sábado, 22 de septiembre de 2018

TOB - 25vo Domingo - Todos son bienvenidos - Mc 9, 30-37

Cuando el Papa, obispo, sacerdote o diácono toma a un pequeño bebé de los brazos de su madre y lo levanta por encima de la multitud, repite algo que hizo Jesús. Esto no es solo una demostración de amabilidad; es un signo del Reino y una indicación de los valores de Jesús. Con este gesto, Jesús expresa algo nuevo. 

En el mundo de su tiempo, solo los adultos merecían atención; Jesús se lo da al niño. ¿Qué hay en el niño que merezca esto? Sin duda, es que el niño está lleno de alegría y de vida, de espontaneidad y confianza. El niño es como la primavera, como el sol naciente, el portador del futuro. A menos que nos convirtamos en niños pequeños, no podemos entrar en el Reino de Dios. ¡Qué desconcertante Mesías es Jesús! Él nunca deja de sorprendernos.

Marcos describe a Jesús como un extraño y desconcertante Mesías. Marcos describe la forma gradual en que Pedro experimentó a Jesús, así como las etapas de su descubrimiento gradual del Mesías. La vida de Jesús gira enigmáticamente entre su pasión y muerte. Que él provenga de un ambiente modesto, sin pretensiones, que se presenta sin rango ni título, sin riqueza ni respaldo, que no hace ningún esfuerzo para ordenar la reverencia de todos por medio de un gran signo cósmico, todos estos ya son bastante desconcertantes. 

Sin embargo, Jesús llega al límite cuando anuncia un final siniestro de su vida y de su camino. Anuncia la derrota, la impotencia, el olvido. Él va a dejarse arrestar, insultar y crucificar como un delincuente común.

Dos preguntas dominan éste Evangelio: ¿Quién es Jesús? (1,14 a 8,30) y ¿A dónde va? (8,22 a 16, 8) La respuesta, que él es el Hijo de Dios, recorre todo el Evangelio, pero está como una corriente subterránea que para descubrirla hay que escuchar con mucha atención.

La 1ra lectura suena a uno de los Salmos que evoca la pasión del Cristo o a una canción del Siervo sufriente de Isaías. Ésta proviene del Libro de la Sabiduría, uno de los últimos libros de la Biblia, escrito en Egipto (Alejandría) y compuesto no en hebreo sino en griego. La situación que describe, acerca de una persona justa que es insultada, torturada y ejecutada, no se limita al sufrimiento de los judíos.

Es una situación que surge en todo momento y que hoy se repite con los Palestinos, sobretodo con los niños y adolescentes encarcelados en su propio territorio y ciudades por una poderosa fuerza de ocupación.

Los Apóstoles, a pesar de haber pasado tanto tiempo en  compañía de Jesús, observando sus modales, su estilo de vida y escuchando sus enseñanzas; todavía estaban muy lejos de conocerlo plenamente y de cumplir lo que se espera de ellos.

Jesús estableció el patrón para todos ellos y para nosotros. "El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre" (Fil 2: 6-7)

El desafío de hoy para todo cristiano no es la resignación, es enfrentar con valentía los desafíos de la sociedad y del mundo.

Es confiar en la providencia; es enfrentar las injusticias con firmeza pero con amor; es promover la paz y el equilibrio cósmico y sobre todo; es aceptar y recibir  en nuestras vidas y corazones, a todos, en especial a los más débiles. Al dar la bienvenida a los demás, estamos dando la bienvenida a Dios en nuestras vidas. Dar la bienvenida a los que nos necesitan es dar la bienvenida a Cristo mismo.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Domingo 25 - TOB

Primera lectura: Sab 2, 12. 17-20
Los malvados dijeron entre sí: "Tendamos una trampa al justo,
porque nos molesta y se opone a lo que hacemos;
nos echa en cara nuestras violaciones a la ley,
nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados.

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos.
Sometámoslo a la humillación y a la tortura, para conocer su temple y su valor.
Condenémoslo a una muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él''.

Salmo Responsorial: Salmo 53, 3-4. 5. 6 y 8 (6b)
R.
El Señor es quien me ayuda.
Sálvame, Dios mío, por tu nombre, con tu poder defiéndeme.
Escucha, Señor, mi oración, y a mis palabras atiende.
R. El Señor es quien me ayuda.
Gente arrogante y violenta contra mí se la levantado,
Andan queriendo matarme. ¡Dios los tiene sin cuidado!
R. El Señor es quien me ayuda.
Pero el Señor Dios es mi ayuda, él, quien me mantiene vivo.
Por eso te ofreceré con agrado un sacrificio,
y te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo.
R. El Señor es quien me ayuda.

