domingo, 12 de agosto de 2018

TOB - 19vo Domingo - Dejen de murmurar - Jn 6, 41-51

No estamos hechos de piedra, nuestro cuerpo tiene sus límites y a veces se cansa.

Isaías pasó por un momento de frustración, desánimo y aridez cuando vio que Israel no respondía a sus esfuerzos. quizo tirar la toalla y desaparecer. Pero el Señor estuvo allí, le dió alimento, lo hizo descansar, le restableció su confianza en sus capacidades y lo invitó a seguir.

Una vez recuperado, Isaías continuó sabiendo que Yahvé estaba con él, caminando y actuando por medio de él. los panes horneados sostuvieron a Elijah, hasta que llegó a su destino, la montaña de Dios. Como Isaías, todos tenemos motivos para quejarnos y desanimarnos, a veces con buenas razones.
Pero si nos descuidamos  podemos vivir en un estado de ánimo muy negativo.

Vemos los problemas, pero no buscamos la solución, vemos lo que queremos ver y el resto está mal. Vemos generalmente las imágenes con tonos más brillantes. Nuestra visión puede restringirse a lo que está mal o falta o falta.

A los judíos les molestaba el modo en que Jesús se relacionaba con la gente, demasiado cercano para un Rabino, demasiado popular y cercano, ese era un problema. Respondían a Jesús quejándose de él. Quejarse es rara vez una respuesta adecuada; quejarse de Jesús tampoco lo era.

Muchos lo habían conocido como el hijo de José, el carpintero de Nazaret; ellos conocían a su familia y a su madre. Sin embargo, él les decía ahora que era el pan bajado del cielo. ¿Cuando había cambiado? ¿De donde le vino toda esa sabiduría y santidad? Les escandalizaba que uno de los suyos haga tales afirmaciones de sí mismo.

El Objetivo de Jesús era que sus discípulos crean y por eso les exige una respuesta especial.

A los que creen en Él les insta a acercarse a él para que se identifiquen más completa y profundamente con él. Nunca lo alcanzamos completamente en esta vida; nunca lo alcanzamos completamente, ni con nuestra mente ni con nuestro corazón. Siempre estamos caminando hacia él. No importa dónde estemos en nuestro camino de fe, el Señor sigue pidiéndonos que nos acerquemos.

No podemos ir a Jesús por nuestra cuenta; necesitamos la ayuda de Dios, Dios el Padre, siempre nos está atrayendo hacia su Hijo, a sentir su presencia como lo hizo con Isaías. Siempre hay más en nuestra relación con Jesús que solo nuestros propios esfuerzos humanos. Por experiencia sabemos  que nuestros propios esfuerzos pueden fallarnos en nuestra fe o en otras áreas. Pero, hay un impulso dentro de nosotros que proviene de Dios, un impulso que nos llevará a Jesús si estamos de alguna manera abiertos a él. El Señor nos invita a alimentarnos de su presencia, y en particular para alimentarnos de su palabra.En las Escrituras judías, el pan a menudo es un símbolo de la palabra de Dios.

En Jesús nos nutrimos por su palabra. El alimento de su palabra nos sostendrá en nuestro viaje por la vida, Cuando seguimos viniendo a Jesús y alimentándonos de su palabra, esa palabra moldeará nuestras vidas. Nos capacita para vivir al modo de San Pablo: una vida de esencialmente de amor, una vida en la cual nos amamos unos a otros como Cristo, una vida donde amando, nos perdonamos unos a otros así como Dios nos perdona. Esa, en esencia, es nuestro llamada bautismal.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 19 TOB

Primera lectura: 1 Reyes 19, 4-8
En aquellos tiempos, caminó Elías por el desierto un día entero y finalmente se sentó bajo un árbol de retama, sintió deseos de morir y dijo: "Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres". Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo: "Levántate y come". Elías abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua. Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo: "Levántate y come, porque aún te queda un largo camino". Se levantó Elías. Comió y bebió. Y con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Salmo Responsorial: Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (9a)
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Proclamemos la grandeza del Señor y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso y me libró de todas mis temores.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Confía en el Señor y saltarás de gusto; jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Junto a aquellos que temen al Señor el ángel del Señor acampa y los protege.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Dichoso el hombre que se refugia en él.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Segunda lectura: Ef 4, 30–5, 2
Hermanos: No le causen tristeza al Espíritu Santo, con el que Dios los ha marcado para el día de la liberación final.

Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación, los insultos, la maledicencia y toda clase de maldad. Sean buenos y comprensivos, y perdónense los unos a los otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.

Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 51
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 41-51
En aquel tiempo, los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo", y decían: "¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?"

Jesús les respondió: "No murmuren. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida''.

miércoles, 1 de agosto de 2018

TOB - 16vo Domingo - Pastores para hoy - Mc 6, 30-34

En gran parte de la sociedad occidental hay una crisis de autoridad hoy en día. El simple hecho de estar a cargo ya no garantiza una obediencia incuestionable.

Hoy, el líder ideal es aquel que puede ganar respeto y generar confianza, uno con un sentido obvio de responsabilidad,
que puede hacer las cosas respetando la dignidad y los sentimientos de otras personas.

Jeremías nos recuerda que los pastores en la fe
deben ser personas íntegras que se preocupan por los demás;
El Salmo Responsorial las describe
como personas que nos ayudan a seguir el camino correcto,
y el Evangelio nos recalca que los verdaderos pastores
deben mostrar compasión hacia otros en su debilidad.

La imagen del pastor no se aplica solo a los obispos como los "pastores" oficiales en sucesión a los apóstoles, ni a los pastores locales en la parroquia. El rol del pastor se aplica de una forma u otra a todos los tipos de liderazgo, en el hogar y en las esferas sociales, así como en asuntos de fe. La Palabra de Dios nos invita hoy a examinar qué tipo de liderazgo proporcionamos a otros.

Los pastores condenados por Jeremías fueron líderes que descuidaron sus responsabilidades y permitieron que los abusos prosperasen, e incluso muchos de ellos se hicieron cómplices. Su mensaje para hoy podría ser dirigido a figuras políticas, ministros y funcionarios gubernamentales de todos los niveles, que tienen la tarea de mantener el orden público, defender los derechos de los ciudadanos y promover la justicia para todos, en la medida de lo posible.

La imagen del pastor sugiere que la autoridad no es principalmente el poder de imponer reglas. El rol de pastoreo es uno de servicio más que dominio. El Pastor debe establecer una buena dirección y permitir que la comunidad viva en paz, donde cada individuo tenga dignidad y la misma posibilidad de realización personal.

Si bien el término pastor se aplica a los líderes espirituales, por eso, los prelados deben tratar a su gente no como borregos, sino como personas inteligentes a ser persuadidas para ser conducidas que como seres humanos. En vez de gobernar por decreto formal, el clero debe intentar ganar mentes y corazones, y comunicar una visión inspiradora, adecuada a nuestros tiempos. Deben confiar en la madurez de su gente y promover un sentido de pertenecencia a la Iglesia de la que todos somos parte.

Además de los líderes oficiales de Iglesia y Estado, muchos otros deben ofrecer liderazgo pastoral a nivel local y doméstico. Los padres y maestros son los ejemplos más obvios de esto. En la práctica, son ellos quienes ayudan a desarrollar el carácter de un niño, sentando las bases para el crecimiento hacia la madurez adulta. Transmiten valores por los que los jóvenes pueden vivir y fomentan cualidades que pueden crecer a lo largo de los años. Para esto necesitan la sensibilidad y la compasión mostradas por Jesús en el Evangelio de hoy. "Él tuvo compasión por ellos y comenzó a enseñarles muchas cosas".

