sábado, 2 de diciembre de 2017

TOB - 1er Domingo de Adviento - Mc 13, 33-37 - La espera Consciente

El Adviento es un tiempo que nos invita a tratar de vernos a nosotros mismos tal y como Dios nos ve. La liturgia y la vida misma nos señalan el camino a seguir. Isaías nos invita a confesar nuestros pecados y esperar días mejores. En Cor 1, 3-9, San Pablo nos da un mensaje confiado y optimista. Marcos nos llama a no caer en el conformismo, porque el final llegará antes de lo que esperamos. La primera y la tercera lecturas hablan sobre estar preparados en consciente espera para el día del Señor.

La Palabra de Dios nos invita a reevaluar hacia dónde nuestros caminos nos están guiándo. Este recordatorio anual de que el mundo tal como lo conocemos terminará un día, se hace más intenso durante la temporada invernal del norte, cuando la luz del día es más corta y la oscuridad parece que le gana a la luz. Pero lo positivo de esto es que un nuevo día está por amaneceer, cuando Cristo volverá a nuestras vidas con poder a salvarnos para siempre.

En su carta "La Alegría del Evangelio", el Papa Francisco nos anima a recordar que como amigos de Jesús, la razón de nuestra alegría es Él, el Cristo, el Hijo del Padre y su mensaje de salvación. Adviento es el mejor momento de tomar su  mensaje en serio y comenzar de nuevo a vivir con gozo actuante nuestra fe católica. Ahora es el momento de abrir nuestros corazones e invitar al Señor a entrar más plenamente en nuestras vidas, en nuestros planes y a guiarnos.

el Adviento invita a esperar su venida. Is 64, 5: "todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento", a veces como otoñales hojas marchitas y secas girando al viento. En Isaías, las hojas giratorias son símbolo de todo lo seco y marchito en nuestras vidas. También nos anima a buscar un día mejor, porque Dios todavía está a cargo de la creación, y nuestras vidas personales están bajo su amoroso cuidado. 

En este Adviento, oremos con fervor: "Ven, Señor Jesús", y hagamos nuestras las palabras del salmo: "Visita esta vid y protégela, la vid que tu mano derecha ha elegido". El punto central de nuestra fe es que el Señor nunca abandona a su pueblo.

Es interesante observar a las personas en los aeropuertos que esperan la llegada de sus seres queridos. Muchos se emocionan, ansiosos por la aparición de la cara familiar y listos con la amplia sonrisa del saludo para recibirles. 

También nosotros esperamos la venida del Señor con ansioso afán, porque anhelamos su presencia. Ésta espera es alerta y activa, está impregnada del espíritu de Adviento. 

Jesús dice: "Mantente en guardia, mantente despierto". Él quiere que tengamos un propósito claro en nuestras vidas, que maduremos en nuestra relación con él y con los demás, que le demos más tiempo a la oración y vivamos con su mensaje en nuestros corazones. 

Así debería ser nuestro Adviento, nuestra espera. Y mientras esperamos, podemos disfrutar y compartir sus regalos prometidos porque San Pablo nos asegura: "No estarás sin ninguno de los dones del Espíritu mientras esperas a nuestro Señor Jesucristo". Vivamos pues estas próximas semanas en un espíritu de espera esperanzada y conciente, en el espíritu de un pueblo del Adviento.
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Nota: 
1. El Adviento (en latín: adventus Redemptoris, 'venida del Redentor') es el primer período del año litúrgico cristiano, y consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo.
El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. el color litúrgico que se usa es el morado.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 1ra semana de Adviento TOB


Primera lectura: Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7
Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor;
ése es tu nombre desde siempre.
¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos
y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte?
Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad.
Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.

Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia.
Jamás se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti,
hiciera tales cosas en favor de los que esperan en él.
Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia
y no pierde de vista tus mandamientos.

Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes.
Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso;
todos estábamos marchitos, como las hojas,
y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento.

Nadie invocaba tu nombre nadie se levantaba para refugiarse en ti,
porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.
Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre;
nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos.

Salmo Responsorial: Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 / R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos. 
Escúchanos, pastor de Israel, tú, que estás rodeado de querubines,
despierta tu poder y ven a salvarnos. 
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos: mira tu viña y visítala,
protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. 
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Segunda Lectura: 1 Co 1, 3-9
Continuamente agradezco a mi Dios
los dones divinos que les ha concedido a ustedes
por medio de Cristo Jesús,
ya que por él los ha enriquecido con abundancia
en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento;
porque el testimonio que damos de Cristo
ha sido confirmado en ustedes a tal grado,
que no carecen de ningún don,
ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin,
hasta el día de su advenimiento.
Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
R. Aleluya, aleluya.

Evangelio: Mc 13, 33-37
En aquel tiempo,
Jesús dijo a sus discípulos:
"Velen y estén preparados,
porque no saben cuándo llegará el momento.
Así como un hombre que se va de viaje,
deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer
y encarga al portero que esté velando,
así también velen ustedes,
pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa:
si al anochecer, a la medianoche,
al canto del gallo o a la madrugada.
No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo.
Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta".

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