Segunda lectura: Sant 3, 16–4, 3
Hermanos míos: Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas.
Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia.

¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Tes 2, 14
R. Aleluya, aleluya.
Dios nos ha llamado, por medio del Evangelio, a participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
R. Aleluya.
 

Evangelio: Mc 9, 30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea,
pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando
a sus discípulos. Les decía:
"El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará".
Pero ellos no entendían aquellas palabras
y tenían miedo de pedir explicaciones.
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó:
"¿De qué discutían por el camino?"
Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino
habían discutido sobre quién de ellos era el más importante.
Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
"Si alguno quiere ser el primero, 
que sea el último de todos y el servidor de todos".

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
"El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. 
Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado".

domingo, 16 de septiembre de 2018

TOB - Domingo 24vo - Sin Cruz no hay corona - Mc 8, 27-35

Todo lo que le sucedió a Jesús fue parte de un plan divino. Él vino con un propósito y, a medida que la vida se desarrollaba, se hizo más claro para él cuál era ese propósito.

Para nuestro crecimiento espiritual, es bueno recordar que Jesús "creció en sabiduría, edad y gracia con Dios y con los demás" (Lc 2, 52). Él entendió mejor su misión a medida que pasaba el tiempo. ¡Él asumió plenamente nuestra humanidad y, por lo tanto, no supo de antemano exactamente cada detalle de su futuro!  Hoy, Jesús nos recuerda que "sin cruz, no hay corona". La corona del Reino es para los que aceptan su cruz y lo siguen. No podemos llegar a la Pascua sin pasar por el Viernes Santo. Nuestros pecados de omisión se basan principalmente en el temor a comprometernos con los valores del Evangelio, sin saber lo que nos costará. Es posible que deseemos llegar a Semana Santa, pero eludir el Viernes Santo.

"Sin cruz, no hay corona". Debemos soportar el dolor a corto plazo para obtener ganancias a largo plazo. Hay un costo en Pentecostés, y vivir la vocación cristiana es una especie de morir a sí mismo al servicio de los demás. Esta perspectiva puede hacer que nos contengamos, que demoremos, que pospongamos las acciones necesarias, con la esperanza de que el desafío desaparezca por sí solo. Esto incluye patrones de comportamiento, adicciones, compulsiones e injusticia hacia los demás. No debemos seguir posponiendo y mucho menos dudando.

Hay una hermosa leyenda sobre nuestros planes y los planes de Dios. Tres árboles jóvenes crecían juntos en el bosque, cada uno sano y ambicioso. Al comparar sus sueños, uno quería ser construido en un castillo o un palacio, y así participar en la vida de la alta y poderosa sociedad. El segundo quería convertirse en el mástil de uno de los grandes barcos, navegando por el mundo con un gran sentido de la aventura. El tercero esperaba terminar como parte de algún monumento público, donde el público se detendría, admiraría y tomaría fotografías. Pasaron los años, y los tres fueron cortados. El primero fue cortado, y partes de él se juntaron para formar un pesebre para un establo en Belén. El segundo fue cortado, y el tronco fue recogido para formar un bote, que fue lanzado en el Mar de Galilea. El tercero fue cortado en secciones, dos de ellas clavadas juntas para formar una cruz en el Calvario. Cada uno tenía una parte única y especial para jugar en la gran historia de la redención.

Como vemos, al final, todo es usado para la mayor gloria de Dios y para gloria nuestra que somos su imagen.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano TOB 24 Domingo

Primera lectura: Is 50, 5-9
En aquel entonces, dijo Isaías: "El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?''

Salmo Responsorial: Salmo 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (9)
R.
Caminaré en la presencia del Señor.
Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria,
porque me prestó atención cuando mi voz lo llamaba.
R. Caminaré en la presencia del Señor.
Redes de angustia y de muerte me alcanzaron y me ahogaban.
Entonces rogué al Señor que la vida me salvara.
R. Caminaré en la presencia del Señor.
El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo.
A mí, débil, me salvó y protege a los sencillos.
R. Caminaré en la presencia del Señor.
Mi alma libró de la muerte; del llanto los ojos míos,
y ha evitado que mis pies tropiecen por el camino.
Caminaré ante el Señor por la tierra de los vivos.
R. Caminaré en la presencia del Señor.

