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sábado, 7 de septiembre de 2024

TOB - 27vo Domingo - El arte de Vivir Juntos - Mc 10, 2-16

¿El ideal de fidelidad de por vida con una pareja
parece impracticable para nuestros tiempos?

¿Puede una pareja estar unida por posiblemente 50 años? 

El ideal está claramente declarado en el evangelio;
pero es importante distinguir entre el ideal de fidelidad de por vida
y cómo ese ideal se impone en nuestra Iglesia.
A veces, la ley sobre el matrimonio
ha sido duramente e insensiblemente predicada.

La triste verdad es que no todos los matrimonios funcionan bien. Algunos se casan a toda prisa,
y otros encuentran imposible mantener una relación muy desigual. 

Pero fieles a las palabras de Jesús, al menos apoyamos el ideal que él estableció: que el matrimonio está destinado a durar toda la vida.
Las bodas de Caná es un hermoso ejemplo de la importancia que Jesús le daba a la familia y a la amistad.

El día de su boda, donde ambos acuden honesta y abiertos al otro, la pareja vive su amor temprano
por el otro con enamoramiento o esperanza, con las emociones potenciadas, a veces fuera de su control, pero allí presentes.

Es cierto que el amor duradero se basa tanto en la decisión como en la emoción. Ambas deben estra conectadas para sostenerse mutuamente. Cuando se acaba la emoción se perturba la decisión y cuando no se toman decisiones correctas se disturba la emoción.
Si bien no puedo controlar mis emociones, puedo tomar la decisión de enriquecerlas, cuidarlas y compartirlas.
Puedo renovar una decisión todos los días pero si carecen de emoción nunca serán auténticas.

El matrimonio en la Iglesia es un pacto entre una mujer y un hombre, con eso, deben formar una sociedad familiar de por vida.
Es un proyecto de vida, una vocación por la cual reciben la gracia de un sacramento especial para hacerlo viable.

Para que un matrimonio tenga éxito se requiere un esfuerzo constante de buena voluntad, para cooperar con la gracia de Dios.
La pareja debe fomentar una relación que sea dinámica, nunca estática;
con emociones y decisiones compartidas y vividas con humildad porque si esto no avanza, la relación retrocede.

Vivir en el amor conyugal con otra persona significa morir en uno mismo de muchas maneras,
porque el amor es una especie de vida para un amigo.
Nuestra fe dice que solo muriendo a nosotros mismos podemos ser capaces de dar vida a otros,
lo que lleva dentro la promesa de Cristo de vida eterna.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 27vo, TOB
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Primera lectura: Gn 2, 18-24
En aquel día, dijo el Señor Dios: "No es bueno que el hombre esté solo.
Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude".
Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo
y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos,
a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.

Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño,
y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío.
Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó:

"Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre".

Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa.
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Salmo Responsorial: Salmo 127, 1-2. 3. 4-5. 6 (5)

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos:
Comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
R. Dichoso el que teme al Señor.

 Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa;
sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.
R. Dichoso el que teme al Señor.

 Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
"Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida".
R. Dichoso el que teme al Señor.

 Que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!
R. Dichoso el que teme al Señor. 
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Segunda lectura: Heb 2, 8-11
Hermanos: Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre;
pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús,
que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor.
Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió redunda en bien de todos. 

En efecto, el creador y Señor de todas las cosas quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria.
Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento,
a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación. 

El santificador y los santificados tienen la misma condición humana.
Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres.
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Aclamación antes del Evangelio: 1 Jn 4, 12
R.
Aleluya, aleluya.
Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros
y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 10, 2-16
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
"¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?"

Él les respondió: "¿Qué les prescribió Moisés?"
Ellos contestaron: "Moisés nos permitió el divorcio
mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa".

Jesús les dijo: "Moisés prescribió esto,
debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre
y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa.
De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre".

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: "Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio".

Después de esto, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.
Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan,
porque el Reino de Dios es de los que son como ellos.
Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.
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O bien: 

Mc 10, 2-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
"¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?"

Él les respondió: "¿Qué les prescribió Moisés?"
Ellos contestaron: "Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa".
Jesús les dijo: "Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer.
Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa.
De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre".

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto.
Jesús les dijo: "Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera.
Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio".

