domingo, 15 de marzo de 2015

TOB - 4to Domingo de Cuaresma - Dios mandó su Hijo al mundo - Juan 3, 14-21


2Cr 36, 14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo
Salmo 136: Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti
Ef 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo
Juan 3,14-21: Para que el mundo se salve por él (responde a la pregunta de Nicodemo «¿cómo puede ser eso?», se refiere al nuevo nacimiento en el Espíritu. Es también la 2da y última parte del diálogo de Jesús con este “jefe” fariseo de Jerusalén.

Con la primera lectura concluye el segundo libro de las Crónicas, del AT. Resumen bien el esquema interpretativo de la historia por parte de los redactores bíblicos, y del mismo pueblo. Ante este texto cabe preguntarnos: ¿En qué sentido son «revelación», y en qué sentido no lo son? En la Biblia, hay muchas tradiciones, elementos, categorías, leyendas y símbolos procedentes de la religiosidad del Oriente Próximo, donde se halla ambientada.

En su carta a Los Efesios, después de agradecer  el don de la fe; Pablo describe comparativamente dos tiempos y los contrasta entre sí:
1)    El tiempo de la muerte que corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo el dominio de Satanás. Es tiempo de esclavitud e indigno para las personas. Porque es “rico en misericordia”, Dios rescata de entre ese tiempo tanto a judíos como a gentiles, por la resurrección de Jesús, “juntamente con su Cristo” les da nueva vida. Por la fe, sólo la gracia puede “explicar” tanta sobreabundancia de amor divino.
2)     El tiempo de la resurrección trae una “nueva creación” en Cristo Jesús. Esto se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han recibido vida nueva. Para ellos la “medida” de las buenas obras es la misma de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. En su carta, Pablo llama a la Iglesia nacida entre la gentilidad a vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección.

El nombre Nicodemo significa “el que vence al pueblo”. Nicodemo es un fariseo importante, se autodefine como hombre de la Ley, que observa rígidamente porque la considera como la expresión suprema e indiscutible de la voluntad de Dios para la persona. Es un “jefe”, miembro del Gran Consejo o Sanedrín, órgano de gobierno de la nación. Éste  grupo de los letrados fariseos era el más influyente y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo.

Juan resalta que Nicodemo es una figura muy representativa, por eso lo hace hablar en plural. En su evangelio, Juan describe el diálogo de Jesús con Nicodemo como un diálogo con los representantes del poder y de la Ley. 

Nicodemo llama a Jesús “Rabbí”, un término generalmente usado solo para los letrados o doctores de la Ley que eran los encargados de mostrar al pueblo el verdadero camino de Dios. Así es como Nicodemo, el legalista ve a Jesús, aunque hasta el momento, Jesús no da pie para tal interpretación de su persona.

Nicodemo proyecta en Jesús la idea farisea de Mesías-maestro, avalado por Dios para interpretar la Ley, instaurar el reinado de Dios y enseñar al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés. No ha comprendido el cambio nuevo y radical que propone Jesús. Los fariseos ven en la Ley el futuro de Israel; Jesús, trae el nacimiento en el Espíritu que abre el reino de Dios al porvenir humano. La persona no puede obtener plenitud y vida solo por la observancia de una Ley, sino que completa su ser por su capacidad de amar. Sólo personas dispuestas a entregarse hasta el fin pueden construir con Jesús la sociedad verdaderamente justa y humana. La Ley no elimina las raíces de la injusticia. Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor, sigue siendo opresora, codiciosa, injusta.

Jesús “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es una acción de amor de Dios por los que lo aman. Frente a la exigencia  farisaica de la Ley, Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús. “levantado” (clavado en la cruz), como Moisés levantó la serpiente en el desierto.

Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios,  no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el anunciamos la venida del Reino de Dios. Es la reciprocidad del amor. La humanidad será juzgada con el criterio de la fe, como acto de amor recíproco. Juan insiste que una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan, una fe real y concreta de los seguidores de Jesús, luchadores por la justicia y la verdad que me acerca a Jesús en mi interacción amorosa y justa con los demás.


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LECTURAS BÍBLICAS EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, 4ta de Cuaresma, B



1ra Lectura: 2 Crónicas 36, 14-16. 19-23. La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo

También las autoridades de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando las prácticas infames de los pueblos paganos y profanando el templo que el Señor había consagrado en Jerusalén.

El Señor, Dios de sus padres, les enviaba continuamente mensajeros, porque sentía lástima de su pueblo y de su morada; pero ellos se burlaban de los mensajeros de Dios, se reían de sus palabras y se burlaban de los profetas, hasta que la ira del Señor se encendió sin remedio contra su pueblo.

Incendiaron el templo, derribaron la muralla de Jerusalén, prendieron fuego a todos sus palacios y destrozaron todos los objetos de valor. 

Se llevó desterrados a Babilonia a los supervivientes de la matanza y fueron esclavos suyos y de sus descendientes hasta el triunfo del reino persa. Así se cumplió lo que anunció el Señor por Jeremías, y la tierra disfrutó de su descanso sabático todo el tiempo que estuvo desolada, hasta cumplirse setenta años.

El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por medio de Jeremías, movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino: Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Todos los de ese pueblo que viven entre nosotros pueden volver. Y que el Señor, su Dios, esté con ellos.

Salmo responsorial: 136. 
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos, y lloramos con nostalgia de Sión.
En los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Allí mismo los que nos deportaron nos pedían canciones,
nuestros opresores, canciones alegres: Cántennos una canción de Sión.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

¡Cómo cantar un canto del Señor en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti,
si no exalto a Jerusalén como colmo de mi alegría.
R/. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.


Efesios 2, 4-10:
Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo, estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo —¡ustedes han sido salvados gratuitamente!—; con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo, para que se revele a los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia y la bondad con que nos trató por medio de Cristo Jesús.

Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios; y no por las obras, para que nadie se gloríe. 

Somos obra suya, creados por medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea.


Juan 3, 14-21: 
Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.  
Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. 

Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones.  En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.

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