sábado, 30 de junio de 2018

TOB - 13vo Domingo - Amigos de Dios - Mc 5, 21-43

El Libro de la Sabiduría trae el eco de una idea clave del Génesis: Fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios (Gen 1:27). El Génesis aplica la imagen de Dios a la existencia humana como tal, el Libro de la Sabiduría en cambio lo ve como cualidad que hace que las personas actúen de forma similar a Dios, convirtiéndolos en "amigos de Dios" (Sab 7, 26-27)
¿Qué significa en la práctica vivir  como un Amigo de Dios? Primero: ver nuestro mundo como Dios lo ve, como "Bueno" (Gen 1:10) y, por lo tanto, cuidar el bienestar del mundo en lugar de explotarlo egoístamente, sin hacer caso ni cuidarlo. El Libro de la Sabiduría resalta el daño que está causando al mundo de las cosas creadas nuestra cultura de usar y tirar, en el cual "donde antes no se encontraba  ningún veneno fatal". Si seguimos contaminando el mundo, lo habremos envenenado para las generaciones futuras. Así, ¿cómo podemos ser amigos del Creador, del Dios que no se complace en la extinción de los vivos?

¡Pablo era muy activo recaudando recursos para la causa del Reino! Su método era simple: primero alabe, luego apele y finalmente advierta. Sus principios tienen un filo desafiante: no tenemos derecho a poseer lo que realmente no necesitamos. Las palabras de Pablo se aplican a cualquier crisis de necesidad en el mundo. Gandhi dijo: "En cierto sentido, somos ladrones. Si tomo lo que no necesito para mi propio uso inmediato y lo mantengo, se lo robo a alguien más. En India, tenemos que 3,000,000 de personas tienen que estar satisfechas con una comida al día, y esa comida consiste en pan sin levadura que no contiene grasa y una pizca de sal. Tú y yo, que deberíamos saber mejor, debemos ajustar nuestras necesidades para que puedan ser amamantadas, alimentadas y vestidas ".

Los Evangelios muestran a Jesús sanando dos mujeres, ya sea por contacto o por una palabra. Ambos están presentes en los dos milagros descritos hoy, la curación por contacto es conmovedora ya que no es Jesús quien toca a la mujer, sino que ella lo toca.

La aproximación furtiva de la mujer enferma al tratar de tocar el borde de su túnica sin que nadie lo notara se debió a la idea de que una mujer en su condición de hemorroísa era ritualmente impura y que cualquier persona que tocara quedaba impura.

Pero su toque furtivo no molesta a Jesús. Su notable habilidad para romper los tabúes de su tiempo podría llevar a la reflexión sobre los tabúes actuales, especialmente con respecto a las mujeres, y lo que están haciendo a la raza humana en general y a la Iglesia en particular.

Cristo, ahora como entonces, puede curar nuestras enfermedades. Todo lo que él necesita es nuestra fe. A través de muchos acontecimientos y personas, el manto de Dios se arrastra en nuestro miserable mundo, con un poco de fe podríamos encontrarlo; con un poco de coraje podríamos tocarlo. "No tengas miedo", nos dice, como le dijo a Jairo, "solo ten fe".
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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano 13er Domingo - TOB

Primera lectura: Sb 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera.
Las creaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal.

Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo;
mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan quienes le pertenecen.

Salmo Responsorial: Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (2a)
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;  por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duela en alegría, te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.

Segunda lectura: 2 Cor 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabiduría, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distínganse también ahora por su generosidad.

Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes,
para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza.

No se trata de que los demás vivan tranquilos, mientras ustedes están sufriendo.
Se trata, más bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa; porque entonces la abundancia de ustedes
remediará las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorrerán a ustedes en sus necesidades.
En esa forma habrá un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba.

Aclamación antes del Evangelio: 2 Tim 1, 10
R.
Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

O bien: Mc 5, 21-24. 35-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo.

Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía.

Unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe".

No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

sábado, 23 de junio de 2018

TOB - 12vo Domingo - Nacimiento de San Juan Bautista- Lc 1, 57-66. 80

Juan el Bautista es el único santo, después del mismo Jesús, cuyo nacimiento se celebra con una fiesta solemne. Lo tenemos el 24 de junio, seis meses antes de celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre.