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TOB - 25vo Domingo - Todos son bienvenidos - Mc 9, 30-37

Cuando el Papa, obispo, sacerdote o diácono toma a un pequeño bebé de los brazos de su madre y lo levanta por encima de la multitud, repite algo que hizo Jesús. Esto no es solo una demostración de amabilidad; es un signo del Reino y una indicación de los valores de Jesús. Con este gesto, Jesús expresa algo nuevo. 

En el mundo de su tiempo, solo los adultos merecían atención; Jesús se lo da al niño. ¿Qué hay en el niño que merezca esto? Sin duda, es que el niño está lleno de alegría y de vida, de espontaneidad y confianza. El niño es como la primavera, como el sol naciente, el portador del futuro. A menos que nos convirtamos en niños pequeños, no podemos entrar en el Reino de Dios. ¡Qué desconcertante Mesías es Jesús! Él nunca deja de sorprendernos.

Marcos describe a Jesús como un extraño y desconcertante Mesías. Marcos describe la forma gradual en que Pedro experimentó a Jesús, así como las etapas de su descubrimiento gradual del Mesías. La vida de Jesús gira enigmáticamente entre su pasión y muerte. Que él provenga de un ambiente modesto, sin pretensiones, que se presenta sin rango ni título, sin riqueza ni respaldo, que no hace ningún esfuerzo para ordenar la reverencia de todos por medio de un gran signo cósmico, todos estos ya son bastante desconcertantes. 

Sin embargo, Jesús llega al límite cuando anuncia un final siniestro de su vida y de su camino. Anuncia la derrota, la impotencia, el olvido. Él va a dejarse arrestar, insultar y crucificar como un delincuente común.

Dos preguntas dominan éste Evangelio: ¿Quién es Jesús? (1,14 a 8,30) y ¿A dónde va? (8,22 a 16, 8) La respuesta, que él es el Hijo de Dios, recorre todo el Evangelio, pero está como una corriente subterránea que para descubrirla hay que escuchar con mucha atención.

La 1ra lectura suena a uno de los Salmos que evoca la pasión del Cristo o a una canción del Siervo sufriente de Isaías. Ésta proviene del Libro de la Sabiduría, uno de los últimos libros de la Biblia, escrito en Egipto (Alejandría) y compuesto no en hebreo sino en griego. La situación que describe, acerca de una persona justa que es insultada, torturada y ejecutada, no se limita al sufrimiento de los judíos.

Es una situación que surge en todo momento y que hoy se repite con los Palestinos, sobretodo con los niños y adolescentes encarcelados en su propio territorio y ciudades por una poderosa fuerza de ocupación.

Los Apóstoles, a pesar de haber pasado tanto tiempo en  compañía de Jesús, observando sus modales, su estilo de vida y escuchando sus enseñanzas; todavía estaban muy lejos de conocerlo plenamente y de cumplir lo que se espera de ellos.

Jesús estableció el patrón para todos ellos y para nosotros. "El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre" (Fil 2: 6-7)

El desafío de hoy para todo cristiano no es la resignación, es enfrentar con valentía los desafíos de la sociedad y del mundo.

Es confiar en la providencia; es enfrentar las injusticias con firmeza pero con amor; es promover la paz y el equilibrio cósmico y sobre todo; es aceptar y recibir  en nuestras vidas y corazones, a todos, en especial a los más débiles. Al dar la bienvenida a los demás, estamos dando la bienvenida a Dios en nuestras vidas. Dar la bienvenida a los que nos necesitan es dar la bienvenida a Cristo mismo.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Domingo 25 - TOB
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Primera lectura: Sab 2, 12. 17-20
Los malvados dijeron entre sí: "Tendamos una trampa al justo,
porque nos molesta y se opone a lo que hacemos;
nos echa en cara nuestras violaciones a la ley,
nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados.

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos.
Sometámoslo a la humillación y a la tortura, para conocer su temple y su valor.
Condenémoslo a una muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él''.
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Salmo Responsorial: Salmo 53, 3-4. 5. 6 y 8 (6b) R. El Señor es quien me ayuda.

 Sálvame, Dios mío, por tu nombre, con tu poder defiéndeme.
Escucha, Señor, mi oración, y a mis palabras atiende.
R. El Señor es quien me ayuda.

 Gente arrogante y violenta contra mí se la levantado,
Andan queriendo matarme. ¡Dios los tiene sin cuidado!
R. El Señor es quien me ayuda.