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 16


Primera lectura: Jer 23, 1-6: 
"¡Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas de mi rebaño!, dice el Señor.

Por eso habló así el Señor, Dios de Israel, contra los pastores que apacientan a mi pueblo: "Ustedes han rechazado y dispersado a mis ovejas y no las han cuidado. Yo me encargaré de castigar la maldad de las acciones de ustedes. Yo mismo reuniré al resto de mis ovejas de todos los países a donde las había expulsado y las volveré a traer a sus pastos, para que ahí crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las apacienten. Ya no temerán ni se espantarán y ninguna se perderá.

Miren: Viene un tiempo, dice el Señor, en que haré surgir un renuevo en el tronco de David:
será un rey justo y prudente y hará que en la tierra se observen la ley y la justicia.
En sus días será puesto a salvo Judá, Israel habitará confiadamente
y a él lo llamarán con este nombre: 'El Señor es nuestra justicia' ".

Salmo Responsorial: Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5.6. (1)
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. 
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume, y llenas mi copa hasta los bordes. 
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañaran todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Segunda lectura: Ef 2, 13-18
Hermanos: Ahora, unidos a Cristo Jesús, ustedes, que antes estaban lejos, están cerca, en virtud de la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz; él hizo de los judíos y de los no judíos un solo pueblo; él destruyó, en su propio cuerpo, la barrera que los separaba: el odio; él abolió la ley, que consistía en mandatos y reglamentos, para crear en sí mismo, de los dos pueblos, un solo hombre nuevo, estableciendo la paz, y para reconciliar a ambos, hechos un solo cuerpo, con Dios, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo al odio.

Vino para anunciar la buena nueva de la paz, tanto a ustedes, los que estaban lejos, como a los que estaban cerca.

Así, unos y otros podemos acercarnos al Padre, por la acción de un mismo Espíritu.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;vyo las conozco y ellas me siguen.

R. Aleluya.

Evangelio: Mc 6, 30-34
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Entonces él les dijo: "Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco", porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

TOB - 18vo Domingo - Una Vida Util - Jn 6, 24-35

Podemos ir y venir del mismo modo, hacer las cosas de la misma manera, hacer lo mismo, volver a los mismos lugares una y otra vez, contar las mismas historias año tras año, o tal vez tratar de probar  una nueva moda o sensación, atraído por las últimas modas sin entender claramente cuál es el objetivo de nuestra vida. San Pablo decía que la vida sin objetivos no nos llevará a ninguna parte, por eso anima a sus cristianos a "no seguir viviendo la clase de vida sin rumbo que viven los paganos".

La falta de dirección moral en el paganismo los ha llevado a faltas e indecencia moral de todo tipo, incluso a la ruina espiritual. La alternativa del Cristiano es "crecer en todos los sentidos en Cristo, que es la cabeza por la cual todo el cuerpo está unido" (4, 15). 

Si estamos absortos con trivialidades y búsqueda de placer, nuestra comprensión se ve disminuida y nuestros corazones se vuelven insensibles a los valores reales.

Podemos ir abandonando nuestros  ideales de forma gradual y apenas perceptible, hasta que sin darnos cuenta nos hemos vuelto  decadentes. Cuando nos damos cuenta de que estamos desarrollando malos hábitos, sentimos algo de arrepentimiento al respecto. Pero si continuamos ignorando a nuestra conciencia y dejamos que se quede dormida, podemos pecar sin ningún sentimiento de culpabilidad, nos volvemos apenas capaces de distinguir el bien del mal, y si hacemos mal tratamos de justificarlo o enmascararlo.

La gente apostada alrededor de Jesús a lo largo de la orilla del lago, enfocó su atención solo en el milagro físico que había trabajado. Quedaron tan impresionados con lo que hizo al multiplicar los panes y los peces que quisieron hacer de él su rey. Estaban ciegos al verdadero significado del milagro y del mensaje espiritual que Jesús quería transmitir a través de él. "No trabajes por comida que no va a durar", advirtió, "sino por comida que dure para la vida eterna"

¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús, pero solo en nuestros propios términos?  ¿Somos como la multitud voluble que tan rápidamente se alejó de él? 