Recordar el nacimiento de Jesús en Navidad coincide más o menos con el solsticio de invierno. Así como la luz del sol comienza a reaparecer después de que la oscuridad ha alcanzado su punto máximo, celebramos el nacimiento de la luz del mundo. El cumpleaños de Juan el Bautista, en cambio, se recuerda justo después del solsticio de verano. Esto es simbólico, ya que a medida que la luz del sol comienza a disminuir después de alcanzar su punto más alto, celebramos el nacimiento de quien dijo de Jesús: "Él debe crecer, pero yo debo disminuir".

La pregunta que hacen los vecinos de Zacarías y sus familiares: "¿Qué va a ser de este niño?"  puede ser una pregunta que se puede aplicar a cualquiera de nosotros que experimenta el nacimiento de un niño o una niña en el seno familiar o para nosotros mismos en cualquier etapa de nuestras vidas, "¿Qué vamos a llegar a ser?", o para poner la pregunta en términos de fe, "¿Qué quiere Dios que seamos?" ? "¿Tiene un propósito divino para nuestras vidas?"

El propósito de la vida de Juan y los propósitos de Dios para todos nosotros tienen mucho en común. Nuestro Hacedor quiere que todos nosotros hagamos lo que hizo Juan, señalar al Salvador, dejar paso a Jesús, llevar a otros a Él por lo que decimos y hacemos.

Juan el Bautista, cuyo nacimiento ahora celebramos, tiene algo que enseñarnos sobre cómo cumplir con el llamado que Dios nos ha hecho. Juan era un hombre tranquilo, conocedor del desierto y un hombre de mucha oración.

Como el Bautista señaló el camino correcto para su pueblo, cada uno de nosotros puede hacerlo de forma silenciosa con la gente de nuestro tiempo. Podemos ayudar compartiendo con nuestros vecinos sobre la gracia y el favor que Dios tiene para con nosotros.

El nombre Juan significa que Dios es misericordioso o Dios muestra favor. Nosotros también tenemos un nombre significativo, porque ser cristianos implica que compartimos la misión de Jesús. Significa que debemos ser como otros Cristos para el mundo. Pidamos siempre ser bendecidos con la gracia de Dios, para cumplir nuestra misión tan fielmente como lo hizo Juan.

Todos debemos encontrar nuestro propio lugar de oración en el desierto de la vida si queremos ser fieles a nuestro llamado a guiar a otros hacia el Señor, si queremos ser como Dios quiere que lo hagamos.


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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB -  Solemnidad de Natividad de san Juan Bautista - Misa del día


Primera lectura: Is 49, 1-6
Escúchenme, islas; pueblos lejanos, atiéndanme.
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre;
cuando aún estaba yo en el seno materno, él pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo:
"Tú eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria".
Entonces yo pensé: "En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis fuerzas;
en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa la tenía mi Dios".

Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno,
para que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a él
y congregar a Israel en torno suyo
–tanto así me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza–.
Ahora, pues, dice el Señor:
"Es poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob
y reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la tierra".

Salmo Responsorial: Salmo 138, 1-3. 13-14ab. 14c-15 (14a) 
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Te doy gracias, Señor,
porque me has formado maravillosamente.

Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.
R. Te doy gracias, Señor,
porque me has formado maravillosamente.


Conocías plenamente mi alma; no se te escondía mi organismo,
cuando en lo oculto me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.
R. Te doy gracias, Señor, porque me has formado maravillosamente.

Segunda lectura: Hch 13, 22-26
En aquellos días, Pablo les dijo a los judíos: "Hermanos: Dios les dio a nuestros padres como rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias'.

Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes".

Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 76
R. Aleluya, aleluya.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 1, 57-66. 80
Por aquellos días,
le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: "No. Su nombre será Juan". Ellos le decían: "Pero si ninguno de tus parientes se llama así".

Entonces le preguntaron por señas al padre
cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados.
En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua,
recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: "¿Qué va a ser de este niño?" Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.

domingo, 17 de junio de 2018

TOB - 11vo Domingo - Las Prioridades Espirituales - Mc 4, 26-34

La renovación espiritual es un regalo de Dios que crece ayudada por el Espíritu Santo y mediante nuestra propia oración. Ezequiel, pudo haber sido un entusiasta jardinero, él sabe que es Dios quien ha plantado su pueblo para que de frutos. La ramita del cedro está plantada en una alta montaña para un noble propósito.