 Pero el Señor Dios es mi ayuda, él, quien me mantiene vivo.
Por eso te ofreceré con agrado un sacrificio,
y te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo.
R. El Señor es quien me ayuda.
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Segunda lectura: Sant 3, 16–4, 3
Hermanos míos: Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas.
Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia.

¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres.
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Aclamación antes del Evangelio: 2 Tes 2, 14
R. Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
R. Aleluya.
 
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Evangelio: Mc 9, 30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea,
pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando
a sus discípulos. Les decía:
"El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará".
Pero ellos no entendían aquellas palabras
y tenían miedo de pedir explicaciones.
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó:
"¿De qué discutían por el camino?"
Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino
habían discutido sobre quién de ellos era el más importante.
Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
"Si alguno quiere ser el primero, 
que sea el último de todos y el servidor de todos".

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
"El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. 
Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado".
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lunes, 22 de julio de 2024

TOB - 23vo Domingo - Sanado por amor - Mc 7, 31-37

Santiago nos invita hoy a no mostrar preferencias sobre la base de la riqueza o la clase social, ni a elevar sólo a los que están mejor. Para muchos puede ser difícil evitar el favoritismo y no mostrar parcialidad, tendiendo a favorecer a unos sobre otros, a cuidar a algunos y descuidar a otros.

Entre las muchas que pudo haber conocido, un hombre elige a una mujer para ser su esposa, lo mismo que una mujer elige a un hombre por marido. Elegimos a nuestros amigos, y algunas personas eligen cuidadosamente a sus amigos.
Los padres favorecerán a sus propios hijos sobre cualquier otro niño. Es natural y humano hacer distinciones.

El evangelio de esta mañana muestra un lado más generoso de la naturaleza humana.
Un hombre que era sordo y sin voz fue traído a Jesús por sus amigos.

En aquellos días, e incluso hoy, no poder escuchar ni hablar era una carga lamentable.
Las personas con las que no se podía comunicar de manera significativa eran prácticamente invisibles.
Pero este hombre tuvo la suerte de tener buenos amigos, personas que se preocuparon por él
lo suficiente como para llevarlo a Jesús que tenía una reputación de sanador.

El cuidado que Jesús le dio a este hombre es sorprendente. Él aleja al hombre de la multitud y le presta toda su atención.
Aunque el hombre era sordo y mudo, todavía tiene su sentido del tacto, por lo que Jesús toca los oídos del hombre,
luego moja la lengua del hombre con su propia saliva. Luego oró por él, ese Dios que da nueva vida a este pobre hombre.
Jesús se dedica de una manera muy personal al bienestar de este hombre.
Vale la pena señalar que el hombre era un pagano, no un Judio. La región (Decápolis) donde se establece esta historia era predominantemente pagana. Jesús favoreció a los sin voz y afligidos, ya fueran judíos o paganos.

Los amigos del hombre también pueden ser una inspiración para nosotros. Trajeron a su amigo a Jesús, esperando que pudiera curarse. Incluso cuando el hombre no tenía voz, sus amigos escucharon los anhelos de su corazón, y su escucha lo llevó a su curación.
Su cuidado los llevó a hablar en su nombre. Si no hubieran sentido compasión, no habrían tomado la iniciativa de defenderlo.

Si queremos hacer nuestra parte en el trabajo de sanación del Señor,
tenemos que ser muy conscientes de las necesidades de los demás, y luego preguntarnos qué podemos hacer en su nombre.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 23vo
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Primera lectura: Is 35, 4-7a
Esto dice el Señor: "Digan a los de corazón apocado: '¡Animo! No teman.
He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos'.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos
y los oídos de los sordos se abrirán.
Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.

Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial".
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Salmo Responsorial: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (1) R. Alaba, alma mía, al Señor.

 El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. Alaba, alma mía, al Señor.

 Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. Alaba, alma mía, al Señor.

A la viuda y la huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alaba, alma mía, al Señor. 
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Segunda lectura: Sant 2, 1-5
Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos.
Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido,
y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: "Tú, siéntate aquí, cómodamente".
En cambio, le dicen al pobre: "Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies".
¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?

Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo
para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
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Aclamación antes del Evangelio: Cfr Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 7, 31-37
En aquel tiempo,
salió Jesús de la región de Tiro
y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea,
atravesando la región de Decápolis.
Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo,
y le suplicaban que le impusiera las manos.
Él lo apartó a un lado de la gente,
le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva.
Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
"¡Effetá!" (que quiere decir "¡Abrete!").
Al momento se le abrieron los oídos,
se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. 

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban;
y todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
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domingo, 30 de junio de 2024

TOB - 14vo Domingo - El Cambio es Posible - Mc 6, 1-6

Si justo antes de morir cada persona tuviese treinta minutos lúcidos, dudo que muchos los pasen pensando en lo grandioso que era ser rico o celebrado en esta vida.
Estoy seguro que pensarían en las personas que amaron,
y cómo las flores olían y los ríos brillaban en el verano.

Los padres recordarían su alegría cuando nacieron sus hijos
o cuando se unieron a un compañero de vida en el altar del matrimonio.
Los tiempos cambian pero los valores y las relaciones personales perduran.
¿Qué rol jugaría nuestra fe en esos momentos finales y lúcidos?

Con suerte, nos entregaremos pacíficamente a los brazos de Dios.
Pero si este tipo de fe debe ser entregada a la próxima generación,
los católicos tendremos que ponernos de pie y ser contados.

Necesitamos hablar sobre los valores y principios que apreciamos.
Los profetas que hablan pueden no ser siempre aceptados entre su propia gente,
pero el silencio no es suficiente hoy en día.
Necesitamos decir la verdad en la que creemos y mantener la fe.

Las lecturas de hoy plantean serios problemas
para cualquiera que desee ser un verdadero seguidor de Jesús,
que quiera andar su camino.
De repente, como muchos de sus paisanos,
también nosotros pensamos que ya conocemos a Jesús, por eso la pregunta es con desdén:
"¿Quién se cree que es?" (6,3) Marcos trata constante y consistentemente el asunto de la identidad de Jesús. "¿Quién es Jesús?

En el evangelio, escuchamos las opiniones de gobernantes, autoridades religiosas, multitudes, discípulos y miembros de la familia.
Pero la pregunta importante se nos hace a los lectores "¿quién dices tú que es Jesús?"
Si honras a Jesús como un profeta (o más que un profeta), ¿en qué te convierte eso?
¿Tienes acaso nuevas alianzas que reemplazan los valores tradicionales de tu país y tu familia?
A medida que response esa pregunta,
lo que Marcos quiere es llevarnos a una confesión de fe en Jesús como el Hijo de Dios.
En la primera lectura, Ezequiel dice que el Espíritu de Dios lo "puso de pie".
Sin el Espíritu Santo, sin la gracia, sin la energía que es el don de gracia de Dios,
no podemos vivir la vida de la fe, y el verdadero cambio interior no es posible.

Es más fácil no hacer nada que implicarse activamente, ser negativo que positivo, ser cínico en lugar de creativo ...
y nosotros los humanos somos una amalgama de estas tendencias contradictorias.

Muy a menudo somos rígidos, obstinados e incluso cínicos,
porque eludir la responsabilidad
requiere poco esfuerzo y menos comprensión.
Para vivir el pacto,
Dios nos ofrece llamados para una conciencia de la gracia
y esa gracia debe encontrar expresión en patrones de vida
y relación reales, indulgentes y orientados al crecimiento.

Si examinamos nuestra tendencia a juzgar a los demás,
a tomarles daño y ofenderlos, rechazarlos y convertirlos en chivos expiatorios de nuestras propias aversiones y resentimientos.

Si somos conscientes de cómo difundimos la negatividad en casa,
el trabajo o donde sea, hay que  actuar sobre esa conciencia
y cambiarla para ser, por lo menos, un poco más felices.

Qué fácil es confundir la realidad con nuestros propios prejuicios arraigados y puntos de vista preferidos.
Necesitamos ver que cada historia tiene otro lado, cada persona tiene sus propias razones para hacer lo que hace.

Al igual que San Pablo,
debemos reconocer nuestra propia "espina en la carne", nuestro lado oscuro, nuestro potencial de comportamiento irracional o neurótico.

Si realmente quiero ser un discípulo,
debo aprender a centrar mi existencia en los términos de Dios para no dispersarme y perderme, sin un significado coherente en mi vida.

Esto es espiritualidad, una dimensión básica que la psicología descubre que necesitamos.