Si nos llamamos sus discípulos, debemos permanecer cerca de Cristo para aprender de él, en sus propios términos y no en los nuestros.

Entonces él verdaderamente se convierte en el pan del cielo con el cual somos nutridos en el amor de Dios y moldeados para la eternidad. Nos diferenciamos así  de aquellos que lo abandonaron cuando dejó de hacer milagros, debemos perseverar y permanecer cerca de él en las buenas y en las malas.

Es el Señor que nos busca y nos alcanza, debemos dejarnos amar por él, es su iniciativa buscarnos y nuestra tarea buscarlo a él, debemos estar listos para abandonar todo lo necesario para aferrarnos a esa gracia, ese don de el Señor, el regalo del reino.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 18

Primera lectura: Ex16, 2-4. 12-15
En aquellos días, toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: "Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud".

Entonces dijo el Señor a Moisés: "Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: 'Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios' ".

Aquella misma tarde, una bandada de codornices cubrió el campamento. A la mañana siguiente había en torno a él una capa de rocío que, al evaporarse, dejó el suelo cubierto con una especie de polvo blanco semejante a la escarcha. Al ver eso, los israelitas se dijeron unos a otros: "¿Qué es esto?", pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Éste es el pan que el Señor les da por alimento".

Salmo Responsorial: Salmo 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (24b)
Cuanto hemos escuchado y conocemos del poder del Señor y de su gloria,
cuanto nos han narrado nuestros padres, nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
R. El Señor les dio pan del cielo.
A las nubes mandó desde lo alto que abrieran las compuertas de los cielos;
hizo llover maná sobre su pueblo, trigo celeste envió como alimento.
R. El Señor les dio pan del cielo.
Así el hombre comió pan de los ángeles; Dios le dio de comer en abundancia
y luego los condujo hasta la tierra y el monte que su diestra conquistara.
R. El Señor les dio pan del cielo.

Segunda lectura: Ef 4, 17. 20-24
Hermanos: Declaro y doy testimonio en el Señor, de que no deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de él y en él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús. Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placer.

Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que en aquella parte del lago no estaban Jesús ni sus discípulos, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado". Entonces la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed".

domingo, 29 de julio de 2018

TOB - 17vo Domingo - Compartiendo con el hambriento - Jn 6, 1-15

Tanto el Antiguo Testamento como el Evangelio de hoy hablan de una alimentación milagrosa de personas hambrientas. El milagro de la repartición de los 20 panes y los granos de espiga fruto de la generosidad de un seguidor de Eliseo, la atención de Elías a la viuda pobre trajo consigo el final de una larga sequía y hambruna, y la amable generosidad de un niño al compartir su almuerzo de cinco panes y dos peces le permite a Jesús alimentar a su comunidad hambrienta. En todos los casos la generosidad hace que los milagros produzcan abundancia.

Todos sabemos que muchas personas están muriendo de hambre en un mundo opulento, para ellos no hay alimentación milagrosa. Muchos de nosotros hemos conocido momentos felices de compartir y solidaridad, entre música y celebración que nos ayudan a mantener la esperanza de poder ayudar a "alimentar al mundo".

Lo poco que dábamos parecía tan importante como los panes y los peces del niño generoso, pues cuando las personas comparten alimentos y recursos con extraños, las barreras de toda clase se rompen. Reconocemos nuestra dependencia el uno con el otro. Pero tan pronto como se alivia una crisis alimentaria, vemos surgir otra. Parece cosa de nunca acabar. La gente de los países más pobres aún lucha, solo para sobrevivir. Es fácil sentirnos impotentes ante la imposibilidad de alimentar al mundo entero. Los primeros síntomas de la "fatiga de la compasión", como lo llaman las agencias de ayuda humanitaria, se hacen presente y nos parece imposible acabar con la indiferencia entumecida. Tristes, como el sirviente de Eliseo o Andrés, nos preguntamos, "¿Cómo podemos alimentar a tantos, con tan poco?"