Para nosotros, el árbol favorito de Dios es la iglesia de Cristo, que como un buen árbol está llamada a ser una familia acogedora, fuente de iluminación y consuelo para las personas de todas las naciones. Este árbol fue plantado por Dios para producir ramas y dar fruto, proporcionando sombra para las criaturas de todo tipo.

Jesús fue un gran creyente y promotor de la renovación espiritual, tanto de los corazones de sus oyentes como de las estructuras de la religión judía.

En la parábola de hoy, llama la atención sobre el misterioso milagro del crecimiento y la fecundidad.
El jardinero debe hacer el trabajo preliminar inicial y, posteriormente, cualquier deshierbe y riego que pueda requerirse; pero al final es el Espíritu de Dios quien hace que el cambio fructífero suceda en nuestras vidas  y en las vidas de los otros. Hoy, confiados, llamamos al Espíritu Pentecostal para que sople fuertemente en nuestra Iglesia, para que despierte en todos nuestros corazones ese amoroso deseo de crecer, de compartir, de estar en comunión en cada misa, en cada Eucaristía.

San Pablo nos puede ayudar a redescubrir las prioridades espirituales en nuestras vidas, Pablo, con su experiencia personal, nos trae palabras llenas de esperanza. En medio de toda la tensión que sintió al lidiar con la disidencia en Corinto, se aferra a su confianza en Cristo, como su amigo invisible y omnipresente. Pablo puede estar sereno incluso ante la perspectiva de su propia muerte, cuando estará más "en casa con el Señor".

Luego agrega un principio rector válido para cada uno de nosotros: "Ya sea que estemos en casa o lejos de ella, tenemos el objetivo de complacer al Señor. "Sin abandonar a la esperanza de colegialidad y diálogo en nuestra Iglesia, tratamos de construir la Iglesia de Jesucristo en sintonía con la creación y la dignidad humana. El Espíritu del Resucitado, removerá lo que sea necesario para hacer que su Iglesia crezca y prospere en paz, armonía y alegría.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 11vo Domingo TOB

Primera lectura: Ez 17, 22-24
Esto dice el Señor Dios:
“Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro,
de su más alta rama cortaré un retoño.

Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime.
Lo plantaré en la montaña más alta de Israel.
Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico.
En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas.

Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor,
humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños;
que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos.
Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

Salmo Responsorial: Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16 (2a)
¡Que bueno es darte gracias, Dios altísimo y celebrar tu nombre,
pregonando tu amor cada mañana  y tu fidelidad, todas las noches.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Los justos crecerán como las palmas, come los cedros en los altos montes;
plantados en la casa del Señor, en medio de sus atrios darán flores.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!
Seguirán dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jóvenes,
para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen.
R. ¡Que bueno es darte gracias Señor!

Segunda lectura: 2 Cor 5, 6-10
Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.

Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 4, 26-34
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

sábado, 9 de junio de 2018

TOB - 10mo Domingo - Vencer el mal con el bien - Mc 3, 20-35

La amenaza del mal en la existencia humana es profunda y generalizada. El Génesis habla sobre el origen del mal: proviene tanto del hombre externo (como el Serpiente-Tentador) como también del interior.

La condición humana con su experiencia de desarmonía en las relaciones con los demás y en nuestra relación con Dios se presenta como una caída del ideal, y esta desarmonía que es la esencia del mal, es el resultado del pecado. 

Podríamos desarrollar la noción de mal desde la discordia política y social que fragmenta las sociedades con la opresión y la revolución violenta, o la falta de armonía en la vida familiar con su  reacción en cadena de respuestas amargas. En el caso de Adán y Eva, el pecado nunca es un asunto privado; siempre tiene implicaciones sociales, para otros se ven afectados.

La parábola de Jesús sobre la falta de armonía tiene una resonancia más amplia que la de un solo hogar: una casa dividida no puede sostenerse. Parece igualmente cierto que una humanidad dividida y que lucha contra sí misma no va a sobrevivir. La ingeniosa creatividad de la ciencia ha producido suficiente poder destructivo para hacer que nuestro mundo sea totalmente inhabitable. Cuanto más control desarrollamos sobre el mundo y más bienes producimos, más proliferan también las posibilidades para el mal. Este es el talón de Aquiles, en nuestro estado humano caído.

