domingo, 17 de junio de 2018

TOB - 11vo Domingo - Las Prioridades Espirituales - Mc 4, 26-34

La renovación espiritual es un regalo de Dios que crece ayudada por el Espíritu Santo y mediante nuestra propia oración. Ezequiel, pudo haber sido un entusiasta jardinero, él sabe que es Dios quien ha plantado su pueblo para que de frutos. La ramita del cedro está plantada en una alta montaña para un noble propósito.

Para nosotros, el árbol favorito de Dios es la iglesia de Cristo, que como un buen árbol está llamada a ser una familia acogedora, fuente de iluminación y consuelo para las personas de todas las naciones. Este árbol fue plantado por Dios para producir ramas y dar fruto, proporcionando sombra para las criaturas de todo tipo.

Jesús fue un gran creyente y promotor de la renovación espiritual, tanto de los corazones de sus oyentes como de las estructuras de la religión judía.

En la parábola de hoy, llama la atención sobre el misterioso milagro del crecimiento y la fecundidad.
El jardinero debe hacer el trabajo preliminar inicial y, posteriormente, cualquier deshierbe y riego que pueda requerirse; pero al final es el Espíritu de Dios quien hace que el cambio fructífero suceda en nuestras vidas  y en las vidas de los otros. Hoy, confiados, llamamos al Espíritu Pentecostal para que sople fuertemente en nuestra Iglesia, para que despierte en todos nuestros corazones ese amoroso deseo de crecer, de compartir, de estar en comunión en cada misa, en cada Eucaristía.

San Pablo nos puede ayudar a redescubrir las prioridades espirituales en nuestras vidas, Pablo, con su experiencia personal, nos trae palabras llenas de esperanza. En medio de toda la tensión que sintió al lidiar con la disidencia en Corinto, se aferra a su confianza en Cristo, como su amigo invisible y omnipresente. Pablo puede estar sereno incluso ante la perspectiva de su propia muerte, cuando estará más "en casa con el Señor".

Luego agrega un principio rector válido para cada uno de nosotros: "Ya sea que estemos en casa o lejos de ella, tenemos el objetivo de complacer al Señor. "Sin abandonar a la esperanza de colegialidad y diálogo en nuestra Iglesia, tratamos de construir la Iglesia de Jesucristo en sintonía con la creación y la dignidad humana. El Espíritu del Resucitado, removerá lo que sea necesario para hacer que su Iglesia crezca y prospere en paz, armonía y alegría.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 11vo Domingo TOB

Primera lectura: Ez 17, 22-24
Esto dice el Señor Dios:
“Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro,
de su más alta rama cortaré un retoño.

Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime.
Lo plantaré en la montaña más alta de Israel.
Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico.
En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas.

Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor,
humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños;
que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos.
Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

Salmo Responsorial: Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16 (2a)
¡Que bueno es darte gracias, Dios altísimo y celebrar tu nombre,
pregonando tu amor cada mañana  y tu fidelidad, todas las noches.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Los justos crecerán como las palmas, come los cedros en los altos montes;
plantados en la casa del Señor, en medio de sus atrios darán flores.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Seguirán dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jóvenes,
para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!

Segunda lectura: 2 Cor 5, 6-10
Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

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