domingo, 29 de julio de 2018

TOB - 17vo Domingo - Compartiendo con el hambriento - Jn 6, 1-15

Tanto el Antiguo Testamento como el Evangelio de hoy hablan de una alimentación milagrosa de personas hambrientas. El milagro de la repartición de los 20 panes y los granos de espiga fruto de la generosidad de un seguidor de Eliseo, la atención de Elías a la viuda pobre trajo consigo el final de una larga sequía y hambruna, y la amable generosidad de un niño al compartir su almuerzo de cinco panes y dos peces le permite a Jesús alimentar a su comunidad hambrienta. En todos los casos la generosidad hace que los milagros produzcan abundancia.

Todos sabemos que muchas personas están muriendo de hambre en un mundo opulento, para ellos no hay alimentación milagrosa. Muchos de nosotros hemos conocido momentos felices de compartir y solidaridad, entre música y celebración que nos ayudan a mantener la esperanza de poder ayudar a "alimentar al mundo".

Lo poco que dábamos parecía tan importante como los panes y los peces del niño generoso, pues cuando las personas comparten alimentos y recursos con extraños, las barreras de toda clase se rompen. Reconocemos nuestra dependencia el uno con el otro. Pero tan pronto como se alivia una crisis alimentaria, vemos surgir otra. Parece cosa de nunca acabar. La gente de los países más pobres aún lucha, solo para sobrevivir. Es fácil sentirnos impotentes ante la imposibilidad de alimentar al mundo entero. Los primeros síntomas de la "fatiga de la compasión", como lo llaman las agencias de ayuda humanitaria, se hacen presente y nos parece imposible acabar con la indiferencia entumecida. Tristes, como el sirviente de Eliseo o Andrés, nos preguntamos, "¿Cómo podemos alimentar a tantos, con tan poco?"

Nos horrorizaría si en un acto de sinceridad, nuestros líderes y planificadores admitieran abiertamente cómo la lógica económica que sustenta nuestra prosperidad dicta que los más indefensos están destinados a pasar hambre para siempre. El mundo desarrollado establece acuerdos comerciales duros, crea montañas de alimentos y lagos de leche, y desvía los recursos financieros y humanos hacia el comercio de armas en lugar de hacia el desarrollo y la educación. Incluso nuestros líderes y planificadores se sienten como nosotros, atrapados en la red de expectativas injustas que es parte de lo que queremos decir con "el pecado del mundo".

"Para el hombre pobre, Dios no aparece sino en forma de pan y en la promesa del trabajo". decía en Mahatma Ghandi. 

Gracias a Dios, la Eucaristía renueva los manantiales más profundos de nuestra humanidad mediante una historia de pan que se rompe y se come para la vida de el mundo. 
¿Podemos ayudar a quienes celebran la Eucaristía con nosotros este domingo para ver un vínculo entre ella y el hambre del mundo? 
¿Tiene la parroquia algún proyecto para apoyar a un misionero ayudando en el mundo en desarrollo, o pueden algunas personas locales ser alistadas para contar la historia de tal proyecto? "Reúna los fragmentos para que no se desperdicie nada". 

Las soluciones globales están más allá del poder de nuestra parroquia local, por lo que debemos recordar es la lección de los fragmentos. Si podemos poner un poco de corazón nuevo en nuestros esfuerzos, eso será algo que valga la pena. Si podemos tomar conciencia de nuestro despilfarro de los recursos del mundo, puede ser el comienzo del arrepentimiento y el cambio.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo 17 TOB
Primera lectura: 2 Reyes 4, 42-44
En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga.

Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman". Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?"

Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".

El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor.

Salmo Responsorial: Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18 (16)R. Bendeciré al Señor eternamente.
Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
R. Bendeciré al Señor eternamente.
Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca.
R. Bendeciré al Señor eternamente.

Segunda lectura: Ef 4, 1-6
Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16
R. Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

lunes, 16 de julio de 2018

TOB - 15vo Domingo - Sanar y Reconcialiar - Mc 6, 7-13


Cuando las personas piden a un sacerdote que ore por ellos,
puede ser que quieran recuperar la paz mental al lidiar
con una enfermedad o con tensiones en la familia,
o de repente para resolver algún conflicto en sus vidas. 

La paz mental es altamente deseable, pero muchas veces, 
para que esto se logre, puede ser necesario algún tipo de reconciliación, o posiblemente una conversión o ambos. 

Tanto conversión como reconciliación son vitales para la sanación de la vida física y espiritual lo mismo que para curar las relaciones. En nuestro bautismo, todos fuimos sellados con el Espíritu y llamados por Dios a vivir de acuerdo con su plan de salvación 
y felicidad plena, pero por mis propias limitaciones y errores, 
mi curación puede necesitar en la práctica un cambio de actitud además de la gracia divina. 

La sanación puede ser física, emocional o espirituales, pero siempre involucra actitudes y estilo de vida diferentes y renovados, 
a veces hasta dolencias, dolores y traumas.

