lunes, 26 de marzo de 2018

TOB - Jueves Santo - Unirme al Jesús de la Última Cena - Jn 13, 1-15

Con el: "Hagan esto en memoria mía!", Jesús nos pide entender lo que "Esto" era y es hoy. ¿Pero, qué  pensaba al usar los símbolos del pan partido y la copa de vino compartida? Pensemos de manera nueva lo que significa para nosotros esa cena pascual.

La última cena se celebró dentro del marco de la cena de la Pascua judía (Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor.
De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua. Ex 12, 14).

En la primera lectura de esta noche, Éx 12, 1-8. 11-14, se explica el porqué de esta fiesta. Con  palabras y símbolos se quiere recordar el mayor acto salvador de Dios en el Antiguo Testamento, el éxodo de Egipto, que saca al nuevo pueblo de Dios de la esclavitud. Esta lectura nos muestra que, también para nosotros, Dios entra en nuestra vida para salvarnos y liberarnos de todo lo que nos oprime.

Si estamos "abiertos" a esta acción en nuestra vida personal y comunitaria, entonces estamos preparados para entender que la buena noticia, la definitiva obra salvadora de Dios se realiza en y por Jesucristo.

Reflexionemos en lo que San Juan llama la "hora" de Jesús. Es el punto culminante de su obra de salvación; el comienzo del nuevo éxodo, su paso de este mundo al Padre; la acción a través de la cual él abre nuestra existencia a una nueva relación entre Dios y los seres humanos. Cuando nos hacemos parte de este nuevo éxodo obtenemos nuestra liberación definitiva. El Cristo nos ayuda a liberarnos de la esclavitud a las cosas materiales y el interés mezquino y nos hace libres para amar generosamente a la manera de su Padre que originalmente nos creó a su imagen para ese propósito. A través de su amor sin límite, desde la totalidad de su corazón libre y desinteresado, Jesús venció todo egoísmo humano y, sobretodo, el pecado humano. Es precisamente este amor que el Padre nos dio y quiere que compartamos, ese es el corazón del éxodo de Jesús. Es este tipo de amor que se dona que Jesús quiere mantener vivo entre nosotros, si nos dejamos.

En la Última Cena con sus discípulos, Jesús anticipa su muerte por nosotros en la cruz y se da a sí mismo en los símbolos sacramentales del pan y el vino. Desde aquella cena, en la celebración Eucarística está la memoria viva que nos une al amoroso acto salvador de Nuestro Señor. En la Eucaristía, por ser un memorial comunitario y vivo, compartimos el nuevo éxodo, nos liberamos del aislamiento en que nos sumerge la preocupación por nosotros mismos, nos hace  plenamente humanos y solidarios, tal y como Dios quiere que seamos.

San Juan dice que nos unimos a Jesús cuando le dejamos lavar nuestros pies, cuando lo recibimos y dejamos que nos refresque, que nos renueve, con su palabra y su pan y vino; cuando aceptamos compartirlo, imitando su gran acto de servicio amoroso. Si aceptamos el regalo lo debemos aceptar como un valor a poner en práctica en nuestras vidas.

Lo que Jesús hace por nosotros en su pasión nos muestra cómo vivir. Debemos vivir del mismo modo como vivó Jesús, "para" Dios y para los demás. En el: “Hagan lo que yo hago”, hay una estrecha relación entre Jesús lavando los pies a sus discípulos y la de los discípulos yendo a lavar los pies de los demás. Si la Eucaristía es el lugar donde el Señor nos lava los pies, la vida cotidiana es el lugar donde podemos lavar los pies de los demás, como sus siervos, siempre sirviendo. La Eucaristía nos lleva a la vida y la vida nos trae a la Eucaristía. La verdadera piedad eucarística debe llevarnos al servicio de los demás. Jesús, no solo partió el pan en la Eucaristía sino también lavó los pies de sus discípulos. Debemos seguir su ejemplo tanto en el altar de la Eucaristía y en el altar de la vida.

En el lavado de los pies, hay mucho más que un ejemplo de servicio humilde. En el acto del servicio amoroso está el corazón de la muerte y resurrección de Jesús. La verdadera "elevación" en el Evangelio de Juan es un acto de servicio amoroso. Juan lo pone claro cuando dice: Jesús sabía que había llegado la hora para pasar de este mundo al Padre. Estas palabras dejan en claro que lo que tiene que pasar es la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Podemos aceptar ese amor increíble de Dios?

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TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - Jueves Santo de la Cena del Señor

Ex 12, 1-8. 11-14
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor.

Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.

Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua' ".

Salmo Responsorial: Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 / (cf. 1 Co 10, 16)
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación, e invocaré el nombre del Señor.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo.
R.  Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

Segunda Lectura: 1 Cor 11, 23-26
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio: Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: 'No todos están limpios'.

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".

domingo, 25 de marzo de 2018

TOB - Domingo de Ramos - Mira que tu Rey viene - Mc 14, 1–15,47



Is 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes
Salmo 21: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Flp 2, 6-11: Se humilló, por eso Dios lo ensalzó sobre todo
Mc 14, 1–15,47: (abreviado): Pasión de Nuestro Señor Jesucristo


Mira que tu Rey viene
Por muchos siglos el pueblo de Israel esperó al Mesías liberador, lo esperaban como un príncipe guerrero, fuerte, valiente. Nunca lo imaginaron venir como un Mesías que hablara de paz, de amor, de oportunidades; no imaginaban trayendo liberación, sanidad y Salvación. Jesús entra en Jerusalén en tiempos de mucha opresión, sin dignidad y mucha necesidad de liberación real. Jesucristo entró a la capital Judía como Rey humilde y Mesías de paz y un pueblo entusiasmado lo aclama con cantos de júbilo y esperanza. “Hosanna en las alturas bendito el que viene en nombre del señor “, Mc 11, 9. Por fin viene el Rey de Reyes, “ Bendito sea el que viene como Rey en nombre del señor”. Lc 19,38.

Cuando Jesús entra a la ciudad en un asno, (Mt 21, 1-5) anuncia que no es un mesías militar y guerrero. Los reyes y conquistadores Medos, Asirios, Caldeo y Romanos entraban en animales de guerra como los caballos, elefantes y camellos.

El asno ya era conocido antes que el camello y era una valiosa posesión de la gente de clase humilde, era uno de ellos y por eso también era muy popular entre los jefes religiosos del pueblo. El Asno era una cabalgadura noble, humilde sin aspecto agresivo ni militar. Entrar montado en un asno simbolizaba el cumplimiento mesiánico de las profecías, (Zac 9, 9).

Jesús sabe lo que el pueblo espera, por eso quiere dar un signo claro de que él no es un mesías guerrero sino más bien, viene a instaurar un reino distinto, no como los de este mundo. Por eso, pone de manifiesto su humildad al venir sentado como el común de la gente, como todos los judíos lo hacen cotidianamente. Mateo lo resalta cuando dice “Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una asna Mt 21, 1-5

Fueron nuestros dolores los que soportó

"Fue oprimido y afligido, no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca "(Is 53, 7).

A los seguidores de Cristo, este texto de Isaías provoca una respuesta interior más profunda, al ver cómo se aplican al Hijo único y amado de Dios, y cómo él murió por todos nosotros. En las palabras de San Pedro ", sin haberlo visto que han llegado a creer en él, y por eso están ya llenos de una alegría tan gloriosa que no se puede describir" (1 Pedro 1: 8). 

Sin este amor sincero de Cristo, no somos sus verdaderos seguidores. No podemos decir que lo amamos completamente, hasta que no valoremos lo que él sufrió por nosotros.

Después de haber oído el relato de la Pasión no hay necesidad de explorar con tanto detalle los eventos allí descritos. 

Es bueno sí tener en cuenta que Cristo no fue ajeno a las dificultades, privaciones y sufrimiento, desde mucho antes de ese día final de su vida. "Siendo Dios", como dice San Pablo, desde que vino a la tierra, Jesús se despojó de sí mismo y asume la condición de siervo, se hace tan humano como nosotros (Fil 2: 6). 


Él, el Dios Altísimo, sufrió las penurias de los pobres, 
sin ni siquiera tener a veces un lugar donde reclinar la cabeza. 

Él soportó el hambre y la sed, y después de largos días rodeados por multitudes que buscan una cura, a menudo pasaba noches enteras en oración en las colinas. 

A pesar de su compasión con todos los que vinieron a él, soportó el odio y el rechazo, en particular de los fariseos y sacerdotes, que planeaba matarlo. ¿Cómo habrá sufrido por este rechazo y odio? 

En el “El rey Lear” leemos "Es más filudo e hiriente un hijo ingrato que el diente de una serpiente;" ¿Cómo se habrá sentido Jesús al ser rechazado por el pueblo que Él había elegido, por encima de todos los demás.

