sábado, 30 de diciembre de 2017

TOB - Nuestro futuro encarnado - Lc 2, 22-35


Cada vez que una madre da a luz, los miembros de la familia se emocionan y quieren admirar al nuevo bebé e invariablemente quieren abrazarlo, sostenerlo, besarlo aunque sea por un momento. Hay algo muy especial sobre la celebración de este paquetito de vida nueva. Los bebés son infinitamente fascinantes; nos involucran en muchos niveles. Nos enfocamos en ellos y nos cuesta apartar la vista de ellos.

El evangelio relata que María y José entraron al Templo de Jerusalén con Jesús, su bebé recién nacido. Allí se encontraron con Simeón, sobre quien descansaba el Espíritu Santo, un hombre recto y devoto. Él toma al niño en sus propios brazos y lleno de gozo bendice a Dios.

Si cada niño es infinitamente fascinante, ¿cuánto más habría sido el niño Jesús? Después de haber tomado en sus brazos a este niño, de oirlo y contemplado, Simeón estaba listo para dejar este mundo hacia el siguiente, lleno de paz, de gozo y de vida. Exclama emocionado: "Ahora, Maestro, puedes dejar que tu siervo vaya en paz". 

Su breve y hermosa oración es ahora parte de la oración nocturna oficial de la iglesia. No tenemos el privilegio de sostener al niño Jesús en brazos, como Simeón, pero sí contemplamos al Señor Encarnado y Resucitado con los ojos de la fe, del amor esperanzado. Lo vemos al partir el pan en la Eucaristía, al proclamarse los Evangelios oímos su voz y, si estamos alertas, lo reconocemos en los rostros del otro. Como Simeón, también esperamos ese día por llegar, el que está más allá de este día terrenal, esperamoz con ansias verlo cara a cara y vivir para toda la eternidad.

Ana contemplativa
Cuando pensamos en maneras de servir a Dios, tendemos a pensar en diversas formas de actividad en las que podemos participar. Ana era una mujer que servía a Dios permaneciendo en el Templo, orando y ayunando. Se podría decir que ella vivió una vida contemplativa. Sin embargo, su vida de oración y ayuno en el Templo la llevó a ser un testigo poderoso de la actividad de Dios para los demás. La oración y el ayuno de Ana la convirtieron en un poderoso testigo de lo que Dios estaba haciendo. Orar es servir a Dios; es entregarnos a Dios. Tal servicio de Dios nos dará poder, como lo capacitó a Ana, para ser testigos de la presencia y actividad de Dios para todos los que todavía anhelan la venida de Dios.

_________________________________________________________________________________



Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOB - La Sagrada Familia - 
Domingo dentro de la octava de Navidad

Primera lectura: Sir 3, 3-7. 14-17a
El Señor honra al padre en los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole.
El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.

Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos
y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida
y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.

Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza;
aunque se debilite su razón, ten paciencia con él
y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor.
El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados.

O bien:
Gn 15, 1-6; 21, 1-3
En aquel tiempo, el Señor se le apareció a Abram y le dijo: "No temas, Abram. Yo soy tu protector y tu recompensa será muy grande". Abram le respondió: "Señor, Señor mío, ¿qué me vas a poder dar, puesto que voy a morir sin hijos? Ya que no me has dado descendientes, un criado de mi casa será mi heredero".

Pero el Señor le dijo: "Ése no será tu heredero, sino uno que saldrá de tus entrañas". Y haciéndolo salir de la casa, le dijo: "Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes". Luego añadió: "Así será tu descendencia". Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo.

Poco tiempo después, el Señor tuvo compasión de Sara, como lo había dicho y le cumplió lo que le había prometido. Ella concibió y le dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios había predicho. Abraham le puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido de Sara.
_________________________________________________________________________________

Salmo Responsorial: Sal 127, 1-2. 3. 4-5
R. Dichoso el que teme al Señor.
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa;
sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor:
"Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida."
R. Dichoso el que teme al Señor.