Los logros humanos son a menudo imperfectos; Si construimos nuestras torres hacia el cielo, se convierten en Babeles de confusión y razas. Pero, el Evangelio proporciona un camino a seguir. Lo que se insinuó en Génesis llegó a su plena revelación en el ministerio de Jesús, quien trabajó para vencer por completo el poder y la influencia del mal. 

Con su acción, Jesús revela la restauración de la creación de Dios: sanar a las mujeres y los hombres y volver a hacerlos normales. Nuestra humanidad ya no está sola en una lucha sin esperanza contra el mal, Si pertenecemos a Cristo es posible que compartamos la nueva creación.

Los mejores regalos de Dios en Jesús son rechazados con la reacción cínica de los líderes judíos. El orgullo, el deseo de ser árbitros de todo lo que es bueno, los motiva a ver en Jesús no el poder visible del Espíritu de Dios, sino un truco del diablo. Lo que parecía bueno, no podían negarlo, sino solo reinterpretarlo, para aferrarse a su propia posición fija. 

Esa mentalidad cerrada es la que censura Jesús, porque debemos estar listos para ver la bondad de Dios en lugares y momentos inesperados. Nuestro camino de regreso a la nueva creación implica apertura y humildad. 

Es un viaje que no involucra puestos de privilegio garantizado. Incluso los parientes consanguíneos de Jesús no tienen una posición especial en el reino. Pertenecer a Jesús es igualmente abierto a todos; la única condición es nuestra disposición a comprometernos a hacer la voluntad del Padre. Este fue el compromiso que Adán y Eva dejaron de hacer, pero que se nos abrió en Cristo.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano TOB - X Domingo

Primera lectura: Gen 3, 9-15
Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: “¿Dónde estás?” Éste le respondió: “Oí tus pasos en el jardín; y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí”. Entonces le dijo Dios: “¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?”

Respondió Adán: “La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí”. El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Por qué has hecho esto?” Repuso la mujer: “La serpiente me engañó y comí”.

Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente: “Porque has hecho esto, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias salvajes.

Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.
Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya;
y su descendencia te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón”.

Salmo Responsorial: Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6.7-8 (7)
Desde el abismo de mis pecados clamo a ti; Señor, escucha mi clamor;
que estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, ¿quién habría, Señor, que se salvara?
Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra;
mi alma aguarda al Señor. mucho más que a la aurora el centinela.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
Como aguarda a la aurora el centinela, aguarda Israel del Señor,
porque del Señor viene la misericordia, y la abundancia de la redención,
y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

Segunda lectura: 2 Cor 4, 13–5, 1
Hermanos: Como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.

Por esta razón no nos acobardamos; pues aunque nuestro cuerpo se va desgastando, nuestro espíritu se renueva de día en día. Nuestros sufrimientos momentáneos y ligeros nos producen una riqueza eterna, una gloria que los sobrepasa con exceso.

Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno. Sabemos que, aunque se desmorone esta morada terrena, que nos sirve de habitación, Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 12, 31-32R. Aleluya, aleluya.
Ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo.
Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 3, 20-35
En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

Los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

Llegaron entonces su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: “Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan”.

Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

sábado, 2 de junio de 2018

TOB - 9no Domingo - Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo - Su presencia entre nosotros

Jesús es alimento viviente enviado desde arriba para nosotros. A diferencia de la comida ordinaria, que sostiene la vida corporal, esta comida da una vida que es eterna. Desde la zarza ardiente hasta la suave brisa, Dios ha dado a conocer su presencia entre nosotros desde el comienzo de los tiempos.

La presencia eucarística de Cristo es pan y es vino, uno de los elementos más comunes de la comida y la bebida en su tiempo. El Señor se hace presente entre nosotros en las cosas cotidianas.

El pan proviene de unas semillas de trigo mezcladas con agua, que después de hechas masa y varias etapas de desarrollo, terminan como una unidad que llamamos pan.

El vino comienza como un racimo de uvas que, procesadas, terminan en lo que llamamos vino.

