración de la teología que inspira la búsqueda de los sabios magos. 

Paz para las personas de buena voluntad: El Príncipe de la Paz acoge a todos los que buscan la paz. Pastores y reyes, pobres y ricos, locales y extranjeros todos buscan lo mismo, una vida de paz y plenitud. "Todos los humanos buscamos la paz" es una generalización cierta. Romper la paz es siempre una mala decisión. La ira, la maldad, la beligerancia y la falta de amabilidad no son naturales en el ser humano. En nuestros mejores instintos, deseamos paz y benevolencia. 

Los símbolos del universalismo en la historia de los Reyes Magos hablan a una audiencia mucho más amplia que los cristianos, habla a todos los que han mirado más allá de los sentidos y soñado con algo mejor, algo que es a la vez natural y común para todos nosotros.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Ciclo B - Solemnidad de la Epifanía del Señor

Primera lectura: Is 60, 1-6
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz
y la gloria del Señor alborea sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos;
pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria.
Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará,
cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá.
Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo Responsorial: Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, ere tras era.
De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones.
Ante el se postrarán todos los reyes y todas las naciones.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Al débil librará del poderoso y ayudara al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Segunda Lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 2, 2
R. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Mt 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes.
Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?
Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.

Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Nota: La reflexión la he adaptado de Fergal Mac Eoinín

sábado, 30 de diciembre de 2017

TOB - Nuestro futuro encarnado - Lc 2, 22-35


Cada vez que una madre da a luz, los miembros de la familia se emocionan y quieren admirar al nuevo bebé e invariablemente quieren abrazarlo, sostenerlo, besarlo aunque sea por un momento. Hay algo muy especial sobre la celebración de este paquetito de vida nueva. Los bebés son infinitamente fascinantes; nos involucran en muchos niveles. Nos enfocamos en ellos y nos cuesta apartar la vista de ellos.

El evangelio relata que María y José entraron al Templo de Jerusalén con Jesús, su bebé recién nacido. Allí se encontraron con Simeón, sobre quien descansaba el Espíritu Santo, un hombre recto y devoto. Él toma al niño en sus propios brazos y lleno de gozo bendice a Dios.

Si cada niño es infinitamente fascinante, ¿cuánto más habría sido el niño Jesús? Después de haber tomado en sus brazos a este niño, de oirlo y contemplado, Simeón estaba listo para dejar este mundo hacia el siguiente, lleno de paz, de gozo y de vida. Exclama emocionado: "Ahora, Maestro, puedes dejar que tu siervo vaya en paz". 

Su breve y hermosa oración es ahora parte de la oración nocturna oficial de la iglesia. No tenemos el privilegio de sostener al niño Jesús en brazos, como Simeón, pero sí contemplamos al Señor Encarnado y Resucitado con los ojos de la fe, del amor esperanzado. Lo vemos al partir el pan en la Eucaristía, al proclamarse los Evangelios oímos su voz y, si estamos alertas, lo reconocemos en los rostros del otro. Como Simeón, también esperamos ese día por llegar, el que está más allá de este día terrenal, esperamoz con ansias verlo cara a cara y vivir para toda la eternidad.

Ana contemplativa
Cuando pensamos en maneras de servir a Dios, tendemos a pensar en diversas formas de actividad en las que podemos participar. Ana era una mujer que servía a Dios permaneciendo en el Templo, orando y ayunando. Se podría decir que ella vivió una vida contemplativa. Sin embargo, su vida de oración y ayuno en el Templo la llevó a ser un testigo poderoso de la actividad de Dios para los demás. La oración y el ayuno de Ana la convirtieron en un poderoso testigo de lo que Dios estaba haciendo. Orar es servir a Dios; es entregarnos a Dios. Tal servicio de Dios nos dará poder, como lo capacitó a Ana, para ser testigos de la presencia y actividad de Dios para todos los que todavía anhelan la venida de Dios.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - La Sagrada Familia - 
Domingo dentro de la octava de Navidad

Primera lectura: Sir 3, 3-7. 14-17a
El Señor honra al padre en los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole.
El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.

Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos
y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida
y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.

Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza;
aunque se debilite su razón, ten paciencia con él
y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor.
El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados.

O bien:
Gn 15, 1-6; 21, 1-3
En aquel tiempo, el Señor se le apareció a Abram y le dijo: "No temas, Abram. Yo soy tu protector y tu recompensa será muy grande". Abram le respondió: "Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero".

Pero el Señor le dijo: "Ése no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas". Y haciéndolo salir de la casa, le dijo: "Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes". Luego añadió: "Así será tu descendencia". Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo.