O bien:
Sal 104, 1b-2. 3-4. 5-6. 8-9 

R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Aclamen al Señor y denle gracias, relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos, celebren sus portentos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Del nombre del Señor enorgullézcanse y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder y a su presencia acudan.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Recuerden los prodigios que él ha hecho, sus portentos y oráculos,
descendientes de Abraham, su servidor, estirpe de Jacob, su predilecto.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones, se olvidará el Señor de sus promesas,
de la alianza pactada con Abraham, del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
_________________________________________________________________________________


Segunda Lectura: Col 3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.

Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.

O bien:
Hb 11, 8. 11-12. 17-19

Hermanos: Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia.

Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia, numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.

Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético.
_________________________________________________________________________________


Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo;
que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqeuza.
R. Aleluya.

O bien:
R. Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras
habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.
Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo.
R. Aleluya.
_________________________________________________________________________________

Evangelio: Lc 2, 22-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

     "Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,
     según lo que me habías prometido,
     porque mis ojos han visto a tu Salvador,
     al que has preparado para bien de todos los pueblos;
     luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".


El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

O bien:
Lc 2, 22. 39-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.

martes, 19 de diciembre de 2017

TOB - La Natividad del Señor (Navidad) - Injertado en el árbol de la vida - Lc 2, 1-14

Las palabras son a menudo un método de comunicación incompleto. es conocido el dicho: una imágen vale mil palabras", sin embargo, tenemos que usar palabras para tratar de explicar los hechos, y el evangelio de hoy es un intento, en un lenguaje simple, de describir lo que sucedió en ese día extraordinario, hace mucho tiempo. 

Habla de que Jesús nació y que se produjo el segundo encuentro del cielo y la tierra, en esa misma noche, cuando los ángeles se aparecieron a los pastores. Este fue el comienzo de un proceso que todavía está en curso, que continúa aún hoy. Es una vieja historia que año tras año es siempre nueva.

Con Dios no existe el tiempo. "Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre". Todo el tiempo está totalmente presente para él en este momento. También el trabajo de Dios en cada uno de nosotros es un trabajo siempre en proceso, inacabado, como una historia sin fin. 

A los ojos de Dios, la Navidad es un evento cotidiano, que involucra a Jesús golpeando la puerta de mi corazón, buscando la admisión. 

La dimensión de Dios nunca cambia, Su oferta siempre está ahí, día a día, minuto a minuto, las buenas nuevas se nos entregan con total consistencia. 
Lo que sucede después de ser entregada depende totalmente de si acepto la oferta o la rechazo, si abro la puerta y pongo mi corazón como un pesebre a disposición del Dios que viene.

Cuando los pastores escucharon el mensaje, dijeron: "vayamos a Belén y veamos por nosotros mismos". La vida del cristiano es un viaje de descubrimientos constantes. Implica salir a descubrir por mí mismo la verdad y la realidad de lo que me dijeron mis padres, maestros o predicadores en la iglesia. Tengo que cruzar ese puente El evangelio está entre dos frases. Al principio, estamos invitados a "Venir y ver", y, al final, se nos instruye a "Ir y contar".


_______________________________________________________________
TOB - Lecturas Bíblicas en Lenguaje Americano - La Natividad del Señor

Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas 
vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras, 
una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo 
e hiciste grande su alegría.
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio 
y su nombre será:
"Consejero admirable", "Dios poderoso",
"Padre sempiterno", "Príncipe de la paz";
para extender el principado con una paz sin límites
sobre el trono de David y sobre su reino;
para establecerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre.
El celo del Señor lo realizará.

Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13
R. (Lc 2, 11) Hoy nos ha nacido el Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación, sus maravillas.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Segunda Lectura: Tt 2, 11-14
Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres 
y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, 
para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, 
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. 
Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, 
a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador,
que es Cristo, el Señor.
R. Aleluya.

Evangelio: Lc 2, 1-14
Por aquellos días, 
se promulgó un edicto de César Augusto, 
que ordenaba un censo de todo el imperio. 
Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. 

Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; 
así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, 
a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz 
y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales 
y lo recostó en un pesebre, 
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores 
que pasaban la noche en el campo, 
vigilando por turno sus rebaños. 

Un ángel del Señor se les apareció 
y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. 

El ángel les dijo: 
"No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: 
hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 
Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre".

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 
"¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!"

lunes, 18 de diciembre de 2017

TOB - La Natividad del Señor - Misa vespertina de la vigilia - Enviados en una gran misión - Mt 1, 18-25

En el evangelio de Mateo, no hay anunciación a María, pero hay una anunciación a José. En el evangelio de Lucas, el ángel Gabriel le dice a María: "No temas". 
En Mateo, el ángel sin nombre le dice a José: "No temas". 

Dios estaba haciendo algo nuevo, algo extraordinario, en la vida de María y de José, de hecho, en la vida de la raza humana. La naturaleza sin precedentes de lo que Dios estaba haciendo n ellos los llevó al temor comprensible y a la ansiedad en las vidas de María y José. Al comienzo de esta nueva fase de lo que Dios estaba haciendo, ambos necesitaban una palabra tranquilizadora: "No tengas miedo".
 
En tiempos de transición cuando hay acontecimientos perturbadores a nuestro alrededor, todos necesitamos escuchar esas palabras: "No tengan miedo". 

Son palabras que nos aseguran la presencia de Dios, Dios con nosotros, Emmanuel, en el corazón de todos eso está sucediendo, incluso en el corazón de su auto-entrega en el monte del Calvario.

Por ese amor hacia nosotros, Dios quiso enviar a su Hijo para ser el Salvador de toda la raza humana. En el elaborado lenguaje de Isaías, escuchamos: "Las naciones verán tu vindicación, y todos los reyes tu gloria; y serás llamado por un nombre nuevo que la boca del Señor dará ... "¡Para salvarnos es para lo que Él vino! ¡Quiso hacerlo, confiando en la amorosa providencia de Dios, eligió tomar nuestra humanidad, completamente, y en la carne, naciendo de una madre!

Por eso valoramos tanto el papel y la misión de María: ser la madre que sirvió al plan de salvación de Dios. Con su ¡SÍ! Ella asume su misión en plenitud, en libertad y con absoluta ternura. Ser Madre del Salvador es a la vez tarea y entrega libre, es responsabilidad y donación, es aceptación y confianza total en la providencia misericordiosa del Padre.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "para convertirse en la madre del Salvador, María fue enriquecida por Dios con dones apropiados para su papel. El ángel Gabriel la saluda como "llena de gracia", totalmente preparada para su gran misión en la vida.

Así como Dios preparó a María para su papel y misión, así también a nosotros se nos prepara para cumplir de la mejor manera lo que Él nos pide. Dios prepara a quienes él elige para su papel y misión, Él quiere que todos los que le sirven estén preparados, en un proceso formativo que requiere de nosotros: aceptación, compromiso, perseverancia, desprendimiento y confianza total en su providencia. 

Somos elegidos y llamados a la santidad. Dios nos ha preparado para obras de servicio y de vida; nos dá a Jesús como la mejor inspiración y guía, nuestro Señor y amigo a la vez. Nos ha llamado desde las aguas salvíficas del Bautismo, nos da el apoyo de su Iglesia y sus Sacramentos, y nos fortalece para cooperar en el mundo cumpliendo con Su voluntad salvadora.


_________________________________________________________________
Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - La Natividad del Señor - Vigilia - TOB 

La Natividad del Señor (Navidad) - Misa vespertina de la vigilia

Primera lectura: Is 62, 1-5 
Por amor a Sión no me callaré y por amor a Jerusalén no me daré reposo, 
hasta que surja en ella esplendoroso el justo y brille su salvación como una antorcha. 

Entonces las naciones verán tu justicia, y tu gloria todos los reyes. 
Te llamarán con un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. 
Serás corona de gloria en la mano del Señor y diadema real en la palma de su mano. 