Cuando un grupo de personas se reúne para orar, cada una de ellas es única, pero, después de un proceso que es obra del Espíritu de Dios, se convierten en una unidad, que llamamos iglesia, o el Cuerpo de Cristo. En comunión, el Cuerpo (de la comunidad) de Cristo se nutre del Cuerpo (sacramental) de Cristo.

Si alguien nos invitara a acercarnos lo más cerca que podamos para escuchar algo que quiere susurrarnos ocurriría que cuanto más te acercas a la fuente de sonido, más cerca estarás el uno del otro, hasta tocar un hombro con el otro. Es de este mismo modo como se forma la comunidad o el Cuerpo de Cristo. El proceso de acercar a las personas al Señor  da como resultado directo que las personas terminan siendo más cercanas entre sí.

En la historia, Dios ha hablado a su gente sorprendentemente. Habló a Elías desde la suave brisa, le habló a Moisés desde la zarza ardiente. Al nacer Jesús, los pobladores de  Belén ni se enteraron ni se entusiasmaron con el nacimiento de un nuevo bebé. Más tarde, Herodes se burlaría de Jesús tomándolo de tonto, también los soldados se burlaban del "rey". Después de la resurrección, María Magdalena lo confundió con el jardinero, Pedro pensó que era un fantasma, y ​​los discípulos en el camino a Emaús pensaron que era un viajero extraño cualquiera. Que él se presente en una forma tan simple como comida y bebida es justo lo que podríamos esperar de "El Dios de las sorpresas".

Ya lo decía San Columbano: "Hermanos, la fuente es la sabiduría, la Palabra de Dios en las alturas (Si 1, 5), deseémosla, busquémosla: en ella están ocultos, como dice el Apóstol, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3); ella invita a los que tienen sed a que se lleguen a beber. Si tú tienes sed bebe en la fuente de vida; si tienes hambre, come el Pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este Pan y sed de esta fuente. Comen y beben sin cesar y desean seguir bebiendo y comiendo. Qué bueno es poder comer y beber siempre, sin perder la sed ni el apetito, aquello que continuamente se puede gustar sin dejar de desearlo. El rey profeta lo dice: Gusten y vean qué bueno es el Señor (Sal 33, 9)»15.

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TOB -Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - Fiesta del Corpus Cristi

Primera lectura: Ex 24, 3-8
En aquellos días, Moisés bajó del monte Sinaí y refirió al pueblo todo lo que el Señor le había dicho y los mandamientos que le había dado. Y el pueblo contestó a una voz: “Haremos todo lo que dice el Señor”.

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano, construyó un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representación de las doce tribus de Israel.

Después mandó a algunos jóvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacíficos en honor del Señor. Tomó la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramó sobre el altar la otra mitad.

Entonces tomó el libro de la alianza y lo leyó al pueblo, y el pueblo respondió: “Obedeceremos. Haremos todo lo que manda el Señor”.

Luego Moisés roció al pueblo con la sangre, diciendo: “Ésta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oído”.

Salmo ResponsorialSalmo 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (13)
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de la salvación, e invocaré el nombre del Señor.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, A mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo.
R/. Levantaré el cáliz de la salvación.

Segunda lectura: Heb 9, 11-15
Hermanos: Cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetró una sola vez y para siempre en el “lugar santísimo”, a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombres, ni pertenecía a esta creación. No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.

Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo, ya que a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios, y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo!

Por eso, Cristo es el mediador de una alianza nueva. Con su muerte hizo que fueran perdonados los delitos cometidos durante la antigua alianza, para que los llamados por Dios pudieran recibir la herencia eterna que él les había prometido.

Secuencia
Al Salvador alabemos,
que es nuestro pastor y guía.
Alabémoslo con himnos
y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites
y con nuestras fuerzas todas;
pues tan grande es el Señor,
que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos
a Cristo, que es nuestro pan,
pues él es el pan de vida,
que nos da vida inmortal.

Doce eran los que cenaban
y les dio pan a los doce.
Doce entonces lo comieron,
y, después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza
y llena de alegres cantos;
que nuestra alma se desborde
en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo
la gloriosa institución
de este banquete divino,
el banquete del Señor.

Ésta es la nueva Pascua,
Pascua del único Rey,
que termina con la alianza
tan pesada de la ley.

Esto nuevo, siempre nuevo,
es la luz de la verdad,
que sustituye a lo viejo
con reciente claridad.