Poco tiempo después, el Señor tuvo compasión de Sara, como lo había dicho y le cumplió lo que le había prometido. Ella concibió y le dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios había predicho. Abraham le puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido de Sara.
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Salmo Responsorial: Sal 127, 1-2. 3. 4-5
R. Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa;
sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
"Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida."
R. Dichoso el que teme al Señor.

O bien:
Sal 104, 1b-2. 3-4. 5-6. 8-9 

R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Aclamen al Señor y denle gracias, relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos, celebren sus portentos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder y a su presencia acudan.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Recuerden los prodigios que él ha hecho, sus portentos y oráculos,
descendientes de Abraham, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas,
de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
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Segunda Lectura: Col 3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.

Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.

O bien:
Hb 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia.

Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia, numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.

Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.
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Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo;
que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqeuza.
R. Aleluya.

O bien:
R. Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras
habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.
Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Lc 2, 22-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

     "Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,
     según lo que me habías prometido,
     porque mis ojos han visto a tu Salvador,
     al que has preparado para bien de todos los pueblos;
     luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".


El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

O bien:
Lc 2, 22. 39-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

martes, 19 de diciembre de 2017

TOB - La Natividad del Señor (Navidad) - Injertado en el árbol de la vida - Lc 2, 1-14

Las palabras son a menudo un método de comunicación incompleto. es conocido el dicho: una imágen vale mil palabras", sin embargo, tenemos que usar palabras para tratar de explicar los hechos, y el evangelio de hoy es un intento, en un lenguaje simple, de describir lo que sucedió en ese día extraordinario, hace mucho tiempo. 

Habla de que Jesús nació y que se produjo el segundo encuentro del cielo y la tierra, en esa misma noche, cuando los ángeles se aparecieron a los pastores. Este fue el comienzo de un proceso que todavía está en curso, que continúa aún hoy. Es una vieja historia que año tras año es siempre nueva.

Con Dios no existe el tiempo. "Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre". Todo el tiempo está totalmente presente para él en este momento. También el trabajo de Dios en cada uno de nosotros es un trabajo siempre en proceso, inacabado, como una historia sin fin. 

A los ojos de Dios, la Navidad es un evento cotidiano, que involucra a Jesús golpeando la puerta de mi corazón, buscando la admisión. 

La dimensión de Dios nunca cambia, Su oferta siempre está ahí, día a día, minuto a minuto, las buenas nuevas se nos entregan con total consistencia. 
Lo que sucede después de ser entregada depende totalmente de si acepto la oferta o la rechazo, si abro la puerta y pongo mi corazón como un pesebre a disposición del Dios que viene.

Cuando los pastores escucharon el mensaje, dijeron: "vayamos a Belén y veamos por nosotros mismos". La vida del cristiano es un viaje de descubrimientos constantes. Implica salir a descubrir por mí mismo la verdad y la realidad de lo que me dijeron mis padres, maestros o predicadores en la iglesia. Tengo que cruzar ese puente El evangelio está entre dos frases. Al principio, estamos invitados a "Venir y ver", y, al final, se nos instruye a "Ir y contar".


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TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Americano - La Natividad del Señor

Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas 
vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras, 
una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo 
e hiciste grande su alegría.
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio 
y su nombre será:
"Consejero admirable", "Dios poderoso",
"Padre sempiterno", "Príncipe de la paz";
para extender el principado con una paz sin límites
sobre el trono de David y sobre su reino;
para establecerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El celo del Señor lo realizará.

Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13
R. (Lc 2, 11) Hoy nos ha nacido el Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación, sus maravillas.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Segunda Lectura: Tt 2, 11-14
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres 
y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, 
para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, 
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. 
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, 
a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador,
que es Cristo, el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 2, 1-14
Por aquellos días, 
se promulgó un edicto de César Augusto, 
que ordenaba un censo de todo el imperio. 
Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. 

Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; 
así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, 
a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz 
y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales 
y lo recostó en un pesebre, 
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores 
que pasaban la noche en el campo, 
vigilando por turno sus rebaños. 

Un ángel del Señor se les apareció 
y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. 

El ángel les dijo: 
"No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: 
hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 
Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre".

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 
"¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!"

lunes, 18 de diciembre de 2017

TOB - La Natividad del Señor - Misa vespertina de la vigilia - Enviados en una gran misión - Mt 1, 18-25

En el evangelio de Mateo, no hay anunciación a María, pero hay una anunciación a José. En el evangelio de Lucas, el ángel Gabriel le dice a María: "No temas". 
En Mateo, el ángel sin nombre le dice a José: "No temas". 