Segunda lectura: Sant 2, 14-18
Hermanos míos: ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe,
si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?

Supongamos que algún hermano o hermana
carece de ropa y del alimento necesario para el día,
y que uno de ustedes le dice:
"Que te vaya bien; abrígate y come",
pero no le da lo necesario para el cuerpo,

¿de qué le sirve que le digan eso?

Así pasa con la fe;
si no se traduce en obras, está completamente muerta.

Quizá alguien podría decir: "Tú tienes fe y yo tengo obras. 
A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe; yo, en cambio, 
con mis obras te demostraré mi fe".

Aclamación antes del Evangelio: Gál 6, 14
R.
Aleluya, aleluya.
No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 8, 27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas".

Entonces él les preguntó: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?"
Pedro le respondió: "Tú eres el Mesías".
Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles
que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho,
que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte
y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: "¡Apártate de mí, Satanás! 
Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres".

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz 
y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; 
pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".

lunes, 10 de septiembre de 2018

TOB - 22vo Domingo - Purificando las reglas - Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23

A muchos de nosotros nos cuestra desacernos de algunas cosas y las guardamos pensando que "luego van a servir" y sólo acumulamos basura. Somos reacios a comenzar a hacer las cosas de manera diferente que en el pasado. Pero si los hábitos que hemos desarrollado pueden servirnos bien, también pueden detenernos. ¡Siempre hay un momento para "limpieza de primavera", en cualquier tiempo!

Jesús chocó con los fariseos que tenían ciertas tradiciones en alta estima, casi fanáticamente. Estas fueron reglas que no pertenecían a las leyes escritas pero eran ampliamente practicadas como signos de devoción. Durante su ministerio, Jesús desafió la prioridad que los fariseos le daban a estas rigurosas reglas, en lugar de mostrar compasión en todas las circunstancias. Él advierte a los líderes religiosos que su celo por las tradiciones humanas estaba socavando el mandamiento de Dios. Esas reglas fariseas no le importaban a Dios, según Jesús. Los lavados rituales de tazas y ollas no importan tanto como lo que está en nuestro corazón y lo que sale de nuestro corazón.

Si las plantas no crecen demasiado y la fruta pierde su calidad, los jardineros saben que hay necesidad de podar. Jesús vio que las reglas judías debían ser purificadas para sacarles la rigurosidad excesiva. Destacó lo que era más importante a los ojos de Dios, y criticó la mentalidad farisaica aún cuando citaban erróneamente al profeta Isaías. 

Consciente de que la tradición religiosa puede ocultar a Dios y/o revelar a Dios, destacó las partes de la tradición judía que expresaban amor por Dios y por nuestro prójimo. Demasiadas y muy rigurosas reglas simplemente ocultaban a Dios de la vista de la gente. Nuestras propias tradiciones sociales, religiosas oo eclesiales también necesitan podarse. Lo que se ha vuelto importante para nosotros con el tiempo puede no ser tan importante para Dios. 

Necesitamos volver al Nuevo Testamento y a los evangelios en particular para aprender una y otra vez lo que Jesús dice que es importante para Dios.

El Señor continúa recordándonos lo que es importante para Dios y, por lo tanto, lo que debería ser importante para nosotros hoy en día.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 22

Primera lectura: Dt 4, 1-2. 6-8
En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño, para que los pongas en práctica y puedas así vivir y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de tus padres, te va a dar.

No añadirán nada ni quitarán nada a lo que les mando: Cumplan los mandamientos del Señor que yo les enseño, como me ordena el Señor, mi Dios. Guárdenlos y cúmplanlos porque ellos son la sabiduría y la prudencia de ustedes a los ojos de los pueblos. Cuando tengan noticias de todos estos preceptos, los pueblos se dirán: 'En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente'.

Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos? ¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?''.

Salmo Responsorial: Salmo 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5 (1a)
R.
¿Quién será grato a tus ojos, Señor? 
El hombre que procede honradamente y obra con justicia;
el que es sincero en sus palabras y con su lengua a nadie desprestigia.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor? 
Quien no hace mal al prójimo ni difama al vecino;
quien no ve con aprecio a los malvados pero honra a quienes temen al Altísimo.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor? 
Quien presta sin usura y quien no acepta soborno en perjuicio de inocentes,
ése será agradable a los ojos de Dios eternamente.
R. ¿Quién será grato a tus ojos, Señor? 

