sábado, 17 de marzo de 2018

TOB - 5to Domingo de Cuaresma - Jn 12, 20-33


Jer 31, 31-34: Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Heb 5, 7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna
Jn 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

El profeta Jeremías trae un canto de perdón y esperanza a los judíos afligidos que ven a Jerusalén destruida. Habla a los judíos que se quedaron, también a los que fueron deportados. La lectura es parte de los capítulos 30 al 33 llamados “libro de la consolación”. Jeremías dice que Yahvé quiere confiar de nuevo en su pueblo y le propone una “nueva alianza”, con relaciones nuevas entre Él y su pueblo. 

Yahvé propone una alianza ya no escrita en tablas sino en el corazón de la persona, porque no es la ley en sí misma, la que nos acerca a Dios sino su espíritu. Con Dios “en el corazón”, la ley se humaniza, se abre sin legalismos, se lo sigue con un corazón sincero; la persona se hace parte del pueblo de Dios. Dios nos regala gratuitamente su conocimiento, sin matrículas ni mensualidades, seamos mayores o menores, de una raza u otra: se revela en la historia de cada pueblo, sin discriminaciones, sin olvidar a ninguno.

Pablo destaca en su carta a los hebreos las actitudes de Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Este pasaje recuerda a Jesús en el huerto de los Olivos, cuando ante su eminente muerte, ora al Padre pidiendo ser librado de ella. 

Resalta que la oración de abandono fortaleció a Jesús para llevar a cabo su misión. Los cristianos debemos aprender mucho porque la mayoría de las veces, nuestras oraciones o súplicas más parecen «órdenes a Dios para que no se haga su voluntad». 

El texto dice que Jesús asume el sufrimiento como prueba de su obediencia a la voluntad del Padre. En Jesús, oración y sufrimiento son signos reales de su solidaridad con toda la Humanidad. Este perfecto acercamiento a la voluntad del Padre convierte a Jesús en la manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, camino y modelo de salvación abierto a todos los hombres y mujeres del mundo. Por su cercanía al maestro, los discípulos son reconocidos como mediadores, testigos y compañeros de camino. 

En las fiestas Pascuales de Jerusalén, algunos griegos aprovechan esa cercanía y piden a Felipe: “queremos ver a Jesús”. No preguntan “¿dónde está?” sino que piden la mediación del discípulo para conocer personalmente a Jesús. El que sean griegos los que buscan a Jesús expresa la universalidad del evangelio, “incluso los paganos buscan a Jesús”. Jesús aprovecha la ocasión y anuncia que el tiempo de palabras y signos está terminando, pues se acerca la “hora” del “signo” mayor: su pasión y muerte en la cruz. 

Para explicarlo, Jesús usa a una breve parábola para expresar una paradoja, (figura literaria que consiste en una “contradicción aparente” perder-ganar, morir-vivir, entregar-retener, dar-recibir). Sólo el grano de trigo que muere da mucho fruto.

Esta parábola puede considerarse una expresión sintética de la cima del amor; en el fondo, equivale al mandamiento nuevo: “Éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros ‘como yo’ les he amado; no hay mayor amor que ‘dar la vida’” (Jn 15,12-13). En estas palabras de Jesús encierra todo el mensaje del Evangelio, de todo el mensaje religioso. Otras religiones han descubierto el amor, la solidaridad… el “descentramiento” de sí mismo como la esencia de la religión. Jesús es una de esas expresiones máximas de la búsqueda de la Humanidad, y del avance de la presencia de Dios en su seno…El ser humano es capaz de amar, es capaz de salir de sí mismo y entregar su vida o entregarse a sí mismo por amor.

La breve parábola resume la lección fundamental de su Evangelio, la principal de su mensaje: el amor oblativo, el amor que se dona a sí mismo, que se pierde a sí mismo, que muere a sí mismo, ese amor produce vida. Esas aparentes contradicciones no son tales, al entender la paradoja, descubrimos la revelación cristiana del Evangelio. En Jesús, en su vida, muerte y resurrección se expresa una vez más el acceso de la Humanidad a la captación esta paradoja.  Hoy ¿me resisto a dar vida y a dar la vida en las pequeñas cosas de cada día y en los grandes momentos de la vida? ¿He captado la ley evangélica es de dar la vida por amor? ¿Estoy dispuesto a aceptar esa «muerte» para vivir?  

Los programas de reducción del Estado, de los programas sociales y la proclamación de un supuesto mercado “libre”, trajeron a la sociedad humana la “ley de la selva”, donde cada uno busca su propio interés; paradójicamente creen que con su egoísmo colaboran mejor al bien común. Esto es totalmente anti-Evangelio, y va contra todo mensaje religioso, quieren imponer la nueva religión del egoísmo. El eclipse de la solidaridad es un retroceso de la humanidad para lograr el bien común. Muchos sabemos que “otro mundo es posible”, aunque la propaganda egocentrista quiera convencernos de que “no hay alternativa” y de que estamos en el “final de la historia” sin poder  cambiarla. Con el evangelio creemos que “no hay mayor amor que dar la vida”, que la ley suprema es “morir como el grano de trigo: para dar vida”. Por eso debemos comprometernos en crear conciencia para que la sociedad sienta la necesidad de superar políticas económicas tan injustas, egoístas y excluyentes.


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LECTURAS BÍBLICAS EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, 5to de Cuaresma B

22/3/80: Luis Espinal, sacerdote y periodista, mártir de las luchas del pueblo boliviano.
22/3/88: Rafael Hernández, líder campesino, murió luchando por la tierra de sus hermanos Mexicanos.

1ra lectura: Jeremías 31, 31-34: 
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados

Miren que llegan días —oráculo del Señor— en que haré una alianza nueva con Israel y con Judá:
no será como la alianza que hice con sus padres cuando los agarré de la mano para sacarlos de Egipto; la alianza que ellos quebrantaron y yo mantuve —oráculo del Señor—;

así será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo futuro —oráculo del Señor—: meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en su corazón, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo;

ya no tendrán que enseñarse unos a otros, mutuamente, diciendo: Tienes que conocer al Señor, porque todos, grandes y pequeños, me conocerán —oráculo del Señor—, porque yo perdono sus culpas y olvido sus pecados.


Salmo responsorial: 50. R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
Lava del todo mi delito y limpia mi pecado.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
No me arrojes lejos de tu presencia ni me quites tu santo espíritu;
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con tu espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.


2da. Lectura: Hebreos 5, 7-9: 
Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna

Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas,
al que podía librarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado.
Y aunque era Hijo de Dios, aprendió sufriendo lo que es obedecer,
así alcanzó la perfección y llegó a ser para cuantos le obedecen causa de salvación eterna.



Evangelio: Juan 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. 
Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: —Señor, queremos ver a Jesús.
Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús.

Jesús les contesta: —Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado.

Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor;
si uno me sirve, lo honrará el Padre.

Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir?
¿Que mi Padre me libre de este trance?
No; que para eso he llegado a este trance. Padre, da gloria a tu Nombre.

Vino una voz del cielo: —Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.

La gente que estaba escuchando decía: —Ha sido un trueno.

Otros decían: —Le ha hablado un ángel.

Jesús respondió: —Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes.
Ahora comienza el juicio de este mundo
y el príncipe de este mundo será expulsado.
Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Lo decía indicando de qué muerte iba a morir.

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