En aquella última cena
Cristo hizo la maravilla
de dejar a sus amigos
el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia,
consagramos pan y vino,
que a los hombres nos redimen,
y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano
que el pan se convierte en carne,
y lo que antes era vino
queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos,
pues no alcanza la razón;
mas si las vemos con fe,
entrarán al corazón.

Bajo símbolos diversos
y en diferentes figuras,
se esconden ciertas verdades
maravillosas, profundas.

Su sangre es nuestra bebida;
su carne, nuestro alimento;
pero en el pan o en el vino
Cristo está todo completo.

Quien lo come no lo rompe,
no lo parte ni divide;
él es el todo y la parte;
vivo está en quien lo recibe.

Puede ser tan sólo uno
el que se acerca al altar,
o pueden ser multitudes:
Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos,
con provecho diferente;
no es lo mismo tener vida
que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte
y a los buenos des da vida.
¡Qué efecto tan diferente
tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures;
sólo parten lo exterior;
en el mínimo fragmento
entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior
sólo parten lo que has visto;
no es una disminución
de la persona de Cristo.

*El pan que del cielo baja
es comida de viajeros.
Es un pan para los hijos.
¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente,
es figura de este pan,
con el cordero de Pascua
y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros,
buen pastor, pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos
y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes,
pastor de ovejas, divino.
Concédenos en el cielo
gozar la herencia contigo.
Amén.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 51
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 14, 12-16. 22-26
El primer día de la fiesta de los panes Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?” Él les dijo a dos de ellos: “Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: ‘El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’ Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena”. Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen: esto es mi cuerpo”. Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: “Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.


Notas: La celebración de la Eucaristía en la Didaché
En la Didaché encontramos un testimonio explícito sobre la Eucaristía donde insinúa implícitamente al exigir que sólo puedan acceder a ella los bautizados por ser un alimento sagrado.

“Respecto a la acción de gracias, daréis gracias de esta manera: Primeramente, sobre el cáliz: Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Luego, sobre el fragmento: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestaste por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente. Que nadie, empero, coma ni beba de vuestra acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de ello dijo el Señor: No deis lo santo a los perros” (Didaché 9,1-4)

En la Didaché vemos que los primeros cristianos veían la Eucaristía como el sacrificio puro y perfecto profetizado por el profeta Malaquías “Pues desde el sol levante hasta el poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura.” (Malaquías 1,11).

“Reunidos cada día del Señor, rompan el pan y den gracias, … Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones.” (Didaché 14,1-3)

Cristo no se “resacrifica” en cada Misa, el único sacrificio de Cristo es presentado a Dios Padre en cada Eucaristía, y por eso en el Catecismo oficial de la Iglesia Católica se enseña que “actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador”(CEC 1330) y no que lo “repite”.


San Columbano - Sobre la Eucaristía

«Queridos hermanos, si su alma tiene sed de la fuente divina de la que les voy a hablar, aticen esta sed y no la apaguen. Beban pero sin hartarse. Porque la fuente viva nos llama, la fuente de vida nos dice: El que tenga sed que venga a mí y beba. ¿Beber qué? Escúchenle. El profeta les lo dice, la misma fuente lo declara: Me han abandonado a mí, que soy la fuente de vida, dice el Señor (Jr 2, 13). El mismo Señor, Jesucristo nuestro Señor, es la fuente de vida, y por eso nos invita para que lo bebamos. Lo bebe el que lo ama; lo bebe el que se sacia con la Palabra de Dios, la ama y la desea; lo bebe el que arde de amor por la sabiduría...

Hermanos, la fuente es la sabiduría, la Palabra de Dios en las alturas (Si 1, 5), deseémosla, busquémosla: en ella están ocultos, como dice el Apóstol, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3); ella invita a los que tienen sed a que se lleguen a beber. Si tú tienes sed bebe en la fuente de vida; si tienes hambre, come el Pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este Pan y sed de esta fuente. Comen y beben sin cesar y desean seguir bebiendo y comiendo. Qué bueno es poder comer y beber siempre, sin perder la sed ni el apetito, aquello que continuamente se puede gustar sin dejar de desearlo. El rey profeta lo dice: Gusten y vean qué bueno es el Señor (Sal 33, 9)»15.