Ya no te llamarán "Abandonada", ni a tu tierra, "Desolada"; 
a ti te llamarán "Mi complacencia" y a tu tierra, "Desposada", 
porque el Señor se ha complacido en ti y se ha desposado con tu tierra. 

Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; 
como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo. 


Salmo Responsorial: Sal 88, 4-5. 16-17. 27 y 29 
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 
"Un juramento hice a David mi servidor, una alianza pacté con mi elegido: 
'Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente'.
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

El me podrá decir: 'Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva'. 
Yo jamás le retiraré mi amor ni violaré el juramento que le hice".
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

Señor, feliz el pueblo que te alaba y que a tu luz camina, 
que en tu nombre se alegra a todas horas y al que llena de orgullo tu justicia. 
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. 

Segunda Lectura: Hch13, 16-17. 22-25 
Al llegar Pablo a Antioquía de Pisidia, se puso de pie en la sinagoga y haciendo una señal para que se callaran, dijo: 
"Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder. Les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios. 

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un Salvador: Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias' ". 

Aclamación antes del Evangelio 
R. Aleluya, aleluya. 
Mañana será destruida la maldad en la tierra y reinará sobre nosotros el Salvador del mundo. 
R. Aleluya. 

Evangelio: Mt 1, 1-25 
Genealogía de Jesucristo, Hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David. 

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia. 

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 

De modo que el total de generaciones, desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce. 

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. 

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". 

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. 

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús. 

O bien:
Mt 1, 18-25 
Cristo vino al mundo de la siguiente manera: 
Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. 

José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. 

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. 

Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". 

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. 

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa. 

Y sin que él hubiera tenido relaciones con ella, María dio a luz un hijo y él le puso por nombre Jesús.

sábado, 16 de diciembre de 2017

TOB - 3er Semana de Adviento - Encontrando nuestra verdad personal - Jn 1, 6-8. 19-28


Todos en el fondo, tenemos un instinto para buscar y procurar la verdad. El evangelio dice que Dios es verdad, pero que nunca lo podemos comprender completamente con nuestras mentes o nuestros corazones.

Pero, aún en contra de las convicciónes establecidas y anheladas, debemos buscar siempre la verdad, aunque el camino sea largo, doloroso. Hay que intentar acercarnos a la verdad: sobre nuestro mundo, sobre los demás, sobre nosotros mismos como individuos y sobre Dios.

Cuestionemos con la esperanza de que nuestra búsqueda nos acerque a la verdad.

Cuando las autoridades religiosas preguntan a Juan el Bautista: "¿Quién eres?" Y "¿Por qué bautizas?" Juan responde declarando quién no es. Tenía claro que él no era el Cristo, el Mesías.

Él no es el novio, sino el amigo del novio que se regocija con la voz del novio. Juan se declara como "la voz" que clama en el desierto; él no es "la Palabra", solo la voz, No es la luz, sino el testigo de la luz. 

Juan bautiza para abrir los ojos de la gente a la persona parada entre ellos, al Mesías que estaba en medio de ellos sin que se dieran cuenta. Quiere dar a conocer al que ya está entre nosotros, pero a quien ellos desconocen.

La gran luz ya brilla entre ellos y Juan daba testimonio de esa luz. La pregunta "¿Quién eres?", nos lleva a preguntarnos ¿Quién soy yo ante Dios? Juan el Bautista, el gran santo de Adviento, nos ayuda a entender lo que somos en virtud de nuestro bautismo, lo que Dios nos llama a ser.

Cierto, no somos el Mesías ni somos la luz. Hay  áreas oscuras en nuestras vidas y en nuestros corazones, sin embargo, somos testigos de la Luz. Aunque estamos lejos de ser perfectos, somos, no obstante, llamados a ser testigos de Cristo.

Juan el Bautista dice "está entre ustedes, desconocido para ustedes, el que viene detrás de mí." El Señor está entre todos nosotros, pero sigue siendo desconocido para muchos. Tenemos que darle a conocer, permitirle brillar en nuestro mundo a través de nuestras vidas. Juan usó su voz para dar a conocer la luz, nosotros también debemos usar nuestra voz para dar a conocer a Cristo.

