sábado, 7 de julio de 2018

TOB - 14vo Domingo - El Cambio es Posible - Mc 6, 1-6

Si justo antes de morir cada persona tuviese treinta minutos lúcidos, dudo que muchos los pasen pensando en lo grandioso que era ser rico o celebrado en esta vida. Estoy seguro que pensarían en las personas que amaron, y cómo las flores olían y los ríos brillaban en el verano.

Los padres recordarían su alegría cuando nacieron sus hijos o cuando se unieron a un compañero de vida en el altar del matrimonio. Los tiempos cambian pero los valores y las relaciones personales perduran. ¿Qué rol jugaría nuestra fe en esos momentos finales y lúcidos?

Con suerte, nos entregaremos pacíficamente a los brazos de Dios. Pero si este tipo de fe debe ser entregada a la próxima generación, los católicos tendremos que ponernos de pie y ser contados.

Necesitamos hablar sobre los valores y principios que apreciamos. Los profetas que hablan pueden no ser siempre aceptados entre su propia gente, pero el silencio no es suficiente hoy en día. Necesitamos decir la verdad en la que creemos y mantener la fe.

Las Escrituras de hoy plantean serios problemas para cualquiera que desee ser un verdadero seguidor de Jesús, que quiera andar su camino. De repente, como muchos de sus paisanos, también nosotros pensamos que ya conocemos a Jesús, por eso la pregunta es con desdén: "¿Quién se cree que es?" (6,3) Marcos trata constante y consistentemente el asunto de la identidad de Jesús. "¿Quién es Jesús?

En el evangelio, escuchamos las opiniones de gobernantes, autoridades religiosas, multitudes, discípulos y miembros de la familia. Pero la pregunta importante se nos hace a los lectores "¿quién dices tú que es Jesús?" Si honras a Jesús como un profeta (o más que un profeta), ¿en qué te convierte eso? ¿Tienes acaso nuevas alianzas que reemplazan los valores tradicionales de tu país y tu familia? A medida que response esa pregunta, lo que Marcos quiere es llevarnos a una confesión de fe en Jesús como el Hijo de Dios.
En la primera lectura, Ezequiel dice que el Espíritu de Dios lo "puso de pie". Sin el Espíritu Santo, sin la gracia, sin la energía que es el don de gracia de Dios, no podemos vivir la vida de la fe, y el verdadero cambio interior no es posible.

Es más fácil no hacer nada que implicarse activamente, ser negativo que positivo, ser cínico en lugar de creativo ... y nosotros los humanos somos una amalgama de estas tendencias contradictorias.

Muy a menudo somos rígidos, obstinados e incluso cínicos, porque eludir la responsabilidad requiere poco esfuerzo y menos comprensión.

Pero para vivir el pacto, Dios nos ofrece llamados para una conciencia de la gracia y esa gracia debe encontrar expresión en patrones de vida y relación reales, indulgentes y orientados al crecimiento.

Si examinamos nuestra tendencia a juzgar a los demás, a tomarles daño y ofenderlos, rechazarlos y convertirlos en chivos expiatorios de nuestras propias aversiones y resentimientos.

Si somos conscientes de cómo difundimos la negatividad en casa, el trabajo o donde sea, Hay que  actuar sobre esa conciencia y cambiarla para ser, por lo menos, un poco más felices.

Qué fácil es confundir la realidad con nuestros propios prejuicios arraigados y puntos de vista preferidos.

Necesitamos ver que cada historia tiene otro lado, cada persona tiene sus propias razones para hacer lo que hace.

Al igual que San Pablo, debemos reconocer nuestra propia "espina en la carne", nuestro lado oscuro, nuestro potencial de comportamiento irracional o neurótico.

Si realmente quiero ser un discípulo, debo aprender a centrar mi existencia en los términos de Dios para no dispersarme y perderme, sin un significado coherente en mi vida.

Esto es espiritualidad, una dimensión básica que la psicología descubre que necesitamos.

Que recordemos la gracia de Dios, y que nos preceda en el camino, y que nos permita ponernos de pie y hacernos valientes. La Espiritualidad nos puede dar energía para nuestros próximos pasos en el peligroso y desafiante viaje a una vida más abundante.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - XIV Domingo Ordinario - TOB

Primera lectura: Ez 2, 2-5 
En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:

"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí.
Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados.
A ellos te envío para que les comuniques mis palabras.
Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".

Salmo Responsorial: Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (2cd)
En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en la manos de su señor, los siervos.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Ten piedad de nosotros, ten piedad, porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios, de insolencias y burlas.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Segunda lectura: 1 Cor 12, 7b-10
Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia
por la sublimidad de las revelaciones que he tenido,
llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás,
que me abofetea para humillarme.

Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto,
pero él me ha respondido:
"Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades,
para que se manifieste en mí el poder de Cristo.

Por eso me alegro de las debilidades,
los insultos, las necesidades, las persecuciones
y las dificultades que sufro por Cristo,
porque cuando soy más débil, soy más fuerte.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 6, 1-6 
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:
"¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?"
Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.






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