martes, 17 de abril de 2018

TOB - 4to Domingo de Pascua - Orando por Vocaciones - Jn 10, 11-18

Pastores al cuidado de personas

Jesús ilustra a menudo su enseñanza refiriéndose a pastores y ovejas. La imagen es vieja pero el mensaje es actual. Hoy vemos la relación entre Jesús, el Buen Pastor y las ovejas. Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor anunciado por los profetas, como sus seguidores, esto es relevante para nosotros. A Jesús lo aceptamos por la fe, aceptamos sus sugerencias de vida, aceptamos sus promesas, por eso, nuestra relación con Él es profundamente personal.

Esa aceptación nos impulsa a querer conocerlo mejor, a tenerlo más cerca, a hacerlo parte de nuestras vivencias diarias, personales, laborales, familiares y comunitarias.
El vínculo de amor que nos une se basa en el mismo amor que lo une con su Padre. Nuestra nueva existencia se funda en ese amor y esa fidelidad inquebrantable de Dios.

Si en verdad entendemos que para entrar en la vida eterna debemos escuchar a Jesús, obedecerlo, anunciarlo y seguirlo, entonces sabemos que esta vida temporal debe estar teñida de Él, de su palabra y de su Espíritu. Debemos sintonizar nuestra mente con el sonido de su voz que habla al interior de nuestro ser. El egocentrismo, es decir, el centrarnos sólo en nosotros mismos, puede hacernos sordos a la voz de Jesús.

También las opciones fáciles de los caminos anchos puede pintarnos las cosas más atrayentes, pero recordemos que; “La fe hace posible hasta las cosas imposibles pero no las hace más fáciles”.

Recordemos que nuestros éxitos y derrotas son responsabilidad nuestra, todo depende del esfuerzo que pongamos o evitemos para lograr lo que somos. Recordemos también que el verdadero camino a nuestra felicidad, más que con la fe de otros, va de la mano con nuestra fe, esa confianza que nos ayuda a recorrer los caminos que el resucitado nos ha trazado. 

Sabemos hoy que es muy fuerte la presión para ser infieles y abandonar los principios cristianos, está llena de ofertas seductoras y facilistas.

Nos dicen que si seguimos en nuestra fe, el fracaso es inevitable.

Pero Dios es fiel y no nos dejará ser tentados más allá de nuestra fuerza.

Nadie nos puede arrastrar lejos de él porque el Padre nos ha entregado al buen pastor, nos ha puesto bajo el cuidado de su Hijo.

El mismo Dios que mantuvo la fe con Jesús al resucitarlo de entre los muertos,
también nos resucitará a nosotros mediante su poder.

Pablo y Bernabé hablaron con valor y causaron impacto. También hoy, una proclamación valiente del Evangelio y un fiel y buen ejemplo de vida a nuestros contemporáneos puede producir tanto fruto como lo hizo en los tiempos apostólicos. Todos los bautizados, en particular los confirmados, están obligados a profundizar, proclamar y difundir la fe.

Todos nosotros, seamos laicos o sacerdotes o religiosos estamos al servicio del Señor Resucitado y de su reino. Nuestra fe nos debe impulsar a tomar parte personal en la obra de evangelización. ¿Cuántos males persisten en nuestra sociedad sólo porque la gente buena no dice nada y no hace nada?

El “Domingo del Buen Pastor" es una oportunidad para pensar y orar cómo debe ser el ministerio sacerdotal de la iglesia católica para afrontar el futuro. Este Domingo nos invita a hacer cambios urgentes y significativos en la forma en que preparar a nuestros sacerdotes para el futuro, y de lo que esperaremos de ellos nos invita a recordar que no tal cosa como una parroquia con un sacerdote menos. "Puede que no haya sacerdote ordenado como sucede en la actualidad, pero toda la parroquia es  pueblo sacerdotal. 

De repente porque aún gozamos de vitalidad, como Iglesia Latinoamericana todavía no se nos ocurre hacernos la pregunta:
¿Qué debe cambiar en la Iglesia Católica, 
para que cada comunidad local puede tener una celebración eucarística completa todos los domingos?
_________________________________________________________________
Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - 4to Dom de Pascua

Primera lectura: Hch 4, 8-12
En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: 
"Jefes del pueblo y ancianos, 
puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, 
sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, 
a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. 

Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. 
Ningún otro puede salvarnos, 
pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro".

Salmo Responsorial: Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29 (22)
R.
 La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque es bueno,
porque tu misericordia es eterna.
Más vale refugiarse en el Señor
que poner en los hombres la confianza;
más vale refugiarse en el Señor
que buscar con los fuertes una alianza.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Te doy gracias pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto es obra de la mano del Señor
Es un milagro patente.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga.
Tú eres mi Dios, te doy gracias.
Tú eres mi Dios, y yo te alabo.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
Porque tu misericordia es eterna.
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya.

Segunda lectura: 1 Jn 3, 1-2
Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, 
pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. 
Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. 
Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor; 
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 10, 11-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: 
“Yo soy el buen pastor. 
El buen pastor da la vida por sus ovejas. 
En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, 
cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; 
el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, 
porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, 
porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, 
así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. 
Yo doy la vida por mis ovejas. 
Tengo además otras ovejas que no son de este redil 
y es necesario que las traiga también a ellas; 
escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. 
Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. 
Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. 
Éste es el mandato que he recibido de mi Padre’’.

sábado, 14 de abril de 2018

TOB - 3er Domingo de Pascua, El regalo del Perdón - Lc 24, 35-48


Al revisar nuestra vida, muchos de nosotros encontramos una u otra cosa de que lamentarnos. 

A veces, en nuestras conversaciones o actos, esos recuerdos pueden dañarnos o dañar a otros. Puede ser recordemos no haber hecho algo que podríamos haber hecho y que aunque quisimos no lo hicimos. 

Otras veces, las experiencias de fracaso personal pueden parecer tan pesadas y difíciles de superar que debemos luchar mucho para liberarnos de ellas y seguir adelante. Su peso puede chupar nuestras energías. Muchas veces nos vemos volviendo a ellas una y otra vez.

Los primeros discípulos de Jesús deben haberse sentido así antes, durante y después de la crucifixión de Jesús. Antes, todos habían abandonado a Jesús. El Viernes Santo, su estado de ánimo estaba muy bajo y gris, de profundo pesar. Luego de su muerte, deben haber sentido que su relación con Jesús había terminado.

En el Evangelio de hoy, las primeras palabras de Jesús resucitado a sus discípulos son: 'La paz esté con ustedes'. Con estas palabras, los discípulos experimentan el perdón del Señor. 

El primer encuentro con el Señor resucitado se convierte en  una profunda experiencia de perdón. Este fue el regalo del Señor resucitado para ellos. A veces, el perdón puede ser un regalo difícil de aceptar, dudamos si verdaderamente estamos perdonados. Pero cuando Jesús dijo: 'La paz esté con ustedes', respondieron con miedo, pensando que estaban viendo un fantasma. Este Jesús resucitado les pregunta: "¿Por qué están tan nerviosos, y por qué dudan en sus corazones?"

A los discípulos les tomó tiempo darse cuenta que estaban perdonados, pero es sólo después de que ellos aceptan este regalo del perdón y lo creen, son enviados como mensajeros del perdón del Señor a los demás. Solo cuando el Señor resucitado está seguro que han aceptado el perdón les encargar predicar a todas las naciones el arrepentimiento para el perdón de los pecados. El perdón a los pecadores es tarea principal, es la buena nueva del amor misericordioso de Dios. Esto es lo que hace Pedro en primera lectura. Él declara al pueblo de Jerusalén que, aunque lo habían entregado a Pilato, el perdón de Dios estaba disponible para ellos si se volvían a Dios creyendo en Jesús. La iglesia, fiel a la misión confiada a los discípulos proclamó a lo largo de los siglos la buena noticia de que el perdón de Dios es más fuerte que el pecado humano. Al resucitar a Jesús de entre los muertos y al mandarlo a los que lo habían rechazado y fallado, Dios declara que él puede levantar a cualquiera de sus pecados. El Jesús resucitado revela un Dios perdonador y fiel. La segunda lectura lo dice con claridad: ‘Si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, que es justo'.

Antes de recibir el regalo Pascual del perdón de Dios que nos llega con el Señor resucitado, debemos reconocer primero que necesitamos ese regalo. 

La segunda lectura de hoy nos dice que necesitamos 'admitir la verdad'. 
La verdad es que siempre necesitamos el don del perdón de Dios. 
El arrepentimiento es el reconocer esa necesidad y el pedirle a Dios el don del perdón. En la primera lectura, Pedro llama a la gente de Jerusalén a arrepentirse y volverse a Dios para que sus pecados les sean borrados. 

En el Evangelio, Jesús resucitado envía a sus discípulos a predicar el arrepentimiento para el perdón de los pecados. 

Hoy, el Sacramento de la Reconciliación es una ocasión privilegiada para admitir la verdad, reconocer nuestra necesidad de perdón de Dios y pedirlo directamente. En este sacramento, el Señor resucitado nos dice: 
"La paz esté con ustedes". Las palabras de la absolución incluyen la oración, 'a través del ministerio de la iglesia que Dios te conceda el perdón y la paz'.


Los primeros discípulos, al recibir y aceptar el don del perdón del Señor, son enviados como heraldos del perdón a los demás. 
Del mismo modo, quienes lo hemos recibido somos enviados a la misma misión. 

Como pecadores perdonados proclamamos con nuestras vidas la presencia de un Dios que perdona y es siempre fiel. Compartimos con los demás el don que hemos recibido y aceptado del Señor. Esto no siempre es fácil. Si como dice el dicho: "errar es humano, perdonar es divino", entonces necesitamos ayuda divina para hacer lo que es divino. 

En los versículos posteriores a donde termina el evangelio de hoy, Jesús resucitado promete a sus discípulos enviarles el Espíritu Santo. Sólo con el poder del Espíritu Santo ellos serán capaces de tener éxito en la tarea que Jesús les confía. Necesitamos ese mismo Espíritu para perdonar, tal y como hemos sido perdonados.

"Ven Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí el fuego de tu amor».

Podríamos hacer esta oración, especialmente en los momentos en que nos encontramos luchando por transmitir a los demás el don del perdón que continuamos recibiendo de parte del Señor.