Que recordemos la gracia de Dios, y que nos preceda en el camino, y que nos permita ponernos de pie y hacernos valientes.
La Espiritualidad nos puede dar energía para nuestros próximos pasos en el peligroso y desafiante viaje a una vida más abundante.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - XIV Domingo Ordinario - TOB
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Primera lectura: Ez 2, 2-5 
En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:

"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí.
Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados.
A ellos te envío para que les comuniques mis palabras.
Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".
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Salmo Responsorial: Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (2cd)

 En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en la manos de su señor, los siervos.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

 Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

 Ten piedad de nosotros, ten piedad, porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios, de insolencias y burlas.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
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Segunda lectura: 1 Cor 12, 7b-10
Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia
por la sublimidad de las revelaciones que he tenido,
llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás,
que me abofetea para humillarme.

Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto,
pero él me ha respondido:
"Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades,
para que se manifieste en mí el poder de Cristo.

Por eso me alegro de las debilidades,
los insultos, las necesidades, las persecuciones
y las dificultades que sufro por Cristo,
porque cuando soy más débil, soy más fuerte.
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Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mc 6, 1-6 
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado,
se puso a enseñar en la sinagoga,
y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:
"¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?"
Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta,
menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa".

Y no pudo hacer allí ningún milagro,
sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente.
Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
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sábado, 13 de abril de 2024

TOB - 2do Domingo de Pascua - Abriendo nuestras Puertas - Jn 20, 19-31


El miedo a lo que otros nos pueden hacer tiende a encerrarnos en nosotros mismos, a construir castillos y puertas más fuertes y a aislarnos más de los otros. 

Nos retiramos de las personas que nos hacen sentir incómodas y nos volvemos duros y lentos para abrirnos a quienes nos crítican y nos juzgan. Dudamos en  compartir nuestras ideas y planes con los que pensamos que no soportan tonterías. 

Casi siempre, el miedo a los demás nos puede retraer y encerrar en nosotros mismos atrofiando nuestro crecimiento. 


Los discípulos, que por el miedo de las autoridades judías se han encerrado en una habitación, se quedan allí a pesar de que una emocionada María Magdalena les anuncia que la tumba donde enterraron al Señor está vacía y que ellas lo han visto. 


Nada parece suficiente para superar su miedo. 
¿Piensan que les harían lo que hicieron a Jesús?

El miedo los auto-exilia en un escondite que parece seguro. Cuando el mismo Señor resucitado se les aparece a puertas cerradas, los saluda, se les acerca y les ayuda a superar su miedo todo cambia


Jesús los llenó de una nueva energía al soplar sobre ellos el Espíritu Santo. Reanima su esperanza y los libera de su miedo; y más aún, los envía a todo el mundo y les confía su misión. "Como el Padre me envió, también yo los envío", dijo. 

Por el poder del Espíritu vuelven a la vida y salen de su auto impuesta prisión a testimoniar al Señor resucitado. 

En los Hechos de Los Apóstoles, Lucas comparte la imagen de los discípulos reunidos, con miedo pero juntos. Describe una comunidad de creyentes, la iglesia, dando testimonio de la resurrección tanto de palabra como por la calidad de su vida.

Para los discípulos de hoy 
También a nosotros nos puede pasar lo que a los primeros discípulos, auto encerrarnos en nosotros mismos, a merced de los "golpes y flechas de la insultante fortuna" que debilita nuestro seguimiento comprometido del Señor. Como ellos, podemos caer en la tentación y renunciar a vivir profundamente nuestra fe. La auto conservación puede impedirnos hacer lo que somos capaces de hacer con ayuda del Señor. 

Las antiguas heridas que llevamos, las iniciativas que fracasaron hacen que dudemos en volver a intentarlo. Incluso cuando alguien parece lleno de entusiasmo y esperanza, como María Magdalena y nos propone hacer algo juntos, nos encogemos de hombros y les dejamos seguir adelante mientras que nosotros nos quedamos atrás para estar a salvo. 

El Evangelio nos indica una manera de salir de nuestro encierro autoimpuesto. Si la experiencia de la Magdalena no nos impacta, el Señor encontrará otro modo de entrar en nuestras vidas, llenarnos de nueva vida y energía para su servicio. No hay puertas ni corazones cerrados que puedan mantenerlo fuera, Él va a entrar al lugar de nuestro retiro para remover lo que no nos deja salir. 

Él solo necesita un poco de apertura de nuestra parte; aunque sea algún deseo de convertirnos en lo que estamos llamados a ser. El Señor resucitado siempre re-crea y nos renovará con su amor. Pascua es un tiempo para celebrar esa buena noticia.