Nos horrorizaría si en un acto de sinceridad, nuestros líderes y planificadores admitieran abiertamente cómo la lógica económica que sustenta nuestra prosperidad dicta que los más indefensos están destinados a pasar hambre para siempre. El mundo desarrollado establece acuerdos comerciales duros, crea montañas de alimentos y lagos de leche, y desvía los recursos financieros y humanos hacia el comercio de armas en lugar de hacia el desarrollo y la educación. Incluso nuestros líderes y planificadores se sienten como nosotros, atrapados en la red de expectativas injustas que es parte de lo que queremos decir con "el pecado del mundo".

"Para el hombre pobre, Dios no aparece sino en forma de pan y en la promesa del trabajo". decía en Mahatma Ghandi. 

Gracias a Dios, la Eucaristía renueva los manantiales más profundos de nuestra humanidad mediante una historia de pan que se rompe y se come para la vida de el mundo. 
¿Podemos ayudar a quienes celebran la Eucaristía con nosotros este domingo para ver un vínculo entre ella y el hambre del mundo? 
¿Tiene la parroquia algún proyecto para apoyar a un misionero ayudando en el mundo en desarrollo, o pueden algunas personas locales ser alistadas para contar la historia de tal proyecto? "Reúna los fragmentos para que no se desperdicie nada". 

Las soluciones globales están más allá del poder de nuestra parroquia local, por lo que debemos recordar es la lección de los fragmentos. Si podemos poner un poco de corazón nuevo en nuestros esfuerzos, eso será algo que valga la pena. Si podemos tomar conciencia de nuestro despilfarro de los recursos del mundo, puede ser el comienzo del arrepentimiento y el cambio.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 17 TOB
Primera lectura: 2 Reyes 4, 42-44
En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga.

Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman". Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?"

Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".

El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor.

Salmo Responsorial: Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18 (16)R. Bendeciré al Señor eternamente.
Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.
R. Bendeciré al Señor eternamente.

Segunda lectura: Ef 4, 1-6
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

lunes, 16 de julio de 2018

TOB - 15vo Domingo - Sanar y Reconcialiar - Mc 6, 7-13


Cuando las personas piden a un sacerdote que ore por ellos,
puede ser que quieran recuperar la paz mental al lidiar
con una enfermedad o con tensiones en la familia,
o de repente para resolver algún conflicto en sus vidas. 

La paz mental es altamente deseable, pero muchas veces, 
para que esto se logre, puede ser necesario algún tipo de reconciliación, o posiblemente una conversión o ambos. 

Tanto conversión como reconciliación son vitales para la sanación de la vida física y espiritual lo mismo que para curar las relaciones. En nuestro bautismo, todos fuimos sellados con el Espíritu y llamados por Dios a vivir de acuerdo con su plan de salvación 
y felicidad plena, pero por mis propias limitaciones y errores, 
mi curación puede necesitar en la práctica un cambio de actitud además de la gracia divina. 

La sanación puede ser física, emocional o espirituales, pero siempre involucra actitudes y estilo de vida diferentes y renovados, 
a veces hasta dolencias, dolores y traumas.

Cada uno de nosotros, a su manera, está llamado a ser un sanador. Todos nosotros podemos aprender el poder de la bondad, 
de pensar bien de otros, de una sonrisa, de una mano amiga, de la cercanía. Muchas veces, son nuestra faltas, preocupaciones, 
o nuestros temores las que nos limitan, nos hacen olvidar que hemos sido bendecidos con toda clase de bendición espiritual por la fuente de toda bendición, el Dios uno y Trino. 