Segunda lectura: Sant1, 17-18. 21b-22. 27
Hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto, del creador de la luz, en quien no hay ni cambios ni sombras. Por su propia voluntad nos engendró por medio del Evangelio para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas.

Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla, engañándose a ustedes mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y en guardarse de este mundo corrompido.

Aclamación antes del Evangelio: Sant 1, 18
R.
Aleluya, aleluya.
Por su propia voluntad, el Padre nos engendró por medio del Evangelio,
para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas.
R. Aleluya. 

Evangelio: Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén.

Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanme.
Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro;
porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios,
las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad.
Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre".

TOB - Domingo 21 - Comida Verdadera - Jn 6, 55. 60-69

En nuestra cultura, el éxito y el valor tienden a medirse en números: Hits, Me gusta o Votos. Si el programa de televisión pierde audiencia, ese programa está en problemas. La democracia se basa en el voto mayoritario. En un referéndum, gana el bando con más votos. Los números importan en nuestra sociedad. La escuela secundaria con la mayoría de sus graduados yendo a la Universidad es la mejor. Cualquier evento que solo atraiga a una pequeña multitud se considera un fracaso.

El evangelio de hoy sugiere que a Jesús no le preocupaba demasiado los números. En los últimos cuatro domingos, hemos leído el capítulo 6 del evangelio de Juan, donde Jesús se llama pan de vida y declara que debemos comer su carne y beber su sangre para tener vida. En la lectura de hoy, algunos de sus propios discípulos objetan fuertemente a esta enseñanza. "Este es un lenguaje intolerable", dicen, "¿Cómo podría alguien aceptarlo?"

Jesús era muy consciente de esta reacción de algunos de sus seguidores. Sin embargo, no hizo ningún esfuerzo para suavizar su enseñanza para mantener sus números. Por el contrario, insiste en que su mensaje transmite la verdad, el espíritu y la vida. Como resultado, "muchos de sus discípulos lo abandonaron y dejaron de ir con él." De repente perdió una gran parte de su seguidores. Desde la perspectiva de la cultura de la época y de la nuestra propia, Jesús no era exitoso. Luego se volvió hacia los doce apóstoles, su círculo íntimo o grupo principal, y les preguntó: "¿Y ustedes, también quieren irse? Estaba dispuesto a perder incluso a algunos de ellos en lugar de comprometer la enseñanza que él había impartido.

Claramente, no consideraba que el número de sus seguidores no fuera lo más importante. Su principal objetivo era compartir la verdad tal como la recibió de Dios su Padre. Al final resultó que, Jesús mantuvo la lealtad de los doce apóstoles. Pedro, su portavoz, aprovechó el momento para declarar la confianza en Jesús: "Señor, ¿a quién iremos? Usted tiene el mensaje de la vida eterna. "Aun así, Judas más tarde lo traicionó y Peter lo negó. Si el éxito se mide por los números, al final de su vida, Jesús fue un fracaso total.

Los números no son todo, y la opinión popular no siempre muestra lo que es realmente cierto. Si optamos por seguir a Jesús, no es porque fue o es popular, sino porque, como Pedro, reconocemos que tiene el mensaje de la vida eterna, que sus palabras son espíritu y vida. A veces también encontraremos que algunas de sus enseñanzas difíciles de seguir. Pueden ser sus desafiantes ideales en el Sermón del Monte, amar a nuestros enemigos o rezar por las personas que nos hicieron mal. O podemos cuestionar la justicia en algunas de sus parábolas. Podemos sentir pena por el hijo mayor en la parábola del hijo pródigo; o por aquellos trabajadores (en la parábola de los Trabajadores en la Viña) que trabajaron todo el día y obtuvieron el mismo salario que aquellos que trabajaron solo durante la última hora. Es normal encontrarnos luchando con algo que Jesús dice. Isaías decía que los pensamientos de Dios no son los nuestros; Los caminos de Dios no son nuestros caminos. Alguien ha dicho que Jesús incomoda a los que están cómodos del mismo modo que él consuela a los afligidos.