Cada uno de nosotros, a su manera, está llamado a ser un sanador. Todos nosotros podemos aprender el poder de la bondad, 
de pensar bien de otros, de una sonrisa, de una mano amiga, de la cercanía. Muchas veces, son nuestra faltas, preocupaciones, 
o nuestros temores las que nos limitan, nos hacen olvidar que hemos sido bendecidos con toda clase de bendición espiritual por la fuente de toda bendición, el Dios uno y Trino. 

En cada uno de nosotros hay un potencial sin explotar para estar bien y hacer el bien, para conectarnos con la fuente de todo bien. Vale la pena recordar que la paz no es solo la ausencia de problemas. Es más que nada y sobre todo, una positiva actitud de vida, es vivir en la alegría, dar y recibir amor, que nos da fuerzas y nos ayuda a manejar las dificultades, dolores y amenazas de la vida. Sus orígenes están en Dios mismo a quien el Antiguo Testamento llama Yahweh-Shalom, Dios de la Paz. Pero aquí, paz significa integridad, unidad, tranquilidad; una realidad que Dios quiere que todos compartamos unos con otros. Todos somos en cierto modo, enviados para compartir las bendiciones de Dios. Amos respondió al llamado y fue porque tenía una fuerte sensación de que Yahweh lo estaban enviando. De manera similar, los discípulos emprendieron el viaje porque Jesús los envió a ese viaje. Partieron libremente, pero en respuesta a una llamada, un envío.

Durante la Misa, oramos unos con otros, unos por otros, nos bendecimos unos a otros, nos apoyamos unos a otros, 
nos perdonamos unos a otros, nos tratamos con amor y compasión unos a otros. 

Una señora me pidió que ore por ella después de la misa y se quedaron conmigo unas treinta personas, todos orando por ella, 
pidiendo bendición y sanación por ella. Que hermosa experiencia de fuerza, de unidad y solidaridad. 
Éstas son las cosas que sanan y siempre están al alcance de todos. 

Por supuesto, la sanación es un proceso; al igual que el crecimiento mismo, lleva tiempo, 
pero ¿quién puede decir cuál será el efecto de esta aparente simple acción? 

Confiemos en Dios para completar con amorosa gracia lo que comenzamos con su ayuda y veremos las maravilla que obre en y por nosotros.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB 15va Semana


Primera lectura: Am 7, 12-15
En aquel tiempo, Amasías, sacerdote de Betel, le dijo al profeta Amós: "Vete de aquí, visionario, y huye al país de Judá; 
gánate allá el pan, profetizando; pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque es santuario del rey y templo del reino".

Respondió Amós:
"Yo no soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos.
El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: 'Ve y profetiza a mi pueblo, Israel' ".

Salmo Responsorial: Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (8)
Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Segunda lectura: Efesios 1, 3-14Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos
e irreprochables a sus ojos, por el amor, y determinó, porque así lo quiso,
que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos, para que alabemos y glorifiquemos la gracia
con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado.

Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia, con toda sabiduría e inteligencia,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos:
hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

Con Cristo somos herederos también nosotros. Para esto estábamos destinados, por decisión del que lo hace todo según su voluntad: para que fuéramos una alabanza continua de su gloria, nosotros, los que ya antes esperábamos en Cristo.

En él también ustedes, después de escuchar la palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, y después de creer, han sido marcados con el Espíritu Santo prometido. Este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, mientras llega la liberación del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

O bien: Ef 1, 3-10
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables a sus ojos, por el amor,
y determinó, porque así lo quiso, que, por medio de Jesucristo, fuéramos sus hijos,
para que alabemos y glorifiquemos la gracia con que nos ha favorecido por medio de su Hijo amado.

Pues por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él ha prodigado sobre nosotros el tesoro de su gracia,
con toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo, cuando llegara la plenitud de los tiempos:
hacer que todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, tuvieran a Cristo por cabeza.

Aclamación antes del Evangelio: Ef 1, 17-18
R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes
para que podamos comprendamos cuál es la esperanza a que nos llama.

R. Aleluya.


Evangelio: Mc 6, 7-13 
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce, los envió de dos en dos y les dio poder sobre los espíritus inmundos. 

Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.

Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos".

Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos
y los curaban.

sábado, 7 de julio de 2018

TOB - 14vo Domingo - El Cambio es Posible - Mc 6, 1-6

Si justo antes de morir cada persona tuviese treinta minutos lúcidos, dudo que muchos los pasen pensando en lo grandioso que era ser rico o celebrado en esta vida. Estoy seguro que pensarían en las personas que amaron, y cómo las flores olían y los ríos brillaban en el verano.

Los padres recordarían su alegría cuando nacieron sus hijos o cuando se unieron a un compañero de vida en el altar del matrimonio. Los tiempos cambian pero los valores y las relaciones personales perduran. ¿Qué rol jugaría nuestra fe en esos momentos finales y lúcidos?