En cada uno de nosotros hay un potencial sin explotar para estar bien y hacer el bien, para conectarnos con la fuente de todo bien. Vale la pena recordar que la paz no es solo la ausencia de problemas. Es más que nada y sobre todo, una positiva actitud de vida, es vivir en la alegría, dar y recibir amor, que nos da fuerzas y nos ayuda a manejar las dificultades, dolores y amenazas de la vida. Sus orígenes están en Dios mismo a quien el Antiguo Testamento llama Yahweh-Shalom, Dios de la Paz. Pero aquí, paz significa integridad, unidad, tranquilidad; una realidad que Dios quiere que todos compartamos unos con otros. Todos somos en cierto modo, enviados para compartir las bendiciones de Dios. Amos respondió al llamado y fue porque tenía una fuerte sensación de que Yahweh lo estaban enviando. De manera similar, los discípulos emprendieron el viaje porque Jesús los envió a ese viaje. Partieron libremente, pero en respuesta a una llamada, un envío.

Durante la Misa, oramos unos con otros, unos por otros, nos bendecimos unos a otros, nos apoyamos unos a otros, 
nos perdonamos unos a otros, nos tratamos con amor y compasión unos a otros. 

Una señora me pidió que ore por ella después de la misa y se quedaron conmigo unas treinta personas, todos orando por ella, 
pidiendo bendición y sanación por ella. Que hermosa experiencia de fuerza, de unidad y solidaridad. 
Éstas son las cosas que sanan y siempre están al alcance de todos. 

Por supuesto, la sanación es un proceso; al igual que el crecimiento mismo, lleva tiempo, 
pero ¿quién puede decir cuál será el efecto de esta aparente simple acción? 

Confiemos en Dios para completar con amorosa gracia lo que comenzamos con su ayuda y veremos las maravilla que obre en y por nosotros.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB 15va Semana


Primera lectura: Am 7, 12-15
En aquel tiempo, Amasías, sacerdote de Betel, le dijo al profeta Amós: "Vete de aquí, visionario, y huye al país de Judá; 
gánate allá el pan, profetizando; pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque es santuario del rey y templo del reino".

Respondió Amós:
"Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos.
El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel' ".

Salmo Responsorial: Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (8)
Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Segunda lectura: Efesios 1, 3-14Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos
e irreprochables a sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso,
que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos la gracia
con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado.

Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos:
hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo.

En él también ustedes, después de escuchar la palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, y después de creer, han sido marcados con el Espíritu Santo prometido. Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, mientras llega la liberación del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

O bien: Ef 1, 3-10
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor,
y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos,
para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado.

Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia,
con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos:
hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

Aclamación antes del Evangelio: Ef 1, 17-18
R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes
para que podamos comprendamos cuál es la esperanza a que nos llama.

R. Aleluya.


Evangelio: Mc 6, 7-13 
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. 

Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.

Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos".

Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos
y los curaban.

sábado, 7 de julio de 2018

TOB - 14vo Domingo - El Cambio es Posible - Mc 6, 1-6

Si justo antes de morir cada persona tuviese treinta minutos lúcidos, dudo que muchos los pasen pensando en lo grandioso que era ser rico o celebrado en esta vida. Estoy seguro que pensarían en las personas que amaron, y cómo las flores olían y los ríos brillaban en el verano.

Los padres recordarían su alegría cuando nacieron sus hijos o cuando se unieron a un compañero de vida en el altar del matrimonio. Los tiempos cambian pero los valores y las relaciones personales perduran. ¿Qué rol jugaría nuestra fe en esos momentos finales y lúcidos?

Con suerte, nos entregaremos pacíficamente a los brazos de Dios. Pero si este tipo de fe debe ser entregada a la próxima generación, los católicos tendremos que ponernos de pie y ser contados.