La enseñanza y la vida de Jesús siempre nos desafiarán. Puede haber momentos en los que tengamos ganas de renunciar a él, pero es vital seguir renovando nuestra respuesta a su llamada. En cada Eucaristía nos comprometemos nuevamente con la visión del Señor. Es nuestra oportunidad semanal para hacer nuestras las palabras de Pedro en el evangelio de hoy, 'Señor, tienes palabras de vida eterna'.______________________________________________________________

Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano TOB semana 21

Primera lectura: Jos 24, 1-2a. 15-17. 18b 
En aquellos días, Josué convocó en Siquem a todas las tribus de Israel y reunió a los ancianos, a los jueces, a los jefes y a los escribas. Cuando todos estuvieron en presencia del Señor, Josué le dijo al pueblo: "Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quién quieren servir: ¿a los dioses a los que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Eufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes habitan? En cuanto a mí toca, mi familia y yo serviremos al Señor".

El pueblo respondió: "Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él fue quien nos sacó de la esclavitud de Egipto, el que hizo ante nosotros grandes prodigios, nos protegió por todo el camino que recorrimos y en los pueblos por donde pasamos. Así pues, también nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios".

Salmo Responsorial: Salmo 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23 (9a)
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Los ojos del Señor cuidan al justo, y a su clamor están atentos sus oídos.
Contra el malvado, en cambio, está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Escucha el Señor al hombre justo y lo libra de todos sus congojas.
El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidos.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Muchas tribulaciones pasa el justo, para de todos ellas Dios lo libra.
por los huesos del justo vela Dios, sin dejar que ninguno se le quiebre.
Salva el Señor la vida de sus siervos; No morirán quienes en él esperan.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Segunda lectura: Ef 5, 21-32
Hermanos: Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

O bien: Ef 5, 2a, 25-32
Hermanos:
Vivan amando como Cristo, que nos amó. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Aclamación antes del Evangelio: Cfr Jn 6, 63c. 68c
R. Aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.

R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 55. 60-69 
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: "Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?"

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?" Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".

domingo, 9 de septiembre de 2018

TOB - 20vo. Domingo - Presente entre nosotros - Jn 6, 51-58

Jesús es alimento viviente para nosotros, enviado del Padre en el cielo. A diferencia de la comida ordinaria, que solo sostiene la vida corporal, esta comida ofrece una vida eterna.

Desde comienzo de los tiempos y ya con la zarza ardiente hasta la suave brisa, Dios ha dado a conocer su presencia entre nosotros. Estar entre nosotros como alimento para el cuerpo y el espíritu es una forma significativa, estar presente.

La presencia eucarística de Cristo está en el pan y el vino, uno de los elementos más comunes de la comida y la bebida en su tiempo. El Señor está presente entre nosotros a través de las cosas cotidianas.

El pan proviene de un proceso que comienza con semillas de trigo mezcladas con agua. Estos se reúnen como masa y, después de varias etapas de desarrollo, terminan como una unidad que llamamos pan. El vino comienza como un racimo de uvas que, cuando se procesan, terminan como lo que llamamos vino. Un grupo de personas se reúne para orar, cada una de ellas es única. Después de un proceso que es obra del Espíritu de Dios, se convierten en una unidad, que llamamos iglesia, o el Cuerpo de Cristo. En comunión, el Cuerpo (de la comunidad) de Cristo se nutre del Cuerpo (sacramental) de Cristo.

Si alguien los invita a todos a reunirse a mi alrededor, lo más cerca que puedan, porque iba a susurrarles algo más, podría suceder algo que los sorprenda. Notarás que cuanto más cerca estés de mí, más cerca estarás el uno del otro. Si se juntara cerca de una persona, estaría tocando los hombros el uno con el otro. Acercándose el uno al otro es como se forma la comunidad o el Cuerpo de Cristo. Se trata de acercar a las personas al Señor y, como resultado directo de eso, terminan siendo más cercanas entre sí.

A lo largo de la historia, Dios ha hablado a su gente de maneras sorprendentes. Le habló a Elijah desde la suave brisa, a Moisés en la zarza ardiente. Los nativos de Belén no estaban muy entusiasmados con el nacimiento de un nuevo bebé y, más tarde, Herodes se burlaba de Jesús como un tonto, y los soldados lo burlaban como a un rey.

Después de la resurrección, María Magdalena pensó que él era jardinero, Pedro pensó que era un fantasma, y ​​los discípulos en el camino a Emaús pensaron que era un extraño que pasaba. Que él debería presentarse a sí mismo en una forma tan simple como la comida y la bebida es justo lo que podríamos esperar de "El Dios de las sorpresas".

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 20 Domingo

Primera lectura: Prov 9, 1-6
La sabiduría se ha edificado una casa, ha preparado un banquete,
ha mezclado el vino y puesto la mesa.
Ha enviado a sus criados para que, desde los puntos que dominan la ciudad, anuncien esto:
"Si alguno es sencillo, que venga acá".

