lunes, 26 de marzo de 2018

TOB - Jueves Santo - Unirme al Jesús de la Última Cena - Jn 13, 1-15

Con el: "Hagan esto en memoria mía!", Jesús nos pide entender lo que "Esto" era y es hoy. ¿Pero, qué  pensaba al usar los símbolos del pan partido y la copa de vino compartida? Pensemos de manera nueva lo que significa para nosotros esa cena pascual.

La última cena se celebró dentro del marco de la cena de la Pascua judía (Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor.
De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua. Ex 12, 14).

En la primera lectura de esta noche, Éx 12, 1-8. 11-14, se explica el porqué de esta fiesta. Con  palabras y símbolos se quiere recordar el mayor acto salvador de Dios en el Antiguo Testamento, el éxodo de Egipto, que saca al nuevo pueblo de Dios de la esclavitud. Esta lectura nos muestra que, también para nosotros, Dios entra en nuestra vida para salvarnos y liberarnos de todo lo que nos oprime.

Si estamos "abiertos" a esta acción en nuestra vida personal y comunitaria, entonces estamos preparados para entender que la buena noticia, la definitiva obra salvadora de Dios se realiza en y por Jesucristo.

Reflexionemos en lo que San Juan llama la "hora" de Jesús. Es el punto culminante de su obra de salvación; el comienzo del nuevo éxodo, su paso de este mundo al Padre; la acción a través de la cual él abre nuestra existencia a una nueva relación entre Dios y los seres humanos. Cuando nos hacemos parte de este nuevo éxodo obtenemos nuestra liberación definitiva. El Cristo nos ayuda a liberarnos de la esclavitud a las cosas materiales y el interés mezquino y nos hace libres para amar generosamente a la manera de su Padre que originalmente nos creó a su imagen para ese propósito. A través de su amor sin límite, desde la totalidad de su corazón libre y desinteresado, Jesús venció todo egoísmo humano y, sobretodo, el pecado humano. Es precisamente este amor que el Padre nos dio y quiere que compartamos, ese es el corazón del éxodo de Jesús. Es este tipo de amor que se dona que Jesús quiere mantener vivo entre nosotros, si nos dejamos.

En la Última Cena con sus discípulos, Jesús anticipa su muerte por nosotros en la cruz y se da a sí mismo en los símbolos sacramentales del pan y el vino. Desde aquella cena, en la celebración Eucarística está la memoria viva que nos une al amoroso acto salvador de Nuestro Señor. En la Eucaristía, por ser un memorial comunitario y vivo, compartimos el nuevo éxodo, nos liberamos del aislamiento en que nos sumerge la preocupación por nosotros mismos, nos hace  plenamente humanos y solidarios, tal y como Dios quiere que seamos.

San Juan dice que nos unimos a Jesús cuando le dejamos lavar nuestros pies, cuando lo recibimos y dejamos que nos refresque, que nos renueve, con su palabra y su pan y vino; cuando aceptamos compartirlo, imitando su gran acto de servicio amoroso. Si aceptamos el regalo lo debemos aceptar como un valor a poner en práctica en nuestras vidas.

Lo que Jesús hace por nosotros en su pasión nos muestra cómo vivir. Debemos vivir del mismo modo como vivó Jesús, "para" Dios y para los demás. En el: “Hagan lo que yo hago”, hay una estrecha relación entre Jesús lavando los pies a sus discípulos y la de los discípulos yendo a lavar los pies de los demás. Si la Eucaristía es el lugar donde el Señor nos lava los pies, la vida cotidiana es el lugar donde podemos lavar los pies de los demás, como sus siervos, siempre sirviendo. La Eucaristía nos lleva a la vida y la vida nos trae a la Eucaristía. La verdadera piedad eucarística debe llevarnos al servicio de los demás. Jesús, no solo partió el pan en la Eucaristía sino también lavó los pies de sus discípulos. Debemos seguir su ejemplo tanto en el altar de la Eucaristía y en el altar de la vida.

En el lavado de los pies, hay mucho más que un ejemplo de servicio humilde. En el acto del servicio amoroso está el corazón de la muerte y resurrección de Jesús. La verdadera "elevación" en el Evangelio de Juan es un acto de servicio amoroso. Juan lo pone claro cuando dice: Jesús sabía que había llegado la hora para pasar de este mundo al Padre. Estas palabras dejan en claro que lo que tiene que pasar es la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Podemos aceptar ese amor increíble de Dios?

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TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Jueves Santo de la Cena del Señor

Ex 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".

Salmo Responsorial: Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 / (cf. 1 Co 10, 16)
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación, e invocaré el nombre del Señor.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

Segunda Lectura: 1 Cor 11, 23-26
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio: Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".

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