Dios estaba haciendo algo nuevo, algo extraordinario, en la vida de María y de José, de hecho, en la vida de la raza humana. La naturaleza sin precedentes de lo que Dios estaba haciendo n ellos los llevó al temor comprensible y a la ansiedad en las vidas de María y José. Al comienzo de esta nueva fase de lo que Dios estaba haciendo, ambos necesitaban una palabra tranquilizadora: "No tengas miedo".
 
En tiempos de transición cuando hay acontecimientos perturbadores a nuestro alrededor, todos necesitamos escuchar esas palabras: "No tengan miedo". 

Son palabras que nos aseguran la presencia de Dios, Dios con nosotros, Emmanuel, en el corazón de todos eso está sucediendo, incluso en el corazón de su auto-entrega en el monte del Calvario.

Por ese amor hacia nosotros, Dios quiso enviar a su Hijo para ser el Salvador de toda la raza humana. En el elaborado lenguaje de Isaías, escuchamos: "Las naciones verán tu vindicación, y todos los reyes tu gloria; y serás llamado por un nombre nuevo que la boca del Señor dará ... "¡Para salvarnos es para lo que Él vino! ¡Quiso hacerlo, confiando en la amorosa providencia de Dios, eligió tomar nuestra humanidad, completamente, y en la carne, naciendo de una madre!

Por eso valoramos tanto el papel y la misión de María: ser la madre que sirvió al plan de salvación de Dios. Con su ¡SÍ! Ella asume su misión en plenitud, en libertad y con absoluta ternura. Ser Madre del Salvador es a la vez tarea y entrega libre, es responsabilidad y donación, es aceptación y confianza total en la providencia misericordiosa del Padre.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "para convertirse en la madre del Salvador, María fue enriquecida por Dios con dones apropiados para su papel. El ángel Gabriel la saluda como "llena de gracia", totalmente preparada para su gran misión en la vida.

Así como Dios preparó a María para su papel y misión, así también a nosotros se nos prepara para cumplir de la mejor manera lo que Él nos pide. Dios prepara a quienes él elige para su papel y misión, Él quiere que todos los que le sirven estén preparados, en un proceso formativo que requiere de nosotros: aceptación, compromiso, perseverancia, desprendimiento y confianza total en su providencia. 

Somos elegidos y llamados a la santidad. Dios nos ha preparado para obras de servicio y de vida; nos dá a Jesús como la mejor inspiración y guía, nuestro Señor y amigo a la vez. Nos ha llamado desde las aguas salvíficas del Bautismo, nos da el apoyo de su Iglesia y sus Sacramentos, y nos fortalece para cooperar en el mundo cumpliendo con Su voluntad salvadora.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - La Natividad del Señor - Vigilia - TOB 

La Natividad del Señor (Navidad) - Misa vespertina de la vigilia

Primera lectura: Is 62, 1-5 
Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo, 
hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha. 

Entonces las naciones verán tu justicia, y tu gloria todos los reyes. 
Te llamarán con un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. 
Serás corona de gloria en la mano del Señor y diadema real en la palma de su mano. 

Ya no te llamarán "Abandonada", ni a tu tierra, "Desolada"; 
a ti te llamarán "Mi complacencia" y a tu tierra, "Desposada", 
porque el Señor se ha complacido en ti y se ha desposado con tu tierra. 

Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; 
como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo. 


Salmo Responsorial: Sal 88, 4-5. 16-17. 27 y 29 
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 
"Un juramento hice a David mi servidor, una alianza pacté con mi elegido: 
'Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente'.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

El me podrá decir: 'Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva'. 
Yo jamás le retiraré mi amor ni violaré el juramento que le hice".
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, 
que en tu nombre se alegra a todas horas y al que llena de orgullo tu justicia. 
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

Segunda Lectura: Hch13, 16-17. 22-25 
Al llegar Pablo a Antioquía de Pisidia, se puso de pie en la sinagoga y haciendo una señal para que se callaran, dijo: 
"Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder. Les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios. 

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un Salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias' ". 

Aclamación antes del Evangelio 
R. Aleluya, aleluya. 
Mañana será destruida la maldad en la tierra y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. 
R. Aleluya. 

Evangelio: Mt 1, 1-25 
Genealogía de Jesucristo, Hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David. 

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia. 

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 

De modo que el total de generaciones, desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce. 

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. 

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". 

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. 

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús. 

O bien:
Mt 1, 18-25 
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: 
Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. 