Y a los faltos de juicio les dice: "Vengan a comer de mi pan y a beber del vino que he preparado.
Dejen su ignorancia y vivirán; avancen por el camino de la prudencia".

Salmo Responsorial: Salmo 33, 2-3. 10-11. 12-13. 14-15 (9a)
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a los que lo aman.
El rico empobrece y pasa hambre; a quien busca al Señor, nada le falta.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Escúchame, hijo mío: voy a enseñarte cómo amar al Señor.
¿Quieres vivir y disfrutar la vida?
Guarda del mal tu lengua Y aleja de tus labios el engaño.;
Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y ve tras ella.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Segunda lectura: Ef 5, 15-20
Hermanos: Tengan cuidado de portarse no como insensatos, sino como prudentes, aprovechando el momento presente, porque los tiempos son malos.

No sean irreflexivos, antes bien, traten de entender cuál es la voluntad de Dios. No se embriaguen, porque el vino lleva al libertinaje. Llénense, más bien, del Espíritu Santo; expresen sus sentimientos con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con todo el corazón las alabanzas al Señor. Den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 56
R. Aleluya, aleluya.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 51-58
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida".

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre''.



TOB - 23vo Domingo - Sanado por amor - Mc 7, 31-37

Santiago nos invita hoy a no mostrar preferencias sobre la base de la riqueza o la clase social, ni a elevar sólo a los que están mejor. Para muchos puede ser difícil evitar el favoritismo y no mostrar parcialidad, tendiendo a favorecer a unos sobre otros, a cuidar a algunos y descuidar a otros.

Entre las muchas que pudo haber conocido, un hombre elige a una mujer para ser su esposa, lo mismo que una mujer elige a un hombre por marido. Elegimos a nuestros amigos, y algunas personas eligen cuidadosamente a sus amigos. Los padres favorecerán a sus propios hijos sobre cualquier otro niño. Es natural y humano hacer distinciones.

El evangelio de esta mañana muestra un lado más generoso de la naturaleza humana. Un hombre que era sordo y sin voz fue traído a Jesús por sus amigos.

En aquellos días, e incluso hoy, no poder escuchar ni hablar era una carga lamentable.
Las personas con las que no se podía comunicar de manera significativa eran prácticamente invisibles.
Pero este hombre tuvo la suerte de tener buenos amigos, personas que se preocuparon por él
lo suficiente como para llevarlo a Jesús que tenía una reputación de sanador.

El cuidado que Jesús le dio a este hombre es sorprendente. Él aleja al hombre de la multitud y le presta toda su atención.
Aunque el hombre era sordo y mudo, todavía tiene su sentido del tacto, por lo que Jesús toca los oídos del hombre,
luego moja la lengua del hombre con su propia saliva. Luego oró por él, ese Dios que da nueva vida a este pobre hombre.
Jesús se dedica de una manera muy personal al bienestar de este hombre.
Vale la pena señalar que el hombre era un pagano, no un Judio. La región (Decápolis) donde se establece esta historia era predominantemente pagana. Jesús favoreció a los sin voz y afligidos, ya fueran judíos o paganos.

Los amigos del hombre también pueden ser una inspiración para nosotros. Trajeron a su amigo a Jesús, esperando que pudiera curarse. Incluso cuando el hombre no tenía voz, sus amigos escucharon los anhelos de su corazón, y su escucha lo llevó a su curación.
Su cuidado los llevó a hablar en su nombre. Si no hubieran sentido compasión, no habrían tomado la iniciativa de defenderlo.

Si queremos hacer nuestra parte en el trabajo de sanación del Señor,
tenemos que ser muy conscientes de las necesidades de los demás, y luego preguntarnos qué podemos hacer en su nombre.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo 23vo

Primera lectura: Is 35, 4-7a
Esto dice el Señor: "Digan a los de corazón apocado: '¡Animo! No teman.
He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos'.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos
y los oídos de los sordos se abrirán.
Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.

Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial".

Salmo Responsorial: Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (1)
R.
Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
A la viuda y la huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alaba, alma mía, al Señor. 

Segunda lectura: Sant 2, 1-5
Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos.
Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: "Tú, siéntate aquí, cómodamente". En cambio, le dicen al pobre: "Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies". ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?

Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?

Aclamación antes del Evangelio: Cfr Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 7, 31-37
En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "¡Effetá!" (que quiere decir "¡Abrete!"). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. 

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: "¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos".