martes, 19 de diciembre de 2017

TOB - La Natividad del Señor (Navidad) - Injertado en el árbol de la vida - Lc 2, 1-14

Las palabras son a menudo un método de comunicación incompleto. es conocido el dicho: una imágen vale mil palabras", sin embargo, tenemos que usar palabras para tratar de explicar los hechos, y el evangelio de hoy es un intento, en un lenguaje simple, de describir lo que sucedió en ese día extraordinario, hace mucho tiempo. 

Habla de que Jesús nació y que se produjo el segundo encuentro del cielo y la tierra, en esa misma noche, cuando los ángeles se aparecieron a los pastores. Este fue el comienzo de un proceso que todavía está en curso, que continúa aún hoy. Es una vieja historia que año tras año es siempre nueva.

Con Dios no existe el tiempo. "Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre". Todo el tiempo está totalmente presente para él en este momento. También el trabajo de Dios en cada uno de nosotros es un trabajo siempre en proceso, inacabado, como una historia sin fin. 

A los ojos de Dios, la Navidad es un evento cotidiano, que involucra a Jesús golpeando la puerta de mi corazón, buscando la admisión. 

La dimensión de Dios nunca cambia, Su oferta siempre está ahí, día a día, minuto a minuto, las buenas nuevas se nos entregan con total consistencia. 
Lo que sucede después de ser entregada depende totalmente de si acepto la oferta o la rechazo, si abro la puerta y pongo mi corazón como un pesebre a disposición del Dios que viene.

Cuando los pastores escucharon el mensaje, dijeron: "vayamos a Belén y veamos por nosotros mismos". La vida del cristiano es un viaje de descubrimientos constantes. Implica salir a descubrir por mí mismo la verdad y la realidad de lo que me dijeron mis padres, maestros o predicadores en la iglesia. Tengo que cruzar ese puente El evangelio está entre dos frases. Al principio, estamos invitados a "Venir y ver", y, al final, se nos instruye a "Ir y contar".


_______________________________________________________________
TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Americano - La Natividad del Señor

Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas 
vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras, 
una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo 
e hiciste grande su alegría.
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio 
y su nombre será:
"Consejero admirable", "Dios poderoso",
"Padre sempiterno", "Príncipe de la paz";
para extender el principado con una paz sin límites
sobre el trono de David y sobre su reino;
para establecerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El celo del Señor lo realizará.

Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13
R. (Lc 2, 11) Hoy nos ha nacido el Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación, sus maravillas.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Segunda Lectura: Tt 2, 11-14
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres 
y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, 
para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, 
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. 
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, 
a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador,
que es Cristo, el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 2, 1-14
Por aquellos días, 
se promulgó un edicto de César Augusto, 
que ordenaba un censo de todo el imperio. 
Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. 

Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; 
así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, 
a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz 
y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales 
y lo recostó en un pesebre, 
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores 
que pasaban la noche en el campo, 
vigilando por turno sus rebaños. 

Un ángel del Señor se les apareció 
y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. 

El ángel les dijo: 
"No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: 
hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 
Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre".

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 
"¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!"

No hay comentarios.:

Publicar un comentario