Necesitamos hablar sobre los valores y principios que apreciamos. Los profetas que hablan pueden no ser siempre aceptados entre su propia gente, pero el silencio no es suficiente hoy en día. Necesitamos decir la verdad en la que creemos y mantener la fe.

Las Escrituras de hoy plantean serios problemas para cualquiera que desee ser un verdadero seguidor de Jesús, que quiera andar su camino. De repente, como muchos de sus paisanos, también nosotros pensamos que ya conocemos a Jesús, por eso la pregunta es con desdén: "¿Quién se cree que es?" (6,3) Marcos trata constante y consistentemente el asunto de la identidad de Jesús. "¿Quién es Jesús?

En el evangelio, escuchamos las opiniones de gobernantes, autoridades religiosas, multitudes, discípulos y miembros de la familia. Pero la pregunta importante se nos hace a los lectores "¿quién dices tú que es Jesús?" Si honras a Jesús como un profeta (o más que un profeta), ¿en qué te convierte eso? ¿Tienes acaso nuevas alianzas que reemplazan los valores tradicionales de tu país y tu familia? A medida que response esa pregunta, lo que Marcos quiere es llevarnos a una confesión de fe en Jesús como el Hijo de Dios.
En la primera lectura, Ezequiel dice que el Espíritu de Dios lo "puso de pie". Sin el Espíritu Santo, sin la gracia, sin la energía que es el don de gracia de Dios, no podemos vivir la vida de la fe, y el verdadero cambio interior no es posible.

Es más fácil no hacer nada que implicarse activamente, ser negativo que positivo, ser cínico en lugar de creativo ... y nosotros los humanos somos una amalgama de estas tendencias contradictorias.

Muy a menudo somos rígidos, obstinados e incluso cínicos, porque eludir la responsabilidad requiere poco esfuerzo y menos comprensión.

Pero para vivir el pacto, Dios nos ofrece llamados para una conciencia de la gracia y esa gracia debe encontrar expresión en patrones de vida y relación reales, indulgentes y orientados al crecimiento.

Si examinamos nuestra tendencia a juzgar a los demás, a tomarles daño y ofenderlos, rechazarlos y convertirlos en chivos expiatorios de nuestras propias aversiones y resentimientos.

Si somos conscientes de cómo difundimos la negatividad en casa, el trabajo o donde sea, Hay que  actuar sobre esa conciencia y cambiarla para ser, por lo menos, un poco más felices.

Qué fácil es confundir la realidad con nuestros propios prejuicios arraigados y puntos de vista preferidos.

Necesitamos ver que cada historia tiene otro lado, cada persona tiene sus propias razones para hacer lo que hace.

Al igual que San Pablo, debemos reconocer nuestra propia "espina en la carne", nuestro lado oscuro, nuestro potencial de comportamiento irracional o neurótico.

Si realmente quiero ser un discípulo, debo aprender a centrar mi existencia en los términos de Dios para no dispersarme y perderme, sin un significado coherente en mi vida.

Esto es espiritualidad, una dimensión básica que la psicología descubre que necesitamos.

Que recordemos la gracia de Dios, y que nos preceda en el camino, y que nos permita ponernos de pie y hacernos valientes. La Espiritualidad nos puede dar energía para nuestros próximos pasos en el peligroso y desafiante viaje a una vida más abundante.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - XIV Domingo Ordinario - TOB

Primera lectura: Ez 2, 2-5 
En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:

"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí.
Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados.
A ellos te envío para que les comuniques mis palabras.
Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".

Salmo Responsorial: Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (2cd)
En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en la manos de su señor, los siervos.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Ten piedad de nosotros, ten piedad, porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios, de insolencias y burlas.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Segunda lectura: 1 Cor 12, 7b-10
Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia
por la sublimidad de las revelaciones que he tenido,
llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás,
que me abofetea para humillarme.

Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto,
pero él me ha respondido:
"Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades,
para que se manifieste en mí el poder de Cristo.