Los discípulos no reaccionaron ante el entusiasmo esperanzador de María Magdalena que había visto al Señor. 

También Tomás estaba inconmovible e impasible ante el testimonio de los discípulos que le dijeron que también habían visto al Señor. Tomás era una tuerca aún más difícil de ajustar o aflojar que los otros discípulos. Era una de esas personas que insisten en que se cumplan determinadas condiciones antes de hacer un movimiento, "Si no veo, no creo."  Tal como lo hizo con los otros discípulos, el Señor se revela a Tomás en sus propios términos, se acomoda a las exigencias de Tomás y le dice: "Pon tu dedo aquí." Tomás, desarmado, cae en adoración; su miedo y duda chocan con una infinita comprensión y acogida.

El evangelio nos recuerda que el Señor nos encontrará donde quiera que estemos, aunque dudemos o nos escondamos. Él toma en serio todos nuestros temores y dudas y a pesar de ellas quiere revelarse para fortalecernos y enviarnos. Jesús actúa en nuestro propio terreno, sin importar que clase de terreno sea. Allí nos dirá la palabra adecuada según nuestro estado personal de mente y corazón. 

No tenemos que entrar en ningún lugar especial para que el Señor participe en nuestra vida, en nuestra historia. Él nos encuentra donde estemos, aún en el miedo o en la duda. En este tiempo de Pascua, oremos pidiendo apertura para recibir al Señor que viene a nosotros en las circunstancias concretas de nuestras propias vidas. Pidamos para que también nosotros podamos decir con Tomás: "¡Señor mío y Dios mío". Oremos también para que, como el Señor, recibamos a los demás donde están, en vez de hacerlo desde donde nos gustaría que fueran.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Ciclo B
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Primera lectura: Hch 4, 32-35
La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.
Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
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Salmo Responsorial: Salmo 117, 2-4. 16ab -15. 22-24
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. 
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”.
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, 
la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me abandonó a la muerte.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
Este es el día de triunfo del Señor: día de júbilo y de gozo.
R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.
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Segunda lectura: 1 Jn 5, 1-6
Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomás, tú crees porque me has visto.
Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
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sábado, 30 de marzo de 2024

TOB - Domingo de Pascua, La Resurrección del Señor - Jn 20, 1-9

A cuarenta días de penas le siguen Cincuenta de alegrías

Después de cuarenta días de preparación, es decir de la cuaresma, ahora siguen cincuenta días para celebrar al Señor Resucitado. Por esta razón, hoy tenemos lecturas maravillosas para este tiempo. Comienza con la historia de la tumba vacía en el cuarto Evangelio, algo parecidos a los demás, pero a la vez muy diferente.

No hay palabras para describir la resurrección, este hecho supera toda palabra. Aunque esto trae zozobra, miedo y dudas, para los discípulos, la resurrección es una experiencia de revelación. En el Antiguo Testamento, estas reacciones se asocian a la revelación (Moisés), que fue también un acontecimiento perturbador. Es algo totalmente inesperado que viene de fuera de las personas y produce un cambio radical en sus vidas. Para los discípulos, la resurrección es una novedad total, una nueva creación, un nuevo comienzo.

El acto implícito pero dubitativo de la fe del discípulo amado se convierte en explícito y directo en el “vio y creyó”, lo mismo que pasa en el encuentro entre María de Magdala y Jesús resucitado.

Si prestamos la suficiente atención y tratamos de ver las cosas con una mente abierta, podemos aprender lo mismo de estos dos "encuentros": Que la fe en la resurrección es un asunto del corazón, más que de la cabeza.

Al encontrar la tumba vacía, María Magdalena corre a los apóstoles y los sorprende con la noticia. Que buena nueva tan inesperada y difícil de creer.

Juan es el único Evangelista que involucra directamente a los apóstoles en la constatación de que la tumba de Jesús estaba vacía.

Ellos constatan por sí mismos; no están allí ni Jesús ni ángeles para orientarlos sobre el significado de este gran acontecimiento.
Aun así, una gran alegría los invade en medio de su inicial confusión. El Discípulo Amado y Pedro vieron los lienzos sin el cuerpo dentro de la tumba vacía, pero fue él quien entendió lo que esto significaba: que Jesús había resucitado de entre los muertos!