José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. 

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. 

Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". 

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. 

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. 

Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús.

sábado, 16 de diciembre de 2017

TOB - 3er Semana de Adviento - Encontrando nuestra verdad personal - Jn 1, 6-8. 19-28


Todos en el fondo, tenemos un instinto para buscar y procurar la verdad. El evangelio dice que Dios es verdad, pero que nunca lo podemos comprender completamente con nuestras mentes o nuestros corazones.

Pero, aún en contra de las convicciónes establecidas y anheladas, debemos buscar siempre la verdad, aunque el camino sea largo, doloroso. Hay que intentar acercarnos a la verdad: sobre nuestro mundo, sobre los demás, sobre nosotros mismos como individuos y sobre Dios.

Cuestionemos con la esperanza de que nuestra búsqueda nos acerque a la verdad.

Cuando las autoridades religiosas preguntan a Juan el Bautista: "¿Quién eres?" Y "¿Por qué bautizas?" Juan responde declarando quién no es. Tenía claro que él no era el Cristo, el Mesías.

Él no es el novio, sino el amigo del novio que se regocija con la voz del novio. Juan se declara como "la voz" que clama en el desierto; él no es "la Palabra", solo la voz, No es la luz, sino el testigo de la luz. 

Juan bautiza para abrir los ojos de la gente a la persona parada entre ellos, al Mesías que estaba en medio de ellos sin que se dieran cuenta. Quiere dar a conocer al que ya está entre nosotros, pero a quien ellos desconocen.

La gran luz ya brilla entre ellos y Juan daba testimonio de esa luz. La pregunta "¿Quién eres?", nos lleva a preguntarnos ¿Quién soy yo ante Dios? Juan el Bautista, el gran santo de Adviento, nos ayuda a entender lo que somos en virtud de nuestro bautismo, lo que Dios nos llama a ser.

Cierto, no somos el Mesías ni somos la luz. Hay  áreas oscuras en nuestras vidas y en nuestros corazones, sin embargo, somos testigos de la Luz. Aunque estamos lejos de ser perfectos, somos, no obstante, llamados a ser testigos de Cristo.

Juan el Bautista dice "está entre ustedes, desconocido para ustedes, el que viene detrás de mí." El Señor está entre todos nosotros, pero sigue siendo desconocido para muchos. Tenemos que darle a conocer, permitirle brillar en nuestro mundo a través de nuestras vidas. Juan usó su voz para dar a conocer la luz, nosotros también debemos usar nuestra voz para dar a conocer a Cristo.

Debemos usar el don de la comunicación, los dones del habla, la escritura y el internet para proclamar a la persona de Cristo, su cosmovisión, sus valores y sus actitudes. Lo que comunicamos y cómo lo comunicamos, permite al Señor comunicarse a través de nosotros. Quiénes somos testigos de la luz, la voz de la Palabra, vivimos de la manera en que lo hacemos. 

El Adviento es un buen momento para reclamar nuestra identidad vinculada a Cristo. Si Jesús va a nacer hoy, lo hará en los corazones de sus seguidores.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 3er Domingo de Adviento TOB

Primera lectura: Is 61, 1-2. 10-11

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido y me ha enviado
para anunciar la buena nueva a los pobres,
a curar a los de corazón quebrantado,
a proclamar el perdón a los cautivos,
la libertad a los prisioneros,
y a pregonar el año de gracia del Señor.

Me alegro en el Señor con toda el alma
y me lleno de júbilo en mi Dios,
porque me revistió con vestiduras de salvación
y me cubrió con un manto de justicia,
como el novio que se pone la corona,
como la novia que se adorna con sus joyas.

Así como la tierra echa sus brotes
y el jardín hace germinar lo sembrado en él,
así el Señor hará brotar la justicia
y la alabanza ante todas las naciones.



Salmo Responsorial: Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54 /
R. (Is 61, 10b) Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia llega,
de generación en generación, a los que lo temen.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Segunda Lectura: 1 Ts 5, 16-24
Hermanos:
Vivan siempre alegres,
oren sin cesar,
den gracias en toda ocasión,
pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús.

No impidan la acción del Espíritu Santo,
ni desprecien el don de profecía;
pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno.

Absténganse de toda clase de mal.
Que el Dios de la paz
los santifique a ustedes en todo
y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo,
se conserve irreprochable
hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo.

El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.

Aclamación antes del Evangelio
R.
Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí.
Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 1, 6-8. 19-28
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?"
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el Mesías".

De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres,
para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?"

Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron:
"Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?"

Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno,
al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí,
a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.