sábado, 6 de enero de 2018

TOB - Epifanía del Señor - Las lecciones de las estrellas - Evangelio: Mt 2, 1-12

Desde siempre la gente se ha sentido fascinada por las pequeñas luces en el cielo, para algunos, son augurios y presagios que predicen eventos futuros; otros, las usan para calcular las edades y distancias a estrellas más lejanas. Para muchos de nosotros, son fenómenos simplemente hermosos que están más allá de nuestro alcance y queremos atraparlas en la alegría del lenguaje, parpadean en todas nuestros poemas e historias de amor. Incluso los usamos como una descripción para nuestros modelos. Las estrellas son inspiradoras.

Pensamos que los pastores y los magos sabios se inspiraron en el cielo en su viaje hacia Belén siguiendo augurios y cálculos, pero rara vez pensamos en lo que los inspiró a hacer el viaje. Podemos imaginar que viajaron desde Persia o Arabia del Sur, Mateo simplemente indica que vinieron del este, pero el evangelio no deja dudas de que eran hombres de convicción, con mentes inquisitivas y espíritu aventurero; en una palabra, intelectuales. Fue la primera marcha por la Paz de la historia.

El astrónomo siempre busca en el cielo signos de paz que quizá esté en algún lugar más allá de las estrellas. 

Por siglos, todas las culturas han observado las estrellas y se han preguntado si hay algo en la inmensidad, más allá de nuestro entendimiento. Parte de nosotros cree que lo que hay afuera es bueno o al menos mejor que lo que tenemos aquí.

Tantas veces nuestro corazón desea lo que creemos que podemos lograr aquí en la tierra, pero que rara vez lo conseguimos, ¡Paz!

Las estrellas revelan sus secretos a los soñadores. El adagio latino “fides quaerens intellectum = la fe busca entender”, es una buena ilustración de la teología que inspira la búsqueda de los sabios magos. 

Paz para las personas de buena voluntad: El Príncipe de la Paz acoge a todos los que buscan la paz. Pastores y reyes, pobres y ricos, locales y extranjeros todos buscan lo mismo, una vida de paz y plenitud. "Todos los humanos buscamos la paz" es una generalización cierta. Romper la paz es siempre una mala decisión. La ira, la maldad, la beligerancia y la falta de amabilidad no son naturales en el ser humano. En nuestros mejores instintos, deseamos paz y benevolencia. 

Los símbolos del universalismo en la historia de los Reyes Magos hablan a una audiencia mucho más amplia que los cristianos, habla a todos los que han mirado más allá de los sentidos y soñado con algo mejor, algo que es a la vez natural y común para todos nosotros.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Ciclo B - Solemnidad de la Epifanía del Señor

Primera lectura: Is 60, 1-6
Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz
y la gloria del Señor alborea sobre ti.
Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos;
pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria.
Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará, y se ensanchará,
cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá.
Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.

Salmo Responsorial: Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, ere tras era.
De mar a mar se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones.
Ante el se postrarán todos los reyes y todas las naciones.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Al débil librará del poderoso y ayudara al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Segunda Lectura: Ef 3, 2-3a. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 2, 2
R. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorar al Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Mt 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes.
Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?
Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo".

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.

Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel".

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo".

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Nota: La reflexión la he adaptado de Fergal Mac Eoinín

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