A veces, cuando encontramos un paisaje tan impresionante y hermoso, nos quedamos como embobados. Emocionamos empezamos a tomar cuanta foto podemos para tratar de captar la visión, las emociones, la experiencia, y la maravilla de la vista. Pero cuando tratamos de explicar esto a nuestros amigos, es inútil esperar que sientan y se emocionen del mismo modo que lo hicimos nosotros ante tal maravilla. Ellos sólo lo entenderían si ven por sí mismos lo que yo vi. Para aquellos que no entienden, las palabras sobran, y para los que sí entienden, las palabras no son necesarias.

La lectura de la historia de la resurrección nos deja esa misma sensación. Es un hecho profundamente misterioso, es imposible capturar el impacto en los corazones de sus seguidores, ese primer día de Pascua. Este evangelio, es realmente una gran noticia, es atemporal y lo sigue siendo para aquí y ahora. Debe tratar de reflejarme en las personas de esta historia, debo tratar de meterme dentro de la historia que San Juan narra hoy.

¿Soy como Magdalena, que dio la noticia de la resurrección a los demás?
¿Soy como los apóstoles que responden de inmediato y corren hacia la tumba para ver por sí mismos.

El relato de la resurrección de Jesús, me conmuevo profundamente, me toca y atrapa una y otra vez. En nuestras oscuridades y desolaciones - todos tenemos alguna- cuando clamamos a Dios por ayuda, cuando gritamos desde el corazón: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" y leemos esta lectura, de veras entendemos que Dios ni se olvida ni nos abandona. Iluminados por esta luz victoriosa descubrimos que la hora más oscura es justo antes del amanecer.

Pongámonos en la mañana de Pascua, rodaron la piedra de la entrada de la tumba.
¿Puedo imaginar que a veces mi corazón es como una tumba en espera de la resurrección?
¿Puedo imaginar algo parecido a una piedra que me está frenando de disfrutar la vida en plenitud?

De repente es una adicción, una compulsión o algún secreto oculto y oscuro que nunca he compartido con nadie.
Podemos estar tan enfermos como oscuros son nuestros secretos. El Papa Francisco nos recuerda: "Estamos llamados a ser personas de esperanza gozosa, no profetas del juicio final!" Gracias a la resurrección de Jesús, todos podemos tener una alegría esperanzada, y estamos obligados a compartirla con el mundo.

Enamorarse de Dios
No hay nada más práctico
que encontrar a Dios.

Es decir, enamorarse
rotundamente y sin ver atrás.

Aquello de lo que te enamores,
lo que arrebate tu imaginación,
afectará todo.

Determinará
lo que te haga levantar por la mañana,
lo que harás con tus atardeceres,
cómo pases tus fines de semana,
lo que leas, a quien conozcas,
lo que te rompa el corazón
y lo que te llene de asombro
con alegría y agradecimiento.

Enamórate, permanece enamorado,
y esto lo decidirá todo.

(Atribuido a Pedro Arrupe, SJ 1907-1991)


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Ciclo B - Pascua de resurrección, Misa del Día


Primera lectura: Hch 10, 34a. 37-43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos.

Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.

El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su medio, el perdón de los pecados”.


Salmo Responsorial: Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23 / R. (24) Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna.
Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo.
No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.
La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
R./ Éste es el día del triunfo del Señor. Aleluya.


Segunda Lectura: Col 3, 1-4
Hermanos:
Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también ustedes se manifestarán gloriosos, juntamente con él.

O bien:
1 Cor 5, 6b-8
Hermanos:
¿No saben ustedes que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Tiren la antigua levadura, para que sean ustedes una masa nueva, ya que son pan sin levadura, pues Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Celebremos, pues, la fiesta de la Pascua, no con la antigua levadura, que es de vicio y maldad, sino con el pan sin levadura, que es de sinceridad y verdad.

Secuencia
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado, que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y, muerto el que es la vida, triunfante se levanta.

“¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Vengan a Galilea, allí el Señor aguarda;
allí verán los suyos la gloria de la Pascua”.

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia
que estás resucitado; la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.

Aclamación antes del Evangelio: 1 Cor 5, 7b-8a
R. Aleluya, aleluya.
Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua.
R. Aleluya.


Evangelio; Jn 20, 1-9
El primer día después del sábado,
estando todavía oscuro,
fue María Magdalena al sepulcro
y vio removida la piedra que lo cerraba.

Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.


Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de setiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados.