sábado, 23 de junio de 2018

TOB - 12vo Domingo - Nacimiento de San Juan Bautista- Lc 1, 57-66. 80

Juan el Bautista es el único santo, después del mismo Jesús, cuyo nacimiento se celebra con una fiesta solemne. Lo tenemos el 24 de junio, seis meses antes de celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre.

Recordar el nacimiento de Jesús en Navidad coincide más o menos con el solsticio de invierno. Así como la luz del sol comienza a reaparecer después de que la oscuridad ha alcanzado su punto máximo, celebramos el nacimiento de la luz del mundo. El cumpleaños de Juan el Bautista, en cambio, se recuerda justo después del solsticio de verano. Esto es simbólico, ya que a medida que la luz del sol comienza a disminuir después de alcanzar su punto más alto, celebramos el nacimiento de quien dijo de Jesús: "Él debe crecer, pero yo debo disminuir".

La pregunta que hacen los vecinos de Zacarías y sus familiares: "¿Qué va a ser de este niño?"  puede ser una pregunta que se puede aplicar a cualquiera de nosotros que experimenta el nacimiento de un niño o una niña en el seno familiar o para nosotros mismos en cualquier etapa de nuestras vidas, "¿Qué vamos a llegar a ser?", o para poner la pregunta en términos de fe, "¿Qué quiere Dios que seamos?" ? "¿Tiene un propósito divino para nuestras vidas?"

El propósito de la vida de Juan y los propósitos de Dios para todos nosotros tienen mucho en común. Nuestro Hacedor quiere que todos nosotros hagamos lo que hizo Juan, señalar al Salvador, dejar paso a Jesús, llevar a otros a Él por lo que decimos y hacemos.

Juan el Bautista, cuyo nacimiento ahora celebramos, tiene algo que enseñarnos sobre cómo cumplir con el llamado que Dios nos ha hecho. Juan era un hombre tranquilo, conocedor del desierto y un hombre de mucha oración.

Como el Bautista señaló el camino correcto para su pueblo, cada uno de nosotros puede hacerlo de forma silenciosa con la gente de nuestro tiempo. Podemos ayudar compartiendo con nuestros vecinos sobre la gracia y el favor que Dios tiene para con nosotros.

El nombre Juan significa que Dios es misericordioso o Dios muestra favor. Nosotros también tenemos un nombre significativo, porque ser cristianos implica que compartimos la misión de Jesús. Significa que debemos ser como otros Cristos para el mundo. Pidamos siempre ser bendecidos con la gracia de Dios, para cumplir nuestra misión tan fielmente como lo hizo Juan.

Todos debemos encontrar nuestro propio lugar de oración en el desierto de la vida si queremos ser fieles a nuestro llamado a guiar a otros hacia el Señor, si queremos ser como Dios quiere que lo hagamos.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB -  Solemnidad de Natividad de san Juan Bautista - Misa del día


Primera lectura: Is 49, 1-6
Escúchenme, islas; pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo:
"Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria".
Entonces yo pensé: "En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas;
en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios".

Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
–tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza–.
Ahora, pues, dice el Señor:
"Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra".

Salmo Responsorial: Salmo 138, 1-3. 13-14ab. 14c-15 (14a) 
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Te doy gracias, Señor,
porque me has formado maravillosamente.

Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.
R. Te doy gracias, Señor,
porque me has formado maravillosamente.


Conocías plenamente mi alma; no se te escondía mi organismo,
cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.
R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Segunda lectura: Hch 13, 22-26
En aquellos días, Pablo les dijo a los judíos: "Hermanos: Dios les dio a nuestros padres como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias'.

Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes".

Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 76
R. Aleluya, aleluya.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 1, 57-66. 80
Por aquellos días,
le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: "No. Su nombre será Juan". Ellos le decían: "Pero si ninguno de tus parientes se llama así".

Entonces le preguntaron por señas al padre
cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados.
En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua,
recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: "¿Qué va a ser de este niño?" Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

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