Con suerte, nos entregaremos pacíficamente a los brazos de Dios. Pero si este tipo de fe debe ser entregada a la próxima generación, los católicos tendremos que ponernos de pie y ser contados.

Necesitamos hablar sobre los valores y principios que apreciamos. Los profetas que hablan pueden no ser siempre aceptados entre su propia gente, pero el silencio no es suficiente hoy en día. Necesitamos decir la verdad en la que creemos y mantener la fe.

Las Escrituras de hoy plantean serios problemas para cualquiera que desee ser un verdadero seguidor de Jesús, que quiera andar su camino. De repente, como muchos de sus paisanos, también nosotros pensamos que ya conocemos a Jesús, por eso la pregunta es con desdén: "¿Quién se cree que es?" (6,3) Marcos trata constante y consistentemente el asunto de la identidad de Jesús. "¿Quién es Jesús?

En el evangelio, escuchamos las opiniones de gobernantes, autoridades religiosas, multitudes, discípulos y miembros de la familia. Pero la pregunta importante se nos hace a los lectores "¿quién dices tú que es Jesús?" Si honras a Jesús como un profeta (o más que un profeta), ¿en qué te convierte eso? ¿Tienes acaso nuevas alianzas que reemplazan los valores tradicionales de tu país y tu familia? A medida que response esa pregunta, lo que Marcos quiere es llevarnos a una confesión de fe en Jesús como el Hijo de Dios.
En la primera lectura, Ezequiel dice que el Espíritu de Dios lo "puso de pie". Sin el Espíritu Santo, sin la gracia, sin la energía que es el don de gracia de Dios, no podemos vivir la vida de la fe, y el verdadero cambio interior no es posible.

Es más fácil no hacer nada que implicarse activamente, ser negativo que positivo, ser cínico en lugar de creativo ... y nosotros los humanos somos una amalgama de estas tendencias contradictorias.

Muy a menudo somos rígidos, obstinados e incluso cínicos, porque eludir la responsabilidad requiere poco esfuerzo y menos comprensión.

Pero para vivir el pacto, Dios nos ofrece llamados para una conciencia de la gracia y esa gracia debe encontrar expresión en patrones de vida y relación reales, indulgentes y orientados al crecimiento.

Si examinamos nuestra tendencia a juzgar a los demás, a tomarles daño y ofenderlos, rechazarlos y convertirlos en chivos expiatorios de nuestras propias aversiones y resentimientos.

Si somos conscientes de cómo difundimos la negatividad en casa, el trabajo o donde sea, Hay que  actuar sobre esa conciencia y cambiarla para ser, por lo menos, un poco más felices.

Qué fácil es confundir la realidad con nuestros propios prejuicios arraigados y puntos de vista preferidos.

Necesitamos ver que cada historia tiene otro lado, cada persona tiene sus propias razones para hacer lo que hace.

Al igual que San Pablo, debemos reconocer nuestra propia "espina en la carne", nuestro lado oscuro, nuestro potencial de comportamiento irracional o neurótico.

Si realmente quiero ser un discípulo, debo aprender a centrar mi existencia en los términos de Dios para no dispersarme y perderme, sin un significado coherente en mi vida.

Esto es espiritualidad, una dimensión básica que la psicología descubre que necesitamos.

Que recordemos la gracia de Dios, y que nos preceda en el camino, y que nos permita ponernos de pie y hacernos valientes. La Espiritualidad nos puede dar energía para nuestros próximos pasos en el peligroso y desafiante viaje a una vida más abundante.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - XIV Domingo Ordinario - TOB

Primera lectura: Ez 2, 2-5 
En aquellos días, el espíritu entró en mí, hizo que me pusiera en pie y oí una voz que me decía:

"Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí.
Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy. También sus hijos son testarudos y obstinados.
A ellos te envío para que les comuniques mis palabras.
Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos".

Salmo Responsorial: Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (2cd)
En ti, Señor, que habitas en lo alto, fijos los ojos tengo,
como fijan sus ojos en la manos de su señor, los siervos.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Así como la esclava en su señora tiene fijos los ojos,
fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.
Ten piedad de nosotros, ten piedad, porque estamos, Señor, hartos de injurias;
saturados estamos de desprecios, de insolencias y burlas.
R. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Segunda lectura: 1 Cor 12, 7b-10
Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia
por la sublimidad de las revelaciones que he tenido,
llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás,
que me abofetea para humillarme.

Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto,
pero él me ha respondido:
"Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades,
para que se manifieste en mí el poder de Cristo.

Por eso me alegro de las debilidades,
los insultos, las necesidades, las persecuciones
y las dificultades que sufro por Cristo,
porque cuando soy más débil, soy más fuerte.

Aclamación antes del Evangelio: Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 6, 1-6 
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:
"¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?"
Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: "Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.






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