Tan terrible fue la lucha interna de Jesús cuando tuvo que enfrentar su propia muerte, que en el jardín, su sudor se convirtió en grandes gotas como de sangre que caían al suelo. Otro trago amargo fue el saber que uno de su propio círculo de los doce lo traicionaría, que la mayoría de los otros le dejaría, y que incluso el leal San Pedro juraría en repetidas ocasiones que no lo conocía. Pero lo más terrible de todo era ese sentimiento de haber sido abandonado por Dios, Su propio Padre. Pareciera que su espíritu interior se envolvió en una dura oscuridad que reflejaba la tenebrosa oscuridad que envolvía el Calvario cuando el final se acercaba. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Esa cara tan cruelmente desfigurada era el rostro del Hijo de Dios. 
La frente chorreando sangre, las manos y los pies clavados en la cruz, el cuerpo flagelado y lacerado, el costado traspasado con una lanza: 
Eran la frente, las manos y los pies, el cuerpo sagrado, el lado de la Palabra eterna, hecha visible en Jesús. ¿Por qué tanto sufrimiento? Sólo podemos decir con Isaías: "Fue por nuestras rebeliones que estaba herido, por nuestros pecados, fue aplastado. 

En Él estaba el castigo que nos trae la curación, a través de sus heridas hemos sido recreados "(53: 5 ss).


Dios, Padre nuestro, 
Ayúdanos a vivir de tal modo 
que el sufrimiento de Tu Hijo por nosotros 
no haya sido en vano.

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - Domingo de Ramos - La Misa 

Primera Lectura: Is 50, 4-7
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".

Salmo Responsorial_ Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen:
"Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre".
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado y se puedan contar todos mis huesos.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo; glorificarlo, linaje de Jacob, témelo, estirpe de Israel.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Segunda Lectura: Flp 2, 6-11
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Aclamación antes del Evangelio: Flp 2, 8-9
R.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Versión Corta: Mc 15, 1-39
Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Él respondió: "Sí lo soy". Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les dijo: "¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?" Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato les volvió a preguntar: "¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron: "¡Crucifícalo!" Pilato les dijo: "Pues ¿qué mal ha hecho?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilato, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con un manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: "¡Viva el rey de los judíos!" Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo.

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores.

Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: "¡Anda! Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz". Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos". Hasta los que estaban crucificados con él también lo insultaban.

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: "Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?" (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías". Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo". Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios".

sábado, 17 de marzo de 2018

TOB - 5to Domingo de Cuaresma - Jn 12, 20-33


Jer 31, 31-34: Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
Salmo 50: Oh Dios, crea en mí un corazón puro
Heb 5, 7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna
Jn 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

El profeta Jeremías trae un canto de perdón y esperanza a los judíos afligidos que ven a Jerusalén destruida. Habla a los judíos que se quedaron, también a los que fueron deportados. La lectura es parte de los capítulos 30 al 33 llamados “libro de la consolación”. Jeremías dice que Yahvé quiere confiar de nuevo en su pueblo y le propone una “nueva alianza”, con relaciones nuevas entre Él y su pueblo. 

Yahvé propone una alianza ya no escrita en tablas sino en el corazón de la persona, porque no es la ley en sí misma, la que nos acerca a Dios sino su espíritu. Con Dios “en el corazón”, la ley se humaniza, se abre sin legalismos, se lo sigue con un corazón sincero; la persona se hace parte del pueblo de Dios. Dios nos regala gratuitamente su conocimiento, sin matrículas ni mensualidades, seamos mayores o menores, de una raza u otra: se revela en la historia de cada pueblo, sin discriminaciones, sin olvidar a ninguno.

Pablo destaca en su carta a los hebreos las actitudes de Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Este pasaje recuerda a Jesús en el huerto de los Olivos, cuando ante su eminente muerte, ora al Padre pidiendo ser librado de ella. 

Resalta que la oración de abandono fortaleció a Jesús para llevar a cabo su misión. Los cristianos debemos aprender mucho porque la mayoría de las veces, nuestras oraciones o súplicas más parecen «órdenes a Dios para que no se haga su voluntad». 

El texto dice que Jesús asume el sufrimiento como prueba de su obediencia a la voluntad del Padre. En Jesús, oración y sufrimiento son signos reales de su solidaridad con toda la Humanidad. Este perfecto acercamiento a la voluntad del Padre convierte a Jesús en la manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, camino y modelo de salvación abierto a todos los hombres y mujeres del mundo. Por su cercanía al maestro, los discípulos son reconocidos como mediadores, testigos y compañeros de camino. 

En las fiestas Pascuales de Jerusalén, algunos griegos aprovechan esa cercanía y piden a Felipe: “queremos ver a Jesús”. No preguntan “¿dónde está?” sino que piden la mediación del discípulo para conocer personalmente a Jesús. El que sean griegos los que buscan a Jesús expresa la universalidad del evangelio, “incluso los paganos buscan a Jesús”. Jesús aprovecha la ocasión y anuncia que el tiempo de palabras y signos está terminando, pues se acerca la “hora” del “signo” mayor: su pasión y muerte en la cruz. 

Para explicarlo, Jesús usa a una breve parábola para expresar una paradoja, (figura literaria que consiste en una “contradicción aparente” perder-ganar, morir-vivir, entregar-retener, dar-recibir). Sólo el grano de trigo que muere da mucho fruto.

Esta parábola puede considerarse una expresión sintética de la cima del amor; en el fondo, equivale al mandamiento nuevo: “Éste es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros ‘como yo’ les he amado; no hay mayor amor que ‘dar la vida’” (Jn 15,12-13). En estas palabras de Jesús encierra todo el mensaje del Evangelio, de todo el mensaje religioso. Otras religiones han descubierto el amor, la solidaridad… el “descentramiento” de sí mismo como la esencia de la religión. Jesús es una de esas expresiones máximas de la búsqueda de la Humanidad, y del avance de la presencia de Dios en su seno…El ser humano es capaz de amar, es capaz de salir de sí mismo y entregar su vida o entregarse a sí mismo por amor.

La breve parábola resume la lección fundamental de su Evangelio, la principal de su mensaje: el amor oblativo, el amor que se dona a sí mismo, que se pierde a sí mismo, que muere a sí mismo, ese amor produce vida. Esas aparentes contradicciones no son tales, al entender la paradoja, descubrimos la revelación cristiana del Evangelio. En Jesús, en su vida, muerte y resurrección se expresa una vez más el acceso de la Humanidad a la captación esta paradoja.  Hoy ¿me resisto a dar vida y a dar la vida en las pequeñas cosas de cada día y en los grandes momentos de la vida? ¿He captado la ley evangélica es de dar la vida por amor? ¿Estoy dispuesto a aceptar esa «muerte» para vivir?  

Los programas de reducción del Estado, de los programas sociales y la proclamación de un supuesto mercado “libre”, trajeron a la sociedad humana la “ley de la selva”, donde cada uno busca su propio interés; paradójicamente creen que con su egoísmo colaboran mejor al bien común. Esto es totalmente anti-Evangelio, y va contra todo mensaje religioso, quieren imponer la nueva religión del egoísmo. El eclipse de la solidaridad es un retroceso de la humanidad para lograr el bien común. Muchos sabemos que “otro mundo es posible”, aunque la propaganda egocentrista quiera convencernos de que “no hay alternativa” y de que estamos en el “final de la historia” sin poder  cambiarla. Con el evangelio creemos que “no hay mayor amor que dar la vida”, que la ley suprema es “morir como el grano de trigo: para dar vida”. Por eso debemos comprometernos en crear conciencia para que la sociedad sienta la necesidad de superar políticas económicas tan injustas, egoístas y excluyentes.


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LECTURAS BÍBLICAS EN LENGUAJE LATINOAMERICANO, 5to de Cuaresma B

22/3/80: Luis Espinal, sacerdote y periodista, mártir de las luchas del pueblo boliviano.
22/3/88: Rafael Hernández, líder campesino, murió luchando por la tierra de sus hermanos Mexicanos.

1ra lectura: Jeremías 31, 31-34: 
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados

Miren que llegan días —oráculo del Señor— en que haré una alianza nueva con Israel y con Judá:
no será como la alianza que hice con sus padres cuando los agarré de la mano para sacarlos de Egipto; la alianza que ellos quebrantaron y yo mantuve —oráculo del Señor—;

así será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo futuro —oráculo del Señor—: meteré mi Ley en su pecho, la escribiré en su corazón, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo;

ya no tendrán que enseñarse unos a otros, mutuamente, diciendo: Tienes que conocer al Señor, porque todos, grandes y pequeños, me conocerán —oráculo del Señor—, porque yo perdono sus culpas y olvido sus pecados.


Salmo responsorial: 50. R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
Lava del todo mi delito y limpia mi pecado.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
No me arrojes lejos de tu presencia ni me quites tu santo espíritu;
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con tu espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.


2da. Lectura: Hebreos 5, 7-9: 
Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna

Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas,
al que podía librarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado.
Y aunque era Hijo de Dios, aprendió sufriendo lo que es obedecer,
así alcanzó la perfección y llegó a ser para cuantos le obedecen causa de salvación eterna.



Evangelio: Juan 12, 20-33: Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. 
Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron: —Señor, queremos ver a Jesús.
Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús.

Jesús les contesta: —Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado.

Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor;
si uno me sirve, lo honrará el Padre.

Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir?
¿Que mi Padre me libre de este trance?
No; que para eso he llegado a este trance. Padre, da gloria a tu Nombre.

Vino una voz del cielo: —Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.

La gente que estaba escuchando decía: —Ha sido un trueno.

Otros decían: —Le ha hablado un ángel.

Jesús respondió: —Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes.
Ahora comienza el juicio de este mundo
y el príncipe de este mundo será expulsado.
Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Lo decía indicando de qué muerte iba a morir.