Por eso me alegro de las debilidades,
los insultos, las necesidades, las persecuciones
y las dificultades que sufro por Cristo,
porque cuando soy más débil, soy más fuerte.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 6, 1-6 
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:
"¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?"
Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.






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sábado, 30 de junio de 2018

TOB - 13vo Domingo - Amigos de Dios - Mc 5, 21-43

El Libro de la Sabiduría trae el eco de una idea clave del Génesis: Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios (Gen 1:27). El Génesis aplica la imagen de Dios a la existencia humana como tal, el Libro de la Sabiduría en cambio lo ve como cualidad que hace que las personas actúen de forma similar a Dios, convirtiéndolos en "amigos de Dios" (Sab 7, 26-27)
¿Qué significa en la práctica vivir  como un Amigo de Dios? Primero: ver nuestro mundo como Dios lo ve, como "Bueno" (Gen 1:10) y, por lo tanto, cuidar el bienestar del mundo en lugar de explotarlo egoístamente, sin hacer caso ni cuidarlo. El Libro de la Sabiduría resalta el daño que está causando al mundo de las cosas creadas nuestra cultura de usar y tirar, en el cual "donde antes no se encontraba  ningún veneno fatal". Si seguimos contaminando el mundo, lo habremos envenenado para las generaciones futuras. Así, ¿cómo podemos ser amigos del Creador, del Dios que no se complace en la extinción de los vivos?

¡Pablo era muy activo recaudando recursos para la causa del Reino! Su método era simple: primero alabe, luego apele y finalmente advierta. Sus principios tienen un filo desafiante: no tenemos derecho a poseer lo que realmente no necesitamos. Las palabras de Pablo se aplican a cualquier crisis de necesidad en el mundo. Gandhi dijo: "En cierto sentido, somos ladrones. Si tomo lo que no necesito para mi propio uso inmediato y lo mantengo, se lo robo a alguien más. En India, tenemos que 3,000,000 de personas tienen que estar satisfechas con una comida al día, y esa comida consiste en pan sin levadura que no contiene grasa y una pizca de sal. Tú y yo, que deberíamos saber mejor, debemos ajustar nuestras necesidades para que puedan ser amamantadas, alimentadas y vestidas ".

Los Evangelios muestran a Jesús sanando dos mujeres, ya sea por contacto o por una palabra. Ambos están presentes en los dos milagros descritos hoy, la curación por contacto es conmovedora ya que no es Jesús quien toca a la mujer, sino que ella lo toca.

La aproximación furtiva de la mujer enferma al tratar de tocar el borde de su túnica sin que nadie lo notara se debió a la idea de que una mujer en su condición de hemorroísa era ritualmente impura y que cualquier persona que tocara quedaba impura.

Pero su toque furtivo no molesta a Jesús. Su notable habilidad para romper los tabúes de su tiempo podría llevar a la reflexión sobre los tabúes actuales, especialmente con respecto a las mujeres, y lo que están haciendo a la raza humana en general y a la Iglesia en particular.

Cristo, ahora como entonces, puede curar nuestras enfermedades. Todo lo que él necesita es nuestra fe. A través de muchos acontecimientos y personas, el manto de Dios se arrastra en nuestro miserable mundo, con un poco de fe podríamos encontrarlo; con un poco de coraje podríamos tocarlo. "No tengas miedo", nos dice, como le dijo a Jairo, "solo ten fe".
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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano 13er Domingo - TOB

Primera lectura: Sb 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera.
Las creaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal.

Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo;
mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen.

Salmo Responsorial: Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (2a)
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;  por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duela en alegría, te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Segunda lectura: 2 Cor 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.

Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes,
para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza.

No se trata de que los demás vivan tranquilos, mientras ustedes están sufriendo.
Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes
remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades.
En esa forma habrá un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Tim 1, 10
R.
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

O bien: Mc 5, 21-24. 35-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo.

Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía.

Unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe".

No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.