Debemos usar el don de la comunicación, los dones del habla, la escritura y el internet para proclamar a la persona de Cristo, su cosmovisión, sus valores y sus actitudes. Lo que comunicamos y cómo lo comunicamos, permite al Señor comunicarse a través de nosotros. Quiénes somos testigos de la luz, la voz de la Palabra, vivimos de la manera en que lo hacemos. 

El Adviento es un buen momento para reclamar nuestra identidad vinculada a Cristo. Si Jesús va a nacer hoy, lo hará en los corazones de sus seguidores.

____________________________________________________________________
Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 3er Domingo de Adviento TOB

Primera lectura: Is 61, 1-2. 10-11

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido y me ha enviado
para anunciar la buena nueva a los pobres,
a curar a los de corazón quebrantado,
a proclamar el perdón a los cautivos,
la libertad a los prisioneros,
y a pregonar el año de gracia del Señor.

Me alegro en el Señor con toda el alma
y me lleno de júbilo en mi Dios,
porque me revistió con vestiduras de salvación
y me cubrió con un manto de justicia,
como el novio que se pone la corona,
como la novia que se adorna con sus joyas.

Así como la tierra echa sus brotes
y el jardín hace germinar lo sembrado en él,
así el Señor hará brotar la justicia
y la alabanza ante todas las naciones.



Salmo Responsorial: Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54 /
R. (Is 61, 10b) Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso los ojos en la humildad de su esclava.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre y su misericordia llega,
de generación en generación, a los que lo temen.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia, vino en ayuda de Israel, su siervo.
R. Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador.

Segunda Lectura: 1 Ts 5, 16-24
Hermanos:
Vivan siempre alegres,
oren sin cesar,
den gracias en toda ocasión,
pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús.

No impidan la acción del Espíritu Santo,
ni desprecien el don de profecía;
pero sométanlo todo a prueba y quédense con lo bueno.

Absténganse de toda clase de mal.
Que el Dios de la paz
los santifique a ustedes en todo
y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo,
se conserve irreprochable
hasta la llegada de nuestro Señor Jesucristo.

El que los ha llamado es fiel y cumplirá su promesa.

Aclamación antes del Evangelio
R.
Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí.
Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 1, 6-8. 19-28
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?"
Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el Mesías".

De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres,
para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?"

Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron:
"Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?"

Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno,
al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí,
a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

viernes, 8 de diciembre de 2017

TOB - 2da de Adviento - El mensaje desafiante de Juan - Evangelio: Mc 1, 1-8


El llamado de Juan el Bautista a la conversión es un hecho exigente y esperanzador a la vez. Su palabra se  convierte en una palabra desafiante pero también consoladora, Juan nos llama a volver nuestros corazones, a vivir con quien nos ofrece la vida.

La voz que clama en el desierto es en verdad una voz de consuelo. 

Isaías nos dice que Yahvé pide a sus profetas 'Consuelen a su gente, que les dén ánimo y no los hagan sentir poca cosa e inútiles, le pide que sean para ellos ánimo y consuelo. Él no admite pesimistas ni nubenegras. Yahvé habla al corazón de Jerusalén." Isaías declara, 'Aquí viene el Señor con poder'.

La palabra "poder" en Yahvé no es una voluntad autoritaria para dominar a los demás. El poder del Señor del que habla Isaías es de un tipo diferente. 

Dios es como un pastor que alimenta a su rebaño, 
juntando corderos en sus brazos, sosteniéndolos sobre su pecho 
y guiando suavemente a las ovejas-madres que están por dar a luz. 

Éste es un poder muy tierno, una fuerza de vida, de amor fiel y duradero, 
un amor que reúne, nutre y tranquiliza. 
Este es el Dios a quien Juan el Bautista nos invita a redescubrir este Adviento.

Es este Dios que viene a nosotros en la persona de Jesús de Nazaret. 
En el evangelio, el Bautista se refiere a Jesús como "más poderoso que yo". 
Él es el más poderoso, en el sentido de que la primera lectura define el poder. 

Es Jesús quien da expresión plena al amor tierno de Dios que trae sanidad 
a los quebrantados, fuerza a los débiles y descanso a los cansados. 
Es este Jesús adulto, ahora Señor resucitado, cuya venida hacia nosotros y cuya presencia entre nosotros es la que celebramos en Navidad. 

Este Adviento, el Bautista nos llama a preparar un camino en nuestras vidas para la venida de este Señor, este Pastor tierno y cariñoso, en quien, como se dice en el Salmo responsorial, "la misericordia y la fidelidad se han encontrado, la justicia y la paz se han abrazado". 

Que en este Adviento tratemos de cumplir y vivir este mandato, que nuestra fe pueda dar mayor profundidad a todos nuestros otros encuentros.

_________________________________________________________________
Lecturas Bíblicas en lenguaje Latinoamericano, 2do Domingo de Adviento, TOB

Primera lectura: Is 40, 1-5. 9-11
"Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. 
Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó 
el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados".

Una voz clama: "Preparen el camino del Señor en el desierto,
construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios.

Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen;
que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. 
Entonces se revelará la gloria del Señor 
y todos los hombres la verán". Así ha hablado la boca del Señor. 

Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión;
alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén.
Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá:
"Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder,
el que con su brazo lo domina todo.
El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden.
Como pastor apacentará su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos
y atenderá solícito a sus madres''.

Salmo Responsorial: Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 / R. (8) Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos al Salvador.
Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos al Salvador.
La misericordia y la fidelidad se encontraron, la justicia y la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra, y la justicia vino del cielo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos al Salvador.
Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos al Salvador.

Segunda Lectura: 2 Pe 3, 8-14
Queridos hermanos: No olviden que para el Señor, un día es como mil años y mil años, como un día.

No es que el Señor se tarde, como algunos suponen, en cumplir su promesa, sino que les tiene a ustedes mucha paciencia, pues no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan.

El día del Señor llegará como los ladrones.

Entonces los cielos desaparecerán con gran estrépito, los elementos serán destruidos por el fuego y perecerá la tierra con todo lo que hay en ella. 

Puesto que todo va a ser destruido, piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos.

Pero nosotros confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.
Por lo tanto, queridos hermanos, apoyados en esta esperanza, pongan todo su empeño en que el Señor los halle en paz con él, sin mancha ni reproche.

Aclamación antes del Evangelio: 
R.
 Aleluya, aleluya.
Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos,
y todos los hombres verán al Salvador.
R. Aleluya.

Evangelio: Mc 1, 1-8
Éste es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 
En el libro del profeta Isaías está escrito:
He aquí que yo envío a mi mensajero 
delante de ti, a preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto: 
"Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos".

En cumplimiento de esto, apareció en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Proclamaba: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

sábado, 2 de diciembre de 2017

TOB - 1er Domingo de Adviento - Mc 13, 33-37 - La espera Consciente

El Adviento es un tiempo que nos invita a tratar de vernos a nosotros mismos tal y como Dios nos ve. La liturgia y la vida misma nos señalan el camino a seguir. Isaías nos invita a confesar nuestros pecados y esperar días mejores. En Cor 1, 3-9, San Pablo nos da un mensaje confiado y optimista. Marcos nos llama a no caer en el conformismo, porque el final llegará antes de lo que esperamos. La primera y la tercera lecturas hablan sobre estar preparados en consciente espera para el día del Señor.

La Palabra de Dios nos invita a reevaluar hacia dónde nuestros caminos nos están guiándo. Este recordatorio anual de que el mundo tal como lo conocemos terminará un día, se hace más intenso durante la temporada invernal del norte, cuando la luz del día es más corta y la oscuridad parece que le gana a la luz. Pero lo positivo de esto es que un nuevo día está por amaneceer, cuando Cristo volverá a nuestras vidas con poder a salvarnos para siempre.

En su carta "La Alegría del Evangelio", el Papa Francisco nos anima a recordar que como amigos de Jesús, la razón de nuestra alegría es Él, el Cristo, el Hijo del Padre y su mensaje de salvación. Adviento es el mejor momento de tomar su  mensaje en serio y comenzar de nuevo a vivir con gozo actuante nuestra fe católica. Ahora es el momento de abrir nuestros corazones e invitar al Señor a entrar más plenamente en nuestras vidas, en nuestros planes y a guiarnos.

el Adviento invita a esperar su venida. Is 64, 5: "todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento", a veces como otoñales hojas marchitas y secas girando al viento. En Isaías, las hojas giratorias son símbolo de todo lo seco y marchito en nuestras vidas. También nos anima a buscar un día mejor, porque Dios todavía está a cargo de la creación, y nuestras vidas personales están bajo su amoroso cuidado. 

En este Adviento, oremos con fervor: "Ven, Señor Jesús", y hagamos nuestras las palabras del salmo: "Visita esta vid y protégela, la vid que tu mano derecha ha elegido". El punto central de nuestra fe es que el Señor nunca abandona a su pueblo.

Es interesante observar a las personas en los aeropuertos que esperan la llegada de sus seres queridos. Muchos se emocionan, ansiosos por la aparición de la cara familiar y listos con la amplia sonrisa del saludo para recibirles. 

También nosotros esperamos la venida del Señor con ansioso afán, porque anhelamos su presencia. Ésta espera es alerta y activa, está impregnada del espíritu de Adviento. 

Jesús dice: "Mantente en guardia, mantente despierto". Él quiere que tengamos un propósito claro en nuestras vidas, que maduremos en nuestra relación con él y con los demás, que le demos más tiempo a la oración y vivamos con su mensaje en nuestros corazones. 

Así debería ser nuestro Adviento, nuestra espera. Y mientras esperamos, podemos disfrutar y compartir sus regalos prometidos porque San Pablo nos asegura: "No estarás sin ninguno de los dones del Espíritu mientras esperas a nuestro Señor Jesucristo". Vivamos pues estas próximas semanas en un espíritu de espera esperanzada y conciente, en el espíritu de un pueblo del Adviento.
_____________
Nota: 
1. El Adviento (en latín: adventus Redemptoris, 'venida del Redentor') es el primer período del año litúrgico cristiano, y consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo.
El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía. el color litúrgico que se usa es el morado.


_______________________________________________________________

Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 1ra semana de Adviento TOB


Primera lectura: Is 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7
Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor;
ése es tu nombre desde siempre.
¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos
y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte?
Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad.
Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.

Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia.
Jamás se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti,
hiciera tales cosas en favor de los que esperan en él.
Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia
y no pierde de vista tus mandamientos.

Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes.
Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso;
todos estábamos marchitos, como las hojas,
y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento.

Nadie invocaba tu nombre nadie se levantaba para refugiarse en ti,
porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas.
Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre;
nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos.

Salmo Responsorial: Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 / R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos. 
Escúchanos, pastor de Israel, tú, que estás rodeado de querubines,
despierta tu poder y ven a salvarnos. 
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos: mira tu viña y visítala,
protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido.
Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. 
R. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.

Segunda Lectura: 1 Co 1, 3-9
Continuamente agradezco a mi Dios
los dones divinos que les ha concedido a ustedes
por medio de Cristo Jesús,
ya que por él los ha enriquecido con abundancia
en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento;
porque el testimonio que damos de Cristo
ha sido confirmado en ustedes a tal grado,
que no carecen de ningún don,
ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin,
hasta el día de su advenimiento.
Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
R. Aleluya, aleluya.

Evangelio: Mc 13, 33-37
En aquel tiempo,
Jesús dijo a sus discípulos:
"Velen y estén preparados,
porque no saben cuándo llegará el momento.
Así como un hombre que se va de viaje,
deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer
y encarga al portero que esté velando,
así también velen ustedes,
pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa:
si al anochecer, a la medianoche,
al canto del gallo o a la madrugada.
No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo.
Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta".